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sábado, 14 de diciembre de 2024

Putin, a través de los ojos de Merkel

El nombre del presidente ruso aparece 143 veces en “Libertad” - el libro de memorias recién publicado por la excanciller alemana -, más que ningún otro de los líderes con los que Merkel compartió reuniones y llamadas durante sus 16 años de Gobierno


Vladímir Putin, en una celebración en la sede de Stasi en Dresde. © Andreu Jerez Ríos

Cuando Angela Merkel se convirtió en canciller federal de Alemania en noviembre de 2005, Vladímir Putin ya lleva 5 años al frente de Rusia. Cuando la política democristiana dejó de ocupar la cancillería en diciembre de 2021, Putin seguía ahí, siendo presidente ruso. Ningún otro gran líder internacional estuvo tanto tiempo en el poder durante los 16 años de la ‘era Merkel’. Difícilmente haya habido un presidente con el que Merkel se haya reunido más veces que con Putin mientras estuvo en la primera línea de la política alemana e internacional. 

Esa convivencia en lo más alto del poder se proyecta en las memorias recién publicadas por Merkel bajo el título de “Libertad”: 143 veces aparece Putin mencionado en el libro con su apellido, más que Obama (56), Sarkozy (45), Bush (31), Tsipras (23), Cameron (12), Xi Jinping (3), Trudeau (3), Lula da Silva (2), Mariano Rajoy (2) o Pedro Sánchez (1), por poner sólo algunos ejemplos. De hecho, sólo dos nombres de esos líderes ocupan un espacio en el índice de las memorias merkelianas: “Almuerzo con George W. Bush” y “Esperando a Vladímir Putin” ha titulado la excanciller dos capítulos de la cuarta parte del libro de 740 páginas. 

Pese a sus evidentes diferencias, agrandadas tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania, Angela Merkel y Vladímir Putin pudieron entenderse. Varios elementos de sus biografías hicieron la comunicación más fácil que entre Putin y otros líderes occidentales. En primer lugar, ambos vivieron en un país que ya no existe: la República Democrática Alemana (RDA), el sistema socialista oriental que se derrumbó tras la caída del Muro de Berlín en 1989. Merkel creció, se educó, se doctoró y vivió los primeros 35 años de su vida en la RDA. Putin vivió y trabajó como agente del KGB en Dresde entre 1985 y 1990, como todavía acreditan numerosos documentos hallados en lo que fue la central de la Stasi – la policía germanooriental – en la capital sajona. 

Merkel aprendió ruso tanto en la escuela como en la universidad, como cuenta en las 200 primeras páginas de sus memorias, dedicadas exclusivamente a la primera parte de su vida, la que trascurrió en la RDA, previa al inicio de su carrera política. Putin aprendió alemán durante su estancia en la Alemania oriental, además de diferentes estancias e intercambios en la Unión Soviética. “Su alemán era bastante mejor que mi ruso”, reconoce Merkel en uno de los pasajes dedicados a uno de sus encuentros con Putin. La lectura de los fragmentos de las memorias dedicados a Vladímir Putin son una valiosa documentación para entender mejor al presidente ruso a través de los ojos de Merkel. 


“Esperando Vladímir Putin” 

Junio de 2007, cumbre del G8 en el balneario de Heiligendamm, en la costa alemana del Mar Báltico. Merkel se encuentra en el ecuador de su primera legislatura como canciller y recibe a los líderes de los siete países más industrializados del planeta. Putin está entre ellos. Rusia busca reencontrar su posición en el mundo tras el trauma del hundimiento de la Unión Soviética y los años más duros de la terapia del shock económica, la privatización del patrimonio estatal y la transición al capitalismo de corte occidental. 

A las puertas de la cumbre, miles de manifestantes llegados de diferentes partes de Europa y del mundo protestan contra el modelo de planeta que proponen los líderes reunidos. Las marchas son uno de los últimos coletazos de lo que se llamó el movimiento altermundista o antiglobalización, nacido a finales del siglo pasado. Las fuertes medidas de seguridad y la presencia policial no evitan fuertes disturbios.

Dentro de la cumbre, el presidente Putin usa sus propios métodos para colocar de nuevo a Rusia en el mapa del poder internacional. “Antes de la cena, quería reunirme con los otros siete jefes de Estado y de Gobierno para tomar un aperitivo. El tiempo era bueno, podíamos sentarnos fuera. Los periodistas iban a la caza de fotos”, narra Merkel en la página 375 de sus memorias. “Sólo faltaba uno: Vladímir Putin. Esperamos y esperamos. Si hay algo que no soporto, es la impuntualidad. ¿Por qué hacía eso? ¿A quién intentaba demostrarle algo?", continúa Merkel. 

Finalmente, el presidente ruso llegó con 45 minutos de retraso. “¿Qué ha pasado?”, preguntó Merkel, casi preocupada. “Tú tienes la culpa. Más concretamente, la Radeberger”, respondió Putin. Radeberger es una marca de cerveza alemana que Putin conocía de su tiempo como agente del KGB en Dresde y que le gusta beber. Merkel decidió dejarle una caja como cortesía en la habitación de su hotel, como él mismo había pedido. “Parecía disfrutar siendo el centro de atención. Probablemente sentía mucha felicidad por haber obligado al presidente estadounidense a esperarle”, escribe la excanciller.


 

“Perdóname, Angela” 

 Putin y Merkel no se conocieron en la RDA. El primer recuerdo de un encuentro personal que la excanciller conserva se remonta a junio del año 2000, cuando ya era presidenta de la conservadora CDU. Su partido todavía estaba en la oposición cuando Putin visitó Berlín como presidente de la Federación Rusa. La primera visita de Merkel al Kremlin fue en febrero de 2002. El socialdemócrata Gerhard Schröder todavía era canciller de Alemania y Putin tendía la mano a Occidente. Un año antes, el presidente ruso había ofrecido un discurso ante el Bundestag. Recibió un aplauso prácticamente cerrado de los diputados federales alemanes. Merkel ocupaba un escaño como diputada democristiana.

En enero de 2007, Merkel visitó a Putin en su residencia privada en la ciudad de Sochi, en la costa rusa del Mar Negro. Antes de la reunión ante la prensa, el equipo de Merkel pidió al de Putin que evitase sacar a su labrador negro Koni, como ya había hecho el presidente ruso en la recepción de otros mandatarios. “Desde mi primera visita como canciller en 2006, Putin sabía que yo tenía miedo de los perros porque uno me había mordido en 1995”, cuenta Merkel en la página 380. La petición no sirvió de nada. Putin dejó entrar a Koni ante los focos de las cámaras y los flashes de los fotógrafos. 

Durante el intercambio de posiciones, el perro no sólo se paseó libremente por la sala, sino que llegó a sentarse a los pies de Merkel, quien, con gesto nervioso, intentaba mantener la calma mientras Putin dibujaba una sonrisa. “Interpreté por su expresión facial que estaba disfrutando de la situación. ¿Simplemente quería ver cómo reacciona una persona en apuros? ¿O era una pequeña demostración de poder?”, reflexiona Merkel. Preguntado al respecto, Putin dijo recientemente, 17 años después del episodio: “Perdóname, Angela. No quería causarte sufrimiento alguno”. 


‘No’ a Georgia y Ucrania 

Uno de los episodios que Merkel explica en su libro con más carga de actualidad es la cumbre de la OTAN en Bucarest de 2008. Sobre la mesa estaba la posible adhesión de Georgia y Rumanía a la alianza militar. Merkel, con el apoyo del presidente francés Sarkozy, se opuso a allanar el camino de entrada para ambos países. Y lo argumenta de la siguiente manera: “Discutir el estatus de Ucrania y Georgia sin analizar también el punto de vista de Putin fue, en mi opinión, una negligencia grave. Desde que Putin llegó a la presidencia de su país en el año 2000, hizo todo lo que estuvo en su mano para convertir de nuevo a Rusia en un actor en la escena internacional, al que nadie pudiera ignorar, especialmente Estados Unidos”. 

