jueves, 1 de noviembre de 2018

La Alemania que quiere AfD: buzones para denunciar a profesores


Posicionamientos políticos parciales o sesgados, informaciones falsas en libros de texto, expresiones racistas o agresiones contra escolares alemanes por el simple hecho de ser alemanes, proselitismo en favor de partidos políticos o de cosmovisiones de culturas extranjeras como el Islam… 

Este el cuadro que Alternativa para Alemania (AfD) presenta del estado del sistema educativo público alemán. Unas malas prácticas que, según el partido ultraderechista, ponen en peligro la neutralidad ideológica en las escuelas del país. Los líderes ultras consideran que hay maestros que critican en las aulas y ante sus alumnos las posturas políticas que ellos defienden, lo que supone un ataque frontal a esa neutralidad. 

“En muchas escuelas, los maestros ya sólo divulgan o consienten un concepto rojo-verde del mundo”, dijo recientemente Georg Pazderski, vicepresidente de la facción berlinesa de AfD, haciendo referencia a los colores de los partidos de centroizquierda y ecologista de Alemania. Este es el tipo de argumentaciones que llevan a la joven formación ultraderechista a lanzar ahora plataformas digitales en (por el momento) cuatro Estados federados para denunciar esas presuntas malas prácticas. 

En AfD cunde la idea de que el sistema educativo alemán está controlado por antiguos militantes del movimiento del Mayo del 68. Que el espíritu izquierdista y revolucionario que sacudió las capitales europeas hace justo seis décadas sigue teniendo el poder del aparato educativo de Alemania es una opinión que líderes y militantes del partido ultraderechista han defendido reiteradamente en público. Un control que permite enseñar en las escuelas alemanas “las diferencias entre 80 géneros” y “una educación sexual prematura”, en palabras de Beatrix von Storch, integrante de la dirección de AfD, en entrevista con este reportero

El poder progresista 

“Yo nací en 1953. Por tanto, tenía 15 años en 1968 y era relativamente joven en aquella época. Pero puedo decir que los integrantes del Mayo del 68 han tenido mucha influencia en Alemania y, seguramente, siguen teniendo mucha influencia, demasiada para el gusto de AfD”, dice a El Confidencial Karin Wilke, parlamentaria del partido ultraderechista en Sajonia y portavoz para asuntos educativos del partido en ese estado federado. 

“Hay muchos padres y alumnos que ya no están dispuestos a aceptar el adoctrinamiento de algunos profesores en las escuelas alemanas”, según Wilke, quien asegura que ha recibido llamadas de ayuda prácticamente a diario de “ciudadanos preocupados” de Sajonia. Esto último no es en absoluto inverosímil en un Estado federado considerado un auténtico bastión de la fuerza ultraderechista. AfD fue, con más del 25 por ciento de los votos, el segundo partido más votado en el Estado germanooriental (sólo por detrás de los democristianos de la CDU de Angela Merkel) en las últimas elecciones federales de hace un año. 

Wilke considera intolerable que AfD sea presentado por profesores “como un partido que quiere volver el nacionalsocialismo” o que “los problemas que a menudo se producen con escolares musulmanes sean barridos bajo la alfombra”. Cuando se le pide pruebas concretas de todas estas acusaciones recogidas hasta ahora a través de la plataforma https://lehrersos.de (“Ayuda para profesores”), la diputada argumenta que no las puede ofrecer a periodistas debido la ley de protección de datos alemana. “Sólo utilizaremos la información recabada para nuestro trabajo parlamentario y para ofrecérsela a las autoridades educativas. Nunca las haremos públicas”, argumenta. 

Las principales asociaciones de profesores y maestros del país, así como el resto de partidos con presencia parlamentaria e incluso líderes de la iglesia evangélica alemana ya han reaccionado con críticas al “buzón de quejas” de AfD, tal y como han bautizado algunos legisladores ultraderechistas la iniciativa. La Asociación de Profesores de Enseñanza Media (VDR, en sus siglas en alemán) es una de las organizaciones que más alto han levantado su voz contra las plataformas digitales lanzadas por el tercer partido más votado en Alemania en las últimas elecciones federales. 

