Hoy se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín. Una fecha redonda en la historia de la reunificación alemana que ha sido utilizada para ejemplificar la posibilidad de reconciliación de pueblos divididos. Sin embargo, no todos son luces en esa historia; también hay sombras, sobre todo en el campo económico. Es cierto que el muro físico de Berlín y la frontera interior alemana desaparecieron hace 20 años. Sin embargo, la división psicológica y, sobre todo, la económica siguen marcando una clara línea entre la Alemania oriental y la occidental. Esa división quedó patente en los resultados de las últimas elecciones generalescelebradas el pasado 27 de septiembre. Unos comicios que ganó la coalición conservadora de la CDU-CSU. También en el Este de Alemania, con el 29,5% de los sufragios, pero seguida muy cerca por el partido de La Izquierda, que consiguió el 26,4%. La Izquierda, partido fundado en 2007, aglutina a socialdemócratas desencantados procedentes del SPD y a miembros del poscomunista PDS, heredero del SED (partido gobernante en la dictadura socialista de la desaparecida República Democrática Alemana). Es incluso sabido que algunos de los miembros de la dirección de la joven formación fueron colaboradores informales de la Stasi, la temida policía política de la RDA. Sin embargo, no parece que eso moleste a aquéllos de sus votantes que sufrieron la falta de libertades bajo el régimen del SED. Y es que no todo ha sido tan bonito como lo pintó el canciller Helmut Kohl antes de consumarse la reunificación, consideran actualmente muchos alemanes orientales que han vivido en ambos sistemas.
Una mirada a los datos comparativos entre ambas Alemanias deja patente que ni las perspectivas más optimistas ni las más pesimistas sobre la realidad económica oriental son acertadas. El cuadro es más complejo que esas miradas reduccionistas, deja claro que muchas dimensiones socioeconómicas de la Alemania oriental han mejorado con respecto a 1989, pero también que sus ciudadanos no han visto cumplidas muchas de las expectativas con las que abrazaron la reunificación. Así lo demuestra el informe Alemania del Este: mucho conseguido, mucho por hacer recientemente publicado por el IFO (Instituto de Investigación Económica). En él, el economista Joachim Ragnitz compara los principales indicadores económicos de ambas Alemanias. Ragnitz subraya dos puntos positivos en el proceso de reconstrucción oriental: el nivel de bienestar material de los alemanes del Este ha mejorado considerablemente durante los últimos veinte años. De esta forma, han aumentado los salarios, han mejorado las condiciones de las viviendas, así como la variedad y la calidad de productos de consumo existentes en el mercado. Además, también ha mejorado la situación del medioambiente y de las infraestructuras. Pese a todos esos avances que permiten afirmar que Alemania oriental es la región que más ha avanzado en lo material entre los países postsocialistas del centro y Este de Europa, las diferencias en el campo económico continuan siendo notables. Es el caso del PIB per cápita, que sique siendo en Alemania oriental más de un 20% menor que en la occidental. Después de su fuerte crecimiento tras la reunificación y hasta 1997, el PIB oriental prácticamente no ha variado desde entonces (con un aumento de apenas del 4% desde el año 2000). La productividad también deja patente que la economía oriental se mantiene unos cuantos escalones por debajo: está en un 76% con respecto a la capacidad productiva occidental. Ello se refleja, sobre todo, en la escasa presencia de sedes de grandes empresas, lo que tiene como consecuencia una menor orientación exportadora de la economía oriental, cuyas exportaciones sólo suponen un 46% de las occidentales. Todos estos factores que hacen que la economía oriental sea más débil tienen consecuentemente efectos tanto en los niveles de empleo como en los de la renta disponible: el paro sigue siendo dos veces más alto en el Este, donde hay más de un millón de desempleados (el 12% de la población activa). Ello, sumado a la buena educación recibida por las nuevas generaciones, está provocando un transvase demográfico continuado del Este al Oeste. En cuanto a la renta disponible, la oriental sigue más de un 20% por debajo de la occidental, y ello pese al sistema de impuestos redistributivo (el impuesto sobre la renta oriental es, por ejemplo, casi un 50% más bajo que el occidental). Perspectivas Además de la pésima situación de la economía de la RDA, que se encontraba al borde de la insolvencia antes de su hundimiento, el informe del IFO apunta a la rapidez con que se introdujo la economía social de mercado y la privatización de las empresas estatales orientales. Esa privatización se llevó a cabo antes de realizar las inversiones de saneamiento pertinentes para que las empresas orientales partieran de un nivel competitivo similar a las occidentales. El Informe Anual del Gobierno federal sobre el estado de la unidad alemana establece como objetivo igualar el nivel económico de los Estados alemanes orientales con el de los Estados occidentales más pobres antes de 2020. Un objetivo que el economista Ragnitz considera irrealista si el Gobierno federal no realiza las inversiones necesarias para que la economía oriental alcance la autonomía suficiente que le permita crecer sin necesidad de las ayudas procedentes de los impuestos pagados por los contribuyentes del resto de Alemania. De no alcanzar ese objetivo, el partido de La Izquierda mejorará muy probablemente sus resultados electorales, y tal vez no sólo en Alemania oriental.
