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lunes, 17 de febrero de 2014

Cada mesa, un Vietnam

“Puede decirse con seriedad que el periodismo, primera última de todas las cosas, como hubiera dicho Esopo, ha creado a los hombres una vida completamente nueva, llena de progresos, de ventajas y de cuidados. Esta voz de la humanidad que viene cada mañana a nuestro despertar a contarnos cómo ha vivido la humanidad la víspera, proclamando ya grandes verdades, ya espantosas mentiras, pero siempre marcando cada uno de los pasos del ser humano y sonando a todas horas de la vida colectiva…”.

La aristócrata francesa Amandine Aurore Lucile Dupin escribió bajo el seudónimo masculino de George Sand el párrafo que abre este texto durante una estancia en isla de Mallorca entre los años 1838 y 1839. Con la Revolución Francesa todavía muy fresca en la intelectualidad gala de la época, Dupin (o Sand) expone con gran claridad el alto valor que el periodismo (esa labor de saber contar con tino historias más o menos relevantes para el conjunto de la sociedad) tuvo en la modernidad. 

De camino a que se cumplan los 200 años del puñado de líneas trazadas por Dupin, algunos parecen empeñados en enterrar al periodismo, tal y como se hiciera ya con la modernidad, periodo historiográfico en el que la tarea de describir la realidad a través de la razón tanta importancia tuvo en la búsqueda de la verdad. Con la inauguración de la postmodernidad, el concepto de verdad pareció saltar en mil pedazos, al igual que la importancia de su búsqueda. Con el inicio de la postmodernidad, todo se convirtió en relativo y poliédrico. También la verdad, fin último del periodismo honesto. 

El cierre de decenas de medios de comunicación, el consecuente despido de miles de periodistas en todo el mundo y la aparentemente imparable precarización de las condiciones laborales de aquellos profesionales de la información que todavía tienen un puesto de trabajo parecen darle la razón a esas voces agoreras, tan del gusto del relativismo postmoderno, que dan por amortizada la noble profesión de (intentar) explicar a diario lo que ocurre a nuestro alrededor, de hacerse preguntas y de contestarlas a través de más preguntas.

Seguir leyendo el texto en el siguiente enlace: http://santacruz-ic.com/es/issue/ow5/

miércoles, 5 de junio de 2013

La lección del fútbol alemán

El día después de la victoria del Bayern Múnich en el Camp Nou por 0 a 3, los jugadores del equipo bávaro arrastraban una dulce resaca por el aeropuerto de El Prat. La noche anterior habían celebrado hasta altas horas de la madrugada el pase a la final de la Liga de Campeones con el equipo técnico, la directiva y algunos aficionados alemanes en un hotel de la Ciudad Condal.

Mientras tiraban de sus maletas con una sonrisa en los labios, algún que otro jugador del Bayern reconocía que los jugadores del Barça habían quedado “destrozados” psicológicamente tras el aplastante 7 a 0 que el equipo de Jupp Heynckes les encajó en el global de la eliminatoria. “Pero ya iba siendo hora de que ganasen otros”, se comentaba en la delegación bávara a la espera del avión que había de llevarles de vuelta a Múnich, donde fueron recibidos como héroes. 

El ánimo que se respiraba en las filas del Bayern era el ejemplo perfecto de lo que algunos han calificado de cambio de ciclo en el fútbol europeo de clubes, y también de lo que tal vez podría suponer el inicio de cambio de ciclo en en el fútbol de selecciones. 

Heynckes, maestro de ceremonias 

Con 68 años y una larga carrera como entrenador en las ligas alemana, española y portuguesa, Jupp Heynckes personifica la satisfacción que actualmente vive el fútbol germano. Tras pasar largo tiempo a la sombra de ligas como la italiana, la inglesa o la española, la Bundesliga monopolizará la atención en la final de la máxima competición europea gracias a sus dos principales equipos y eternos rivales: el Bayern Múnich y el Borussia Dortmund. Heynckes, que probablemente anunciará su retirada tras la final de Wembley, ejerce de maestro de ceremonias en estos días dulces de la Bundesliga.