“Se trata de un sistema de denunciación y de un intento de instigar a los alumnos contra los profesores. Además, en mi opinión, contraviene la neutralidad que debería regir en una escuela. Estamos vehementemente en contra de esta iniciativa”, dice a El Confidencial Jürgen Böhm, presidente de la VDR y antiguo director de escuela. 

En Alemania no hay ninguna ley que obligue a los maestros de primaria y a los profesores de secundaria a mantener una neutralidad política ante sus alumnos, sino que existe un consenso expreso acordado en la década de los 70 que establece que no deben imponer su opinión, que deben abordar los temas de discusión de una manera equilibrada y que deben guiar a los escolares de forma que estos saquen sus propias conclusiones. “La mayoría de profesores son funcionarios, por lo que tienen que jurar la Constitución y están obligados respetarla. Y si aparecen tendencias radicales en las escuelas, deben hacer justo lo que manda su obligación constitucional; es decir, defender la democracia”, concluye Jürgen Böhm. 

Maestros en AfD 

Pese al rechazo de las principales asociaciones de maestros y de todos los partidos políticos con presencia parlamentaria, con excepción de AfD, los sucesivos resultados electorales del partido ultraderechista demuestran que la formación cuenta con una base social transversal. Ello permite deducir fácilmente que entre los votantes de AfD y los militantes de las llamadas Nuevas Derechas alemanas también hay maestros de primaria y profesores secundaria. 

Björn Höcke es probablemente el ejemplo más relevante de la presencia de representantes del ultraderechismo de nuevo cuño en el sistema educativo alemán: el actual líder de AfD en el estado de Turíngia y figura más relevante de la fracción etnonacionalista, la más radical del partido (rayana con el neonazismo), fue profesor de Historia y Deporte en secundaria antes de comenzar su carrera política. Entre sus muchas salidas de tono, destacan la reiterada relativización de los crímenes del nacionalsocialismo y el revisionismo histórico. “Los alemanes somos el único pueblo del mundo que ha erigido un monumento de la vergüenza en el corazón de su capital”, dijo Höcke a inicios del pasado año haciendo referencia al monumento a los judíos asesinados en el holocausto situado en el centro histórico de Berlín. 

La educación es una competencia descentralizada en Alemania y está en manos de los 16 Estados federados que conforman la República Federal. Teniendo en cuenta que Baviera acaba de votar, que el estado de Hesse acudió a las urnas el próximo domingo y que el país se enfrenta a un auténtico maratón electoral el próximo año, con 13 comicios regionales, es difícil no ver una estrategia comunicativa y propagandística en el lanzamiento de las plataformas por parte de AfD, más que un intento de combatir la presunta falta de neutralidad en las escuelas. 

Bajo la vieja estrategia de que hablen (bien o mal) de ti ya utilizada por el partido nazi en la década de los 30 del siglo pasado, el partido ultraderechista fundado en 2013 ha ido encadenando escándalos en el espacio público y conseguido así de manera prácticamente ininterrumpida la atención de los medios de comunicación, además de entrar holgadamente en el Bundestag así como en los 16 parlamentos regionales del país. 

Mientras la Conferencia de Ministros regionales de Cultura y Educación estudia iniciar posibles acciones legales contra las plataformas lanzadas por AfD, el partido sigue afianzándose en las encuestas de intención de voto: como apunta la media de las proyecciones más recientes, si hoy hubiese elecciones federales en Alemania, los ultras serían (nuevamente) el tercer partido más votado con alrededor del 16% de los votos, sólo por detrás de los democristianos de la CDU-CSU y Los Verdes. Los socialdemócratas del SPD, un partido históricamente anclado en la clase media alemana de la que los maestros y profesores forman parte, ya aparece por detrás de AfD.

Reportaje publicado por El Confidencial.

sábado, 25 de agosto de 2018

Desmontando el mito de las pensiones públicas de Alemania

Susanne Neumann trabajó más de treinta años como limpiadora de casas, edificios y oficinas. Hoy recibe 800 euros netos mensuales de pensión pública. Se trata de una pensión reducida por incapacidad laboral: enfermó de cáncer y tuvo que prejubilarse. Tras casi cuatro décadas de cotizaciones a la caja pública de pensiones, lo tendría realmente difícil para llegar a fin de mes con ese dinero. “Mi marido todavía trabaja y gana un buen sueldo”, confiesa. Susanne se siente una afortunada si mira a su entorno, porque su situación dista de ser excepcional en el país más rico y poblado de la Unión Europea. 

