lunes, 14 de julio de 2008

Pekín 2008: el segundo gran salto adelante


Cosas de la vida: tuve la gran oportunidad de estar dos semanas viajando por China con un grupo de periodistas alemanes. Y de ahí nace un reportaje que saldrá publicado próximamente en catalán en el revoltoso Setmanari Directa. Para inaugurar de contenido mi cielo bajo Berlín, os lo ofrezco en capítulos, como un folletín.


Pekín 2008, el segundo gran salto adelante

"He vivido cinco años en Texas y ahora puedo comparar Estados Unidos con mi país. China es el país más grande del mundo. Para seguir adelante con nuestro desarrollo económico necesitamos un poder central y autoritario, una mano de hierro que controle y haga avanzar al país. Los cambios políticos vendrán, pero primero hay que asentar el proceso de desarollo económico que nuestro Gobierno puso en marcha hace 30 años. Es cierto que en China sólo hay un partido y que la libertad de prensa y opinión están limitadas. Pero la libertad económica sí es un hecho: en China, si quieres, puedes trabajar y ganar dinero. Vivirás tranquilo si no te inmiscuyes en los asuntos políticos. Eso es lo que yo hago para mi empresa: hacer dinero y dejar al Gobierno que se encargue de la política y mantenga la estabilidad del país. Si miras a otros países comunistas del entorno, como por ejemplo Corea del Norte, te darás cuenta de que la ortodoxia no lleva a ninguna parte: los norcoreanos no tienen ni qué comer. El Gobierno chino se dio cuenta de que para sobrevivir como régimen sólo tenía un camino: introducir cambios en la economía. Y los cambios han funcionado a las mil maravillas.”

Songming Feng es el perfecto ejemplo de la nueva China. Feng trabaja como alto ejecutivo en una de las mayores empresas chinas del momento, Lenovo. Una multinacional de nuevas tecnologías (informática y telefonía móvil) y una de las primeras empresas que se aprovechó de las medidas aperturistas en el plano económico introducidas por el Partido Comunista Chino a partir de los años 80. Su mirada sobre su propio país es profundamente pragmática y amoral. Songming Feng sabe que en China no existe la libertad de prensa, opinión ni reunión. Feng sabe que el Gobierno no respeta los derechos humanos más básicos y que aplica la pena de muerte de manera sistemática[1]. Pero Feng también es consciente de que el Partido Comunista asegura la estabilidad política y la libertad económica (al más puro estilo neoliberal) necesarias para que personas bien formadas como él puedan ganar dinero rápido a cambio de largas jornadas de trabajo y mucho sacrificio personal. Feng personifica a la perfección a la nueva clase media china nacida de un sistema bautizado como capitalismo autoritario.

El Gobierno chino pretende que la celebración de los Juegos Olímpicos durante el próximo agosto suponga un hito en ese brutal proceso de desarrollo económico. Con un crecimiento medio de más del 10% durante los últimos cinco años, el gigante asiático quiere dar un empujón a ese proceso desarrollista con un acontecimiento a gran escala que no sólo mantenga la velocidad del tren económico del país, sino que también suponga una gran operación de relaciones públicas de cara al resto del mundo. Un segundo gran salto adelante al precio que haga falta.


[1] En 2007, las autoridades de China se negaron de nuevo a publicar estadísticas sobre el uso de la pena de muerte por parte del gobierno, de forma que la comunidad internacional siguió ignorando el número de ejecuciones consumadas. Amnistía Internacional considera probable que hayan disminuido de forma considerable durante 2007, tras haberse restaurado el 1 de enero el requisito de que el Tribunal Supremo Popular revise todas las condenas a muerte. A lo largo del año 2007, Amnistía Internacional registró 470 ejecuciones, pero esa cifra se basa en informes públicos y se toma como número mínimo absoluto. La Fundación Dui Hua, con sede en Estados Unidos, estima que, según cifras facilitadas por funcionarios del país, el año pasado se ejecutó a 6.000 personas. En un país tan extenso como China, con estrictos controles gubernamentales en torno a la información y los medios de comunicación, sólo las autoridades conocen la realidad del uso de la pena de muerte. (Fuente, Amnistía Internacional).

1 comentario:

Paul dijo...

Me acuerdo de unos debates, en los que dijeron unos comentaristas políticos de la BBC que a larga plaza la liberalización de la economía no es una situación sostenible, sin que pasen medidas parecidas en la política. Lamentablemente, no me acuerdo de estas conversaciones en detalle, pero supongo que los argumentos típicos como tener derechos de propiedad salieron. Es decir, les facilitan a empresas crecer, pero por otro lado propiedad es una base importante que les ofrece por ley a los propietarios cierto poder político.

Yo sospecho que este desarrollo distinto por dos carreteras (la económica y la política) va a producir unos conflictos en la constitución de China sin precedentes. Además creo que su resolución, si se hace bien, tendrá consecuencias cruciales tanto para el crecimiento de China como para derechos humanos en un sentido positivo.

No hay que ser ningún estudiante de retorica para reconocer que la respuesta del gobierno chino la semana pasada diciendo que ahora viven menos gente en la pobreza que hace 10 (?) años no tuvo nada que ver con la acusación de Amnistía Internacional que la situación de los derechos humanos se ha puesto peor en cuanto a la pena de muerte, tortura y otros tipos de interrogación brutales.

Hablando en plata: "buena comida para pensar" el artículo (Food for thought)