“Es algo grandioso que dos equipos alemanes hayan llegado a la final. La ultima vez que el Bayern fue campeón de Europa fue en 2001, y ése fue el último campeón alemán de la Liga de Campeones. Es una final de ensueño para nuestro fútbol”, declaró Heynckes ante un grupo de periodistas alemanes en Barcelona después de reconocer le había costado dormirse que la noche anterior. 

A Heynckes no le gusta falsa modestia: el veterano entrenador ha asegurado en varias ocasiones que su equipo es la mejor versión del Bayern de las últimas décadas: “Hasta ahora, ningún equipo alemán había jugado y ganado la Bundesliga de una manera tan atractiva y creativa como la hecho mi equipo esta temporada. Y ello se refleja en todos los récords que hemos roto”. 

No en vano, se puede decir que el Bayern ha culminado una temporada liguera histórica: nunca nadie antes se había proclamado tan rápido campeón alemán (con 20 puntos de ventaja respecto al segundo a 6 jornadas del final), ni con una mejor diferencia de goles (94 a favor y 15 en contra) ni con más puntos (88) que el Bayern esta temporada. Ni siquiera el Borussia Dortmund de Klopp, al que Madrid de Mourinho no pudo tumbar en Europa, ha podido hacer sombra al equipo construido por Heynckes.

¿Dominio del fútbol alemán? 

Algunos vaticinan que el poderío bávaro es sólo el preámbulo del dominio del fútbol alemán a nivel internacional. En una reciente entrevista con el canal de internacional alemán Deutsche Welle, Ottmar Hitzfeld, entrenador que consiguió las dos últimas copas de Europa con equipos alemanes (con el Bayern y el Dortmund, precisamente), no se mordió la lengua: “La Bundesliga y el fútbol alemán han crecido. Nuestra liga es modelo en cuanto al manejo de la salud de las finanzas, Bayern Múnich es el club de fútbol más rico del mundo, un club que lo ha logrado todo a pulso, fruto de su propio esfuerzo sin tener que acudir a jeques u otro tipo de inversionistas. Dortmund también tiene sus finanzas en orden, el club se ha recuperado y en mercadeo ambos clubes trabajan de una forma envidiable”. 

El fútbol alemán no sólo dio una lección deportiva al español en las últimas semifinales de la Liga de Campeones, sino también con su modelo de liga: la competitividad en la lucha por el campeonato alemán ha destacado en los últimos años. Sólo un dato: cuatro equipos (Borussia Dortmund, Bayern Múnich, Wolfsburgo y Stuttgart) se proclamaron campeones en las últimas seis temporadas, mientras que la liga española fue cosa de dos: Madrid y Barça. 

Esa mayor competitividad está directamente relacionada con el reparto del dinero generado por los derechos televisivos: a diferencia del fútbol español, en el alemán son todos los clubes de primera y segunda quienes negocian de manera colectiva, por lo que los ingresos se reparten de una manera más equitativa. Ello, sumado a las magníficas infraestructuras levantadas para el Mundial celebrado en Alemania de 2006, con estadios modernos y llenos, y a una hornada de jóvenes y talentosos futbolistas como Marco Reus, Mario Götze o Thomas Müller, parece vaticinar un brillante futuro al fútbol alemán. 

Guardiola, la guinda 

El fútbol español es en parte responsable de la buena salud deportiva que disfruta el fútbol alemán. Lo reconoce el propio Heynckes: “Siempre dije que mi equipo ha heredado de Barcelona parte de lo que es hoy tanto en el campo como fuera de él. El Barca es ejemplar”. Si bien es cierto que el fútbol de combinación puesto de moda por el Barça y la selección española ha dejado huella en el fútbol germano, éste ha desarrollado un estilo propio, que combina el toque con un fútbol más directo y vertical, como apunta Hitzfeld. 

