La entrevista fue publicada en el diario español ABC, para el que colaboro de tanto en tanto. La noticia de que nos habían concecido la entrevista me sorprendió enormemente: los dos colaboradores del diario en Alemania somos jóvenes así como relativamente poco conocidos en el mundo periodístico. Después de reflexionar sobre la política de comunicación y las relaciones públicas desplegadas por el actual gobierno alemán durante los últimas semanas, todo comenzó a cuadrar algo más: el Gobierno de Berlín viene intentando mostrar una cara más amigable y dialogante ante las crecientes voces que ponen en entredicho la política económica de austeridad y recortes impulsada por los poderes fácticos germanos. Entiendo que la entrevista, concedida a un diario cercano editorialmente a las posiciones del actual Gobierno de España (también conservador), se enmarca en esa política de comunicación de la Cancillería.
martes, 4 de junio de 2013
Intrahistoria de una entrevista
La entrevista fue publicada en el diario español ABC, para el que colaboro de tanto en tanto. La noticia de que nos habían concecido la entrevista me sorprendió enormemente: los dos colaboradores del diario en Alemania somos jóvenes así como relativamente poco conocidos en el mundo periodístico. Después de reflexionar sobre la política de comunicación y las relaciones públicas desplegadas por el actual gobierno alemán durante los últimas semanas, todo comenzó a cuadrar algo más: el Gobierno de Berlín viene intentando mostrar una cara más amigable y dialogante ante las crecientes voces que ponen en entredicho la política económica de austeridad y recortes impulsada por los poderes fácticos germanos. Entiendo que la entrevista, concedida a un diario cercano editorialmente a las posiciones del actual Gobierno de España (también conservador), se enmarca en esa política de comunicación de la Cancillería.
domingo, 25 de diciembre de 2011
El dinero sólo cambia de manos
sábado, 16 de julio de 2011
De ruido y verdades
Por suerte, siempre quedan miradas y análisis lúcidos de gente que ya tiene muy poco que perder. Prueba de ello es el artículo del ex canciller alemán Helmut Schmidt publicado esta semana en Die Zeit. Aquí, un párrafo impagable: "Me gusta clasificar a la humanidad en tres categorías. En la primera está la gente normal. Seguro que todos robamos manzanas cuando éramos jóvenes, pero después fuimos honrados. Gente normal somos quizá el 98 por ciento. La segundo categoría son los que pertenecen a la rama criminal. Éstos deben responder ante los tribunales, y si son declarados culpables, deben ir a la cárcel. Y la tercera categoría son los inversores bancarios y los ejecutivos de fondos de inversión".
jueves, 26 de mayo de 2011
'Stunde der Selbstkritik'
Pero se engañan los votantes del PP si creen que la alternativa electoral mayoritaria es la solución de los tres graves problemas que acucian a España, y por extensión también a Europa y Alemania. El primero, y principal desencadenante de las protestas, es la galopante crisis económica que está sufriendo el país. Una crisis que ha elevado la tasa oficial de desempleo por encima del 20 por ciento y destruido numerosos sectores productivos, así como miles y miles de pequeñas y medianas empresas. Una crisis sistémica causante de un 45 por ciento de paro juvenil, recortes salariales, el aumento de la edad de jubilación, el desmantelamiento del ya de por sí modesto Estado del Bienestar español y el desahucio de 300.000 familias. Todo ello mientras las 35 empresas del IBEX, el índice bursátil español, registran beneficios récord.
Se engañan los votantes del PP porque su apuesta electoral forma parte del problema, y no de la solución. El partido conservador ha sido partícipe y promotor del modelo económico que, junto a la especulación financiera internacional, ha llevado al borde del precipicio a la economía española: la sobredimensión de los sectores inmobiliario y del turismo, la insuficiente inversión en I+D y educación, el poco o nulo control de la concesión de créditos bancarios, el gasto público descontrolado en proyectos arquitectónicos de corte faraónico son las principales causas de esta crisis. El PP ha dado el golpe en las últimas elecciones municipales y autonómicas, y muy probablemente se hará con el Gobierno central en los próximos comicios generales, gracias, en parte, a la promesa de crear millones de puestos de empleo. Pero los conservadores no dicen cómo. Ni siquiera las viejas recetas neoliberales parecen ya valer.
El déficit democrático que padecen el sistema político y las instituciones españolas es el segundo gran problema. Empezando por la corrupción, que está carcomiendo la legitimidad de muchos representantes de lo público en ayuntamientos y gobiernos autonómicos. Un dato estremecedor: las listas (cerradas) de los principales partidos para las elecciones del pasado domingo presentaban más de 100 candidatos salpicados por casos de corrupción. A ello hay que añadir la actual ley electoral, hija de la alabada transición española y de la Constitución del 1978, que beneficia a los grandes partidos. La hace 30 años incipiente democracia española necesitaba de Gobiernos fuertes y estables para aguantar el terrorismo de izquierda y derecha. Quizá hace 30 años esa ley electoral proporcional ayudara a salvar a la joven democracia española. Hoy la está ahogando.
