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lunes, 14 de septiembre de 2020

El precariado: pobres por decreto

Ayer hubo elecciones municipales en Renania del Norte-Westfalia, un estado clave para Alemania por su riqueza y densidad de población. Los resultados muestran muchas claves y posibles análisis. Los de la región del Ruhr, postindustrial e históricamente de izquierda, ponen encima de la mesa un dato que llama la atención: la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) avanza en sus mayores ciudades. Ese dato proyecta un fenómeno llamativo y preocupante: una parte del asalariado alemán está abandonando las opciones de izquierda para abrazar las posiciones ultraderechistas y ultranacionalistas.

El activista italiano Alex Foti lanza la tesis de que “el precariado es en la sociedad postindustrial lo que fue el proletariado en la sociedad industrial”. Si entre los siglos 19 y 20, la masa asalariada se organizó políticamente como respuesta a la explotación que sufría, el precariado del siglo XXI tiende hacia una hiperindividualización; una atomización, alimentada por la digitalización de las relaciones sociales y del trabajo, que dificulta la organización colectiva. El precariado suele tender a un apoliticismo, que en ocasiones se convierte en antipolítica e incluso en un giro hacia la ultraderecha.

Analizamos en el podcast La Transición Alemana el concepto del “precariado” y su impacto en la Alemania del 2020, a las puertas de las tres décadas de su reunificación.




miércoles, 3 de junio de 2020

La pandemia visibiliza la explotación en el campo alemán

¿Espárragos por encima de la dignidad humana?”, se pregunta lacónicamente una pancarta colgada en el balcón de una vivienda en el centro de Berlín. Quien desconozca la situación de los temporeros extranjeros en el campo alemán difícilmente entenderá la denuncia. El espárrago blanco, ese producto de temporada tan apreciado – y caro – en la cesta de la compra de los alemanes, se ha convertido en las últimas semanas en todo un símbolo de la precariedad y de las miserables condiciones laborales y de alojamiento que sufren trabajadores temporales, fundamentalmente rumanos y búlgaros, en explotaciones agrarias de Alemania. 

La llegada de la pandemia y las correspondientes medidas restrictivas de movimiento y actividad económica ya evidenciaron el pasado marzo la dependencia del sector agrícola alemán de la mano de obra extranjera: la patronal de agricultores alertaba hace dos meses de que el campo alemán se estaba quedando sin brazos para cosechar productos de temporada como la fresa y el apreciado espárrago blanco. El ministerio federal de Agricultura y el de Interior reaccionaron ante las demandas empresariales con una serie de medidas excepcionales que permitían la llegada de hasta 80.000 temporeros extranjeros – fundamentalmente del este de Europa – durante los meses de abril y mayo. Esas medidas se extenderán previsiblemente durante el verano. 

La cosecha de temporada está así, al menos parcialmente, asegurada. Las condiciones laborales, no tanto. La pandemia ha visibilizado el hacinamiento, las condiciones poco higiénicas y las largas jornadas laborales que sufren temporeros extranjeros en Alemania. Unas condiciones que, obviamente, aumentan las posibilidades de aparición de focos de contagio, como los surgidos en algunos mataderos del país – en los que también trabajan muchos ciudadanos del este de Europa y cuyas condiciones fueron calificadas recientemente de “vergonzosas para Alemania” por la Organización Internacional del Trabajo –. 

Huelga en Bornheim 

A mediados de este mes de mayo una noticia llamó la atención de Erik Hagedorn y sus colegas del pequeño sindicato anarquista Unión Libre de Trabajadores y Trabajadoras (FAU): un grupo de temporeros rumanos se levantó en una explotación de espárragos de la localidad de Bornheim, cerca de Bonn, en el estado federado occidental de Renania del Norte-Westfalia. Cuando Erik y sus compañeros llegaron al lugar, se encontraron con la siguiente situación: decenas de trabajadores rumanos denunciaban no haber recibido sus salarios; la empresa no cumplía con las medidas de protección contra el coronavirus y ofrecía salarios más bajos y peores condiciones a los empleados extranjeros que a los alemanes; los temporeros vivían hacinados en contenedores dentro de la misma explotación, en la que se les ofrecía comida comida en mal estado. 

Uno de los temporeros filmó los barracones en los que vivía dentro de los mismos terrenos de la empresa Spargel Ritter – que se ha declarado en bancarrota –. El sindicato FAU publicó las imágenes en su canal de Youtube. “Diría que lo ocurrido en Bornheim es lo habitual. La diferencia es que allí la gente se levantó y ello les permitió recibir ayuda de nuestro sindicato. Pero, lamentablemente, no es lo normal. En la mayoría de ocasiones, simplemente, les toman el pelo”, asegura Erik Hagedorn a EL PERIÓDICO. 




