lunes, 9 de enero de 2017

Los recuerdos olvidados de un exlíder neonazi alemán

“Políticos y personalidades de la industria del entretenimiento, todos ellos acabarían en un campo de concentración. Todos los canales de televisión serían cerrados y sólo quedaría propaganda sin su venenosa influencia. En su lugar, un canal del Reich. Enemigos del Estado, discapacitados y asociales serían deportados a un campo de concentración. También skinheads como yo, de los cuales ahora el partido se servía, gente para la que mi banda actuaba. Gente como yo. ¿Tendría entonces que dejarme crecer el pelo y convertirme en un mamarracho más del partido? ¿O quería seguir siendo quien yo era?”. 

Este es un párrafo escrito por un antiguo líder neonazi alemán, por un exmilitante del Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD), por un antigua estrella de la escena musical ultraderechista europea. Es uno de los párrafos con los que Achim Schmid explica en su libro Recuerdos olvidados. Una joven vida en la extrema derecha las constantes contradicciones a las que se tenía que enfrentar alguien que militó en el neonazismo alemán y que al mismo tiempo tocaba en bandas de música Oi! y rock radical para skinheads. 

El exlíder de la sección europea de Ku-Klux-Klan, arrepentido de su pasado racista, supremacista y nacionalsocialista, se abre ahora en canal para que los lectores intenten entender qué llevó a un joven alemán como él a convertirse en una de las referencias de la ultraderecha europea. Y también para encontrar caminos hacia la autoayuda. 

“Para mi este libro fue algo más que una terapia. Cuando se escribe algo así, hay que mirar muy hacia atrás en el tiempo, buscar procesos que me marcaron durante mi infancia y mi juventud, y entender qué me llevó a hacer aquello”, cuenta por teléfono Achim Schmid desde su actual residencia en Estados Unidos. “En la escena de la extrema derecha, no todos son personas con un bajo coeficiente intelectual, sino que también hay personas muy inteligentes. En aquella época me alegraba de tener ese tipo de gente en nuestras filas; hoy me pregunto cómo pudieron llegar a militar en el neonazismo”. 

Radiografía del neonazismo 

Achim Schmid ha cambiado radicalmente. Eso es algo que quiere dejar meridianamente claro desde el mismo inicio de la conversación telefónica que mantiene con este periodista. Asegura que hoy es un hombre diametralmente diferente de aquel que comenzó a militar en diferentes partidos y movimientos nacionalsocialistas a principio de la década de los 90 del siglo pasado. 

Schmid, autoexiliado en Estados Unidos por motivos de seguridad personal, radiografía con su libro la escena del neonazismo alemán, europeo y estadounidense. Lo hace sin eufemismos e intentando que el lector se ponga en la piel de aquel joven desorientado que buscó cobijo y sentido a la vida hace más de 25 años en el ultraderechismo racista. 

“¿Dónde se empieza realmente a ser de derechas? ¿Y a partir de cuándo se comienza a ser radical de derechas?¿O ultraderechista? Para el ciudadano normal estos últimos son conceptos apenas separables. Para gente situada fuera del movimiento, la realidad de los neonazis es absolutamente impenetrable”. 

Este el tipo de preguntas y reflexiones que el lector encontrará en el libro. El exlíder neonazi explica con todo detalle cómo funcionan los círculos de la extrema derecha, cómo se entra y se asciende en ellos, cuáles son los mecanismos de atrincheramiento ideológico y de reclutamiento, cómo funciona la propaganda parda en la que la música juega un papel fundamental, por qué surgen los enfrentamientos entre las llamadas Viejas Derechas, herederas de las posturas clásicas del nacionasocialismo derrotado en la Segunda Guerra Mundial, y las Nuevas Derechas, reorganizadas tras la reunificación de Alemania y con referencias culturales y musicales más sofisticadas

El relato está además plagado de detalladas descripciones sobre la cotidianidad de un militante neonazi: el alcohol, la violencia, las estrecheces económicas, el rechazo social, las amenazas, la música como válvula de escape, la tentación de desaparecer en la clandestinidad terrorista neonazi, la absoluta ruptura con la vida anterior y con los círculos familiares, la revolución vital que supone invertirlo todo en la causa nacionalsocialista y en la descabellada lucha diaria en defensa de la pureza de la raza blanca. 

