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lunes, 12 de abril de 2021

Can Dündar: "La UE ha sacrificado sus principios"

Can Dündar sabe lo que se siente al ser amenazado personalmente por el presidente turco. "La persona que escribió ese artículo lo pagará caro", dijo en 2015 Recep Tayyip Erdogan después de que el diario Cumhuriyet, dirigido entonces por Dündar, publicase una información exclusiva sobre la entrega de armamento a rebeldes islamistas sirios de manos de los servicios secretos turcos. Sobre el periodista pesa desde el pasado diciembre en Turquía una condena de prisión de más de 27 años de cárcel por espionaje y apoyo a organización terrorista. En 2016, después del fallido golpe militar contra Erdogan y cuando pasaba una estancia en España, decidió exiliarse en Alemania. En Berlín se ha convertido en una incómoda voz para el presidente turco y también para la postura europea hacia Ankara. Pude hablar con él.


¿Vive su país actualmente bajo una dictadura? 

No puedo decir que sea una dictadura porque aunque Erdogan intenta y pretende ser un dictador, hay gente que todavía resiste, personas suficientemente fuertes para resistir a la opresión. Pero sí puedo definir a mi país como un régimen autoritario, como un sistema de un solo hombre que quiere gobernar sin Parlamento, sin justicia ni medios independientes. No lo ha conseguido todavía porque sigue habiendo partidos que resisten, medios de comunicación que asumen el riesgo de decir la verdad y gente que se niega a vivir bajo una dictadura.

¿Cómo definiría la visita oficial de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, esta semana a Ankara? 

Como una decepción enorme para todas las fuerzas democráticas de Turquía que creen en la democracia, en los estándares europeos, en la libertad de prensa, en la igualdad entre hombres y mujeres, y en el secularismo. Esperábamos que la Unión Europea respaldara a los luchadores por la libertad en Turquía, pero en su lugar prefiere dar su apoyo a Erdogan en el peor momento de su carrera política.

¿Cómo se explica esa visita después del enorme retroceso autocrático sufrido por Turquía con Erdogan en el poder? 

La prioridad de la Unión Europea es frenar el flujo de refugiados de Siria, y necesita a Erdogan para que los mantenga en territorio turco en lugar de enviarlos a Europa. Esa es la primera razón. La segunda es que la UE no quiere enojar a Erdogan para evitar problemas en el Mar Mediterráneo, en el Mar Egeo frente a Grecia, y también una política exterior agresiva de Turquía. Y, por último, la UE no quiere que Erdogan se acerque a la Rusia de Putin y pretende que siga siendo parte de la OTAN.

 


En numerosas ocasiones se ha dicho que la UE necesita a Turquía más de lo que Turquía necesita a UE.

Sí, exactamente. Es un importante socio económico. Turquía es un país grande al que los países europeos pueden vender muchas cosas, por ejemplo, armas. Pero estamos hartos de esa imagen de Turquía como soldado que vigila la frontera de Occidente y de la OTAN, o como el mejor comprador de las armas producidas por otros estados de la OTAN. Queremos ser un socio igual y respetable de la familia europea. 

Para usted, como ciudadano turco, ¿ha perdido la UE toda credibilidad como un proyecto que dice fomentar los derechos humanos y el Estado de derecho en aquellos países que aspiran a convertirse en estados miembros del bloque? 

Yo ya no veo que la UE exista en la política mundial. Ya no es un actor en Oriente Medio, en el Extremo Oriente ni tampoco en África. Europa está perdiendo su poder de influencia en todo el mundo. Y lo mismo pasa en Turquía: Europa fue un día nuestro sueño, no por su riqueza, sino por sus principios democráticos. Pero mírela ahora: Turquía se niega a aceptar las decisiones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y Europa no puede hacer absolutamente nada al respecto. La UE está perdiendo su popularidad y su poder de influencia al tiempo que pierde sus principios. La UE ha sacrificado sus principios en favor de su quehacer cotidiano. 

¿Actúa la UE con hipocresía al criticar a Erdogan en público para firmar después con él acuerdos en privado? 

Absolutamente. Imagine por qué los líderes europeos no han querido reunirse con la oposición en Turquía. La cancillera Merkel ha visitado Turquía más que ningún otro país en los últimos años. ¿Por qué no se reunió con integrantes de la oposición? ¿Por qué la presidenta de la Comisión Europea no ha querido ver esta semana a familiares de presos políticos turcos?