Problema “estructural” 

El portavoz de la FAU argumenta que el colectivo de temporeros extranjeros en Alemania ha tenido históricamente poca o nula representación sindical. Ello responde a la desconfianza de los propios trabajadores, que acumulan malas experiencias con sindicatos corruptos en sus países de origen, el poco o nulo conocimiento de alemán de los temporeros y también a lo equipos de seguridad contratados por empresarios, que mantienen aislados a los empleados extranjeros. 

El informe “Iniciativa para un trabajo agrícola justo”, confeccionado por el sindicato mayoritario IG BAU, apunta que condiciones como las de Bornheim no son aisladas ni nuevas: “Como en el 2018, las penosas situaciones descubiertas en muchos lugares permiten suponer un fraude sistemático en el pago del salario mínimo. Los trabajadores entrevistados en los campos a menudo mencionaban uno o varios de los siguientes delitos: fraude salarial, nóminas y hojas de horarios opacas, falta de equipos de protección, retenciones salariales ilegales, alojamiento y alimentación precarias….”. 

IG BAU pide aumentos salariales para un colectivo que considera “relevante para el sistema” y medidas como las tomadas por las autoridades alemanas en el sector cárnico tras la salida a la luz de los focos de infección de covid-19. De momento, el tema no parece estar en lo más alto de la agenda del gobierno federal: el pasado 27 de mayo, la cancillera Angela Merkel y el primer ministro rumano, Ludovic Orban, mantuvieron una llamada telefónica. En ella, hablaron de “la necesidad de cumplir los estándares de protección laboral y de higiene” de los temporeros rumanos en Alemania”. No propusieron, sin embargo, medidas concretas para ello.

Reportaje publicado en El Periódico de Catalunya.


lunes, 7 de marzo de 2016

¿Es Alemania la solución al desempleo en España?

Corría el año 2011 cuando el semanario alemán Der Spiegel adelantaba la siguiente noticia: el Gobierno de la canciller Angela Merkel estaba dispuesto a ofrecer al entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, un programa para atraer a Alemania a jóvenes licenciados y especialistas españoles. Berlín pretendía así matar dos pájaros de un tiro: combatir la falta de mano de obra cualificada en Alemania, y ayudar a España con su grave problema de desempleo juvenil. 

La noticia generó decenas de titulares de prensa y supuso la oficialización de una realidad en ciernes: la locomotora económica europea se estaba convirtiendo en escenario de una nueva migración española con diferencias y similitudes con la migración española a la Alemania de los años 60. Un fenómeno que algunos no tardaron en describir como “El vente pa' Alemania Pepe 2.0”. 

Los medios alemanes también se hicieron eco de la (presuntamente) masiva llegada de jóvenes desempleados españoles y de otras nacionalidades sudeuropeas a la primera economía de la UE. Un fenómeno presentado en Alemania en la mayoría de ocasiones como una oportunidad de oro para un país con una grave crisis demográfica, pero también como una amenaza para el sistema de ayudas sociales germano, del que los extranjeros presuntamente venían a abusar. 

Cinco años han pasado desde que la noticia de Der Spiegel saltase a la arena pública, tiempo en que el imaginario popular se ha llenado de referencias a la nueva migración española en Alemania y también de productos culturales de éxito comercial como la película “Perdiendo el norte” o su secuela televisiva “Buscando el norte” que, con más o menor acierto, se hacen eco de esa realidad. 

Llegados a este punto, convendría hacerse una serie de preguntas: ¿realmente hay tantos españoles en Alemania? ¿Tan masiva es la nueva migración española en Alemania? Y, sobre todo, ¿es Alemania la solución al grave problema de desempleo juvenil y no tan juvenil que sufre España? 

Cifras oficiales 

Las cifras oficiales sobre la comunidad española en Alemania no dejan duda: el crecimiento ha sido mantenido desde el inicio oficial de la crisis económica, pero en ningún caso exponencial. Al menos así lo apuntan los datos tanto de la Oficina Federal de Estadística alemana (Destatis) como de los diferentes consulados españoles en el país. Según el registro de extranjeros de Destatis, entre 2009 y 2014, la comunidad española en Alemania creció en 42.000 personas, de las 104.000 a las 146.000.