Violencia como punto de inflexión 

Después de casi dos décadas de ciega militancia y de fiel activismo ultraderechista, en el año 2002 Achim decidió dar el paso definitivo para desconectar del neonazismo. Uno de los puntos de inflexión que le llevaron a tomar esa decisión fue una escena vivida durante un concierto neonazi en Dinamarca en el que Schmid tocó con una de sus bandas: “Yo ya había visto mucha violencia. Debido al alcohol, y empujados por la música y los camaradas, la violencia era común. Pero cuando vi a ese joven danés tumbado sobre su propia sangre, observado desde arriba de forma ignorante por su contrincante, entonces empecé a reflexionar. Yo no quería algo así. Ni me quería sentir responsable de ello, ni tampoco lo quería poner en práctica. Pero me negaba a abrir los ojos. Estaba demasiado atrapado en la espiral del odio. El odio era un fin en sí mismo”. 

Achim nunca llegó a saber si aquel joven danés, golpeado hasta la saciedad por un cabeza rapada, salvó su vida o acabó muriendo por la paliza recibida. El exmúsico ultraderechista salió de aquella sala de conciertos danesa con un cambio fundamental en su mente: aquella imagen de violencia gratuita supuso el inicio del fin de su apoyo incondicional al supremacismo blanco. Un cambio mental que finalmente desembocó en su abandono del neonazismo militante, y que también dio pie a la escritura del libro con el que hoy cuenta su historia. 

Pero la decisión de abandonar el ultraderechismo es a menudo insuficiente: el proceso suele ser lento y muy complejo, y a veces fracasa. Los “camaradas” sustituyen a la familia, porque los círculos neonazis funcionan al fin y al cabo como un secta que ofrece soluciones sencillas a problemas vitales complejos. “Cuando uno queda atrapado en el mundo ideológico de la extrema derecha, se hunde en él cada vez más. Es como si se estuviera en arenas movedizas. Y como ocurre en las arenas movedizas, cada reacción procedente del exterior te hunde cada vez más profundo”, escribe Achim. 

El miedo es otro de los frenos para los que quieren abandonar la militancia parda, porque los ultraderechistas que deciden sacrificar su vida a la causa nacionalsocialista se ven solos tras abandonar la militancia: fuera de los círculos radicales no suelen tener contactos, trabajo ni amigos. Fuera del neonazismo simplemente les espera la más absoluta de las nadas. 

La asociación EXIT conoce bien esas trabas psicológicas y sociales. Esta asociación no gubernamental alemana trabaja desde 2000 ayudando a militantes ultraderechistas a dejar los círculos del odio supremacista para comenzar una reintegración social. 

El criminalista Bernd Wagner, presidente y fundador de EXIT en Alemania, sabe bien cuán complicado es conseguir que gente como Achim Schmid consiga el objetivo de abandonar exitosamente ese mundo: “La puerta de salida es al mismo tiempo la puerta de entrada. Y uno no puede quedarse en el umbral. Hay que cruzarlo para abandonar esa dimensión y entrar en una completamente nueva”. Desde su fundación, EXIT ya ha conseguido liberar a más de 500 exmilitantes neonazis.



Militancia asesina 

La militancia a la que Achim Schmid perteneció obedientemente durante más de dos décadas es algo más que un simple puñado de biografías destrozadas por el odio nacionalsocialista y la ideología supremacista blanca. El neonazismo militante en Alemania mata: la violencia ultraderechista ha asesinado a casi 180 personas desde 1990. Así lo documenta la Fundación Amadeu Antonio, organización que trabaja contra el racismo y el antisemitismo. Desde palizas hasta tiros en la cabeza: la lista de víctimas mortales y de heridos sirve para recomponer lo que es un auténtico fenómeno terrorista neonazi que a menudo es presentado por medios y políticos como meras expresiones violentas aisladas. 