La entonces canciller tenía por tanto en cuenta las preocupaciones de seguridad del vecino oriental, algo que hoy puede costarle a un político alemán ser calificado de “Putinversteher” (un neologismo peyorativo que significa algo así como “comprensivo con Putin”). También puso en duda que la entrada de Ucrania y Georgia aumentara la seguridad de ambos países, así como la de la OTAN. La cumbre de Bucarest acabó sin un acuerdo sobre la posible adhesión de Georgia y Ucrania, pero la declaración final abría la puerta a su entrada “algún día”, una fórmula general que suponía una declaración de intenciones y un “reto” para Putin, argumenta Merkel. 

En un encuentro posterior, Putin le dijo al respecto: “Tú no serás canciller para siempre. Y entonces Ucrania y Georgia se convertirán en miembros de la OTAN. Y quiero evitarlo”. Merkel pensó para sus adentros que él tampoco sería presidente ruso para siempre. En diciembre de 2024, camino al tercer aniversario del inicio de la invasión rusa de Ucrania, Putin sigue gobernando Rusia con mano de hierro, mientras Merkel se pasea por platós de televisión y teatros presentando sus memorias. Hay quien se pregunta si Putin habría ido tan lejos con Angela Merkel como canciller federal alemana. Un debate estéril a efectos prácticos, porque Merkel ha cerrado para siempre su carrera política hasta el punto de que evita inmiscuirse con sus declaraciones actuales en la gestión política actual del Gobierno alemán. Lo que quedan son sus memorias.

Reseña publicada por ElDiario.es.

viernes, 29 de enero de 2021

Tres recomendaciones editoriales para entender la ultraderecha

El proyecto multimedia y multidisciplinar Epidemia Ultra, inspirado en el libro con el mismo nombre que coedité y del que formo parte como periodista, me ha pedido tres recomendaciones editoriales publicadas en castellano, que haya leído y me hayan ayudado a entender mejor el actual signo de los tiempos, marcado por el auge de diferentes ultraderechas a nivel global. Estas son mis recomendaciones:



Mucho se ha teorizado sobre las razones del actual resurgimiento de las nuevas ultraderechas en Europa y en otros continentes: la llamada socialdemocratización de los partidos conservadores fundados en la postguerra, la crisis financiera de 2008 y sus posteriores consecuencias, el hundimiento de la socialdemocracia, la propagación de la llamada postverdad en la política y la sociedad con el trumpismo como principal ariete global, la crisis de valores occidentales y así un largo etcétera. Una dimensión, sin embargo, ha sido obviada a menudo por no pocos analistas: la crisis social que lleva desgastando las clases asalariadas del mundo industrializado occidental desde hace décadas. 

El joven politólogo y periodista Sebastian Friedrich es, en mi opinión, una de las voces más lúcidas en ese análisis. Desde la tradición marxista no dogmática y antiautoritaria, Friedrich ha analizado en diversos libros publicados en alemán algunas de las consecuencias de esa crisis de lo social – precariado como clase, miedo de la clase media a la pérdida de estatus social, renacimiento del chovinismo social –. 

En La sociedad del rendimiento. Cómo el neoliberalismo impregna nuestras vidas, su primer libro editado en castellano y con la colaboración de otros autores, Friedrich analiza como esa crisis social se ha convertido en una forma de vida en su generación y posteriores, que viven instaladas en la inseguridad laboral, la mercantilización de la esfera privada y las relaciones personales, y la autoexplotación disfrazada de emprendimiento. “Junto a la explotación directa del tiempo de trabajo, el tiempo libre no sólo sirve para la reproducción de la fuerza de trabajo, sino al mismo tiempo para su optimización”, reflexiona Friedrich en uno los pasajes.



Casi cincuenta años después de su muerte, la figura de Hannah Arendt sigue generando polémica en pleno siglo XXI en la izquierda, la derecha y también en el sionismo. La filósofa, intelectual e investigadora social judía de origen alemán escribió este libro durante el juicio al que el dirigente nazi Adolf Eichmann fue sometido en Israel durante la década de los 60 del siglo pasado. 

Eichmann había sido previamente capturado en Argentina – donde se encontraba refugiado – por el servicio secreto israelí. En este informe, que combina ensayo con periodismo y reflexión sobre los orígenes psicológicos, sociales e históricos del totalitarismo, la ya entonces ciudadana estadounidense – el régimen nacionalsocialista le retiró la ciudadanía alemana que ya nunca más quiso recuperar – describe los orígenes del holocausto de corte industrial organizado y ejecutado por los nazis alemanes en colaboración con otros movimientos fascistas y totalitarios europeos. 

Arendt llega a una conclusión que sigue manteniendo plena vigencia: Eichmann, como otros muchos participantes en la aniquilación sistemática de judíos y de otras minorías y disidencias, no hizo más que cumplir órdenes, respetar y aplicar el marco legal vigente en la Alemania nazi. El mal inflingido por el fascismo alemán, lejos de tener rostro diabólico, no fue ni más ni menos que un engrasado mecanismo burocrático en el que participaron banal y obedientemente millones de personas.


La quinta Alemania. Un modelo hacia el fracaso europeo - Rafael Poch de Feliu, Carmela Negrete y Ángel Ferrero 2013. Icaria Editorial. 

"En la historia de la Europa contemporánea ha habido cinco Alemanias. La primera es la fragmentada y preindustrial Alemania anterior al siglo XIX, un mosaico multinacional que sobrevivió hasta Napoleón reivindicando una legitimidad imperial romana sin llegar nunca a ser verdadero Estado. La segunda aparece con la unificación bismarckiana posterior a la guerra franco-prusiana y se extiende bajo batuta prusiana hasta más allá de la Primera Guerra Mundial, con su crítico apéndice republicano de Weimar. La tercera Alemania fue la de Hitler y Auschwitz, un régimen de doce años particularmente trágico y nefasto que concluye con el fin de la Segunda Guerra Mundial. La cuarta es la Alemania doble de posguerra, tutelada por las potencias de la guerra fría; una mezcla de capitalismo y democracia en el Oeste, la RFA, y una mezcla de socialismo y dictadura en el Este, la RDA.” 

Esta es la tesis de este libro escrito fundamentalmente por el periodista catalán Rafael Poch, el excorresponsal del diario La Vanguardia en Moscú, Berlín, Pekín y París. Él mismo se ha presentado en diversas ocasiones como “un periodista de izquierdas en un diario de derechas”, lo que provocó finalmente a que le mostraran la puerta de salida. 

Escrito en plena crisis de deuda europea, tras el estallido de los mercados financieros internacionales y de la burbuja inmobiliaria del sur de la Unión Europea, La quinta Alemania disecciona la cara B del tan alabado modelo económico alemán y pone una primera piedra de análisis en lo que vendría después de la última gran crisis económica global de hace una década: la epidemia ultra encarnada en Trump, Bolsonaro o los diferentes partidos ultraderechistas europeos como el alemán AfD o el español VOX, entre otros.

Texto publicado en EpidemiaUltra.org.

lunes, 6 de mayo de 2019

'Epidemia ultra’: la ola reaccionaria que contagia a Europa

Las próximas elecciones europeas marcarán “el inicio de una nueva historia para Europa”. Mateo Salvini formuló esta profecía la semana pasada en una comparecencia en Budapest con el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. La capital húngara fue la última escala de una frenética campaña que el ministro de Interior italiano y líder de la Lega lleva desplegando las últimas semanas con un objetivo explícito: que las fuerzas ultraderechistas, ultranacionalistas y euroescépticas consigan convertirse en la primera fracción del Parlamento Europeo en los comicios de finales de mayo.

