Mostrando entradas con la etiqueta pegida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pegida. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de mayo de 2021

“Detrás de todo esto hay un plan"

Pequeños empresarios afectados por las restricciones ante la pandemia, ciudadanos descontentos con el gobierno de Angela Merkel, yoguis defensores de la medicina alternativa, neonazis, votantes de la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), militantes de la izquierda extraparlamentaria "huérfana de partido": estos son sólo algunos de los perfiles que llevan meses participando en las marchas contra las restricciones que recortan los derechos fundamentales en Alemania. 

Desde el pasado mes de marzo, cuando comenzó oficialmente la pandemia, se han venido sucediendo marchas y protestas - algunas con gran afluencia, otras minoritarias -. El bautizado como movimiento anticorona alemán es, probablemente, la expresión de descontento más heterogénea que vive Alemania desde los inicios en Dresde de PEGIDA (Patriotas Europeos contra la Islamización de Europa), que hoy es ya un fenómeno en decadencia y exclusivamente ultraderechista.

En un año en el que se celebrarán elecciones federales - a las que ya no se presentará Merkel -, es una incógnita qué impacto puede tener este díficilmente clasificable movimiento en el tablero político alemán. Los anticorona alemanes o "Querdenker" ("pensadores transversales", como se autodefine una de las plataformas convocantes de las protestas) siguen siendo minoritarios, pero la mala gestión de la pandemia por parte del gobierno ofrece margen para que el descontento se acabe canalizando de alguna forma las urnas. Algunos autores trazan ya ciertos paralelismos con el tercerposicionismo o el Querfront que acosó a la República de Weimar en la década de los 30 del siglo pasado.

Recientemente cubrí para El Periódico de Catalunya la última gran marcha contra la aprobación de una ley que da base constitucional a las actuales restricciones de las libertades ciudadanas. De ahí salió este breve pero jugosa videocrónica sobre una protesta sobre la que mucho se escribe pero con cuyos protagonistas poco se habla:

“Detrás de todo esto hay un plan" 

“¿Qué tipo de plan?" 

 “Eso no lo sabe nadie"



domingo, 10 de septiembre de 2017

Götz Kubitschek: el 'cerebro' de la revolución ultra alemana

“El nacionalsocialismo, más concretamente Auschwitz, se ha convertido en el último mito de un mundo racionalizado al cien por cien. Un mito es una verdad que está más allá de discusión. No necesita justificarse, bien al contrario: el solo atisbo de la duda, presente en la relativización, significa un serio asalto contra el tabú que lo protege. ¿Acaso no se ha amenazado con castigar la 'mentira de Auschwitz' como una especie de blasfemia?” 

Este es uno de los párrafos de Finis Germania, el libro póstumo que el historiador e intelectual alemán Rolf Peter Sieferle dejó escrito antes de suicidarse en septiembre de 2016. Se trata de un breve ensayo de apenas 100 páginas que, como su propio título indica, advierte del ocaso de Alemania como nación. Las razones que ofrece Sieferle en su disertación coinciden con los argumentos ofrecidos por las llamadas Nuevas Derechas alemanas: la migración masiva, los refugiados, la falta de patriotismo, el avance de la multicultaridad en detrimento de la población autóctona y los valores tradicionales alemanes, el presunto antigermanismo, generado por la cultura de la constante revisión de la historia reciente de un país marcado por el nacionalsocialismo y el holocausto, acabarán irremediablemente con Alemania, con su historia, con su cultura. 

“La responsabilidad de los judíos en la crucifixión del mesías no fue reconocida por ellos. Los alemanes, que reconocen su responsabilidad sin piedad, tienen sin embargo que desaparecer de la historia, convertirse en un perpetuo mito para expiar su culpa”, escribe Sieferle en otro párrafo en el que deja meridianamente claro su mensaje: la relativización de los crímenes nacionalsocialistas y el revisionismo histórico marcan un libro que incluso recibió alabanzas por parte de articulistas de la prensa conservadora española

El libro de Sieferle habría sido una simple anécdota, un inadvertido giro ultraderechista de un intelectual alemán durante sus últimos días de vida, si Finis Germania no se hubiera colado de lleno y durante varias semanas de este año en la lista de los títulos más vendidos de la plataforma Amazon en Alemania después de que un crítico literario del referencial semanario Der Spiegel lo incluyese en las recomendaciones editoriales de la publicación. El director de la revista decidió finalmente sacarlo de esa lista y reprender públicamente al articulista. Pero la polémica estaba servida en un país en el que revisionismo histórico quedó excluido del consenso político a raíz del fin de la Segunda Guerra Mundial y desde la misma fundación de la República Federal de Alemania en 1949. Eso parece estar cambiando. 