La pregunta que ahora muchos se hacen es cómo gestionará Pep Guardiola la combinación de ese modelo de triangulación, de cuyo origen él forma parte, con el fútbol más directo que tanto gusta al aficionado alemán. Si el próximo entrenador del Bayern Múnich da con la tecla, Guardiola podría escribir historia con su futuro club y poner así la guinda a un modelo futbolístico que funciona.

martes, 4 de junio de 2013

Intrahistoria de una entrevista

Cosas de la vida: los caminos de Berlín son inescrutables y me llevaron a entrevistar recientemente al actual ministro de Finanzas alemán, el conservador Wolfgang Schäuble, de la CDU (la Unión Cristianodemócrata liderada por la canciller Angela Merkel). Algunos lo consideran, probablemente con razón, uno de los políticos más poderosos del mundo. Sin embargo, no creo que sea una de las personas con más poder del mundo: a ésas no las vemos porque se cuidan mucho de ser personajes públicos. El poder verdadero tiende a ser invisible, inodoro e incoloro, además de poderoso.

La entrevista fue publicada en el diario español ABC, para el que colaboro de tanto en tanto. La noticia de que nos habían concecido la entrevista me sorprendió enormemente: los dos colaboradores del diario en Alemania somos jóvenes así como relativamente poco conocidos en el mundo periodístico. Después de reflexionar sobre la política de comunicación y las relaciones públicas desplegadas por el actual gobierno alemán durante los últimas semanas, todo comenzó a cuadrar algo más: el Gobierno de Berlín viene intentando mostrar una cara más amigable y dialogante ante las crecientes voces que ponen en entredicho la política económica de austeridad y recortes impulsada por los poderes fácticos germanos. Entiendo que la entrevista, concedida a un diario cercano editorialmente a las posiciones del actual Gobierno de España (también conservador), se enmarca en esa política de comunicación de la Cancillería.

Tal vez por eso, supongo, Schäuble esperaba preguntas algo más entreguistas o entregadas con la causa de la austeridad y las políticas económicas conservadoras. No fue el caso: en realidad, le hicimos a Schäuble todas esas preguntas que siempre había querido formularle a un miembro de la elite política-económica del país más rico y poblado de Europa. Es decir: ¿no habría que repartir responsabilidades entre deudores y acreedores en una crisis de deuda como la que acosa a la Eurozona y a Europa? ¿Qué hay de las responsabilidades de los bancos? ¿Está sacando Alemania provecho de la crisis económica y social de la llamada periferia europea para hacer frente a su crisis demográfica? ¿Dónde quedaron valores como la solidaridad, la responsabilidad compartida y la convivencia,  presuntamente íntrinsecos al proyecto de la Unión Europea?

Del texto que definitivamente fue publicado, las preguntas fueron lo único que se mantuvo absolutamente intacto del texto original nacido de la interesante conversación de casi una hora con Schäuble. Tanto la oficina de prensa del Ministerio de Finanzas alemán como los responsables editoriales del diario intervinieron de una manera (edición posterior de las respuestas de Schäuble) o de otra (en el embalaje, la presentación y edición visual de la entrevista a través de los titulares, destacados y fotografías). Una prueba más de que en esto del periodismo, la objetividad es un cuento chino. Y también de los enormes controles y trabas que sufre la libertad de expresión en los canales y medios de comunicación tradicionales que, tal vez precisamente por ello, sufren una crisis de la que díficilmente se recuperarán con recetas ya caducas, del siglo pasado.

Sin duda, de haber sido yo el editor de la entrevista, la habría titulado con la siguiente frase: "Hasta ahora nadie en Europa nos ha demostrado que haya una política más exitosa que la alemana". ¿Acaso hay otra oración en la entrevista con Schäuble que resuma mejor el espíritu actual de los poderes fácticos alemanes a los que el ministro de Finanzas alemán tan bien representa? 

domingo, 12 de diciembre de 2010

Más 'Directa': y es el número 208...