El 48% de todas las pensiones públicas alemanas están por debajo de los 800 euros mensuales, y el 62%, por debajo de los 1.000. En el caso de las mujeres, las pensiones menores a 800 euros alcanzan incluso el 64% de todas las jubiladas. Un ingreso menor a 969 euros al mes es considerado el umbral que da acceso a la pobreza para hogares unipersonales en Alemania. 

Todas estas son estadísticas oficiales del Ministerio Federal de Trabajo y Asuntos Sociales basadas en datos correspondientes al año 2016. El Gobierno federal se vio obligado a ofrecerlas a inicios del pasado julio tras recibir una pregunta parlamentaria de La Izquierda, uno de los partidos que conforman la oposición a la Gran Coalición gobernante (democristianos y socialdemócratas). 

Sabine Zimmermann, presidenta de la comisión parlamentaria para Familia, Personas Mayores, Mujeres y Juventud, fue la diputada que hizo la pregunta. La respuesta desmonta el mito sobre las pensiones públicas alemanas especialmente extendido en países del sur de Europa, en los que suele cundir la idea de que en Alemania no hay cultura de compra de una vivienda porque las pensiones públicas son un auténtico seguro contra la pobreza en la tercera edad. Hace tiempo que eso dejó de ser así.

“Lo cierto es que las estadísticas no me sorprendieron”, reconoce la diputada Zimmermann. “El Gobierno federal alemán asegura que en el país sólo hay un millón de personas en la tercera edad que dependen de la ayuda social básica, pero investigadores de la pobreza apuntan que hay casi tres millones de jubilados que podrían solicitar esa ayuda estatal por tener pensiones muy bajas”. 

La parlamentaria de La Izquierda se refiere a aquellos pensionistas que, avergonzados por la inesperada pobreza que sufren, prefieren no acudir el complemento de ayuda social básica estatal y se ven abocados a acudir a la caridad de los bancos alimentos o a recoger botellas retornables en las calles para obtener unos euros diarios que complementen sus insuficientes ingresos. Esta última es una imagen que se ha convertido en habitual en las grandes ciudades del país.

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domingo, 29 de julio de 2018


El 4 d’abril del 2006, Mehmet Kubasik va ser assassinat amb vuit trets al seu quiosc de Dortmund. El jove kurd d’origen turc estava sol a la seua botiga quan el grup terrorista neonazi Clandestinitat Nacionalsocialista (NSU, la sigla en alemany) el va matar a sang freda. 

Mehmet havia arribat a Alemanya als anys vuitanta fugint del clima de persecució que patia la seua minoria religiosa i nacional a l’est de l’estat turc. Després d’obtindre l’estatus de refugiat i accedir a la nacionalitat alemanya, Mehmet va fer del seu país d’acollida una nova pàtria, on se sentia segur. L’NSU el considerava, però, un cos estrany que havia de ser eliminat. Pare d’una filla i dos fills, va ser la vuitena víctima mortal de l’última cèl·lula terrorista neonazi coneguda fins avui a Alemanya. L’escamot va matar deu persones (nou ciutadans d’arrels estrangeres —turques i gregues— i una agent de policia) i va deixar desenes de ferits amb dos atemptats amb bomba.

Beate Zschäpe va ser l’única supervivent del trio que, segons la justícia alemanya, va protagonitzar els atacs i els robatoris de bancs amb els quals es va finançar el grup terrorista entre els anys 2000 i 2007. Els altres dos integrants de l’NSU, Uwe Mundlos i Uwe Böhnhardt, van aparèixer morts en una caravana el 2011. La policia assegura que els dos terroristes es van suïcidar. 

Els tres militants neonazis van passar a la clandestinitat l’any 1998 i els serveis secrets i les forces de seguretat alemanyes no van aconseguir descobrir l’autèntica motivació racista dels crims de l’NSU fins que van trobar els cossos sense vida de Mundlos i Böhnhardt. Durant més d’una dècada, les autoritats alemanyes van ignorar el terrorisme xenòfob i ultranacionalista de l’NSU.