Götz Kubitschek no duda en calificar el escándalo generado por la obra de Sieferle como todo un éxito de la editorial Antaios, que él mismo dirige desde Schnellroda, un pequeño pueblo situado en el Estado germanooriental de Sajonia-Anhalt. Kubitschek es la gran referencia intelectual de las llamadas Nuevas Derechas alemanas, que tienen al movimiento islamófobo Pegida y al partido Alternativa para Alemania como principales arietes de una relativamente exitosa revolución hipernacionalista e ultraconservadora tras décadas de intentos infructuosos en un país que parecía vacunado contra aventuras ultraderechistas. 

A la pregunta de si la nueva intelectualidad de las llamadas Nuevas Derechas está en disposición de pelear por la hegemonía cultural (y política) de Alemania, Kubitschek responde a este periodista: “Por supuesto. Fíjense en el reciente escándalo generado por el 'caso Sieferle': la reacción del establishment es patética, histérica, de pánico y clínica. Ello me demuestra cuán exitosamente podemos provocar”. El escándalo generado es, en su opinión, la prueba de que el consenso de postguerra alemán muestra grietas. Pegida, AfD y el propio 'caso Sieferle' son sólo síntomas de ello.

¿Quién es Kubitschek? 

La pregunta sobre la biografía de Kubitschek se hace inevitable. Nacido en 1970 en el sur de Alemania, este teniente del ejército alemán en la reserva estudió germanística, geografía y filosofía en Hanóver y Heidelberg. En la década de los noventa fue redactor del semanario Junge Freiheit, referencial en las Nuevas Derechas y considerado actualmente la publicación orgánica de AfD. En el año 2000 funda la editorial Antaios, a partir de la cual comienza a construir un polo intelectual ultraderechista del que hoy forman parte la publicación Sezession o el think tank Institut für Staatspolitik (IfS). Kubitschek es muy cercano a los líderes del ala etnonacionalista de Alternativa para Alemania Björn Höcke y André Poggenburg. 



Kubitschek también tiene conexiones con la plataforma civil Ein Prozent, cuyo objetivo es movilizar al uno por ciento de la población alemana contra la política migratoria de Gobierno de Angela Merkel, así como con el Movimiento Identitario, grupo juvenil que este verano fletó un barco para frenar la migración en el Mediterráneo en un intento de “defender Europa”. 

Para Kubitschek, el objetivo de este polo intelectual ultraderechista es claro: “Las Nuevas Derechas son un cuestionamiento fundamental de la hegemonía cultural de la izquierda”, declara. Esta revolución neoconservadora e hipernacionalista asume curiosamente una premisa teórica acuñada por el intelectual marxista italiano Antonio Gramsci: sólo desde la hegemonía cultural se pueden alcanzar mayorías sociales y políticas. 

Entre otros conceptos, Kubitschek defiende el “etnopluralismo”, que intenta recuperar el patriotismo alemán apartándose de los clásicos postulados nazis que defienden la superioridad racial aria: “Este concepto se basa en el convencimiento de que la diversidad del mundo se fundamenta en la diversidad de sus pueblos y de que no puede haber superioridad de unos pueblos sobre otros, sino más bien una igualdad de derechos y un aprecio fundamental, siempre y cuando los pueblos defiendan y desarrollen su cultura, permanezcan en sus espacios y respeten a sus vecinos”, contesta Kubitschek en un cuidado y elegante alemán. “Al fin y al cabo, el etnopluralismo es un concepto defensivo, un concepto humilde y moderado para un pueblo y un continente que están envejeciendo. Los pueblos jóvenes, dinámicos y expansivos no se comportan de forma etnopluralista, y Europa obviamente tampoco se comportó de manera etnopluralista en su fase de superioridad y expansión”.