Salvini prefiere no hablar de una alianza de derechas, sino de una “alternativa a los burócratas”. Es su estrategia para disfrazar las posiciones de partidos como Alternativa para Alemania (AfD), la Reagrupación Nacional francesa de Marine Le Pen, el Partido Popular danés, la misma Lega italiana o el FPÖ austriaco, con profundas diferencias, pero también con puntos en común: retórica xenófoba, cierre de fronteras, ultranacionalismo, euroescepticismo, revisionismo histórico e islamofobia.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué las familias conservadora y socialdemócrata, los dos grandes actores que históricamente han controlado el Parlamento Europeo, perderán muy probablemente la mayoría absoluta de la cámara? ¿Cuáles son los perfiles de los líderes ultras? ¿Qué los une? ¿Qué los separa? El libro Epidemia ultra. La ola reaccionaria que contagia a Europa, coordinado por el politólogo  Franco Delle Donne y por un servidor, intenta dar respuestas a todas esas preguntas: 15 autores, periodistas y académicos, ofrecen en él una mirada especializada sobre 13 países tan diferentes como, por ejemplo, Italia, Polonia, Bélgica, Grecia, España y Reino Unido, entre otros.


Cuatro crisis

Todos los países ofrecen unas peculiaridades marcadas por su historia nacional, las circunstancias económicas y el contexto geográfico. No obstante, a la hora de teorizar sobre los porqués del contagio ultraderechista, parece que todos comparten una serie de factores. El politólogo Sebastian Friedrich, uno de los mejores analistas sobre el joven partido ultraderechista AfD, lo expone de la siguiente manera: “Las crisis ante las que el proyecto ultraderechista reacciona son cuatro: la del conservadurismo, la de la representación, la del capital y la social”.

Por la crisis del conservadurismo Friedrich entiende la incapacidad de la democracia cristiana y las fuerzas conservadoras de postguerra para mantener la totalidad del votante tradicional a causa de una cierta “socialdemocratización” del discurso (que no de sus políticas); la crisis de la representación hace referencia al concepto de postdemocracia, es decir, la sensación que cunde en una parte del electoral de que las recetas económicas ya están escritas al margen del resultado que arrojan las urnas; la crisis del capital apunta a la crisis del capitalismo en su actual estadio neoliberal; y, para acabar, la crisis social señala las crecientes desigualdades económicas y el impacto en las clases asalariadas generado por la recesión global y la crisis financiera de la última década.

A pesar de estos factores comunes, las diferencias entre países también son destacables. Austria, por ejemplo, es el escenario de “la ultraderecha europea de primera hora", como titula el periodista Juan Carlos Barrena su capítulo dedicado a este país. Lo gobiernos de Gran Coalición con los que democristianos y socialdemócratas austriacos han gobernado buena parte de la historia reciente del país han banalizado el debate político impulsando al FPÖ, un partido de raíces nazis que hoy gobierna en coalición con los conservadores del Partido Popular Austriaco de Sebastian Kurz.

Bélgica, dividida identitaria y lingüísticamente, ofrece un patrón bien diferente. Las dinámicas nacionalistas internas se combinan con el centro de poder de la UE en Bruselas, que atrae a figuras como Steve Bannon, antiguo asesor de Donald Trump y fundador del think tank The Movement, con el cual financia y asesora al frente ultraderechista europeo. Por eso Bélgica puede ser considerada “el laboratorio” de la epidemia ultra que amenaza a todo el continente. Prácticamente ningún país está ya a salvo. La llegada de Vox al tablero político español es el último ejemplo.

Las próximas elecciones europeas amenazan con convertirse en un punto de inflexión en la historia de la UE de consecuencias todavía difícilmente predecibles. El analista político Raúl Gil lo explica gráficamente en su prólogo para Epidemia ultra: "La identidad europea fue herida de muerte en los años de la crisis económica y las políticas de austeridad. Una herida infectada por el nacionalismo, que está empezando a afectar a los órganos vitales”.

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Puedes comprar Epidemia ultra en papel o en formato en digital en el siguiente enlace: https://www.amazon.com/dp/109373485X

Este libro es un proyecto autogestionado y autoeditado, así que tú apoyo nos ayudará a seguir ofreciéndote análisis e información que no encontrarás en otros medios y que te permitirán entender mejor el mundo en que te ha tocado vivir.

domingo, 6 de enero de 2019

Emigrar no es fácil

Hay quien emigra por amor y quien lo hace por desamor; hay quien deja su tierra por necesidades económicas o en busca de cumplir sus sueños más personales y ocultos; hay quien llega a otro país huyendo de la violencia o de un contexto hostil con lo diferente, y también con la esperanza de encontrar un espacio individual, legítimo e intransferible de paz y libertad. 

Independientemente de la razones que esconda cada caso, hay una verdad irrebatible: no encontrarás dos historias migratorias idénticas. Cada inmigrante tiene la suya, con sus alegrías y sus miserias, sus aprendizajes y sus golpes, sus aciertos y sus errores. 

No hagas caso de lo que dicen por ahí: emigrar no es fácil. Suele ser una experiencia traumática, marcada por momentos de soledad, indecisión y miedo. Pero también es un intenso proceso de aprendizaje, en el que se suceden escenarios y personas que nunca se te habrían cruzado en la vida que vivías en aquella ciudad o aquel pueblo que te vio nacer, crecer y despedirte. 

Emigrar suele ser un trance ligado a aprender un idioma ajeno, a escuchar nuevos acentos, a probar sabores y olfatear olores desconocidos, y también a enfrentarte con puntos de vista que te pueden obligar a replantearte aquellas opiniones que un día consideraste innegociables. No se me ocurre, de hecho, mejor jarabe contra la ortodoxia y el dogmatismo que vivir en otro país por un tiempo lo suficientemente largo para poder tomar perspectiva de tu origen y también de ti mismo. 

Durante los años más duros de la crisis tuvimos que escuchar a políticos hipócritas defender públicamente, con cinismo y sin sonrojo, las ventajas de emigrar a la aventura. Al fin y al cabo, lo que está fuera no molesta, o por lo menos molesta menos, y el desempleo y la precariedad vital hacía tiempo que estorbaban demasiado en las Españas. También proliferaron películas y series de televisión sobre la nueva migración española. No malgastaré ni una sola línea en citar los títulos. No merecen la tinta ni el espacio. 

Aquellos políticos, directores y guionistas no sabían nada de emigrar. Y se notaba, porque fueron incapaces de ocultar esa ignorancia en sus discursos, en sus películas. Podrían haber enmendado esa falta de conocimiento acudiendo a la fuente primaria de su objeto de deseo: los propios emigrantes. No tuvieron, al parecer, el tiempo. O simplemente les faltó el interés. 

Por fortuna, hubo y hay proyectos que ayudaron y ayudan a construir una narrativa pública, a veces incómoda y siempre realista sobre los retos, las dificultades, los fracasos y las victorias de la nueva inmigración. El ya mítico blog Berlunes fue uno. El libro que tienes entre las manos es otro. 

Patas arriba es la historia de Paloma Lirola, nada más y nada menos que su experiencia migratoria única contada por ella misma. Sin edulcorantes ni concesiones, con un buen puñado de imprescindible humor y a través de la voz propia de quien conoce de primera mano las alegrías y las miserias, los aprendizajes y los golpes, los aciertos y los errores de una emigrante española en Berlín.



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Este texto es el prólogo de Patas Arriba, el primer libro de la show woman Paloma Lirola. Lo puedes adquirir en el siguiente enlace.

viernes, 1 de diciembre de 2017

El 'Factor AfD‘ o el síntoma de que algo se rompe

Alternativa para Alemania (AfD) ha cambiado la realidad política de Alemania. El surgimiento y establecimiento del partido alemán de ultraderecha más exitoso desde 1949 supone un cambio de paradigma político para el país más poblado, rico y poderoso de la Unión Europea. La actual incapacidad de formar gobierno por parte de los principales partidos alemanes es una muestra de ello. Alemania está descubriendo un escenario que hasta ahora le era desconocido: el de la inestabilidad política.