Los datos ofrecidos por los seis consulados españoles no diferen mucho de los de Destatis: en 2009, había algo más 123.000 ciudadanos españoles registrados en los seis consulados en el país. Al cierre de 2015, esa cifra superaba levemente los 147.000. La comunidad española está en todo caso muy por detrás en número de otras comunidad extranjeras en Alemania, como la turca, la italiana o la de los ciudadanos de la antigua Yugoslavia. 

Aunque es evidente que hay un importante contingente de ciudadanos españoles que, tras llegar a Alemania, no se registran ni en los ayuntamientos locales ni en los consulados, parece claro que los que se convierten en residentes, acaban apareciendo en las estadísticas oficiales, que sirven así de un buen termómetro sobre la dimensión real de la nueva migración. 

En todo caso, las cifras oficiales apuntan que Alemania no es el destino número 1 para buscar un futuro vital y laboral entre los migrantes españoles. La llamada locomotora económica europea está por detrás de otros destinos como Francia o Argentina, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística. ¿Está Alemania, por tanto, sobrevalorada? 

Volver para quedarse 

“Como salida laboral pienso que Alemania no está más o menos sobrevalorada que otros destinos de su entorno como Reino Unido. Como salida vital, en cambio, la integración supone un reto mucho mayor que en otras latitudes debido principalmente al idioma y a la idiosincrasia del país y sus habitantes”. Así lo asegura Diego Ruiz del Árbol, cofundador de la plataforma Volvemos.org, nacida recientemente para facilitar el retorno del talento fugado de España durante los últimos años a causa de la crisis económica y la precariedad. 

Diego sabe lo que dice cuando habla sobre Alemania: vive desde hace una decada en Berlín, adonde llegó en busca de nuevas experiencias vitales y laborales. Sin embargo, ahora lo tiene claro: este ingeniero informático volverá próximamente a España con su familia. Para quedarse. Para él, la aventura berlinesa está llegando a su fin. 

Con el retorno de migrantes como él, con un bagaje diferente al de los que se quedaron, Diego cree que la realidad laboral española podría mejorar: “Es necesario un cambio de discurso para superar el estigma que ha acompañado al emigrante en los últimos años. Creemos que es necesario cambiar el 'nos vamos' o 'nos echan' por el 'Volvemos', y partiendo de ese cambio de mensaje, cambiar la realidad laboral de España”. 

Según cálculos hechos por los fundadores de la plataforma Volvemos a partir de las estadísticas oficiales, uno de cada cuatro españoles emigrados durante los últimos años ha vuelto a casa. El potencial del retorno está, por tanto, ahí. 

Precariedad como realidad 

Entre los miembros de la comunidad española en Berlín, es común hacer bromas sobre la migración presentada por programas de televisión como el ya mítico “Españoles por el mundo”: programas que suelen presentar la migración como una realidad idílica, en la que sus protagonistas han hecho carrera profesional o tienen boyantes negocios propios. El fracaso brilla en ellos por su ausencia. 

Desde la introducción de la llamada Agenda 2010 (paquete de reformas de recorte social y flexibilización del mercado laboral) hace una década por el entonces canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder, si bien el número de desempleados en Alemania ha tocado mínimos históricos, no es menos cierto que la cifra de personas que trabajan en condiciones precarias (minijobs, contratos definidos, etcétera) ha aumentado enormemente. Según cifras de Destatis, en 2012, 8 de los alrededor de 40 millones de trabajadores eran clasificados como precarios en Alemania. La precariedad es así una realidad objetiva del actual mercado laboral germano. Una realidad de la que, evidentemente, la nueva migración española tampoco escapa. 

“Nos encontramos, sobre todo, con gente que aún desconoce sus derechos como emigrantes en Alemania, por ejemplo el derecho a prestaciones sociales”, asegura Daniel, miembro de la Oficina Precaria de Berlín, un colectivo que forma parte de la Marea Granate de Berlín y que asesora a extranjeros hispanohablantes sobre sus derechos y deberes sociales en Alemania. “Esto es importante de aclarar si tenemos en cuenta que muchas personas han llegado con la idea de encontrar un sustento digno, que luego no es tan fácil conseguir. También recibimos dudas sobre el seguro de salud (de obligatorio pago en este país), temas relativos a la vivienda o de derecho laboral. Más allá del desconocimiento del idioma, la mera identidad de 'Südländer' (sudeuropeos) conlleva un esfuerzo extra para defenderse en estos dos últimos aspectos, ya que te lo suelen poner menos fácil aún que a las personas alemanas”. 