AfD como última oportunidad 

El tiempo se agota para Alemania. Es el profundo convencimiento de los integrantes de las Nuevas Derechas, especialmente de aquellos que rechazan el concepto moderno de ciudadanía y defienden en su lugar la pertenencia a una nación por derecho sanguíneo. El partido AfD es visto de alguna manera por Kubitschek y otras figuras destacadas de las Nuevas Derechas como la última oportunidad para frenar el ocaso de Alemania y preservar el pueblo alemán, precisamente el mensaje que trajo consigo la obra de Sieferle Finis Germania. AfD supone para ellos un cambio de paradigma en el tablero político alemán. “AfD es la prueba político-partidaria de ese cambio de paradigma, no el inicio del mismo”, asegura Kubitschek. “AfD tiene ante sí un camino duro, tiene que sostenerse en la industria política y comportarse como un partido. Y efectivamente, se nos hace tarde. Si AfD fracasase, no sería posible hacer mucho más a través de vías político-partidarias”. 

Es especialmente llamativo que en un país como Alemania, cuyos indicadores macroeconómicos apuntan a una buena salud estructutal, un partido ultraderechista como AfD esté luchando por convertirse en la tercera fuerza del arco parlamentario. Así lo apuntan las encuestas de intención de voto. De no haber sorpresas de última hora, el Bundestag contará a partir del próximo 24 de septiembre, fecha de las elecciones federales, con una bancada ultraderechista en sus entrañas, algo inédito en la historia reciente del país. Un fenómeno al que ha contribuido, sin lugar a dudas, la lucha por la hegemonía cultural protagonizada durante la última década por Kubitschek y los suyos. 

Un reciente informe de la fundación Hans-Böckler, dependiente de la principal central sindical de Alemania, indica los motivos que llevarán previsiblemente a un par de millones de alemanes a votar por AfD en las próximas elecciones federales: la mayoría de votantes del partido ultra, perteneciente a la clase media del país, asegura contar con una buena situación económica; sin embargo, comparten un común denominador: tienen miedo al futuro, son pesimistas militantes. Si Alemania continúa por la senda actual, creen, el país se precipitará irremediablemente al precipicio, a la Finis Germania.

Para responder a la pregunta de hasta qué punto el pueblo alemán está realmente en peligro, Götz Kubitschek recupera un cita del siglo pasado del intelectual ultraconservador alemán Carl Schmitt: “El hecho de que un pueblo no tenga la fuerza o la voluntad de mantenerse en la esfera de los político no significa que la política desaparezca del mundo. Sólo desaparece un pueblo débil”. Un párrafo que contextualiza el actual miedo reinante en un segmento nada despreciable del electorado alemán.

Reportaje publicado en El Confidencial.

sábado, 1 de abril de 2017

Rana Zamadani: feminista radical, conservadora y antiislamista

Rana Zamadani. Foto: Jörg Schulz_Chuck Knox Photography.
“La mayoría de los hombres musulmanes tienen un problema de violencia”; “las mujeres musulmanas (…) también son culpables. (…) Las madres educan a sus hijos como príncipes y machos, a sus hijas, como sirvientas de los hombres”; “los musulmanes exigen y reciben un tratamiento especial”; “el pañuelo en la cabeza y una sexualidad en libertad son una paradoja, se contradicen”; “hemos perdido la batalla contra el hiyab [cubrimiento de la cabeza de la mujer por cuestiones religiosas] por ser una sociedad tan tolerante”. 

Todas estas frases, sacadas de contexto, podrían llevar a pensar que fueron escritas por un político o intelectual ultraconservador de tendencias hipernacionalistas e islamófobas tan de moda actualmente en Europa. Nada más lejos de la realidad: la autora es una feminista radical, de valores conservadores, origen albanés y discurso políticamente incorrecto e incómodo prácticamente con todos los partidos políticos de Alemania. Su nombre es Zana Ramadani y su historia, extraordinariamente excepcional. 