Esta crisis (creada) es implacable y se lo lleva casi todo por delante (que le pregunten a los de ese cadáver exquisito de Soitu.es). Casi todo. Como en todas partes, también en Berlín hay resistencias. En este caso, una resistencia poética-creativa. Se llama Latinale, el festival de poesía latinoamericana de la capital alemana, que este año celebra, si no me equivoco, su cuarta edición. Contra vientos y mareas críticas y económicas.
Ayer tuve la oportunidad de acudir a una sugestiva lectura de poemas en el Instituto Cervantes de Berlín, esa institución total que a veces resulta tan ajena a la plebe hispanohablante berlinesa. En su sala de conferencias pudimos ver a la argentina María Medrano, con su proyecto de poesía penitenciaria Yo no fui; a la boliviana Rery Maldonado, con su poesía de barrio en "bolikreuzbergriano"; al expresivo y mexicano Hernán Bravo-Varela, con sus relatos poéticos; y, por fin, al cubano Antonio José Ponte que, por boca del uruguayo Gabriel Calderón, nos dejó frases tan dolorosas como "los habitantes de las ruinas también son ruinas" o "la ruina se lleva por dentro, como el luto, como la tristeza". Frases que duelen a los que estiman la isla y su gente.
La sesión la cerró la música de Liza Casullo. Aterciopelado ritmo pop con toques folk y destellos punk. Una tarde deliciosa. Esta noche, más.
Me llegó por correo, y la información, a través del programa de Radio 3 Carne cruda. Me refiero al libro del periodista catalán David Fernàndez Crónicas del 6 y otros trapos sucios de la cloaca policial. Un libro que podría ser perfectamente una novela negra, pero que, lamentablemente, describe las prácticas de guerra sucia de baja intensidad y de acoso a los movimientos sociales y las disidencias políticas utilizados por el Estado español en el año 2009, y que nos ofrece un cuadro lamentable del periodismo practicado por los medios de comunicación de masas españoles. De esa España de la Unión Europea y los casi cuatro millones de parados (y subiendo).
La tortura existe en esa España. No lo dicen los etarras, sino organizaciones tan poco susceptibles de ser proabertzales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, o el Relator contra la Tortura de la ONU en sus informes periódicos. Como dijo en su día el que fuera relator Theo Van Bomen, "la tortura en España no es sistemática, pero tampoco esporádica". Aquí huele a que si te enfrentas al sistema existente con activismo político y sin violencia, te pueden aplicar con total tranquilidad la estrategia de lucha antiterrorista (detención ilegal, incomunicación, torturas y, si hay mala suerte, muerte "accidental"), delitos que a la larga seguramente acabarán quedando impunes. Y si eres pobre o inmigrante sin papeles, y caes en manos de la policía, seguramente correrás peor suerte. Sí, no estamos hablando de la dictadura socialista de República Democrática Alemana del siglo XX, sino de la España democrática postransición del siglo XXI.
Quizá cueste de creer, pero sólo hace falta informarse un poco, rascar en los informes y documentación acumulada, para darse cuenta de que las denuncias no son ningún invento. Pero la realidad oficial se acaba imponiendo. Eso sí, cada vez con menos fuerza.
Después de las reseñas de un (excelente y atrevido) programa de radio y un (escalofriante) libro-reportaje, os dejo una tercera recomendación: si eres español y lo suficientemente crítico como para activarte políticamente contra el sistema actualmente dominante, piénsatelo dos veces. Y si no te lo crees, léete "Crónicas del 6...". Te echarás a temblar.
Es conocido como el fotógrafo del hundimiento del socialismo. Hablo de Harald Schmitt, fotoperiodista de raza de la revista alemana Stern que sigue en activo. Con 61 años, está en la recta final de su carrera. Una carrera que revela que estamos ante un periodista sistemático, de cuyo amor a su trabajo nace una obra de auténtico valor documental, que de aquí a unos años cobrará mucho más valor del que ahora se le da.