Mapa de las agresiones mortales en Alemania desde 1990:



La célula NSU (siglas en alemán para Clandestinidad Nacionalsocialista) fue la última de las organizaciones terroristas neonazis que salió a la luz: con una más que probable amplia estructura de apoyo social, la NSU asesinó a nueve ciudadanos de origen extranjero y a una agente de policía, ejecutó atentados con bomba y atracó bancos. Hace unos años, la fiscalía alemana llamó declarar a Achim Schmid por su presunta conexión con la célula terrorista, una conexión que él siempre ha negado rotundamente.

“Creo que es un error negar realidades evidentes. Alemania es un país de migración desde la década de los 60. Y eso alimenta evidentemente a la extrema derecha. Pero la política se niega a reconocer ciertos procesos”, lamenta Schmid al otro lado de la línea telefónica. El exlíder neonazi detecta un problema de doble filo en su país de origen: por una parte, la clase política alemana no quiere reconocer la existencia de una militancia neonazi estructural, y por otra, a las élites también les cuesta aceptar que la migración genera conflictos de convivencia que deben ser abordados abiertamente, sin tabús.

Esa dinámica negacionista parece haber contribuido a la aparición de un nuevo actor en la extrema derecha germana: el joven partido Alternativa para Alemania (AfD) supone un punto de inflexión, un cambio de paradigma en la organización, la comunicación política y la proyección electoral de las llamadas Nuevas Derechas alemanas.

Achim Schmid lo tiene claro: “AfD es un partido populista de derechas con tendencias ultraderechistas”. Y muestra una diferencia fundamental con respecto a los círculos en los que Schmid militó: AfD muestra una capacidad aglutinadora y una transversalidad social que el neonazismo nunca tuvo por presentarse ante el conjunto de la sociedad de forma demasiado radical. “La situación de hoy me recuerda mucho a la de la República de Weimar. Y todos sabemos lo que ocurrió tras la República de Weimar”, reflexiona el autor de Recuerdos olvidados. Una joven vida en la extrema derecha.

Al primer libro de Achim Schmid seguirán dos más; en las dos próximas entregas, el exlíder neonazi alemán explicará las dificultades que tuvo para abandonar el neonazismo y el proceso de reconstrucción vital que siguió a ese complejo proceso. Su objetivo es claro: “Si con ello consigo que una sola persona pueda abandonar esa ciénaga parda de la que yo salí, si con ello puedo evitar que más personas giren hacia la extrema derecha o que alguien de centro o de izquierdas busque el diálogo con alguien que se está perdiendo a la deriva hacia el ultraderechismo, entonces yo ya he ganado”.

Reportaje publicado en El Confidencial.

viernes, 16 de diciembre de 2016

'Spanienkämpfer': los otros alemanes que lucharon en España

Karl Popp tenía 25 años cuando decidió dejarlo todo y marcharse a España. Corría septiembre de 1936. La Guerra Civil acababa de estallar y este miembro de la minoría alemana de Checoslovaquia no dudó ni un minuto en sumarse a los miles de brigadistas internacionales que defendieron con las armas a la República española. Fue uno de los más de 50.000 extranjeros que combatieron por el orden republicano, de los cuales alrededor de 3.500 eran alemanes. Ninguno de estos últimos ha podido llegar vivo al 80 aniversario de la fundación de las Brigadas Internacionales, que se celebró este mes de octubre. Sin embargo, un grupo de descendientes y voluntarios luchan ahora desde Alemania para que la memoria de aquellos interbrigadistas no se pierda por el sumidero de la historia. 

“Cuando comenzaron los combates el 18 de julio, probablemente todo antifascista en Europa sintió una estimulante esperanza, pues aquí se levantaba, al parecer y por fin, una democracia contra el fascismo”. Con esta frase atribuida a George Orwell comienza el tomo de más de 500 páginas que recoge las biografías de cientos de voluntarios alemanes que lucharon en defensa de la República: “Sie werden nicht durchkomen. Deutschen an der Seite der Spanischen Republik y der sozialen Revolution” (“No pasarán. Alemanes en defensa de la República española y la revolución social”).

Publicado en 2015, se trata del estudio más amplio y sistemático de las historias individuales que conformaron el fenómeno de los interbrigadistas alemanes o Spanienkämpfer (combatientes de España), como se los conoce en Alemania. Un libro que habría sido imposible sin el trabajo de recuperación de memoria histórica realizado por la asociación alemana KFSR, acrónimo de Combatienes y Amigos de la República Española, de la que hoy forma parte la hija de Karl Popp. 