La conclusión que se extrae, en definitiva, tras hablar con españoles con experiencia como emigrantes en Alemania es que la primera economía europea, lejos de la realidad presentada actualmente por algunas películas, series y programas de televisión, está lejos de ser la solución al grave problema de desempleo que sigue sufriendo España. 

Y ello sin tener en cuenta el coste personal que supone asentarse en un país que no es el luyo, por muy integrado que se esté. “El emigrante sale de España para resolver un problema a corto plazo (falta de perspectivas laborales) sin tener ni idea de las verdaderas consecuencias de la decisión que está tomando”, reflexiona Diego, de la plataforma Volvemos.org. A lo que Dani, de la Oficina Precaria de Berlín, añade: “Como dice una psicóloga que colabora con nosotros, la emigración conlleva un proceso de duelo, y muchas veces no nos damos cuenta a las primeras de cambio”.

Reportaje publicado en El Confidencial.

domingo, 1 de marzo de 2015

Crecimiento y pobreza: realidades paralelas en Alemania

“Es una muy buena noticia que en Alemania la cifra de personas con trabajo sea tan alta como nunca antes”. Esta fue una de las frases que la canciller Angela Merkel pronunció durante su último discurso de Fin de Año. Una cifra, sin duda, irrebatible: las estadísticas oficiales de desempleo hace hace años que vienen reduciéndose en la locomotora económica europea.

El pasado jueves la Agencia Federal de Empleo comunicó que el paro cayó en febrero una décima respecto al mes anterior, situándose en el 6,9 por ciento. Actualmente, algo más de tres millones de personas no tienen trabajo en Alemania. Una cifra con la que economías periféricas como la española o la griega sólo pueden soñar. 

No obstante, el cuadro macroeconómico germano es bastante más complicado de lo que parece a primera vista. Para entender la evolución socioecónomica que ha experimentado el país más poblado y rico del Viejo Continente durante los últimos años, es necesario ir más allá de las cifras oficiales de desempleo y de la evolución del Producto Interior Bruto. Si no, es imposible entender este otro dato: la cuota de pobreza en Alemania alcanzó en 2013 una cifra récord. Un 15,5 por ciento de la población ingresa menos del 60 por ciento del salario medio del país. Ello la convierte en técnicamente en pobre. 

Es la conclusión a la que llega el reciente informe «Die zerklüftete Republik» («La república dividida»), elaborado por Der päritatische Gesamtverband (La Asociación Paritaria), una organización apartidista y no gubernamental que congrega a más de 10.000 asociaciones y centros de ayuda para la población más necesitada del país. 

“Los afectados por la pobreza son sobre todo desempleados, madres solteras y padres solteros, y niños. Cuando la gran mayoría de los parados, es decir el 59 por ciento, y más del 40 por ciento de todos los padres y madres solteras viven en la pobreza, entonces es que algo ha dejado de funcionar en nuestro Estado social”, apunta el informe, que establece la línea de riesgo de pobreza en Alemania en 892 euros mensuales para el presupuesto mensual de un soltero, y en 1873 euros para el de una familia de cuatro miembros, dos de ellos menores. 

Agenda 2010 

Uno de los datos que más llama la atención es el crecimiento paralelo que han experimentado durante los últimos años la economía alemana y la tasa de pobreza. Desde la última gran recesión que vivió la economía mundial en 2009, y que la locomotora europea y sus exportaciones sufrieron considerablemente, el PIB de Alemania ha crecido de manera constante. Sin embargo, también lo han hecho los segmentos de población pobres o en riesgo de exclusión social.


Pobreza ("Armut") y PIB ("Wirtschaftsentwicklung") crecen de manera paralela en Alemania.

“Para entender esta situación hay que remontarse al último Gobierno rojiverde del excanciller Schröder y las reformas que introdujo bajo el nombre de la Agenda 2010”, dice al teléfono Christian Woltering, coautor del informe «La república dividida». “Si bien es cierto que reformas como la unificación y simplificación de las ayudas sociales eran necesarias”, asegura Woltering, “esa reforma se hizo siempre a la baja, de manera que la racionalización de las ayudas sociales se convirtió en un recorte de facto”.