Nacida en Skopje, Macedonia, en 1984, Zana llegó a Alemania a la edad de 7 años de mano de su familia, que huía de la desintegración de Yugoslavia. Tras constantes conflictos con los valores musulmanes de sus padres y tíos, con 18 años decide huir de casa. Después de casarse con un alemán, hacer carrera profesional y ganar mucho dinero en el sector financiero y en diferentes bufetes de abogados, decide abandonar su cómoda vida para cofundar FEMEN Alemania. Comienza así a participar en acciones directas contra la prostitución, contra políticos considerados por las activistas como machistas y misóginos, y contra representantes del patriarcado gobernante contra las que integrantes de FEMEN militan.

Zana está hoy separada y su carrera profesional es historia. Sus intervenciones junto con otras activistas de FEMEN Alemania, como la que protagonizó en la final del reality show televisivo Germany’s Next Topmodel en 2013, le han pasado factura. También dentro de su propio partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) liderada por la canciller Angela Merkel, en el que a pesar de todo sigue militando.

¿Es Zana el prototipo de un feminismo conservador poco conocido y explorado? “Soy muy conservadora”, declara Zana Ramadanil, “pero eso significa tener unos determinados valores que no obligatoriamente tienen una connotación negativa. Mis valores descansan sobre el humanismo y el feminismo. Eso significa no cerrar los ojos antes problemas y llamar a las cosas por su nombre para fomentar el debate. Sólo a través del debate me puedo desarrollar yo y se puede desarrollar la sociedad”.

Feminista radical, conservadora, militante de la CDU, azote de los barones misóginos de su partido, crítica implacable de lo que ella califica de “Islam político” y del rol de las madres musulmanes a la hora de plantar la semilla del conservadurismo religioso en los jóvenes musulmanes nacidos y crecidos en Alemania. Quien navegue en la biografía de Zana Ramadani, encontrará una figura compleja, poliédrica y también profundamente contradictoria.

“Delirio tolerante” 

'El peligro encubierto. El poder de las madres musulmanas y el delirio tolerante de los alemanes' es el título del primer libro de Zana Ramadani, recién publicado en Alemania; con él, la activista se ahorra el estilo políticamente correcto y lanza una tremenda crítica contra buena parte de la comunidad musulmana residente en su país y en el resto de Europa. Su tesis: es absurdo argumentar que el terrorismo yihadista no tiene nada que ver con Islam. Los terroristas yihadistas son, al fin y al cabo, musulmanes y su radicalización nace en el seno de la religión que profesan.

En opinión de Ramadani, el denominado Islam político, doctrina cuyas reglas nacen de una interpretación ortodoxa del Corán y que pretende intervenir en todas las dimensiones de las sociedades que dominan, alimenta ese fanatismo religioso. Y buena parte de los integrantes de las comunidades musulmanas europeas apoyan activa o pasivamente ese islamismo o Islam político.

Zana también también critica lo que ella considera tolerancia mal entendida de una parte de la sociedad alemana. “¿Por qué un demócrata alemán no debería criticar la religión islámica mientras sí discute valores controvertido del cristianismo y el judaísmo? ¿Y por qué no debería decirle a los líderes musulmanes: 'tenéis que aceptar que vuestro profeta sea caricaturizado, así como nosotros no enviamos un comando suicida cuando el Papa es representado en una portada con una mancha amarilla sobre sobre su sotana'”.

La crítica de Zana al Islam y al islamismo es implacable, sin concesiones. Su libro combina experiencias personales con referencias académicas y periodísticas. Su pecado reside tal vez en que la conclusión del ensayo esté ya implícita en la tesis inicial. Y también que algunos de sus párrafos contengan ciertas generalizaciones no justificadas que parecen buscar más la provocación que el fomento del sano debate. “Entre los musulmanes crece un preocupante número de personas fanáticas y preparadas para usar la violencia”, escribe por ejemplo Zana sin ofrecer referencia estadística o académica alguna.

“Yo nunca quise generalizar con mi libro”, asegura la autora a El Confidencial. “Solamente he intentado escribir de manera clara y nítida. Sin embargo, eso ya no parece ser habitual, y por eso creo que muchas personas encuentran que mi libro es provocador. Eso es triste. Si hubiese intentado escribir para evitar que el libro pudiese entenderse como una provocación o una generalización, seguramente habría relativizado muchas cosas. Y en ese caso, habría sido mejor no escribirlo”.