Destapada corrupción en los altos mandos de la policía autonómica catalana, privatización de suculentos y rentables sectores públicos en la España de la omnipresente crisis, aumento de los sueldos de los ejecutivos de las grandes empresas pese al sangrante desempleo y los vergonzoso recortes de subsidios sociales, ya de por sí marginales en el Estado español del siglo XXI. Así está el patio y así lo retrata el número 208 del Setmanari Directa. En catalán y para todos los públicos.

Como ya anuncié, en este número aparece en la contra de la publicación editada en Barcelona la entrevista que le hice a Heleno Saña, el autoxiliado y crítico escritor y libertario residente en Alemania. Un grano de arena más para devolverle algo de dignidad a esta apaleada profesión. Con una peculiaridad: esta vez la entrevista va cofirmada por el colectivo Contrast, una iniciativa de la que formó parte y que esperemos que tenga un gran futuro por delante.

Von Selección de reportajes

viernes, 29 de mayo de 2009

Titular premonitorio



Cosas que tiene este cielo bajo Berlín: hace algo más de un mes el diario El Mundo me envió a Múnich a entrevistar al ya ex entrenador del Bayern, Jürgen Klinsmann, y al centrocampista Marc Van Bommel, el único futbolista de la plantilla bávara que jugó en el Barcelona. La razón: el equipo alemán estaba a punto de enfrentarse al de Guardiola en el Camp Nou en la ida de los cuartos de final de la Champions League.

Mientras Klinsmann tragaba saliva ante la más que previsible derrota (al final por un contundente 4 a 0) que le esperaba a su equipo en el campo del Barça, Van Bommel, en un aparente arrebato de masoquismo, parecía alegrarse de jugar contra sus ex compañeros. Mientras Klinsmann veía como su puesto pendía de un hilo (finalmente no consiguió acabar la temporada en el banquillo del Bayern), el medio holandés era todo alabanzas a sus ex compañeros. De la charla con Van Bommel decidí rescatar la frase "Si el Barça nos elimina, ganará la Champions" como titular. La elegí por considerarla excéntrica y un poco exagerada, la impresión que, sorprendentemente, me llevé de un jugador que sobre el campo parece todo lo contrario.

Tras lo visto el pasado miércoles en Roma, Van Bommel demuestra que no sólo es jugador de fútbol (dejaré a cada uno que juzgue si bueno o malo), sino que también parece saber de fútbol. Me concedió, sin saberlo, un titular premonitorio. Como última reflexión dejo escrito que, para aquéllos a quienes les gusta el fútbol, no queda duda alguna: el miércoles venció el fútbol (y también el negocio, pero ¿hace falta recordar eso?).

jueves, 7 de mayo de 2009

Por dignidad...

Cuando la profesión se desmorona, cuando los sueldos son de miseria y la precariedad, el pan de cada día. Cuando se te quitan las ganas de ir a trabajar porque te sientes un simple obrero de la cadena informativa que cumple órdenes sin autonomía ni poder de decisión alguno, en lugar de un profesional que cumple con su deber responsable, libre y seriamente. Cuando las empresas (diarios, canales de televisión, radios, webs) cierran porque el negocio no se aguanta, porque el modelo informativo ha perdido su sentido y necesidad, y ha entrado en una crisis desbocada e imparable. Cuando el periodismo está muriéndose sin remedio, es el momento de iniciar proyectos autónomos y alternativos de información, como lo es el del Setmanari Directa: información semanal de corte independiente, crítico e íntegramente en catalán. Una propuesta a contracorriente que sale adelante con la ayuda de mucha gente. Y no por dinero, sino para salvar la dignidad de esta profesión.