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sábado, 28 de abril de 2018

"La transición española no fue tan perfecta como nos contaron"

El año 2010 fue un punto de inflexión en la historia reciente de España: tras el intento frustrado del juez Baltasar Garzón de llevar a juicio los crímenes cometidos por la dictadura de Franco, la jueza argentina María Servini asumió desde Buenos Aires una causa que parece todavía hoy inviable en el sistema judicial español. La Ley de Amnistía de 1977 supuso aceptar la prescripción de los crímenes cometidos por el régimen y sus colaboradores durante 40 años, a cambio de la liberación de unos cientos de presos políticos. 

Más de cuatro décadas después de la muerte del dictador, algunos jueces españoles siguen denegando el derecho de los familiares de las víctimas a ser, al menos, reparados simbólicamente. No en vano la larga sombra del franquismo se sigue proyectando sobre la vida política y las instituciones de un país que atraviesa una grave crisis política e institucional que algunos analistas se atreven incluso a calificar de crisis de régimen y constitucional. El conflicto catalán podría ser sólo el último de una serie de síntomas. 

En este agitado contexto histórico, los documentalistas e investigadores Lucía Palacios y Dietmar Post mostraron por primera vez en la pasada edición del festival de cine de la Berlinale su documental: La causa contra Franco: ¿el Núremberg español? Con él lanzan incómodas preguntas sobre el bloqueo institucional a la investigación de los crímenes franquistas que apunta a una precaria y dudosa separación de poderes en la monarquía parlamentaria española. Nos reciben en su oficina de Berlín.

Fotografía de Sergi Solanas. © 

¿Dónde nace la idea de su última película? 

Lucía Palacios (LP): Hicimos una película anterior sobre el franquismo, que se titula Los colonos del Caudillo. Esa película culmina en 2010 con una gran manifestación en apoyo al juez Baltasar Garzón, que iba a ser juzgado por prevaricación, no por el intento de investigar los crímenes del franquismo, sino por otro caso curiosamente relacionado con la corrupción del Partido Popular. Los colonos del Caudillo termina justo en ese momento. Era un tema que ya nos tenía atrapados y queríamos seguirlo. 

Dietmar Post (DP): Cuando en 2008 Garzón intentó llevar a juicio a los golpistas [el golpe de Estado de 1936 que generó la posterior Guerra Civil Española], en realidad queríamos hacer una película sobre el juez. Pero como ya estaban en marcha otros proyectos cambiamos de idea. Al acabar nuestra primera película sobre el franquismo, que precisamente termina con la querella argentina, nos dimos cuenta de que había mucho interés. La causa contra Franco: ¿el Núremberg español? nace de una manera casi orgánica. Digamos que Los colonos del Caudillo dio paso de forma casi natural a su siguiente película. 

LP: Efectivamente. La manifestación a favor de Garzón, una de la más numerosas de la democracia española, nos impresionó mucho. También nos impresionó mucho una manifestación paralela de la Falange [partido fascista español]. Ahí nos dimos cuenta de que había que seguir con el tema.

¿Creen que el tópico de las dos Españas se corresponde con la realidad, casi 80 años después del inicio de la Guerra Civil Española? 

DP: Depende. Si miramos los libros de historia, nos podemos hacer la siguiente pregunta: ¿de quién es y a quién beneficia la idea de las dos Españas? Claro que las dos Españas existen de alguna manera y no sólo es un tópico. Hubo una España conservadora, rancia, antimoderna, que quiso evitar el progreso del pueblo español. Una España que, en el fondo, se rebeló contra una democracia. La otra España era mucho más diversa; no solamente eran socialistas, anarquistas y comunistas (aunque estos eran muy pocos en España en la década de 1930), en ella también había gente liberal, conservadores, como es el caso del Partido Nacionalista Vasco, que es conservador y católico. 

¿Quieren decir que la narrativa de las dos Españas la establecieron los vencedores? 