Ayer tuve la oportunidad de hablar con él. Fue por teléfono, y pese a la lejanía física, la conversación fue agradable, distendida y cálida. Una pena no haber podido entrevistarlo en persona. Seguro que se me habrían ocurrido muchas más preguntas sobre su experiencia a través del extinto universo socialista. Desde finales de los 70 hasta mediado de los 80, Schmitt estuvo en la RDA, Polonia, Letonia, Estonia, Lituania, Checoslovaquia, Rusia, China...
De todos esos viajes con la cámara a cuesta salieron fotos de incalculable valor histórico- documental, como el derrocamiento de Gorvachov, el fin del régimen socialista checoslovaco o el levantamiento del movimiento Solidarsnoc en Polonia. Con motivo de la celebración de los 20 años de la caída del muro, el museo Martin Gropius-Bau acoge la exposición "Segundos que se convirtieron en historia", que recoge más de 100 imágenes sobre su trabajo en medio del proceso del derrumbamiento del sistema socialista.
Schmitt ve actualmente el fotoperiodismo, en concreto, y el periodismo, en general, en una situación "muy difícil". Comienzo a pensar que la crisis es la coartada perfecta que el poder está utilizando para amordazar un poco más (aún) a los medios y periodistas. La libertad de prensa e información es así cada vez más estrecha. Si esa crisis lo permite, pronto tendréis la entrevista en algún medio impreso. O quizá no.
A la espera de la respuesta de la censura directa, antisistema e ideológicamente dogmática, os dejo con una entrevista que tuve la oportunidad de hacer durante mi visita a Oriente Próximo: una mirada a una realidad mucho más complicada de lo que se piensa y parece. Entrevista que engarza bastante bien con el documental Checkpoint de Yoav Shamir y que demuestra que hace falta más gente como Mikhael Manekin a ambos lados de la trinchera para conseguir la reconciliación y la justicia en Oriente Próximo.
Mikhael Manekin tiene 30 años. Vive en Jerusalén con su mujer y su hija, y ha sido uno de los directores de la asociación Breaking the silence durante los últimos cuatro años. Fue teniente del ejército israelí entre 1999 y 2002 en el sur del Líbano y Cisjordania (Nablús y Jenín), donde tenía 30 soldados bajo su mando. Breaking the silence es una ONG creada y mantenida por ex soldados israelíes que sirvieron en los territorios ocupados palestinos o en guerras contra países árabes del entorno de Israel. La asociación se encarga de recopilar testimonios de soldados (hasta ahora alrededor de 700) sobre prácticas inmorales del Ejército israelí, sobre atropellos de los derechos humanos, e intenta así sensibilizar a la sociedad israelí. Una sociedad militarizada, donde el servicio militar obligatorio es de tres años para los varones y de dos para las mujeres. Una sociedad donde todo el pueblo forma parte del Ejército como reservista. ¿Por qué decidiste entrar en el proyecto de Breaking the silence? Después de cuatro años en el Ejército, ya no podía más. Ya no quería entrar en combate. Me alisté al Ejército israelí porque socialmente está considerado como una buena escuela. Crecí en el Jerusalén de los años 90, en el que había ataques suicidas constantemente. La línea de autobús que cogía para ir al colegio, por ejemplo, fue objetivo de atentados suicidas en dos ocasiones. Tenías la sensación de que podías ser víctima de un atentado en cualquier momento. La primera fase de mi servicio militar la cumplí en el sur del Líbano, cuando todavía estaba ocupado por Israel. Allí no me asaltaron debates morales. Tenía 19 años, me ofrecieron servir allí. Simplemente me lo tomé como algo que podía hacer mi servicio militar más interesante. La gran diferencia entre Cisjordania y el sur del Líbano, es que el Líbano controlábamos territorio, pero no personas. No teníamos contacto alguno con la población local, mientras que en Cisjordania sí. Allí no había ni checkpoints ni teníamos que irrumpir durante la noche en casas de palestinos para hacer detenciones. En 2000 entré en la academia militar para convertirme en teniente. Lo conseguí y me enviaron con una unidad a Nablús, Cisjordania. Ésa fue la primera vez que me di cuenta de lo que significa la ocupación. ¿Te diste cuenta entonces que tu trabajo no era luchar contra el terrorismo si no controlar a la población palestina? Nunca hice un análisis político de mi experiencia durante mi servicio. Simplemente me di cuenta de que no me sentía bien con lo que hacía. Teníamos que controlar a la población palestina y hacer de su vida un camino miserable. De ahí nació la idea de crear Breaking the silence, razón de ser de la organización todavía