“Él siempre me decía que no vio otra posibilidad de aplastar las tendencias que despreciaban la dignidad humana en la década de los 30”. Así responde Karla Popp cuando se le pregunta sobre las razones de su padre para embarcarse voluntariamente hacia una guerra en un país por aquel entonces lejano y desconocido. Como en el caso de muchos otros jóvenes de la Europa central de entreguerras, la biografía de Karl Popp lo abocó a luchar en la Guerra Civil española: joven desempleado sin perspectivas, miembro del Partido Comunista de Checoslovaquia y consciente de las tendencias fascistas que amenazaban a su tierra, asumió como propia una sentencia que marcó aquella generación: “Sólo por Madrid podremos volver a Alemania”. 

La venganza del estalinismo 

Karl Popp en una foto cedida por su familia.
Pocas semanas después del inicio de la contienda, Karl Popp se integró en el Batallón Thälmann, cuyo nombre rendía homenaje al comunista alemán Ernst Thälmann, que acabaría fusilado en el campo de concentración de Buchenwald en 1944 tras 11 años de reclusión. Karl alcanzó rango militar de teniente. Dejó el frente tras caer herido en la Batalla del Jarama para abandonar definitivamente España en agosto de 1938 camino de Checoslovaquia. Nunca más volvió a pisar tierra española.

Tras la ocupación por la Alemania hitleriana de los Sudetes natales de Karl, el interbrigadista se encamina al exilio inglés en febrero de 1939. En Inglaterra trabaja como obrero en un fábrica y también como maestro de niños de otros refugiados políticos. Vuelve a Checoslovaquia tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Finalmente, en enero de 1946, se instala en la Alemania ocupada por las tropas soviéticas y contribuye a fundar en 1949 la oriental y socialista República Democrática Alemana (RDA). 

El escritor inglés Eric Blair, conocido mundialmente por su seudónimo George Orwell, fue uno de los máximos exponentes de un fenómeno común entre los interbrigadistas que lucharon en la Guerra Civil española: la evolución desde el antifascismo al antiestalinismo. Pero George Orwell no fue el único. Muchos otros nombres que no pasaron a los anales de la historia fueron testigos y participes de la llamada “guerra dentro de la guerra”: es decir, del enfrentamiento entre fuerzas comunistas de derechas, con el estalinismo como principal baluarte, y milicias libertarias y revolucionarias de izquierdas, encabezadas por el trotskismo y el anarcosindidalismo. Un enfrentamiento que llegó a derramar sangre, como durante los conocidos como hechos de mayo en la Barcelona de 1937. Combates que desembocaron en purgas y desapariciones de líderes declaradamente antiestalinistas, como el catalán Andreu Nin. 

Karl Popp también sufrió en sus carnes el totalitarismo de la RDA, un Estado que fue inequívocamente estalinista hasta la muerte del dictador soviético en 1953 y que nunca perdió el carácter autoritario hasta su hundimiento en 1989 pese al llamado proceso de desestalinización. “La realidad no era como los sueños, tampoco en la RDA, y menos en sus inicios”, asegura Karla Popp con cierto desencanto en los ojos que parece haber heredado de su padre. “Evidentemente, el nuevo Estado tenía que asegurar su supervivencia. Pero sí, aquello era estalinismo. Y los antiguos interbrigadistas lo vivieron en sus propias carnes”. 

Karla cuenta, por ejemplo, como su padre se alistó en la policía del nuevo Estado socialista alemán, pero también que posteriormente fue expulsado cuando los servicios secretos del régimen descubrieron el periodo que había pasado en Europa occidental. En plenos inicios de la Guerra Fría, eso lo convertía automáticamente en sospechoso para la paranoia estalinista. Karl fue rehabilitado rápidamente y pasó a formar parte del ejército germanooriental. Otros antiguos interbrigadistas alemanes no corrieron la misma suerte. Fue el caso de Franz Dahlem, quien fue cesado de sus cargos políticos bajo la sospecha de ser un “agente sionista” en un proceso marcado por el antisemitismo tan del gusto de Stalin. Otros antiguos interbrigadistas, como el escritor berlinés Alfred Kantorowicz, incluso se vieron obligados a buscar asilo político en la Alemania occidental por su insistencia de poner en duda los dogmas estalinistas. 