En un momento en que la ultraderecha de tintes islamófobos gana terreno en Alemania y otros países de Europa, la pregunta se hace inevitable: ¿no tiene miedo de que su libro y sus intervenciones públicas sean manipuladas por el creciente populismo xenófobo de partidos como Alternativa por Alemania? “Yo tengo derecho a criticarlo todo y a ponerlo todo en entredicho, y eso no significa que sea racista”, responde tajante Zana, que quiere dejar claro su absoluto rechazo y distanciamiento de las posiciones de formaciones como AfD y de movimientos ultras como Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente).

Zana incluso va más lejos: cree que libros como el suyo sirven para combatir el discurso políticamente correcto sobre el Islam, que, en su opinión, ha alimentado las tesis islamófobas de AfD. “No creo que AfD haya surgido porque los alemanes se atrevan por fin a expresar su racismo en público. Surge del miedo y la frustración ante las élites y los actuales gobernantes. Y ahí incluyo también a mi partido, la CDU. No creo que los ciudadanos hayan contribuido al surgimiento y el avance de AfD, sino los gobernantes. El problema es que las elites políticas no han reconocido ese error hasta hoy. En lugar de buscar a los ciudadanos, hablar con ellos y preguntarles por qué votan a AfD, les dicen que son tontos y nazis por votar a ese partido. Hay políticos cercanos a Merkel que siguen sin reconocer errores y que piensan que los problemas se solucionarán solos. Hay incluso parlamentarios que insultan a votantes a través de twitter por apoyar a AfD. Si yo soy una de esas ciudadanas, ¿votaría nuevamente por ellos?”

Coste personal 

El activismo de Ramadani no deja de ser contradictorio: feminista radical, defiende los valores conservadores basados en el humanismo cristiano que representa la CDU de Merkel, en el seno de la cual reconoce que también hay una parte de “fundamentalismo cristiano” respecto a cuestiones como el matrimonio homosexual o la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo. Zana confiesa además que sus acciones en FEMEN le costaron el rechazo dentro de los círculos conservadores en los que ella se ha movido desde que comenzó hacer política y a labrarse una carrera profesional. “En los ámbitos en los que he trabajado, este tipo de activismo no ayuda encontrar un empleo”, dice Zana, ahora mismo desempleada y en búsqueda de un trabajo que de momento no llega.

El coste personal del activismo de Zana también impactó en la relación con su familia de origen albanés, ya de por sí históricamente complicada. “Durante un año no tuve ningún contacto con mi familia, hasta que mi padre decidió retomarlo. Desde entonces la relación es intermitente, con fases buenas y malas. El caso de mi madre es complicado: por una parte, no me desea nada malo, pero por otra, no puede separarse de su valores. En todo caso, este libro no es ningún ajuste de cuentas con mi familia. Sólo quiero cambiar algo para la próxima generación”.

La cofundadora de FEMEN Alemania tiene una hermana y un hermano, ambos menores que ella. De este último dice: “Con 24 años, es el buen musulmán de la familia. Él puede permitírselo todo. Puede beber alcohol y salir. Pero a nosotras nos echa en cara que salgamos con chicos y que bebamos, nos dice que nos comportamos como putas. En los círculos religiosos musulmanes, el comportamiento de mi hermano es paradigmático. Y nuestra familia no es especialmente conservadora. Son cosas que yo viví en el seno de una familia musulmana liberal. ¿Cómo habría sido mi vida si hubiese crecido en una familia musulmana conservadora? Prefiero no imaginármelo”.

Miedo al futuro 

 Zana Ramadani está embarazada. Espera un hijo de un hombre que su familia todavía no conoce. Ni siquiera sabe si su familia accederá algún día a conocerlo. Desde que Zana apostase por el camino del activismo, la incertidumbre marca irremediablemente su vida. Y también el miedo al futuro. “Tengo miedo de cómo se desarrollan las comunidades islámicas aquí en Alemania, de que en el futuro vea mis libertades individuales coartadas y de que me tenga que subyugar nuevamente a la voluntad de una comunidad”, asegura.