Hace un par de años usted dijo: "Nosotros tenemos presos políticos y España tiene presos políticos. La única diferencia es que España es un estado miembro de la Unión Europea y Turquía es sólo un candidato". ¿Sigue pensando lo mismo? 

Sí, seguro. Turquía ha estado mostrando a España como un ejemplo de cómo ilegalizar partidos o arrestar a parlamentarios, y me parece vergonzoso para España que Erdogan la considere un ejemplo. Cuando en Turquía deciden ilegalizar un partido o encarcelar a un diputado, y la oposición critica esas medidas, el Gobierno responde: "Miren a España, miren a Catalunya, miren al País Vasco". Erdogan toma España como un ejemplo para justificar sus agresiones. Eso es algo triste también para Europa.

Entrevista publicada por El Periódico de Catalunya.

lunes, 6 de abril de 2020

Coronabonos: las voces de la otra Alemania

"Cuando durante una tormenta algunos se tiran por la borda, no sirve de nada que el resto de la tripulación salte detrás. Es mejor quedarse en el barco y lanzarles un flotador”. 

Este es sólo uno de las párrafos dedicados estos días por cierta prensa alemana a los llamados coronabonos. La metáfora usada por una columnista del diario conservador “Die Welt” ilustra bien el rechazo militante de buena parte de la política, el empresariado y el electorado de Alemania a una emisión conjunta de deuda europea. Una demanda que cada vez se hace más fuerte en la Unión Europea para hacer frente a las consecuencias económicas y sociales que ya está generando el coronavirus en el Viejo Continente. 

Los estados de la UE más afectados por la pandemia son precisamente los que acumulan una mayor deuda pública. Los devastadores efectos del virus los convertirá muy probablemente en víctimas de la especulación financiera. Su margen para reactivar las economías con dinero público se estrechará así aún más. Economistas ya advierten de que la Gran Recesión de hace una década podría quedarse en anécdota si no se actúa de manera conjunta. 

Ayudas sí, mutualización no 

Pese a la excepcionalidad del momento, la posición del gobierno federal alemán, con Angela Merkel al frente, no se ha movido ni un milímetro desde la crisis financiera de 2009: Berlín sigue ofreciendo un rotundo 'no' a la mutualización de la deuda. Esta permitiría a los estados más golpeados por el virus, como Italia y España, a acceder una financiación en mejores condiciones en los mercados internacionales. 

Ayudas sí, mutualización de la deuda no, responde el gobierno alemán secundado por otros como el holandés o el austríaco. La negativa es interpretada como una señal de insolidaridad no sólo por la periferia europea, sino también por políticos y economistas de Alemania. Son las otras voces de la mayor economía de la UE. 

“Cada vez hay más gente en el espectro político y de los institutos económicos de Alemania que apoyan los coronabonos. Por eso nos preguntamos por qué el gobierno alemán se sigue oponiendo de manera tan testaruda. Parece no haber aprendido de la última crisis: precisamente el error entonces fue no encontrar una respuesta europea común”, dice Marcus Wolf, analista de Movimiento Ciudadano para el Cambio Financiero. La ONG, fundada por el exdiputado verde y experto en asuntos económicos Gerhard Schick, es una de las organizaciones alemanas que pide los coronabonos. 

“Tal vez sea difícil de entender en el extranjero”, explica Wolf, “pero en Alemania sigue prevaleciendo la idea de un presupuesto público equilibrado y de reducir el endeudamiento. En este caso, sin embargo, no se trata de emitir deuda común europea de manera indefinida, sino de una medida limitada en el tiempo ante la actual situación excepcional y porque unos países se ven más afectados que otros”. 

Rechazo histórico 

El rechazo en Alemania a una emisión conjunta de deuda avalada conjuntamente por todos los estados de la Eurozona no surge de la última recesión; se remonta a la introducción del euro hace dos décadas. “En Alemania nació entonces el mito de que se puede disfrutar de las ventajas de la moneda común sin tener que apoyar al resto de países”, explica el eurodiputado verde Sven Giegold, uno de los impulsores de la petición #WeAreInThisTogether que urge a la emisión de bonos comunitarios. 