Memoria viva que se extingue

Homenaje a los interbrigadistas alemanes en Berlín, en octubre de 2016 (Fuente: KFSR).
Conservar la memoria y los valores antifascistas de los alemanes que decidieron luchar contra Franco. Esa la principal labor que cumple hoy la KFSR, según su presidenta, Kerstin Hommel. “Eso valores son hoy más relevantes que nunca, atendiendo a las tendencias fascistas que vemos actualmente no sólo en Alemania, sino también en el resto de Europa”, asegura Hommel. Partidos ascendentes como el Frente Nacional en Francia o AfD (Alternativa para Alemaniaencarnan en su opinión nuevas formas de derechismo autoritario que rayan con el fascismo contra el que lucharon miles de voluntarios alemanes en la década de los 30 del siglo pasado. 

Cuando en España se habla de memoria histórica y cultura del recuerdo, Alemania suele aparecer como el gran ejemplo. Kerstin Hommel, sin embargo, tiene sus reservas: “Desde 1945 hasta hoy, no se puede decir que en Alemania tengamos un Estado con una cultura de recuerdo antifascista”. La presidenta asegura que las instituciones germanas no honran a todos los alemanes que lucharon contra el fascismo. Como ejemplo de esa memoria fallida y selectiva pone la berlinesa Spanische Alle (Avenida Española), nombrada así por el régimen de Hitler en 1939 para conmemorar a los soldados alemanes de la Legión Cóndor que lucharon contra el orden constitucional republicano y en apoyo a a los militares sublevados. Esa avenida ha mantenido ese nombre hasta hoy. 

Otto Hirschmann fue el último interbrigadista alemán. Murió en Estados Unidos el 10 de diciembre de 2012. Según cálculos de la KFSR, actualmente aún viven unos 15 exbrigadistas de diversas nacionalidades repartidos por todo el mundo. La memoria viva de aquel grupo de voluntarios está, por tanto, a punto de extinguirse. 

Karla Popp tiene hoy 67 años. Ni siquiera puede decir cuándo supo por primera vez que su padre había luchado por la República española. Fue algo con lo que creció en casa, que siempre tuvo presente. Cuando cumplió los 20 años, comenzó a pasar largas sesiones con su padre: en ellas, Karl Popp le dictaba sus recuerdos de España mientras ella los pasaba al papel. De esa manera, la hija de Popp reconstruyó la biografía de un interbrigadista que, de otra manera, hoy ya habría desaparecido. 

El mismo trabajo desinteresado de decenas de personas como ella ha permitido la conservación de cientos de biografías de interbrigadistas alemanes. Miles de documentos oficiales transportados de España a Moscú tras el fin de la Guerra Civil, archivos de los servicios secretos de la desaparecida RDA, memorias personales, libros, diarios de guerra y cartas familiares. Todos esas fuentes han servido para reconstruir las miles de vidas anónimas que conformaron las Brigadas Internacionales. “Ahora tengo que ocuparme más intensamente de la vida de mi padre”, asegura Karla, consciente de que el tiempo se le agota y de que ella forma parte de la última generación que tuvo contacto directo con aquellos hombres para los que España fue sinónimo de esperanza.

Reportaje publicado en El Confidencial.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Jóvenes, nacionalistas e identitarias: así son las Nuevas Derechas alemanas

Algo se mueve en la extrema derecha alemana. El avance electoral del joven partido nacionalista, derechista, euroescéptico y antimigración Alternativa para Alemania (AfD) es un síntoma de ello, pero no el único. Desde que el ala más radical de AfD se impusiera dentro del partido y comenzara a obtener bancadas propias en (hasta ahora) diez parlamentos regionales, mucho se ha escrito sobre las razones de ese avance electoral: llegada de refugiados, crisis del euro, aumento de la precariedad laboral y de la desigualdad social, desgaste político de la canciller Angela Merkel, fallida comunicación del Gobierno federal alemán… 

La escena de la extrema derecha alemana arroja otro fenómeno que parece respaldar los éxitos electorales de AfD: el surgimiento de una nueva intelectualidad ultraderechista que alimenta a través de editoriales, revistas y plataformas en Internet el argumentario político de sectores ávidos de una revolución ultraconservadora y descontentos con la marcha actual del país. Una escena que ofrece un discurso más sofisticado de lo que hasta ahora era habitual en la extrema derecha alemana. 