El tercer problema: el Estado español ha estado viviendo por encima de sus posibilidades. La administración ha gastado más de lo que se podía permitir y se ha equivocado en la forma de invertir el dinero público. Pero también los ciudadanos han contraído más deudas de las que podían hacer frente. Es la hora de la autocrítica: los españoles han tomado parte de un modelo económico que no era más que una ilusión de bienestar y que, como la novela de Gabriel García Márquez, era la crónica de una muerte anunciada. Porque bienestar no es comprarse un coche cada cuatro años, ni adquirir a crédito viviendas sobrevaloradas. Bienestar es que la gente pueda vivir de un trabajo digno, tener acceso a viviendas a precios normales así como a servicios públicos innegociables como la sanidad o la educación. El consumismo fomentado por el poder durante las últimas décadas pasa ahora factura a la sociedad española. Y son las clases medias y bajas las que tienen que pagar el precio de ese enorme endeudamiento.
Recientemente se hacía pública la cifra: los ayuntamientos españoles adeudan 35.000 millones de euros a pequeñas y medianas empresas que dan empleo a más de cuatro millones de personas. Si se cumplen los peores augurios, esa deuda llevará a la quiebra a miles de empresas, lo que elevará aún más las cifras de desempleo, ya hasta niveles insostenibles. Los dos grandes partidos han evitado hablar de este inmenso problema durante la campaña en una especie de pacto de no agresión. Los economistas más agoreros se atreven a predecir que el paro superará el 30 por ciento. Cuando esto ocurra, aquéllos que votaron al PP por fin se darán cuenta de que su decisión fue un error, porque lo que votaron fue parte del problema y no de la solución.
España necesita una refundación democrática, una segunda transición que, de momento, parece imposible a través de los grandes partidos tradicionales. Ello explica la espontánea reacción de miles de personas que salieron la calle pidiendo una democracia verdadera. Esta oposición, de momento extraparlamentaria, debería hacer reflexionar a ciudadanos y políticos, quienes deben reconsiderar su papel en una democracia parlamentaria de baja calidad como la española y participar de forma activa en el proceso de cambio. Nadie sabe todavía cuál será el alcance de esta revolución pacífica, ni qué objetivos alcanzará. Sin embargo, una cosa está clara: España ya nunca volverá a ser la misma. Tras el pasado 15 de mayo, algo ha cambiado en el país. Para siempre."
martes, 28 de abril de 2009
Vuelve el reportero indeseable
Después de muchos años de silencio, el periodista alemán Günther Wallraff, bautizado como el reportero indeseable, vuelve a la carga. Wallraff (Burscheid, 1942) dio el salto al ruedo periodístico en la década de los 60, cuando comenzó a publicar reportajes sobre la dura vida de los trabajadores (sobre todo extranjeros) en la industria postbélica de Alemania occidental. En 1977 dio su primer gran golpe al colarse como redactor del amarillento y diario más vendido de Alemania, el Bild Zeitung. Destapó así las implacables y depredadoras técnicas del BZ, experiencia que dio lugar a la publicación del libro Der Aufmacher. Der Mann, der bei Bild Hans Esser war (En español, La noticia de primera plana. El hombre que fue en Bild Hans Esser).
Ya a mediado de los 80 Wallraff publicó la que es probablemente su obra periodística más representativa: Ganz unten (En español, Cabeza de turco). Una escalofriante radiografía del mundo del mercado laboral, en el que Wallraff se hace pasar por un gastarbeiter turco que tiene que hacer malabarismos para ganarse el sueldo sin que la industria farmacéutica lo mate a base de experimentos con medicamentos ni acabar destrozado por la explotación y el trabajo precario de las cadenas de comida rápida. Ahora vuelve con una serie de reportajes para el prestigioso semanario Die Zeit sobre las anticonstitucionales técnicas de espionaje y depuración (al puro estilo Stasi) utilizadas por el consorcio del Deutsche Bahn (la empresa pública ferroviaria alemana) así como sobre la vida de los sin techo en las grandes ciudades alemanas.
Wallraff se define así mismo como un periodista que observa y al mismo tiempo participa activamente en la realidad sobre la que toma nota y posteriormente escribe. No se limita a mirar desde su tribuna y luego a escribir con ese espíritu elitista y vanidoso que muchos redactores destilan en sus páginas. Wallraff se mete tanto en sus historias, haciéndose pasar por otras personas si es necesario para llegar hasta el fondo del asunto, que muchas veces acaba convirtiéndose en el propio protagonista de sus reportajes de investigación, en la víctima de sus dramáticas historias.