hoy en día: los israelíes no sabemos realmente lo que está ocurriendo en los territorios ocupados palestinos. Y te digo esto teniendo en cuenta que durante mi servicio en Cisjordania los palestinos que disparaban contra mi no eran precisamente pacifistas. Con todo, éramos conscientes, por una parte, de que los palestinos estaban formándose una idea errónea de los israelíes a causa de nuestra ocupación. Por otra parte, me di cuenta de lo que significa vivir bajo una ocupación. Te pongo un ejemplo muy claro: muchos israelíes creen que sólo hay checkpoints en la en la frontera con Cisjordania, pero en realidad hay ciento y cientos de checkpoints repartidos por todo el territorio. Cuando pasas por la experiencia de pasar por un checkpoint, uno tiene la sensación de que los soldados humillan a los palestinos para mantenerlos apagados, sin capacidad de reacción o levantamiento... Puede que en ocasiones sea así. De todas maneras, el checkpoint es ya de por sí humillante, dejando de lado si la humillación es un objetivo en sí mismo. Piensa que soldados que no llegan a los 20 años deciden a diario si una persona que les dobla en edad puede ir a trabajar o no. No creo que sea un problema de los soldados. Creo que la mayoría de ellos intenta hacer su trabajo de la mejor manera posible. Creo que el problema viene de la política militar aplicada por el Estado de Israel, en poner tanto poder en manos de soldados tan jóvenes. El objetivo de la organización es fundamentalmente informar sobre esa situación y denunciarla, e intentar educar al soldado y hacerle reflexionar, así como a la sociedad israelí. Lamentablemente, parece que la voz de un soldado tiene más credibilidad para la ciudadanía israelí que la de un palestino. ¿Por qué crees que Israel actúa como actúa en Cisjordania? No creo que los soldados israelís puedan tratar mejor a los palestinos mientras haya asentamientos judíos alrededor Ramala o en el corazón de Hebrón. Por eso digo que no creo que el problema sea militar, sino de caráter político, de aquella estrategia política que decide mantener los asentamientos en los territorios palestinos. Nosotros no tenemos una solución política específica, pero al menos informamos a la gente de que la situación en Cisjordania o Gaza está muy lejos de ser de color de rosa. Y eso frustra a aquéllos que creen no hace falta negociar con los palestinos. Ciertas partes de la sociedad israelí argumentan que el trabajo de Breaking the silence sería legítimo si se hiciera desde dentro del sistema, de forma cincuscrita a Israel, y no de puertas para fuera... No somos inocentes: vivimos en un mundo globalizado y es imposible intentar circunscribir nuestro trabajo al Estado de Israel. De todas maneras, el 90% de nuestras actividades (como tours por Cisjordania o sesiones informativas) las hacemos para para ciudadanos israelíes. Yo no creé ese sistema: cuando yo servía en el ejército, llevaba un fusil estadounidense, ropa estadounidense y leía libros estadounidenses. Es decir, me encontraba dentro de un sistema levantado con ayuda de un país extranjero. Estoy orgulloso ser ciudadano israelí y todo lo que hago lo hago con amor a mi país. El problema es que hay un inteso trabajol obístico que intenta hacernos creer que la situación en los territorios ocupados palestinos es de color de rosa. Esa fuerza es mucha mayor que la nuestra y está siendo pagada con mi impuestos. Mi trabajo es hacer entender que eso no es así, y ello incluye informar a periodistas extranjeros de que la sociedad israelí es mucho más compleja y diversa que esa realidad mostrada por la visión oficial pagada con mis impuestos. Eso es lo que la democracia debería ser. Estoy en contra de que lo que está ocurriendo en Cisjordania y como ciudadano tengo derecho a expresarlo. También se os acusa de ser una una organización de extrema izquierda... Y lo que nos acusan de ello, ¿quieren decir que ser de extrema izquierda es algo malo? Te pongo un ejemplo sobre la última operación militar contra la Franja de Gaza. Recopilamos muchos testimonios de soldados que participaron en ella y te puedo asegurar que son tipos que todavía sirven en el Ejército, que incluso apoyaron la ofensiva y que, por tanto, están muy lejos de ser de extrema izquierda. Yo luché por Israel en el sur del Líbano y he servido en Cisjordania. No tengo que probar mi patriotismo a nadie, y menos a aquéllos que me critican y que nunca han hecho nada por Israel. Es muy injusto que un país que te envía a luchar a territorios extranjeros donde te puedan matar no esté dispuesto a escuchar tus críticas como ex soldado cuando