Tanto la militancia como los votantes más fieles de AfD contrastan con la imagen tradicional de la ultraderecha y del neonazismo germano desde 1949. El Partido Nacional Demócrata de Alemania (NPD) fue hasta hace un par de años la principal referencia de esa escena. Una formación relacionada con la militancia violenta, el terrorismo neonazi, el racismo más recalcitrante y la nostalgia nacionalsocialista. Las llamadas Nuevas Derechas, conformadas por un conglomerado de organizaciones y activistas, han logrado apartarse de la estética del NPD con un discurso que, sin dejar de ser hipernacionalista, ultraconservador y abiertamente rayano con el racismo, atacan por igual a todos los partidos políticos alemanes establecidos y obtienen un potencial electoral transversal. 

El Instituto para Política Estatal (IfS, en sus siglas en alemán), uno de los arietes ideológicos de las autoproclamadas Nuevas Derechas, ofrece en su web un párrafo paradigmático de esa estrategia política: “La socialdemocratización del llamado centro es una realidad que se refleja en ciertas posiciones defendidas hace 10 años por la izquierda y que se han generalizado en la CDU [democristianos], CSU [socialcristianos bávaros] y el FDP [liberales]. Ello afecta sobre todo a la postura sobre la sociedad multicultural y el abuso histórico-político del pasado alemán. (…) Sin identidad nacional no hay futuro para Alemania”. 

Las Nuevas Derechas, con AfD como principal baluarte político, están consiguiendo así capitalizar electoralmente tanto una parte del abstencionismo tradicional como un espacio social ultraconservador que probablemente siempre estuvo ahí, pero que los democristianos de la CDU-CSU de Merkel ya no parecen en disposición de integrar en su electorado. De esta forma, el tablero político germano parece inexorablemente abocado a romperse por la extrema derecha en las próximas elecciones generales previstas para septiembre de 2017; tras ellas, el Bundestag (Parlamento federal) será muy probablemente el más fragmentado de la historia de la historia de la República Federal Alemana y tendrá en su seno a una fuerza política situada a la derecha de la democraciacristiana, algo inédito en Alemania desde 1949. 

Jóvenes y radicales 

Centro de Berlín, finales del pasado agosto. Un grupo de jóvenes activistas se encarama a plena luz del día a la céntrica Puerta de Brandeburgo. Cientos de turistas miran con curiosidad la acción a la espera de un mensaje ecologista o de extrema izquierda. En su lugar, y para sorpresa de muchos, los activistas despliegan una pancarta con la siguiente frase: “Fronteras seguras, futuro asegurado”.


El Movimiento Identitario (Identitäre Bewegung) fue el responsable de esta acción. “Somos la primera fuerza patriota y libre que toma parte activa y con éxito por la nación, la libertad y la tradición”. Así se presenta este grupo de clara orientación ultraderechista. Con una estética moderna, fresca, juvenil e incluso cercana a la de movimientos de izquierda alternativa, el Movimiento Identitario tiene un objetivo claro: “Mantener las identidades, culturas y tradiciones locales, nacionales y europeas, y luchar contra la migración masiva y la islamización que tiene lugar durante años, así como contra el derrumbamiento moral de nuestra democracia y nuestra sociedad”. 

El Movimiento Identitario, procedente originalmente de Francia, nació en Alemania en 2012. Desde entonces, sus activistas realizan campañas en Internet y en la calle para luchar contra lo que consideran un multiculturalismo impuesto por unas élites que no los representan. Pese a su mensaje netamente ultraderechista, el Movimiento Identitario se aparta explícitamente de lo que ellos llaman Viejas Derechas (“racistas, neonazis, etc...”) para ofrecer un discurso algo más elaborado: defienden el concepto de “etnopluralismo, que contraponen al de “multiculturalismo”. Aseguran apostar por el mantenimiento de la diversidad cultural, siempre y cuando las diferentes culturas se mantengan dentro de sus “territorios históricos”. Un argumento que no es nuevo en la extrema derecha europea, pero que ahora es defendido con una estética renovada y en un momento histórico más propicio.