“Desde que hago política y soy activista, vivo con amenazas de muerte. Tomo una serie de medidas de seguridad personales, pero no me puedo permitir guardaespaldas. Recibo amenazas tanto de círculos islamistas, como de círculos izquierdistas y derechistas”, dice Zana sin perder una expresión de relativa calma, para añadir: “Ahora quiero hacer un curso de uso de armas para poder defenderme a mi misma ya que el Estado alemán no está dispuesto a hacerlo”.

Esta feminista atípica y militante se niega a que las amenazas le tapen la boca. Una boca de la que, durante la larga e intensa conversación con este periodista, salieron frases políticamente incorrectas e incómodas con casi todas las tendencias políticas presentes en su país de adopción: “Las asociaciones de musulmanes en Alemania son, por lo general, fuertemente islamistas y buscan cualquier cosa menos la convivencia”; “el Islamismo nunca puede ser democrático, contiene todos los elementos negativos de esa religión”; “también veo fundamentalismo cristiano dentro de la CDU, y sí, ese fundamentalismo también tenemos que combatirlo”; “debemos pelear contra toda forma de racismo, también contra el practicado por los musulmanes”; “estoy dispuesta a aceptar cualquier tipo de creencia, pero hasta un determinado punto. Y cuando las religiones sobrepasan ese punto, hay termina también la tolerancia”.

Perfil publicado en El Confidencial.

martes, 5 de julio de 2016

Tuitear desde dentro de Pegida

“Lügenpresse, Lügenpresse, Lügenpresse…!” (“¡Prensa mentirosa, prensa mentirosa...!”) 

Este es uno de los eslóganes coreados habitualmente en marchas de Pegida (siglas en alemán para “Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente”), uno de los gritos franquicia del movimiento islamófobo y marcadamente nacionalista. La prensa es una de las principales dianas de esta iniciativa ciudadana, que desde hace más de dos años saca cada lunes a miles de personas a las calles de diferentes ciudades de Alemania. 

Dresde es el gran bastión de Pegida. En la ciudad germanooriental a orillas del río Elba se gestaron sus inicios. Hasta la capital del Estado federado de Sajonia han peregrinado miles de personas procedentes de toda Alemania y del resto de Europa para participar en marchas de marcado corte antimigración. Pase lo que pase, cada lunes uno de los reporteros de la cuenta de twitter @streetcoverage sigue la manifestación y tuitea en directo lo que en ella ocurre. Alexej y Johannes asumen así la tarea que muchos periodistas y reporteros han dejado de hacer. Por el miedo que generan las amenazas e incluso las agresiones físicas. 

El móvil como escudo Johannes se mueve con paso decidido por las calles empedradas del centro de Dresde pese a que el calor apriete en la capital sajona. Este joven estudiante de medicina no se separa de su teléfono móvil: es la herramienta que le permite explicar a los más de 15.000 seguidores de @streetcoverage lo que ocurre a su alrededor. 

Cuando llegamos a la plaza desde la que este lunes parte la marcha de Pegida, Johannes percibe la hostilidad que genera su presencia desde el primer momento. Agacha la mirada sobre su móvil para tuitear algunas de las frases que los oradores escupen desde el podio. Mientras, un miembro de la seguridad privada de Pegida, corpulento y de cabeza rapada, se sitúa a pocos metros de nosotros con mirada de pocos amigos. Johannes tuitea y tuitea. Parece agarrarse a su móvil como si fuera un escudo con el que poder protegerse.


“Miedo no es la palabra correcta. En todo caso diría respeto. Hemos vivido escenas que estuvieron marcadas por el miedo, en las que tuvimos que tomar la decisión de huir, porque nuestra integridad física estaba amenazada. Pero no tengo miedo, porque creo que lo que hacemos es muy importante y eso nos da aliento. En todo caso, no debemos ser imprudentes”, asegura Johannes, tras reflexionar unos segundos la respuesta.

Más agresiones, menos libertad de prensa

@streetcoverage nació en marzo de 2015. Un grupo de refugiados había acampado ante la Ópera de Dresde como forma de protesta por sus condiciones de acogida. Una noche, alrededor de 150 simpatizantes de Pegida atacaron la acampada con gritos xenófobos. Johannes y Alexej estaban allí. Para su sorpresa, los medios de comunicación no se hicieron eco del ataque. “No podíamos comprender que algo así pudiera pasar en nuestra sociedad sin que automáticamente se convirtiese en un tema de discusión, sin que los ciudadanos se enfrentaran a ello. Los valores fundamentales de nuestra convivencia estaban siendo atacados”.