Se podrá discutir la elegancia y el estilo de sus textos. Por supuesto, Wallraff nunca alcanzará los niveles de escritura alcanzados por otros autores procedentes del periodismo, como Gabriel García Márquez o George Orwell, por poner dos ejemplos típicos. Sin embargo, no hay duda de que su trabajo es imprescindible, más aún en estos tiempos que corren en los que el periodismo cada vez consiste más en copiar y pegar en un diseño atractivo, en escribir desde una mesa con un ordenador con acceso en internet sin ni siquiera haber dado un paso en la calle. Prueba de la irrefutable necesidad del trabajo de Wallraff es el adjetivo con el que se le bautizó: el indeseable.
sábado, 18 de abril de 2009
Mandy K.: doblemente víctima
Cuando el pasado Viernes Santo los visitantes del zoo de Berlín vieron a Mandy K. quitarse los zapatos, saltar la valla de seguridad y lanzarse de forma suicida al foso de los osos polares, una mezcla de indredulidad y estupor recorrió uno los recintos más visitados durante los días soleados en la capital alemana. Lars, el padre de la popular cria de oso polar Knut (convertida en símbolo de la ciudad), y sus tres hembras Tosca, Nancy y Katuscha estaban siendo alimentadas justo en el momento en que la joven de 32 años decidió arrojarse al foso de los animales. Los cuatro osos polares se acercaron lentamente a Mandy y, como era de prever, la atacaron.
Antes los gritos de espanto de los visitantes y de la mujer, los técnicos y criadores reaccionaron con rapidez para salvar la vida de Mandy. Mientras desde lo alto del foso intentaban mantener a distancia a los animales atizándoles con palos y lanzándoles todo tipo de objetos, intentaban sacar del agua a la mujer mediante cuerdas con salvavidas atados en las puntas. Tras varios intentos fallidos, y mientras los gritos de espanto de la mujer y de los visitantes se mezclaban y hacían más esperpéntica la situación, los trabajadores del zoo consiguieron finalmente rescatar a Mandy tras 10 minutos que se hicieron eternos para los visitantes del zoo, convertidos en circunstanciales espectadores de un espectáculo que nunca hubieran podido imaginar.
Los osos habían mordido a la mujer en diversas partes del cuerpo. Mandy, poseída por una ataque de histeria tras haberse dado cuenta del error casi mortal que había cometido, fue trasladada por los servicios de asistencia a urgencias de la clínica Virchow donde fue operada. Finalmente pudo salvar la vida. “Ha tenido una suerte grandísima. Los osos podrían haberla destrozado en cuestión de minutos. Alguien que hace una cosa así tiene que estar realmente harto de vivir”, declaró tras lo ocurrido el director del zoo de Berlín, Heiner Klös, que afirmó que de no haber conseguido sacar del agua a la mujer, sus trabajadores se hubieran vistos obligados a usar contra los animales las armas de fuego que tienen para este tipo de casos: “No me hubiera temblado el pulso”.
La historia pronto se convirtió en el tema de portada de los periódicos sensacionalistas alemanes como el Bild Zeitung, el diario más popular y vendido del país. De hecho, el BZ ofreció en exclusiva en su página web las imágenes del rescate de la mujer, que se han convertido ahora en un vídeo popular en todo el mundo tras ser colgadas en la plataforma de Youtube. La cabecera no pareció conformarse con ello y siguió exprimiendo la historia en sus ediciones de días posteriores. Comenzó así a bucear en la vida de Mandy K. en busca de las razones de su irracional actitud del pasado Viernes Santo.
Mandy K., madre de una niña de 8 años, vive en el barrio de Berlín oriental de Treptow-Köpenick, distrito proletario, con una cuota de desempleo que rebasa el 10% y, quizá por ello, con fama de tener un fuerte y arraigado movimiento neonazi. Según informa el Bild Zeitung en un artículo titulado “La triste vida de la mujer de los osos polares” publicado el pasado martes, la joven madre creció en la pequeña de ciudad de Herzberg, situada al norte de Berlín. Allí empezó una formación profesional para convertirse en secretaria, formación que nunca acabó. Posteriormente, comenzó a estudiar Pedagogía social, estudios que también acabó abandonando.
Tras no haber encontrado su camino profesional, Mandy se enamoró de Lars S., un ingeniero agrónomo de 36 años con el que decidió mudarse a Berlín y con el que tuvo a su hija. Sin embargo, las cosas comenzaron a ir mal y hace cuatros años la pareja se separó. Fue el principio de la pérdida de control de Mandy sobre su propia vida. Tras quedarse sin trabajo, las deudas comenzaron a ahogarla, hasta el punto de que su insolvencia le impedía pagar las facturas. La empresa eléctrica decidió cortarle la luz. La vida se le hizo tan cuesta arriba que la semana Mandy pareció perder la razón. El Viernes Santo, aprovechando que su hija estaba con su padre, se fue al zoo de Berlín y se arrojó al foso de los osos polares.
Los que conocen a Mandy coinciden en que la mujer hizo lo que hizo para llamar la atención sobre su precaria situación y no porque quisiera acabar con su vida. Si lo que pretendía la bautizada por la prensa como “mujer de los osos polares” era convertirse en centro de atención, desde luego lo ha conseguido. Mientras el vídeo de su dramático rescate corre por la Red, los tabloides alemanes siguen removiendo los rescoldos de su historia. Mientras tanto, Mandy K. sigue ingresada en la clínica Virchow recuperándose de las heridas, probablemente sin ser consciente de haber sido doblemente víctima: de la desesperación provocada por las desgraciadas circunstancias de su “triste vida” y del implacable espíritu depredador de la prensa amarilla alemana.