Frente de Derechas AfD 

Pegida (Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente) y el Movimiento Identitario son las principales organizaciones de las llamadas Nuevas Derechas alemanas. Su objetivo es, según observadores del fenómeno, crear un Frente de Derechas que se convierta en un polo ideológico que marque la agenda política alemana y, por qué no, incluso tomar algún día el poder. Un escenario que hasta hace poco tiempo la mayoría de politólogos y analistas consideraba inverosímil en Alemania, pero que, como demuestra el avance electoral de AfD, ahora ya no lo parece tanto. 

“Las diferentes escenas se interconectan cada vez de manera más efectiva. En el centro actúan AfD y Pegida como centro gravitacional de todas fuerzas radicales. (…) Además de la islamofobia, el principal punto de su programa es el ‘etnopluralismo’; es decir, la creación de mundo que conserve los espacios nacionales-culturales. Eso no es otra cosa que una especie de apartheid mundial entre pueblos”. 

Este párrafo está extraído del libro Ciudadanos peligrosos. Las Nuevas Derechas alcanzan el centro. Escrito por Liane Bednarz y Christoph Giesa, dos periodistas y publicistas de corte liberal y conservador, el libro advierte que Alemania parece estar en un momento histórico perfecto para lo que la extrema derecha germana ha esperado durante décadas: convertirse en un actor político influyente y decisivo a nivel federal. Su agenda política es harto conocida: férrea oposición a una sociedad abierta y multicultural, recuperación de un concepto de ciudadanía basado en criterios étnicos y religiosos, posiciones claramente antimigratorias, euroscepticismo militante, revisionismo histórico y ultraconservadurismo moral. 

¿Nuevo terrorismo ultraderechista? 

“El año registramos más de mil ataques contra centros de acogida de refugiados, y este año volvemos a ver un incremento de la violencia política, tanto de izquierda como de derecha. Pero es cierto que el peligro derechista nos preocupa más, porque ahora es más inteligente”, asegura Rainer Wendt, presidente del Sindicato Policial de Alemania y autor del libro Alemania en peligro. Cómo un Estado débil pone en juego su seguridad, recientemente publicado. 

“Antes, cuando hablábamos de extremismo ultraderechista, siempre teníamos en mente esos tipos fornidos, de cabeza rapada, cruces gamadas tatuadas y también un poco tontos”, continúa el comisario Wendt. “Este tipo de gente sigue existiendo, pero hay nueva extrema derecha muy peligrosa, que no sólo aprovecha el ambiente social, sino que también establece estructuras que actúan de manera conspirativa y más profesionalizada”. 

Si se le pregunta si descarta la aparición de un nuevo terrorismo neonazi o ultraderechista organizado, como ya existió en el pasado reciente de Alemania, su respuesta es clara y directa: “No”. Rainer Wendt no está solo en ese sentido. Hace tiempo que observadores de esta nueva escena ultraderechista alemana advierten que hay activistas que están desapareciendo en la clandestinidad, lo que podría indicar el establecimiento de células terroristas organizadas e interconectadas preparadas para atentar. 

El surgimiento del denominado Frente de Derechas, en el que las conexiones entre AfD, el Movimiento Identitario y Pegida son más que evidentes, apunta que en Alemania está cristalizando un sector social que podría intentar dar cobertura a un nuevo terrorismo ultraderechista. Uno de los párrafos de la autodescripción que ofrece el Movimiento Identitario alemán no podría ser más inquietante: “En Europa nos encontramos en el inicio de uno periodo de cambio. Para que ese cambio transcurra como queremos, necesitamos la colaboración de activistas jóvenes, inteligentes y dispuestos a sacrificarse y a corresponder al espíritu de nuestras vanguardias europeas, a conservar y a defender su patria”.

Reportaje publicado por ElConfidencial.