LP: Yo veo eso un poco simplista, porque el poeta Antonio Machado, por ejemplo, ya hablaba de las dos Españas. Algo de lo que nos hemos dado cuenta, y no somos los únicos, es que cuando se habla de Guerra Civil o de guerra entre hermanos, se iguala a las dos partes que están en conflicto. Nosotros hablamos más bien de una guerra de invasión, literalmente, porque como sabemos el Ejército invadió territorialmente España, el territorio de la península, desde África, además de la intervención de los ejércitos alemán e italiano. Todo eso lo explicamos en nuestra última película. Además, sobre todo fue una guerra de clases, porque ¿quiénes lucharon contra quiénes? ¿Quiénes intentan eliminar a quiénes? Esta discusión es mucho más compleja: también se podría hablar de la España pobre y la España rica, de la ultracatólica y la que quería salir del oscurantismo. En el mismo momento en el que se instaura la Segunda República, ya hay confabulaciones y partidos que quieren acabar con ella. En la película aparecen muchísimas entrevistas, incluso con algunas figuras que participaron directamente en la dictadura franquista, como es el caso de José Utrera Molina, uno de los últimos ministros de Francisco Franco. 

¿Cuáles fueron los principales retos para la producción? 

LP: Desde el primer momento quisimos hablar con las personas imputadas por la jueza argentina. Mandamos cartas a los 24 imputados. Y no sólo eso, sino que además fuimos a sus casas, no tanto para grabar con las cámaras, sino para hablar con ellos. Y tuvimos la gran fortuna de que José Utrera Molina nos recibiera. 

DP: En Alemania hay una gran tradición de documentalistas sobre el nazismo. En esa tradición la intención siempre era hablar con todos. Si tú te imaginas un posible juicio, y esa es la idea que está detrás de nuestra película, la jueza o el juez tendría que hablar con todos. No te puedes fiar de todo lo que te cuentan las víctimas, porque también se pueden equivocar. Y hemos intentado seguir de cerca lo que pone en el texto de la querella, que son cientos de páginas. Y ahí hemos buscado quién acusa a quién por asesinatos o torturas. Si no hablas con las dos partes, algo falta. Y claro, fue muy complicado encontrar a alguien en el lado de los imputados. Intentamos también hablar con Martín Villa o con Billy el Niño. Otro logro fue poder hablar con la hija de uno de los golpistas. Siempre buscamos, como el escritor Rafael Chirbes en sus novelas, la multiperspectividad. 

LP: Pero casi nadie nos respondió; sólo las altas instancias del Estado español, para rechazar entrevistas. En la Berlinale también se presentaron dos películas más sobre el franquismo. 

¿Creen que es casualidad o, más bien, se trata del signo de los tiempos? 

DP: No creo que sea casualidad, porque en los últimos 20 años se han hecho muchísimas películas sobre el tema de la memoria histórica en España. Otra cuestión es la visibilidad que tienen o por qué no se ven en la televisión en España. Incluso algunas de esas películas fueron producidas por Televisión Española. Durante la presidencia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hubo varias películas sobre las fosas, sobre los niños robados. Pero sí es la primera vez que se aborda el juicio a los crímenes del franquismo cometidos después de la Guerra Civil. 

LP: Pero es lógico, porque la querella contra esos crímenes ya existe y sigue abierta, así que es probable que se hagan más películas sobre el tema. Esto no ha terminado: no ha hecho más que empezar, porque es posible que en el futuro haya más querellas o incluso un juicio en España. Este es un tema que no se va a cerrar. Se ha dicho una y mil veces que la transición española fue modélica. 

¿Creen que hay una versión un tanto edulcorada tanto dentro como fuera de las fronteras de España? 

DP: Modélica no fue. Eso está claro. Pero tampoco tan mala. Hay mucha gente ahora en España que ve todo muy negro sobre la transición. Hay que reconocer que eran tiempos muy difíciles, con una oposición que existía dentro del país, pero en la clandestinidad, y una oposición que estaba fuera del país y que llevaba 40 años en el exilio. Y luego había fuerzas reformistas dentro del franquismo, con ganas de cambiar las cosas, o, simplemente, de continuar en el poder. Para poder investigar todo eso habría que abrir los archivos y cuestionar el papel del rey Juan Carlos, que ahora se nos presenta como la persona que trajo la democracia, y no fue así. El sindicato Comisiones Obreras jugó un papel fundamental en su resistencia pacífica contra el régimen. Pero incluso otros grupos como ETA, el GRAPO [Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre] y el grupo de anarquistas MIL [Movimiento Ibérico de Liberación] jugaron un papel. Malo o bueno, ¿quién soy yo para juzgarlo? Todas son cosas que hay que analizar. Y si uno se fija bien, se puede decir que quienes ganaron fueron aquellos que ya estaban en el poder bajo Franco. Económicamente, no creo que se pueda decir que la izquierda sea la dueña del país. 