En ese momento, decidieron crear su propia herramienta informativa. La red social Twitter de mensajería instantánea fue la plataforma elegida. Su cuenta se ha convertido en toda una referencia en Alemania para seguir en tiempo real lo que ocurre en marchas de uno de los movimientos islamófobos más populares de Europa. “Reportajes y narración en vivo desde donde arde. Contra el racismo y la xenofobia”, reza la descripción del perfil.

En 2015, Alemania cayó de la posición 12 a la posición 16 en el ránquing de libertad de prensa elaborado por Reporteros Sin Fronteras. Esa degradación de 4 puestos se debe fundamentalmente a ataques contra reporteros a manos de grupos de extrema derecha en marchas como las de Pegida. RSF documentó al menos 39 agresiones contra periodistas durante 2015 en Alemania. Otros tantos ha recogido el Centro Europeo para la Libertad de Prensa, con sede en Leipzig, otra de las ciudades alemanas considerada foco de movimientos derechistas. En una página web, el Centro Europeo localiza sobre un mapa de Alemania diferentes ataques a periodistas: agresiones físicas, insultos, rotura de cámaras de video y fotos, e incluso amenazas de muerte.

Así las cosas, muchos reporteros de medios regionales y del resto de Alemania han dejado de acudir a las marchas. Unos porque consideran que el riesgo de sufrir una agresión es demasiado alto; otros, porque ya fueron atacados física o verbalmente. Johannes y Alexej podrían haber tomado la misma decisión; sin embargo, y a pesar de no dedicarse profesionalmente al periodismo, los creadores de @streetcoverage prefieren seguir cubriendo las manifestaciones. No ignoran las amenazas, pero se niegan a aceptar que la libertad de prensa tenga que sufrir tales restricciones en un país como Alemania.

“Nuestras coberturas son objetivas, en ellas evitamos opiniones o posicionamientos ideológicos; simplemente describimos lo que vemos. De esta manera, no se nos puede acusar de nada. Simplemente, de describir lo que ellos mismos hacen o dicen. Somos como un espejo. Y eso nos protege de alguna manera”, afirma Johannes con media sonrisa.

Pero esa fría manera de informar parapetados tras los 140 caracteres de Twitter no siempre les sirve de protección: tanto Johannes como Alexej han sufrido golpes y amenazas verbales durante coberturas de marchas islamófobas y también del partido derechista y euroescéptico Alternativa para Alemania (AfD), que algunos ya consideran el brazo político de Pegida.

Capitalización política de la islamofobia 

Decir que Pegida sólo representa a sectores de la extrema derecha y a los círculos neonazis de Alemania sería faltar a la verdad; quien haya acudido alguna vez a una marcha islamófoba en Dresde se habrá percatado de que los manifestantes conforman un grupo heterogéneo, en el que por supuesto hay neonazis y elementos de la extrema derecha, pero también trabajadores y ciudadanos de clase media que participan en las manifestaciones como forma de protesta contra el establishment alemán. Es la forma de expresar su descontento con la marcha del país.

Pegida es un fenómeno político y social más o menos transversal, característica que lo une a Alternativa para Alemania, el partido derechista y eurófobo que actualmente se sitúa por encima de 12 por ciento en las encuestas de intención de voto a nivel federal. No en vano, altos miembros de la formación han acudido a título individual a marchas de Pegida. AfD asegura que no tiene nada en contra de los musulmanes, pero considera que el Islam ni pertenece ni puede pertenecer a Alemania. La formación derechista intenta así capitalizar políticamente y sin sonrojo la creciente islamofobia que la sociedad germana viene experimentando durante los últimos años.

Johannes no tiene duda alguna sobre la cooperación activa entre la direcciones de Pegida y AfD: “Hace unas semanas, un líder de AfD de Turingia participó en una marcha en Dresde y habló desde el podio. Uno de los objetivos de Pegida era precisamente fundar un partido propio. Pero no parece que lo estén consiguiendo. Y una de las consecuencias de esa incapacidad es la cercanía con AfD, que sirve así para canalizar políticamente el movimiento”.