vuelves del combate. ¿Qué me dices de la censura militar? ¿Han sufrido vuestras publicaciones la censura del Ejército israelí? Sabemos que todo lo que publicamos debe respetar los principios de seguridad establecidos por el Ejército. Nosotros no publicamos informaciones que puedan dañar la seguridad de Israel. Yo también vivo aquí y eso significaría tirar piedras sobre mi propio tejado. Nunca tuvimos problemas con la censura. Lo único que podemos hacer es intentar que nuestra información sea auténtica, contrastada, veraz y objetiva. ¿Qué podría hacer Israel para mejorar la vida de los palestinos? Se trata de una cuestión de voluntad política. La fuerza ocupadora debe velar por la igualdad de los derechos de los ciudadanos que viven en el territorio ocupado. Ésos son mis valores: creo que la gente debe ser tratada de manera igualitaria y los ciudadanos deben disfrutar de plenos derechos civiles. La forma en que los palestinos son tratados en los checkpoints, por ejemplo, infrige esos valores. Israel no está ocupando Cisjordania porque tenga que hacerlo, sino porque tiene muchos intereses allí. Así que debería velar por la igualdad entre personas de diferentes nacionalidades, entre israelíes y palestinos. Los soldados que decidieron ofrecer sus testimonios en vuestro proyecto, ¿sufrieron posteriormente represalias? Muchos de ellos decidieron mantenerse en el anonimato. Primero, porque muchos son todavía soldados y es ilegal hablar sobre las operaciones militares en las que participaron. Segundo, porque a veces son presionados por sus superiores para que no hablen. Fue el caso de la última operación de Gaza, en la que muchos soldados fueron ordenados por sus superiores que no hablasen sobre lo que habían visto o hecho. El sistema militar suele funcionar como una secta: los soldados aceptan no hablar de lo que ocurre dentro de su unidad, todo debe quedar dentro de ella. Nuestro objetivo no es mejorar el Ejército israelí, sino simplemente informar a la ciudadanía, que paga con sus impuestos esa institución militar, sobre lo que pasa. Ése es mi derecho como ciudadano, y más teniendo en cuenta que el Ejército israelí no puede ser investigado de forma externa, sino que todas las investigaciones tienen carácter interno. Así es muy difícil conseguir información veraz y objetiva sobre lo que ocurre en el Ejército. Personalmente, tras tomar parte en el proyecto de Braking the silence, ¿te sientes aislado, apartado socialmente? No, en absoluto. Hay que tener en cuenta que el porcentaje de soldados israelíes que han entrado en combate real es muy pequeño, quizá del 10% de todo el Ejército. Por tanto, yo formo parte de la minoría de una minoría. Por otra parte, considero que los ciudadanos judíos-israelíes tienen, en general, un amplio de derecho de libertad de opinión, incluso diría mayor que en otros sistema democráticos. Siempre que seas judío-israelí, claro. Pero las cosas están cambiando. Con este tipo de Gobiernos como el actual, las cosas están yendo a peor: el Ministerio de Exteriores israelí, por ejemplo, está intentando cortar la financiación que recibimos de países de la Unión Europea. Somos una organización democrática y abierta, y no tenemos nada que esconder. Quizá ése sea el problema. Muchos israelíes afirman que ir a los territorios ocupados es muy peligroso: ¿no tienes miedo de ir a Cisjordania cuando organizas tours informativos? El miedo que muchos israelíes tienen de ir a los territorios ocupados forma parte de su ignorancia. Te doy un dato: nunca un activista pacifista israelí ha sido herido o asesinado por palestinos, nunca desde 1967. Siempre fueron disparados por el ejército israelí o por otros israelíes. Cuando acudo a Cisjordania para hacer algún tour informativo, los palestinos saben quién soy yo y lo que yo hago. ¿Cuál es tu opinión personal sobre la situación actual del conflicto? Fundamentalmente creo que la incomunicación entre ambas partes se está agravando a causa del sistema de separación, del levantamiento del muro, del endurecimiento de los controles en los checkpoints. Ello crea más estereotipos en cada una de las partes sobre la otra. Te pongo un ejemplo: es ilegal para un ciudadano israelí ir a Ramalla. Es un dato muy claro sobre la separación oficial. ¿Eres optimista sobre una posible paz? Si no lo fuera, no haría lo que hago, sino que estaría ganando dinero. Si miras otros conflictos a lo largo de la historia, te das cuenta de que han pasado por diferentes fases. Este conflicto tiene raíces muy profundas y llevará muchos muchos años alcanzar la paz. Pero creo que es posible, y por eso trabajo.