LP: Mi respuesta es clara: la de la transición es una versión edulcorada. Como con tantas cosas hoy en día, gustan las historias de héroes, las historias que acaban bien. Y la transición acaba bien porque desemboca en una democracia sólida, aunque ahora vemos que no lo es tanto, porque quedaron muchos cabos sueltos. Pero es evidente que se trata de una versión edulcorada: primero, porque no fue fácil, y segundo, porque no fue perfecta. Se vende la idea de que fue tan exitosa que es un modelo que se puede exportar a otros países, como, por ejemplo, Latinoamérica. Y esto no es cierto, porque cada país tiene sus particularidades y porque no fue tan perfecta como nos contaron. Hubo mucha gente que quedó muy descontenta: las expectativas eran muy altas, por ejemplo, con respecto a la memoria histórica. En la década de 1970, mucha gente comenzó a sacar los restos de sus familiares de las fosas. La gente no había olvidado, quería sacar a sus muertos, y esperaba que con el primer gobierno socialista de Felipe González se hiciese algo al respecto. Pero no se hizo. 

¿Hay un apagón informativo sobre ciertos episodios de la historia moderna de España? Por ejemplo, el papel del rey hasta hace muy poco parecía una figura intocable. 

DP: Sí, pero en una democracia no existen personas intocables. En una democracia tú tienes todo el derecho como ciudadano a criticar a tu rey, a tu presidente, a tu canciller. Entre los jóvenes en España hay un déficit democrático, un déficit con el que también nos costó mucho acabar en Alemania: después de la Segunda Guerra Mundial nos costó unas tres décadas escribir la verdad en los libros de texto. Y eso en España lo seguimos notando: los jóvenes se sorprenden con la información que aparece en nuestras películas. El sistema educativo no ha respondido a las preguntas que dejaron abiertas la dictadura de Franco y la transición. 

LP: Creo que ahora los jóvenes comienzan a interesarse por esos episodios históricos, pero este fenómeno también coincide con una época muy compleja. Las redes sociales ofrecen mucha información, pero muy superficial. Ni el sistema educativo ni la prensa tradicional están jugando ese papel ilustrador, sino que lo están jugando las redes sociales entre las generaciones más jóvenes, y eso conlleva cierto peligro. Además,esto está ocurriendo en un momento de crisis política, de crisis democrática y económica. Es una mezcla explosiva. En su película muestran el bloqueo institucional y judicial que hay en España respecto de los crímenes del franquismo tras el fin de la Guerra Civil. 

¿Tienen que venir los impulsos o la presión desde fuera de España para que se mueva algo? 

LP: Creo que ahora mismo, tal y como están repartidos los poderes en España, no es posible. Pero es una opinión personal. Por supuesto que hay jueces que estarían abiertos a la posibilidad de que se enjuiciasen los crímenes del franquismo en España. Pero, como se dice en nuestra película, eso está muy hablado por la gente que ahora mismo tiene el poder de decidir. Y en el caso que nos ocupa, esos son el Gobierno y la Fiscalía General del Estado. Tienen pensado hacer un tercer documental para cerrar su trilogía sobre el franquismo. 

¿Qué idea manejan para esa tercera entrega? 

LP: De momento es una idea, un boceto; no tenemos nada más. 

DP: Queremos mostrar el lado económico, el expolio del franquismo y cómo se enriquecieron los golpistas. 

LP: Y también cómo las grandes empresas españolas, muchas de ellas actualmente multinacionales, se hicieron ricas ya con la dictadura. Eso intentaremos explicar en la tercera película. 

DP: En general, los golpes de Estado casi siempre tienen más que ver con la economía que con la ideología.

LP: Por eso decimos que la Guerra Civil Española fue una guerra de clases. En mi opinión, lo que ocurre ahora en España tiene que ver con las fuerzas económicas, con el orden económico y con cómo está repartida la riqueza en el país.

Entrevista publicada por el diario uruguayo La Diaria.