La manifestación de Pegida de este lunes avanza lenta y de manera silenciosa a través del centro de Dresde. Unas 2.000 personas caminan rodeadas de un fuerte cordón policial. El dispositivo de seguridad desplegado por las fuerzas de seguridad es realmente impresionante. Johannes avanza paralelamente a la marcha sin dejar de tuitear lo que ve y lo que escucha. Evita acercarse demasiado a los manifestantes, cuyas miradas son cada vez más amenazantes.

Un joven participante en la manifestación se le acerca y le pregunta para quién trabaja. “Periodista independiente”, responde Johannes. El joven, enfundado en una camiseta negra con el lema de “Defend Europe” (“Defiende Europa”), intenta seguir con la conversación, pero Johannes lo evita. Tanto manifestantes como miembros de la seguridad privada de Pegida comienzan entonces a fotografiar a Johannes y a este reportero. Cuando el seguimiento se hace más que incómodo, decidimos abandonar la marcha. Por seguridad personal, afirma Johannes.

Pasividad policial 

¿Y la policía? “Tenemos mucho contacto con ella. Y la propia policía reconoce que tiene simpatizantes de Pegida entre sus filas. Y no precisamente pocos. Llevamos más de doce meses haciendo coberturas y lo vemos claramente: vemos como miembros de Pegida y agentes se saludan y se chocan las manos”. Johannes incluso denuncia pasividad policial ante ciertas agresiones protagonizadas por manifestantes de Pegida contra refugiados y periodistas. “A veces no nos hemos sentido lo suficientemente protegidos por la policía y hemos tenido que ser recogidos por conocidos para salir de marchas”.

Hoy, la manifestación de Pegida culmina en la misma plaza en la que comenzó. En una de las calles adyacentes, un par de cientos de antifascistas se manifiestan en contra. Un amplio cordón policial separa a ambos grupos. Los militantes izquierdistas profieren insultos contra los simpatizantes de Pegida, que responden con más insultos y con amenazas. Se producen momentos de tensión. Una violencia latente se mezcla con el asfixiante calor; parece que los enfrentamientos pueden comenzar en cualquier momento. Ello no impide que Johannes siga tuiteando situado entre ambos grupos. Las marchas se acaban finalmente disolviendo sin mayores problemas.

“Pegida ha cambiado completamente el ambiente de Dresde; no sólo porque la ciudad se haya convertido para los medios de comunicación en la capital del movimiento que apuesta por el racismo y la xenofobia, sino también porque genera discusiones en las familias y entre colegas de trabajo. Las escuelas, universidades y centros investigación de carácter internacional también están sufriendo las consecuencias. El Instituto Max Planck, por ejemplo, les paga un taxi a algunos de sus investigadores extranjeros todos los lunes por la noche. Por seguridad”, explica Johannes. El joven estudiante de medicina y reportero circunstancial también toma medidas de protección personal que, por razones obvias, prefiere no desvelar.

El terrorismo de extrema derecha y neonazi no es un fenómeno nuevo en Alemania. La Fundación Amadeu Antonio estima que las estructuras neonazis militantes mataron a alrededor de 180 personas desde la reunificación del país en 1990. El último gran episodio de terrorismo pardo fue la célula NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista), que asesinó a 9 ciudadanos de origen turco y griego y a una agente de policía entre 2000 y 2007, además de perpetrar atracos de bancos y atentados con bomba antes de ser disuelta definitivamente hace cinco años.

Como cercano observador de los nuevos movimientos derechistas alemanes, Johannes no tiene dudas: “Las fuerzas más activas y militantes de Pegida se han retirado durante los últimos meses del espacio público. El problema es que a través de las marchas de Pegida y de otros eventos similares, esas fuerzas derechistas más militantes se han interconectado muy bien, incluso tal vez mejor que en la década de los 90, antes de la aparición de la NSU. Es posible que estén pasando a la clandestinidad con estructuras muy organizadas y también con nuevas fuentes de financiación. Y temo esto acabe expresándose de manera violenta, con muertos, durante los próximos 10 años”.

Crónica publicada en ElConfidencial.com.