“Se denomina netlabel (también online label, web label o MP3 label) a los sellos discográficos que distribuyen su música en formatos digitales (normalmente MP3 u OGG) a través de la red. Un sello online funciona como un sello discográfico tradicional a la hora de producir y promocionar proyectos musicales. La mayoría utiliza tácticas de marketing de guerrilla para promocionar su trabajo. Pocos sellos online dan beneficio a sus clientes”. Es la definición que ofrece del concepto de netlabel la versión española de Wikipedia. Leerla es un buen paso para saber cuál es la filosofía que mueve a esta escena que, con Internet como caballo de Troya, está poniendo en jaque al modelo de negocio de la industria musical tradicional. Precisamente este fin de semana se celebra en Berlín el Netaudio Festival 09, un festival dedicado al netlabel y sus diferentes expresiones. Cuatro días de actividades diurnas y nocturnas sobre esta forma de entender la distribución de creación musical. “Bien, cuando hablamos de netlabel, nos solemos referir a sellos discográficos digitales que permiten bajar su música legalmente y (casi siempre) de forma gratuita. Consiste en distribuir música gratuitamente para que sus creadores se beneficien posteriormente de esa distribución a través de otros canales, como los conciertos, por ejemplo”. Habla Antina Michels en el club Maria, situado a la orilla del berlinés rio Spree, donde se celebra el Netaudio. Antina, una de sus organizadoras, sabe de lo que habla: escribió el trabajo final de su carrera como etnóloga sobre el fenómeno netlabel (Netlabels-Soziale Netze On- Offline), distribuido ahora también de forma gratuita bajo los principios deCreative Commons. “A través de su cerebros activos y creativos, el formato de netlabel contiene un potencial que funciona como un modelo de microestructuras. Al igual que fenómeno de Open Source, supone una oposición al concepto capitalista de beneficio y ofrece una alternativa a la industria tradicional. La escena ocupa así una posición de futuro en la industria cultural alternativa”. Es un fragmento del libro de Antina que contiene de forma fidedigna la esencia del netlabel. No parece casualidad que el año en el que el primer gran festival de netlabels (con un presupuesto de unos 50.000 euros) tiene lugar en la capital alemana, se haya tenido que cancelar el Popkomm, el evento berlinés por excelencia de la industria del disco tradicional. En su lugar se celebró el All together now, un intento de integrar las nuevas formas de distribución pero respetando las estructuras tradicionales de la industria musical. “Está claro que el netlabel es una seria alternativa a la industria tradicional, cuyas estructuras están obsoletas y, por ello, se encuentra en una profunda crisis. Decir ahora que Internet tiene toda la culpa de esa crisis me parece injusto”, dice Antina. Sabe de lo que habla: tras años de investigación sobre el tema, ha conocido a numerosos músicos cuyas obras jamás serían editadas y distribuidas por los grandes sellos tradicionales. Y sin la reputación que comporta la distribución, el trabajo de un músico se queda en nada. “No sé decirte si la cancelación del Popkomm fue una buena señal para el mundo del netlabel, pero desde luego fue una señal de que las cosas están cambiando”. Suena como una bofetada a las grandes disqueras, que cada vez miran más angustiadas a este tipo fenómenos. La cuestión es si la cada vez mayor influencia del netlabel le hará perder ese espíritu subversivo que lo hace tan seductor. Antina cree que será complicado, lo que quizá esté relacionado con la esencia anárquica y autogestionada de la red. En ese sentido, la organizadora y fundadora del Netaudio Festival cree que será muy difícil que la industria tradicional se apodere de las estructuras netlabelianas.
Y como corolario, qué mejor que un fragmento de una de las canciones del grupo valenciano Orxata Sound System, cuya obra se entronca con la filosofía postmodernamente contestataria del netlabel y los movimientos internáuticos: “El disco lo hacemos para promocionar el directo, no, no, no hacemos directos para promocionar el disco. ¡Bienvenidos al arte horizontal!”. Próximamente, también en Berlín.
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