AfD fue fundada en 2013. En aquel momento, pocos habrían podido imaginar que un partido "nacional, liberal y conservador" podría realmente abrirse paso a la derecha de la CDU-CSU capitaneada con mano de hierro por la todopoderosa Angela Merkel. La realidad es que la sola presencia del partido ultraderechista en el Bundestag (en el que es la tercera fracción más grande) condiciona toda la política de Alemania, que hoy es un país más vulnerable, más inseguro, más rodeado de incertidumbres.

El reciente fracaso de conversaciones exploratorias para formar un gobierno federal como el de la Jamaika Koalition (CDU-CSU, FDP y Los Verdes) deja la sensación de que, sin AfD en el parlamento federal, ese inédito ejecutivo de coalición habría sido posible. Pero los ultras de AfD han demostrado durante los últimos dos años que es un partido capaz de pescar votos en todos los caladeros políticos del país. Su 12,6% de votos en las pasadas elecciones federales del 24 de septiembre da cuenta de ello. Y el resto de partidos parece tomar cada una de sus decisiones (o no decisiones) con un ojo puesto en el fantasma ultraderechista, que hoy en Alemania tiene 92 diputados en el Bundestag. AfD paraliza, osbtaculiza o condiciona al resto de actores del tablero político germano.

AfD es un fenómeno transversal, es el primer partido de ultraderecha alemán que recibe un apoyo relevante entre electores que tradicionalmente no habían votado ultra. Eso es precisamente lo que hace temblar las piernas al establishment político de un país con la historia moderna de Alemania. El ultranacionalismo político ha dejado de ser un fenómeno extraparlamentario en Berlín y ello supone la ruptura del consenso de posguerra nacido en Alemania sobre las cenizas todavía humeantes del desastre de la Segunda Guerra Mundial

El 'Factor AfD' genera vértigo en Alemania, un país cuya estabilidad parecía indiscutible hace tan sólo unos años. Y más vértigo generan aún las incertidumbres que llenan el futuro cercano de un proyecto como la Unión Europea, con una nueva crisis financiera, un recrudecimiento de la crisis de deuda del euro o el ascenso de la ultraderecha en otros países de la unión como Francia, Holanda, Hungría, Polonia o los países escandinavos nublando el horizonte. 

Franco Delle Done y un servidor lo vimos venir y lo advertimos en Factor AfD. El regreso de la ultraderecha Alemania, un libro por el que muchos no dieron ni un duro en su momento y que, lamentablemente, está validando su tesis: AfD no es más que un síntoma de que algo se ha roto en el sistema político alemán, de que algo ya no está funcionando en la Unión Europea, de que la política tradicional, y especialmente una izquierda con un proyecto colectivo verosímil y verdaderamente alternativo al omnipotente dogmatismo neoliberal, debe reaccionar antes de que sea demasiado tarde.


viernes, 12 de mayo de 2017

‘Factor AfD’: cómo la nueva ultraderecha podría influir a Alemania

“¿Y si AfD tiene razón?”. Con esta pregunta nada ingenua y también algo provocativa titulaba recientemente el semanario Die Zeit un excelente artículo sobre el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, en sus siglas en alemán), una formación de poco más de cuatro años de edad que, si no hay sorpresas de última hora, entrará en el Bundestag tras las elecciones federales del próximo 24 de septiembre. 

El artículo publicado por el semanario conservador y referencial busca las razones por las que un partido de posiciones hipernacionalistas, islamófobas y euroescépticas es apoyado actualmente, según la mayoría de encuestas de intención de voto, por alrededor de un 9% de la población alemana. Un enfoque que habría sido difícilmente imaginable hace un par de años en una publicación como Die Zeit; y es que hasta hace bien poco, AfD era más bien objeto de mofa o rechazo en el espacio público alemán más que de un análisis riguroso y sistemático. 

A falta poco más de cuatro meses para las elecciones federales, y a la vista de que AfD sigue luchando por convertirse en la tercera fuerza más votada, la prensa alemana comienza a preguntarse seriamente hacia dónde va la nueva ultraderecha y, de paso, hacia dónde se podría dirigir el país más poderoso de la UE con un partido netamente ultraderechista con facción propia dentro del Bundestag, una situación prácticamente inédita desde la fundación de la República Federal de Alemania en 1949.  

Incómodo espejo 

AfD es el reflejo de una Alemania hipernacionalista, xenófoba y antieuro que sí que existe, un incómodo espejo al que el establishment del país más rico y poblado de la UE ha intentado evitar mirarse durante los últimos años (marcados por la crisis de deuda europea y por la llegada de cientos de miles de refugiados), pero que se hace cada vez más inevitable de afrontar a medida que se van acercando unas elecciones federales en las que Angela Merkel aspira a la cuarta reelección como canciller. 

Tras el congreso celebrado en 2015, que supuso la derrota y el abandono del partido de Bernd Lucke, exlíder y cofundador de una formación nacida desde posiciones euroescépticas y neoliberales para avanzar hasta el ultraderechismo, la mayoría de politólogos, analistas y periodistas del país dieron por muerta y enterrada a AfD. La realidad se encargó de enmendar ese vaticinio: actualmente, el partido ya está presente en 12 de los 16 parlamentos regionales del país y apuntan irremediablemente al Bundestag. 

Melanie Amann, reportera del semanario Der Spiegel especializada en AfD y autora del libro recientemente publicado Angst für Deutschland (Miedo por Alemania), reconoce que también erró en sus pronósticos sobre el joven partido ultraderechista. Amann siguió de cerca el último congreso de AfD, celebrado el pasado mes de abril en Colonia, y que tumbó el hasta hace bien poco indiscutible liderazgo de Frauke Petry. El congreso se desarrolló como era de esperar: el partido salió aún más radicalizado tras la derrota de la fracción más pragmática y relativamente moderada encabezada por Petry. 

Pese a las constantes disputas internas que han acompañado a AfD prácticamente desde su fundación, Amann considera que la formación difícilmente se descompondrá hasta las elecciones de septiembre, como apuntan algunos medios alemanes que parecen más interesados en enterrar a la formación ultraderechista que en explicar honestamente las razones de su avance electoral. “El partido sigue siendo unitario y Petry sabe cuánto trabajo supone levantar una formación política. También sabe lo que ocurrió con Bernd Lucke. Si te quedas fuera de AfD, te quedas fuera del partido y te conviertes en una figura irrelevante”, analiza la periodista de Der Spiegel

El análisis de Amann apunta a un aspecto fundamental para entender AfD y su futuro cercano: el partido ultraderechista no necesita un líder indiscutible e incuestionable para sobrevivir a corto plazo. AfD no tiene una clara cabeza visible, sino que es más bien un fenómeno político multidimensional que cataliza un malestar social un tanto amorfo y difícil de describir, pero fácilmente detectable en una parte nada despreciable de la sociedad alemana que está cansada de los partidos tradicionales y parece ávida de una enmienda a la totalidad del estado de las cosas desde posiciones “políticamente incorrectas”, ultraconservadoras e hipernacionalistas. 

Ese malestar social se expresa políticamente a través del voto de AfD, un partido que ya ha tumbado a dos líderes que parecían intocables (Lucke y Petry) y que se autoalimenta electoralmente sin la necesidad de figuras mesiánicas y pese a las constantes disputas internas. De su congreso de Colonia, AfD salió con una candidatura encabezada por el nacionalconservador Alexander Gauland y por Alice Weidel, una ultraliberal abiertamente lesbiana. “Se trata de una elección estratégica. Alice Weidel es una economista homosexual que puede tener un gran impacto en las clases medias, pero con una retórica muy agresiva que también puede alcanzar posiciones muy derechistas; Alexander Gauland es un antiguo miembro de la CDU y, por tanto, una figura con la que los conservadores alemanes fácilmente se pueden identificar”, asegura Timo Lochocki, politólogo e investigador de la German Marshall Fund

Con el freno en seco de las aspiraciones de Petry, que había acumulado demasiado poder e incomodaba a las bases, y el establecimiento de una candidatura coral para las próximas elecciones federales, AfD demuestra que las posiciones ultraderechistas no están reñidas con la sagacidad política en Alemania, cuyo tablero político hace tiempo dejó de ser inmune al avance de la extrema derecha que está sufriendo buena parte de Europa. 