Woltering se refiere a las reformas del sistema social y del mercado laboral introducidas entre 2003 y 2005 por el último Gobierno de coalición del SPD y Los Verdes. El entonces canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, apostó por unas reformas económicas de claro corte neoliberal para aumentar la competitividad de la economía germana en un mundo ferozmente globalizado. A la vista de los datos macroeconómicos que ofrece hoy Alemania, esas reformas tuvieron el efecto deseado, pero también un enorme precio social que ahora queda patente en unas cifras de pobreza difícilmente comprensibles en un país desarrollado. 

Trabajador pobre 

Otra de las estadísticas que llama enormemente la atención es que mientras el desempleo baja en Alemania, la tasa de pobreza alcanza cotas récord. Es lo que los economistas califican como el fenómeno de “working poor” (“trabajador pobre”). “Ello hace referencia al creciente número de personas empleadas en el sector precario y en trabajos temporales cuyos salarios son insuficientes para salir de la pobreza”, especifica Woltering. 

Como apunta un artículo de la Fundación Hans-Böckler (dependiente de la Federación Alemana de Sindicatos, DGB), el número de personas con trabajo en Alemania que malvive de un salario insuficiente creció de los 2,2 millones en 1996 hasta superar los tres millones de personas en 2013. Ello supone un aumento del 6,2 al 7,8 por ciento del total de la población activa del país. 

Ese crecimiento del Prekariat (trabajadores precarios), además de un evidente impacto socioeconómico que explica el crecimiento paralelo de empleo y pobreza, tiene una doble consecuencia a medio plazo debido a las crecientes bajas cotizaciones sociales: “Por una parte, cada vez menos asalariados tienen derecho al seguro de desempleo. Y por otra, la cifra media de ayuda que reciben los parados alemanes se reduce tanto por el débil avance salarial como por el creciente sector de empleos temporales”, asegura Eric Seils, del Instituto de Investigación Económica y Social (SWI), cercano a las grandes centrales sindicales germanas. 

A la pregunta de si la creación de puestos de trabajo sirve para combatir automáticamente la pobreza y la exclusión social, como muchos aseguran en los países europeos más afectados por la crisis, Seils responde: “Desde 2004, Alemania ha experimentado un crecimiento del empleo y también del número de trabajadores pobres. Al mismo tiempo, el porcentaje de gente viviendo en hogares que sufren el desempleo se ha mantenido más o menos estable. Por tanto, lo que Europa necesita no es simplemente crear empleo, sino puestos de trabajo de los que se pueda vivir”. 

Dos mercados laborales 

Tras la introducción de las reformas de la Agenda 2010 ahora hace una década, los sucesivos Gobiernos federales (formados por coaliciones entre socialdemócratas y verdes, conservadores y liberales, y conservadores y socialdemócratas) han abrazado políticas económicas de evidente corte neoliberal. El Estado alemán se ha retirado así de su tradicional papel de redistribuidor lo que ha permitido que la concentración de la riqueza, al igual que los índices pobreza, haya alcanzado cotas récord. 

Alemania ha vivido durante los últimos años un fenómeno que el informe «La república dividida» bautiza como “política laboral de dos clases”: mientras los sectores laborales con tradición sindical y capacidad de negociación colectiva mantienen una protección social (seguro de desempleo, cotizaciones considerables y construcción de una jubilación digna, valores clásicos del modelo alemán conocido como “Economía Social de Mercado”), los sectores menos sindicados y más desprotegidos reciben sueldos bajos y sufren condiciones laborales precarias marcadas por una alta flexibilidad y temporalidad. 

La reciente introducción de un salario mínimo interprofesional (hasta ahora inexistente en Alemania) de 8,50 euros la hora, por iniciativa de los socialdemócratas, debería servir para combatir el fenómeno del “trabajador pobre”. La Asociación Paritaria celebra la introducción del salario mínimo que, sin embargo, considera insuficiente. Un salario de 11,50 euros la hora serviría realmente para combatir la pobreza trabajadora, según su informe. 

Pese a ese salario mínimo, el investigador Eric Seils advierte: “El trabajo pobre ha aumentado especialmente entre los asalariados con contrato fijo. Se puede decir, por tanto, que el fenómeno del 'trabajador pobre' ya afecta a todo el espectro del mercado laboral alemán”. Atendiendo a la crisis demográfica que sufre Alemania, si esa tendencia al alza del sector precario y sus correspondientes débiles cotizaciones se mantienen, en un futuro no muy lejano la locomotora europea tendrá un grave problema de pobreza en la tercera edad cuyos efectos ya se empiezan a percibir en las calles de las grandes ciudades del país.

Artículo publicado en el diario ABC. En este enlace se puede acceder al PDF: 
tinyurl.com/mfvuprx