lunes, 14 de julio de 2008

La larga marcha hacia el neoliberalismo


Y aquí va la segunda entrega del reportaje "Pekín 2008: el segundo gran salto adelante". Puede que se haga un tanto pesado leerlo en soporte on-line, pero creo que vale la pena dar acceso al resultado de las notas tomadas durante mi viaje a la China.

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Mao Tse-tung nació en una humilde familia del centro de China en 1893. En 1949, al frente de un ejército formado por campesinos, llevaba a los comunistas chinos al poder del país, e hizo así sombra al modelo socialista establecido por la Unión Soviética con la revolución de octubre de 1917. Tras la llegada al poder, Mao estableció un régimen basado en el culto a su persona, cuyos principales exponentes fueron el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. El primero fue un intento fracasado de industrializar el país a marchas forzadas. El segundo, la extensión de la lucha de clases a toda la sociedad: una campaña de terror rojo que marcó profundamente a la sociedad china. Mao Tse-tung sigue siendo el referente histórico del régimen comunista de Pekín. Pero de sus recetas económicas e ideológicas poco queda actualmente.

Tras la muerte de Mao en 1976, Deng Xiaoping se impuso en la lucha de poder dentro del Partido Comunista Chino. Xiaoping es recordado por haber sido el principal promotor de las reformas económicas que han transformado el país, como el iniciador de la apertura a Occidente y del giro neoliberal que el régimen dio a la economía como receta de autosalvación. Deng Xiaoping tuvo el coraje de calificar de “enorme error” la Revolución Cultural maoísta (una manera de revisión o “desmaoización” al estilo de la “desestanilización” soviética) e inició un segundo salto adelante, pero esta vez hacia el neoliberalismo, cuyas consecuencias sigue sufriendo actualmente la sociedad china.

El pragmatismo fue la marca fundamental del secretariado general del Partido Comunista Chino de Deng Xiaoping, un pragmatismo que ahora aflora en las opiniones de la nueva clase media (como la de nuestro ejecutivo, Suoming Feng). Las cifras de crecimiento económico no engañan. El número de empresas extranjeras que operan en China tampoco. El consumo crece y del sistema socialista tan sólo queda la dictadura y el omnipresente imaginario comunista que más que un símbolo de socialismo se ha convertido en una nueva forma de expresión del nacionalismo chino. Pero detrás de los brillantes números de crecimiento económico se esconden crudas realidades: la sociedad china es ahora más rica, pero también más desigual, injusta y polarizada.

Según los estándares de la ONU, en China hay 200 millones de pobres; es decir, de personas que viven con menos de un dólar al día. Según datos del Ministerio de Trabajo, un 20% de chinos ingresa más del 55% de la renta nacional, mientras el 20% más pobre se tiene que conformar con el 7%. Mientras la renta per cápita en el campo durante el primer cuarto de 2008 fue de 1.494 yuanes (alrededor de 140 euros), en las ciudades ascendió a 4.386 yuanes (unos 430 euros). De los 1.300 millones de chinos, 900 no tienen acceso al dorado templo del consumo que ha traido consigo el neoliberalismo económico.

Con este panorama, no es de extrañar que las protestas y las revueltas sociales crezcan. Sobre todo en el campo. Según fuentes del Ministerio de Seguridad Pública, en 2003 el número de protestas fue de 58.000. En 2004, de 74.000. En 2005 las protestas colectivas llegaron a 87.000. (datos extraídos del número especial dedicado por la edición alemana de Le Monde Diplomatique a las Olimpiadas). Y esas cifras son las oficiales. Cifras que no pueden esconder el malestar de una parte de la sociedad que se siente apartada del disfrute del prosperidad económica que viven fundamentalmente las grandes ciudades del sureste del país.

Como afirma Wang Hui, profesor de Ciencias Sociales de la Universidad de Qinghua en Pekín, el levantamiento de la Plaza de Tiananmen en 1989 hay que situarlo en “el contexto de la globalización de los mercados y de las cada vez mayores protestas contra el actualmente dominante sistema económico mundial”. Sí, la revuelta, encabezada por estudiantes y profesores liberales, pero que representó el descontento de buena parte de la sociedad china, no sólo perseguía una democratización de las instituciones del país, sino también “el establecimiento de un sistema económico justo, igualitario y auténticamente democrático”. Es decir, el levantamiento de la Plaza de Tinanmen fue en cierta manera una reacción contra los estragos sociales provocados por el radical giro neoliberal del Partido Comunista Chino en el plano económico. La revuelta fue brutalmente aplastada.

Desde aquel entonces, las cosas han mejorado para parte de la sociedad china, pero las diferencias entre ricos y pobres, como en el resto de un mundo dominado por el patrón neoliberal, también son más grandes. ¿Qué papel juegan los Juegos Olímpicos en este proceso neoliberalizador? Según la Oficina de Propaganda del Comité Organizador, los JJOO “permitirán dar a conocer China al resto del mundo y supondrán un gran empujón para el desarrollo económico del país, así como para mejorar las condiciones medioambientales. Los JJOO han de ser una ventana para el resto del mundo, que la gente entienda que se trata de un país con más de 5.000 años de historia, una de las naciones más antiguas del mundo, ahora inmersa en un proceso de desarrollo económico imparable”.

El Gobierno ha invertido alrededor de 2,5 billones de dólares en el evento, que ha creado unos 2,4 millones de empleos y aumentado el PIB del país en un 0,4%. Sin duda, los números macroeconómicos saldrán fortalecidos tras la experiencia. Por ver estar si el pragmatismo del régimen iniciado con las reformas de Deng Xiaoping podrá reaccionar ante las cada vez más visibles contradicciones sociales de un país de 1.300 millones de habitantes que podría convertirse en una olla a presión social si no se aplican las válvulas de escape necesarias que suavicen las crecientes diferencias entre ricos y probres. Sólo una cifra más: oficialmente, 6.037 familias han sido expulsadas por la construcción de las instalaciones olímpicas. Sin embargo, Centre on Housing Rights and Evictions (centro de investigación independiente con sede en Suiza que denuncia los abusos urbanísticos a nivel mundial) apunta que un millón y medio de personas podría haber sido desplazada de sus viviendas por los Juegos Olímpicos.


1 comentario:

Paul dijo...

Lo de los desalojos es bien triste. Por lo que he oído, tratan sobre todo de gente en los centros de las grandes ciudades que vivía en comunidades muy compactas, pero no tenía papeles oficiales así que se dejan desalojar facilmente. Por el mero hecho que estas casas se encontraron en lugares de la ciudad donde se puede construir oficinas modernas y alquilar esa tierra por mucho dinero ... Y así casi sin levantar el dedo, perdimos otra cultura. Alguien se dio cuenta?