Posibles consecuencias 

Llegados a este punto, vale la pena hacerse las siguientes preguntas: ¿qué consecuencias tendrá para Alemania la más que probable entrada de AfD en el Bundestag el próximo septiembre? ¿Cómo podría afectar el llamado ‘factor AfD’ al país más poblado, rico y poderoso de la UE? 

En primer lugar, la llegada de los ultraderechistas al Parlamento federal alemán tendrá un impacto numérico: el próximo Bundestag será, con casi seguro seis fracciones, muy probablemente el más fragmentado de la historia reciente de Alemania. Ello dificultará aún más la formación de gobiernos de coalición. A día de hoy, y con las actuales encuestas de intención de voto sobre la mesa, la única coalición verosímil es la reedición de la Gran Coalición de conservadores y socialdemócratas. Una que alimenta el discurso de que los dos grandes partidos son iguales, que banaliza el siempre necesario debate político y que refuerza las tesis de la antipolítica defendidas por AfD. 

En segundo lugar, con los dos pies dentro del Parlamento federal, AfD podrá marcar aún más claramente la agenda que ya hace meses que viene haciendo con una comunicación política agresiva y con radicales campañas canalizadas fundamentalmente a través de Internet. No en vano, AfD es el partido alemán con más seguidores en Facebook, por delante incluso de las dos principales formaciones del país, la CDU de Angela Merkel y el SPD de Martin Schulz, los dos únicos candidatos con posibilidades reales de alcanzar la cancillería tras las próximas federales. Sin estar presente en el Parlamento federal, AfD hace tiempo que tematiza asuntos incómodos para el resto de partidos. Desde dentro del Bundestag, esa posición muy probablemente se acentuará, aún más si los ultras son al final el tercer partido más votado y lideran la oposición parlamentaria. 

Y en tercer lugar, la entrada de AfD en Bundestag sentará un simbólico y nada halagüeño precedente: la ultraderecha volverá a la política federal alemana por primera vez en las últimas siete décadas tras superar la barrera electoral del 5%. La mítica frase del padre de los socialcristianos bávaros, Franz Josef Strauss (“A la derecha de la CDU-CSU no puede haber ningún partido democráticamente legitimado en Alemania”), pasará así a la historia gracias a una transversalidad política que la ultraderecha alemana hasta ahora había sido incapaz de alcanzar en la historia de la República Federal: AfD recibe el apoyo de antiguos votantes de prácticamente todos los partidos políticos establecidos, del abstencionismo y también de nuevos electores. 

¿Supondrá la llegada de AfD al Bundestag un cambio de paradigma en el tablero político alemán? La entrada de un partido ultra en Parlamento federal de Alemania, opina el politólogo Timo Lochocki, generará un debate dentro de los dos grandes partidos del país (CDU y SPD) sobre su futura orientación ideológica y su comunicación política para recuperar los votos perdidos que han recalado en AfD. Lochocki opina que un crecimiento mantenido de AfD podría incluso desembocar en posibles futuras coaliciones entre la CDU y AfD, lo que supondría un claro giro a la derecha de Alemania. 

En todo caso, y a corto plazo, la entrada de los ultraderechistas en el Bundestag impedirá una coalición alternativa de centroizquierda conformada por los socialdemócratas del SPD, los poscomunistas de La Izquierda y los ecoliberales de Los Verdes. La Gran Coalición parece estar así ya más que sellada para la próxima legislatura. Una reedición de un Gobierno entre los dos grandes partidos alemanes que muy probablemente reforzará la estrategia dialéctica de AfD: los ultras seguirán presentándose (con probable éxito electoral) como la única oposición real dentro del país más poderoso y rico de la UE. 

Análisis publicado en el portal Esglobal.org.


Este artículo se enmarca en la preparación de El retorno de la ultraderecha a Alemania, el primer libro en castellano sobre el partido ultra AfD, que estoy coescribiendo con el politólogo Franco Delle Done. Puedes apoyarnos en este enlace: https://libros.com/crowdfunding/el-retorno-de-la-ultraderecha-a-alemania/

lunes, 9 de enero de 2017

Los recuerdos olvidados de un exlíder neonazi alemán

“Políticos y personalidades de la industria del entretenimiento, todos ellos acabarían en un campo de concentración. Todos los canales de televisión serían cerrados y sólo quedaría propaganda sin su venenosa influencia. En su lugar, un canal del Reich. Enemigos del Estado, discapacitados y asociales serían deportados a un campo de concentración. También skinheads como yo, de los cuales ahora el partido se servía, gente para la que mi banda actuaba. Gente como yo. ¿Tendría entonces que dejarme crecer el pelo y convertirme en un mamarracho más del partido? ¿O quería seguir siendo quien yo era?”. 

Este es un párrafo escrito por un antiguo líder neonazi alemán, por un exmilitante del Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD), por un antigua estrella de la escena musical ultraderechista europea. Es uno de los párrafos con los que Achim Schmid explica en su libro Recuerdos olvidados. Una joven vida en la extrema derecha las constantes contradicciones a las que se tenía que enfrentar alguien que militó en el neonazismo alemán y que al mismo tiempo tocaba en bandas de música Oi! y rock radical para skinheads. 

El exlíder de la sección europea de Ku-Klux-Klan, arrepentido de su pasado racista, supremacista y nacionalsocialista, se abre ahora en canal para que los lectores intenten entender qué llevó a un joven alemán como él a convertirse en una de las referencias de la ultraderecha europea. Y también para encontrar caminos hacia la autoayuda. 

“Para mi este libro fue algo más que una terapia. Cuando se escribe algo así, hay que mirar muy hacia atrás en el tiempo, buscar procesos que me marcaron durante mi infancia y mi juventud, y entender qué me llevó a hacer aquello”, cuenta por teléfono Achim Schmid desde su actual residencia en Estados Unidos. “En la escena de la extrema derecha, no todos son personas con un bajo coeficiente intelectual, sino que también hay personas muy inteligentes. En aquella época me alegraba de tener ese tipo de gente en nuestras filas; hoy me pregunto cómo pudieron llegar a militar en el neonazismo”. 

Radiografía del neonazismo 

Achim Schmid ha cambiado radicalmente. Eso es algo que quiere dejar meridianamente claro desde el mismo inicio de la conversación telefónica que mantiene con este periodista. Asegura que hoy es un hombre diametralmente diferente de aquel que comenzó a militar en diferentes partidos y movimientos nacionalsocialistas a principio de la década de los 90 del siglo pasado. 

Schmid, autoexiliado en Estados Unidos por motivos de seguridad personal, radiografía con su libro la escena del neonazismo alemán, europeo y estadounidense. Lo hace sin eufemismos e intentando que el lector se ponga en la piel de aquel joven desorientado que buscó cobijo y sentido a la vida hace más de 25 años en el ultraderechismo racista. 

“¿Dónde se empieza realmente a ser de derechas? ¿Y a partir de cuándo se comienza a ser radical de derechas?¿O ultraderechista? Para el ciudadano normal estos últimos son conceptos apenas separables. Para gente situada fuera del movimiento, la realidad de los neonazis es absolutamente impenetrable”. 