“Durante años se les ha dicho a los alemanes que se puede tener una unión económica y monetaria, y al mismo tiempo que cada uno de los estados siga siendo independiente financieramente. Y eso es falso”, continúa Giegold. “Es irónico que dos de los principales beneficiados del euro – Holanda, gracias a su paraíso fiscal, y Alemania, con sus superávits comerciales – sean los que se opongan de manera más tozuda”. 

Cuando en España e Italia miles de personas luchan por su vida y sus sistemas sanitarios están al borde del colapso, Alemania insiste en que su opción es la mejor para la UE, argumenta Giegold: “Y eso no es muy europeísta”. En lugar de los coronabonos, Berlín apuesta por usar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), creado durante la última crisis para rescatar a los países del euro. Con más de 400.000 millones de euros, el fondo ofrece préstamos a cambio de reformas económicas. Grecia y Portugal, que acudieron al rescate, ya conocen las duras condiciones. 

“Respiración artificial” 

“El dinero barato del Banco Central Europeo llega a los mercados financieros, pero no a la economía real. Es como mantener con vida a un paciente con respiración artificial, y al mismo tiempo sacarle sangre”. Fabio De Masi, diputado federal alemán de La Izquierda, prefiere esa metáfora para describir la situación del euro: mientras el BCE compra deuda pública de los estados europeos, la UE desaprovecha la opción de los eurobonos, argumenta el político alemán de padre italiano. 

“El gobierno federal alemán teme romper un tabú”, explica De Masi. “Además, puede utilizar el MEDE para hacer recortes más duros. Un ejemplo: durante la crisis de Grecia, sus aeropuertos regionales fueron privatizados. La alemana Fraport fue la beneficiada. El gobierno alemán intenta usar la crisis para imponer los intereses de empresas alemanas”. 

El experto en asuntos económicos del partido más a la izquierda del arco parlamentario alemán expone de manera pragmática su defensa de los coronabonos: “Cerrarán empresas, se destruirán empleos y al final tendrán que aprobarse caros rescates. Por eso los coronabonos son más baratos. Y ello va también en el interés de Alemania. Si a la crisis del coronavirus le sigue una crisis del euro, y si no conseguimos controlar la situación en Italia o España, tampoco la conseguiremos controlar en Alemania”. 

Las voces alemanas a favor de los coronabonos creen que de la respuesta a la peor crisis que sufre Europa desde la Segunda Guerra Mundial depende el futuro del proyecto europeo: “Si los estados europeos no se apoyan suficientemente en esta crisis histórica”, dice De Masi, “si son Cuba, China o Rusia los que envían médicos y material a Italia, entonces la UE se hará innecesaria”. 

Reportaje publicado en El Periódico de Catalunya.

viernes, 1 de diciembre de 2017

El 'Factor AfD‘ o el síntoma de que algo se rompe

Alternativa para Alemania (AfD) ha cambiado la realidad política de Alemania. El surgimiento y establecimiento del partido alemán de ultraderecha más exitoso desde 1949 supone un cambio de paradigma político para el país más poblado, rico y poderoso de la Unión Europea. La actual incapacidad de formar gobierno por parte de los principales partidos alemanes es una muestra de ello. Alemania está descubriendo un escenario que hasta ahora le era desconocido: el de la inestabilidad política.

AfD fue fundada en 2013. En aquel momento, pocos habrían podido imaginar que un partido "nacional, liberal y conservador" podría realmente abrirse paso a la derecha de la CDU-CSU capitaneada con mano de hierro por la todopoderosa Angela Merkel. La realidad es que la sola presencia del partido ultraderechista en el Bundestag (en el que es la tercera fracción más grande) condiciona toda la política de Alemania, que hoy es un país más vulnerable, más inseguro, más rodeado de incertidumbres.

El reciente fracaso de conversaciones exploratorias para formar un gobierno federal como el de la Jamaika Koalition (CDU-CSU, FDP y Los Verdes) deja la sensación de que, sin AfD en el parlamento federal, ese inédito ejecutivo de coalición habría sido posible. Pero los ultras de AfD han demostrado durante los últimos dos años que es un partido capaz de pescar votos en todos los caladeros políticos del país. Su 12,6% de votos en las pasadas elecciones federales del 24 de septiembre da cuenta de ello. Y el resto de partidos parece tomar cada una de sus decisiones (o no decisiones) con un ojo puesto en el fantasma ultraderechista, que hoy en Alemania tiene 92 diputados en el Bundestag. AfD paraliza, osbtaculiza o condiciona al resto de actores del tablero político germano.