Este el tipo de preguntas y reflexiones que el lector encontrará en el libro. El exlíder neonazi explica con todo detalle cómo funcionan los círculos de la extrema derecha, cómo se entra y se asciende en ellos, cuáles son los mecanismos de atrincheramiento ideológico y de reclutamiento, cómo funciona la propaganda parda en la que la música juega un papel fundamental, por qué surgen los enfrentamientos entre las llamadas Viejas Derechas, herederas de las posturas clásicas del nacionasocialismo derrotado en la Segunda Guerra Mundial, y las Nuevas Derechas, reorganizadas tras la reunificación de Alemania y con referencias culturales y musicales más sofisticadas

El relato está además plagado de detalladas descripciones sobre la cotidianidad de un militante neonazi: el alcohol, la violencia, las estrecheces económicas, el rechazo social, las amenazas, la música como válvula de escape, la tentación de desaparecer en la clandestinidad terrorista neonazi, la absoluta ruptura con la vida anterior y con los círculos familiares, la revolución vital que supone invertirlo todo en la causa nacionalsocialista y en la descabellada lucha diaria en defensa de la pureza de la raza blanca. 

Violencia como punto de inflexión 

Después de casi dos décadas de ciega militancia y de fiel activismo ultraderechista, en el año 2002 Achim decidió dar el paso definitivo para desconectar del neonazismo. Uno de los puntos de inflexión que le llevaron a tomar esa decisión fue una escena vivida durante un concierto neonazi en Dinamarca en el que Schmid tocó con una de sus bandas: “Yo ya había visto mucha violencia. Debido al alcohol, y empujados por la música y los camaradas, la violencia era común. Pero cuando vi a ese joven danés tumbado sobre su propia sangre, observado desde arriba de forma ignorante por su contrincante, entonces empecé a reflexionar. Yo no quería algo así. Ni me quería sentir responsable de ello, ni tampoco lo quería poner en práctica. Pero me negaba a abrir los ojos. Estaba demasiado atrapado en la espiral del odio. El odio era un fin en sí mismo”. 

Achim nunca llegó a saber si aquel joven danés, golpeado hasta la saciedad por un cabeza rapada, salvó su vida o acabó muriendo por la paliza recibida. El exmúsico ultraderechista salió de aquella sala de conciertos danesa con un cambio fundamental en su mente: aquella imagen de violencia gratuita supuso el inicio del fin de su apoyo incondicional al supremacismo blanco. Un cambio mental que finalmente desembocó en su abandono del neonazismo militante, y que también dio pie a la escritura del libro con el que hoy cuenta su historia. 

Pero la decisión de abandonar el ultraderechismo es a menudo insuficiente: el proceso suele ser lento y muy complejo, y a veces fracasa. Los “camaradas” sustituyen a la familia, porque los círculos neonazis funcionan al fin y al cabo como un secta que ofrece soluciones sencillas a problemas vitales complejos. “Cuando uno queda atrapado en el mundo ideológico de la extrema derecha, se hunde en él cada vez más. Es como si se estuviera en arenas movedizas. Y como ocurre en las arenas movedizas, cada reacción procedente del exterior te hunde cada vez más profundo”, escribe Achim. 

El miedo es otro de los frenos para los que quieren abandonar la militancia parda, porque los ultraderechistas que deciden sacrificar su vida a la causa nacionalsocialista se ven solos tras abandonar la militancia: fuera de los círculos radicales no suelen tener contactos, trabajo ni amigos. Fuera del neonazismo simplemente les espera la más absoluta de las nadas. 

La asociación EXIT conoce bien esas trabas psicológicas y sociales. Esta asociación no gubernamental alemana trabaja desde 2000 ayudando a militantes ultraderechistas a dejar los círculos del odio supremacista para comenzar una reintegración social. 

El criminalista Bernd Wagner, presidente y fundador de EXIT en Alemania, sabe bien cuán complicado es conseguir que gente como Achim Schmid consiga el objetivo de abandonar exitosamente ese mundo: “La puerta de salida es al mismo tiempo la puerta de entrada. Y uno no puede quedarse en el umbral. Hay que cruzarlo para abandonar esa dimensión y entrar en una completamente nueva”. Desde su fundación, EXIT ya ha conseguido liberar a más de 500 exmilitantes neonazis.



Militancia asesina 

La militancia a la que Achim Schmid perteneció obedientemente durante más de dos décadas es algo más que un simple puñado de biografías destrozadas por el odio nacionalsocialista y la ideología supremacista blanca. El neonazismo militante en Alemania mata: la violencia ultraderechista ha asesinado a casi 180 personas desde 1990. Así lo documenta la Fundación Amadeu Antonio, organización que trabaja contra el racismo y el antisemitismo. Desde palizas hasta tiros en la cabeza: la lista de víctimas mortales y de heridos sirve para recomponer lo que es un auténtico fenómeno terrorista neonazi que a menudo es presentado por medios y políticos como meras expresiones violentas aisladas. 

Mapa de las agresiones mortales en Alemania desde 1990:



La célula NSU (siglas en alemán para Clandestinidad Nacionalsocialista) fue la última de las organizaciones terroristas neonazis que salió a la luz: con una más que probable amplia estructura de apoyo social, la NSU asesinó a nueve ciudadanos de origen extranjero y a una agente de policía, ejecutó atentados con bomba y atracó bancos. Hace unos años, la fiscalía alemana llamó declarar a Achim Schmid por su presunta conexión con la célula terrorista, una conexión que él siempre ha negado rotundamente.

“Creo que es un error negar realidades evidentes. Alemania es un país de migración desde la década de los 60. Y eso alimenta evidentemente a la extrema derecha. Pero la política se niega a reconocer ciertos procesos”, lamenta Schmid al otro lado de la línea telefónica. El exlíder neonazi detecta un problema de doble filo en su país de origen: por una parte, la clase política alemana no quiere reconocer la existencia de una militancia neonazi estructural, y por otra, a las élites también les cuesta aceptar que la migración genera conflictos de convivencia que deben ser abordados abiertamente, sin tabús.

Esa dinámica negacionista parece haber contribuido a la aparición de un nuevo actor en la extrema derecha germana: el joven partido Alternativa para Alemania (AfD) supone un punto de inflexión, un cambio de paradigma en la organización, la comunicación política y la proyección electoral de las llamadas Nuevas Derechas alemanas.

Achim Schmid lo tiene claro: “AfD es un partido populista de derechas con tendencias ultraderechistas”. Y muestra una diferencia fundamental con respecto a los círculos en los que Schmid militó: AfD muestra una capacidad aglutinadora y una transversalidad social que el neonazismo nunca tuvo por presentarse ante el conjunto de la sociedad de forma demasiado radical. “La situación de hoy me recuerda mucho a la de la República de Weimar. Y todos sabemos lo que ocurrió tras la República de Weimar”, reflexiona el autor de Recuerdos olvidados. Una joven vida en la extrema derecha.

Al primer libro de Achim Schmid seguirán dos más; en las dos próximas entregas, el exlíder neonazi alemán explicará las dificultades que tuvo para abandonar el neonazismo y el proceso de reconstrucción vital que siguió a ese complejo proceso. Su objetivo es claro: “Si con ello consigo que una sola persona pueda abandonar esa ciénaga parda de la que yo salí, si con ello puedo evitar que más personas giren hacia la extrema derecha o que alguien de centro o de izquierdas busque el diálogo con alguien que se está perdiendo a la deriva hacia el ultraderechismo, entonces yo ya he ganado”.

Reportaje publicado en El Confidencial.

viernes, 16 de diciembre de 2016

'Spanienkämpfer': los otros alemanes que lucharon en España

Karl Popp tenía 25 años cuando decidió dejarlo todo y marcharse a España. Corría septiembre de 1936. La Guerra Civil acababa de estallar y este miembro de la minoría alemana de Checoslovaquia no dudó ni un minuto en sumarse a los miles de brigadistas internacionales que defendieron con las armas a la República española. Fue uno de los más de 50.000 extranjeros que combatieron por el orden republicano, de los cuales alrededor de 3.500 eran alemanes. Ninguno de estos últimos ha podido llegar vivo al 80 aniversario de la fundación de las Brigadas Internacionales, que se celebró este mes de octubre. Sin embargo, un grupo de descendientes y voluntarios luchan ahora desde Alemania para que la memoria de aquellos interbrigadistas no se pierda por el sumidero de la historia. 

“Cuando comenzaron los combates el 18 de julio, probablemente todo antifascista en Europa sintió una estimulante esperanza, pues aquí se levantaba, al parecer y por fin, una democracia contra el fascismo”. Con esta frase atribuida a George Orwell comienza el tomo de más de 500 páginas que recoge las biografías de cientos de voluntarios alemanes que lucharon en defensa de la República: “Sie werden nicht durchkomen. Deutschen an der Seite der Spanischen Republik y der sozialen Revolution” (“No pasarán. Alemanes en defensa de la República española y la revolución social”).

Publicado en 2015, se trata del estudio más amplio y sistemático de las historias individuales que conformaron el fenómeno de los interbrigadistas alemanes o Spanienkämpfer (combatientes de España), como se los conoce en Alemania. Un libro que habría sido imposible sin el trabajo de recuperación de memoria histórica realizado por la asociación alemana KFSR, acrónimo de Combatienes y Amigos de la República Española, de la que hoy forma parte la hija de Karl Popp. 

“Él siempre me decía que no vio otra posibilidad de aplastar las tendencias que despreciaban la dignidad humana en la década de los 30”. Así responde Karla Popp cuando se le pregunta sobre las razones de su padre para embarcarse voluntariamente hacia una guerra en un país por aquel entonces lejano y desconocido. Como en el caso de muchos otros jóvenes de la Europa central de entreguerras, la biografía de Karl Popp lo abocó a luchar en la Guerra Civil española: joven desempleado sin perspectivas, miembro del Partido Comunista de Checoslovaquia y consciente de las tendencias fascistas que amenazaban a su tierra, asumió como propia una sentencia que marcó aquella generación: “Sólo por Madrid podremos volver a Alemania”. 

La venganza del estalinismo 

Karl Popp en una foto cedida por su familia.
Pocas semanas después del inicio de la contienda, Karl Popp se integró en el Batallón Thälmann, cuyo nombre rendía homenaje al comunista alemán Ernst Thälmann, que acabaría fusilado en el campo de concentración de Buchenwald en 1944 tras 11 años de reclusión. Karl alcanzó rango militar de teniente. Dejó el frente tras caer herido en la Batalla del Jarama para abandonar definitivamente España en agosto de 1938 camino de Checoslovaquia. Nunca más volvió a pisar tierra española.

Tras la ocupación por la Alemania hitleriana de los Sudetes natales de Karl, el interbrigadista se encamina al exilio inglés en febrero de 1939. En Inglaterra trabaja como obrero en un fábrica y también como maestro de niños de otros refugiados políticos. Vuelve a Checoslovaquia tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Finalmente, en enero de 1946, se instala en la Alemania ocupada por las tropas soviéticas y contribuye a fundar en 1949 la oriental y socialista República Democrática Alemana (RDA). 

El escritor inglés Eric Blair, conocido mundialmente por su seudónimo George Orwell, fue uno de los máximos exponentes de un fenómeno común entre los interbrigadistas que lucharon en la Guerra Civil española: la evolución desde el antifascismo al antiestalinismo. Pero George Orwell no fue el único. Muchos otros nombres que no pasaron a los anales de la historia fueron testigos y participes de la llamada “guerra dentro de la guerra”: es decir, del enfrentamiento entre fuerzas comunistas de derechas, con el estalinismo como principal baluarte, y milicias libertarias y revolucionarias de izquierdas, encabezadas por el trotskismo y el anarcosindidalismo. Un enfrentamiento que llegó a derramar sangre, como durante los conocidos como hechos de mayo en la Barcelona de 1937. Combates que desembocaron en purgas y desapariciones de líderes declaradamente antiestalinistas, como el catalán Andreu Nin. 

Karl Popp también sufrió en sus carnes el totalitarismo de la RDA, un Estado que fue inequívocamente estalinista hasta la muerte del dictador soviético en 1953 y que nunca perdió el carácter autoritario hasta su hundimiento en 1989 pese al llamado proceso de desestalinización. “La realidad no era como los sueños, tampoco en la RDA, y menos en sus inicios”, asegura Karla Popp con cierto desencanto en los ojos que parece haber heredado de su padre. “Evidentemente, el nuevo Estado tenía que asegurar su supervivencia. Pero sí, aquello era estalinismo. Y los antiguos interbrigadistas lo vivieron en sus propias carnes”. 

Karla cuenta, por ejemplo, como su padre se alistó en la policía del nuevo Estado socialista alemán, pero también que posteriormente fue expulsado cuando los servicios secretos del régimen descubrieron el periodo que había pasado en Europa occidental. En plenos inicios de la Guerra Fría, eso lo convertía automáticamente en sospechoso para la paranoia estalinista. Karl fue rehabilitado rápidamente y pasó a formar parte del ejército germanooriental. Otros antiguos interbrigadistas alemanes no corrieron la misma suerte. Fue el caso de Franz Dahlem, quien fue cesado de sus cargos políticos bajo la sospecha de ser un “agente sionista” en un proceso marcado por el antisemitismo tan del gusto de Stalin. Otros antiguos interbrigadistas, como el escritor berlinés Alfred Kantorowicz, incluso se vieron obligados a buscar asilo político en la Alemania occidental por su insistencia de poner en duda los dogmas estalinistas. 

Memoria viva que se extingue

Homenaje a los interbrigadistas alemanes en Berlín, en octubre de 2016 (Fuente: KFSR).
Conservar la memoria y los valores antifascistas de los alemanes que decidieron luchar contra Franco. Esa la principal labor que cumple hoy la KFSR, según su presidenta, Kerstin Hommel. “Eso valores son hoy más relevantes que nunca, atendiendo a las tendencias fascistas que vemos actualmente no sólo en Alemania, sino también en el resto de Europa”, asegura Hommel. Partidos ascendentes como el Frente Nacional en Francia o AfD (Alternativa para Alemaniaencarnan en su opinión nuevas formas de derechismo autoritario que rayan con el fascismo contra el que lucharon miles de voluntarios alemanes en la década de los 30 del siglo pasado. 

Cuando en España se habla de memoria histórica y cultura del recuerdo, Alemania suele aparecer como el gran ejemplo. Kerstin Hommel, sin embargo, tiene sus reservas: “Desde 1945 hasta hoy, no se puede decir que en Alemania tengamos un Estado con una cultura de recuerdo antifascista”. La presidenta asegura que las instituciones germanas no honran a todos los alemanes que lucharon contra el fascismo. Como ejemplo de esa memoria fallida y selectiva pone la berlinesa Spanische Alle (Avenida Española), nombrada así por el régimen de Hitler en 1939 para conmemorar a los soldados alemanes de la Legión Cóndor que lucharon contra el orden constitucional republicano y en apoyo a a los militares sublevados. Esa avenida ha mantenido ese nombre hasta hoy. 

Otto Hirschmann fue el último interbrigadista alemán. Murió en Estados Unidos el 10 de diciembre de 2012. Según cálculos de la KFSR, actualmente aún viven unos 15 exbrigadistas de diversas nacionalidades repartidos por todo el mundo. La memoria viva de aquel grupo de voluntarios está, por tanto, a punto de extinguirse. 

Karla Popp tiene hoy 67 años. Ni siquiera puede decir cuándo supo por primera vez que su padre había luchado por la República española. Fue algo con lo que creció en casa, que siempre tuvo presente. Cuando cumplió los 20 años, comenzó a pasar largas sesiones con su padre: en ellas, Karl Popp le dictaba sus recuerdos de España mientras ella los pasaba al papel. De esa manera, la hija de Popp reconstruyó la biografía de un interbrigadista que, de otra manera, hoy ya habría desaparecido. 