AfD es un fenómeno transversal, es el primer partido de ultraderecha alemán que recibe un apoyo relevante entre electores que tradicionalmente no habían votado ultra. Eso es precisamente lo que hace temblar las piernas al establishment político de un país con la historia moderna de Alemania. El ultranacionalismo político ha dejado de ser un fenómeno extraparlamentario en Berlín y ello supone la ruptura del consenso de posguerra nacido en Alemania sobre las cenizas todavía humeantes del desastre de la Segunda Guerra Mundial

El 'Factor AfD' genera vértigo en Alemania, un país cuya estabilidad parecía indiscutible hace tan sólo unos años. Y más vértigo generan aún las incertidumbres que llenan el futuro cercano de un proyecto como la Unión Europea, con una nueva crisis financiera, un recrudecimiento de la crisis de deuda del euro o el ascenso de la ultraderecha en otros países de la unión como Francia, Holanda, Hungría, Polonia o los países escandinavos nublando el horizonte. 

Franco Delle Done y un servidor lo vimos venir y lo advertimos en Factor AfD. El regreso de la ultraderecha Alemania, un libro por el que muchos no dieron ni un duro en su momento y que, lamentablemente, está validando su tesis: AfD no es más que un síntoma de que algo se ha roto en el sistema político alemán, de que algo ya no está funcionando en la Unión Europea, de que la política tradicional, y especialmente una izquierda con un proyecto colectivo verosímil y verdaderamente alternativo al omnipotente dogmatismo neoliberal, debe reaccionar antes de que sea demasiado tarde.


viernes, 30 de agosto de 2013

¿Por qué Alemania es la locomotora económica europea?

Hace años que Alemania recibe el calificativo de «locomotora económica europea». Con la crisis de deuda y la recesión que está sufriendo el Viejo Continente (y sobre todo su llamada periferia), ese rol se ha visto reforzado. No en vano, son muchos los que miran hacia Berlín en busca de respuestas (y también de soluciones). Con las elecciones federales alemanes a la vuelta de la esquina (se celebran el próximo 22 de septiembre), algunas voces en España incluso aseguran que los comicios germanos son tan o incluso más importantes que las elecciones generales españolas. 

Pero, ¿por qué es tan decisiva la economía alemana para el resto de países europeos? En primer lugar, Alemania es el país más poblado de la Unión Europea: con 80 millones de habitantes, el peso de su mercado interior así como su potencia exportadora convierten al país en la economía más fuerte del continente. Además, la economía germana descansa fuertemente en sus exportaciones: casi la mitad de la PIB alemán suele depender de su comercio exterior y, por tanto, de los países (en buena parte europeos) que compran sus productos. La industria alemana está fuertemente especializada, y su tecnología y maquinarias son apreciadas en países europeos y del resto de mundo. Sólo un dato que demuestra esto último: las exportaciones de Alemania aumentaron drásticamente con la introducción del euro como moneda común europea, lo que permitió abaratar los costes del comercio entre los países de la Eurozona. 

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miércoles, 17 de julio de 2013

El alto precio de la inacción de la Troika

El carácter sistémico de entidades como Bankia es el argumento con el que las autoridades nacionales y europeas suelen justificar el uso del dinero de los contribuyentes para tapar los agujeros dejados por la mala gestión de la banca. Los Verdes alemanes y la fracción verde en el Parlamento Europeo lo cuestionan. Si los gobiernos nacionales, el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea no hubiesen tardado tanto en reaccionar y hubieran obligado a los grandes acreedores de las entidades en problemas a participar en su reestructuración, la Eurozona se habría ahorrado 35.000 millones de euros en ayudas a ocho bancos europeos, concluye un informe encargado por ese partido político.

El documento, titulado «La participación de los acreedores en la crisis bancaria de la Eurozona», elaborado por la consultora Finpolconsult y al que ha tenido acceso ABC junto a Financial Times y Süddeutsche Zeitung, analiza el proceso de recapitalización de tres bancos griegos (Piraeus Bank, Alpha Bank y EFG Eurobank), dos chipriotas (Laiki Bank y Bank of Cyprus) y tres españoles (Bankia, Banco de Valencia y Banco Popular). Si la conclusión del análisis se aplica al resto de bancos no analizados, el hipotético ahorro de dinero público es mucho mayor. Así, el documento califica de «desastrosa» la gestión de la crisis bancaria europea.

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