El mismo trabajo desinteresado de decenas de personas como ella ha permitido la conservación de cientos de biografías de interbrigadistas alemanes. Miles de documentos oficiales transportados de España a Moscú tras el fin de la Guerra Civil, archivos de los servicios secretos de la desaparecida RDA, memorias personales, libros, diarios de guerra y cartas familiares. Todos esas fuentes han servido para reconstruir las miles de vidas anónimas que conformaron las Brigadas Internacionales. “Ahora tengo que ocuparme más intensamente de la vida de mi padre”, asegura Karla, consciente de que el tiempo se le agota y de que ella forma parte de la última generación que tuvo contacto directo con aquellos hombres para los que España fue sinónimo de esperanza.

Reportaje publicado en El Confidencial.

martes, 23 de febrero de 2016

“¿Es el Deutsche Bank una asociación criminal?”

Pérdidas récord de 6.800 millones de euros en 2015, escándalos financieros y litigios que se acumulan (con sus correspondientes gastos millonarios) sin aparente fin, el valor de las acciones en caída libre desde hace semanas en la Bolsa de Fráncfort y un daño a la imagen empresarial de Deutsche Bank difícilmente reparable. 

Analistas y medios alemanes no tienen duda: el mayor banco privado de Alemania y buque insignia de la locomotora económica europea vive la crisis más grave de su historia. “El declive de Deutsche Bank”. Así titulaba recientemente el conservador y referencial diario Frankfurter Allgemeiner Zeitung un minucioso reportaje sobre el primer banco privado germano. 

“Quien busque las razones del declive de Deutsche Bank, se topará rápidamente con su acceso a la banca de inversión”, escribe el reportero del FAZ. “De esta manera, el banco se instaló en otra cultura empresarial, la anglosajona. La banca de inversión apuesta por caminos más cortos para hacer negocios más rápidos. Detrás de todo eso están las ganancias y, cómo no, los bonos de gratificación”.

El Deutsche Bank, un banco tradicionalmente ligado a la cultura empresarial alemana basada en la exportación y la economía real, daba el salto a la banca de inversión y al negocio especulativo en 1989: el entonces presidente de la Junta Directiva, Alfred Herrhausen, cerró la compra del banco británico Morgan Grenfell. Pocos días después, moría en una atentado con bomba del grupo terrorista de extrema izquierda alemán RAF (Fracción del Ejército Rojo). 

Pese al asesinato del directivo y a lo ruinosa que resultó la compra del Morgan Grenfell, el cambio de cultura empresarial de Deutsche Bank no cesó ahí. Todo lo contrario: siguió su curso en armonía con el capitalismo de casino que estaba a punto de inagurar una nueva y aparentemente imparable era tras la caída del Muro de Berlín, el hundimiento del bloque soviético y el fin de la Guerra Fría.

“Irresponsabilidad organizada” 

El jurista y autor alemán Wolfgang Hetzer evita los eufemismos a la hora de hablar y escribir sobre Deutsche Bank. El título de su último libro sobre los negocios ilegales y las masivas irregularidades financieras cometidas por el banco no puede ser más explícito: ¿Es el Deutsche Bank una asociación criminal?. En él, describe el clima empresarial de la entidad como una “irresponsabilidad organizada” en la que los sistemas de control internos y la filosofía bancaria ligada a la economía real brillan por su ausencia. 

Hetzer dedica casi dos páginas de su libro sólo a enumerar todas las acusaciones y sospechas a las que se enfrenta Deutsche Bank: incumpliento de la obligación de informar a sus clientes sobre las prácticas especulativas con los tipos de interés, práticas de cartel en el comercio con seguros de incumplimiento, falsificación de información en la venta de productos financieros, manipulación de balances bancarios y así un largo etcétera. 

Como explica Hetzer en una charla con periodistas extranjeros en Berlín, el Deutsche Bank pasó de ser una de las columnas del denominado “milagro económico alemán”, el gran motor financiero de la economía real y las grandes empresas alemanas que pretendían volver a los mercados internacionales tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, para convertirse en un actor más de la banca de inversión especulativa cuya tradición tiene sus raíces en plazas financieras como Nueva York y Londres, y no en Berlín o Fráncfort. Como apunta el documental de la televisión pública alemana “La caída de Deutsche Bank”, el banco se instaló a partir de la década de los 90 en “una cultura del cow boy financiero”. 


Tras el primer paso dado en 1989 por Herrhausen, Hetzer considera el año 2003 (momento en el que Alemania pasaba un mal momento económico) como la otra fecha fundamental para entender la evolución de Deutsche Bank: “El entonces Gobierno federal rojiverde [de Gerhard Schröder] descubrió que los mercados financieros podían crear miles de puestos de trabajo y decidió abrazar la economía financiera porque era moderna, porque el resto de países también lo hacían y porque Alemania tenía que abrirse al mundo. Entre 2003 y 2004 diseña y aprueba la Ley de Modernización de Inversión, que permite la operación de hedge funds [fondos de alto riesgo] que hasta ese momento no eran legales en Alemania”. 

La crisis (no resuelta) de 2008 

“La Ley de Modernización de Inversión del Gobierno rojiverde estuvo marcada por un espíritu equivocado de la liberalización de los mercados”, admite Sven Giegold, portavoz de la fracción de Los Verdes alemanes en el Parlamento europeo. El entonces Gobierno eco-socialdemócrata del canciller Schröder tampoco escapó, por tanto, a los cantos de sirena sobre las bondades intrínsecas de la liberalización de los mercados financieros que gobernaron el comienzo del siglo. “No obstante, esa ley no es la causante del comportamiento criminal de Deustche Bank”, puntualiza Giegold. 

Para Giegold, esa ley sólo supuso el marco legal de unas actuaciones que responden única y exclusivamente a la responsabilidad de la cúpula del mayor banco privado alemán, que, por otra parte, sigue funcionando como un banco normal y financiando a la economía real, pero con el norme lastre presupuestario dejado por los negocios especulativos. Y el eurodiputado alemán advierte: “Debe quedar claro que ésta no es una crisis exclusiva de Deutsche Bank, sino que estamos ante una crisis continuada y no resuelta de los mercados financieros globales. Ésta es la misma crisis de 2008”.

Volkswagen, Siemens, Allianz, Deutsche Bank. El del banco alemán es sólo el último nombre en la lista de multinacionales alemanas cuya reputación se ha visto afectada por escándalos o sospechas de malas prácticas. La marca Made in Germany ya no es lo que era. Su reputación cae precisamente por la pérdida o erosión de valores que la hacían fuerte en el mercado internacional: seriedad, trabajo bien hecho, confianza. 

El jurista Hetzer y el eurodiputado Giegold coinciden en este sentido en una medida: la introducción de un derecho penal para empresas, inexistente hoy en Alemania. “A diferencia de los países anglosajones, Alemania no tiene un código penal para castigar la responsabilidad corporativa de las empresas. La dimensión de la criminalidad extendida en el seno de Deutsche Bank demuestra que la responsabilidad individual prevista en el código penal germano no puede funcionar en este caso. El banco en su conjunto estaba tan mal organizado que toda la entidad como persona jurídica debería responder por los delitos cometidos”, propone Hetzer. 

¿Rescate a la vista? 

La peor crisis de la historia de Deutsche Bank tendrá consecuencias a corto plazo: el banco prevé cerrar 200 de sus 750 filiales y si consigue vender su filial Postbank, podría reducir su número de empleados de 110.000 actuales a los 77.000. El banco calcula además que los gastos derivados de sus litigios y las multas derivadas de sus negocios ilegales alcanzarán cifras récord durante 2016. 

Cifras que dejan claro el carácter sistémico de Deutsche Bank: el mayor banco privado alemán y uno de los 30 principales bancos del mundo es demasiado grande para caer. Una factura que podrían acabar pagando los contribuyentes alemanes. Otra opción sería que otro gran banco de inversión, como JP Morgan por ejemplo, se hiciese con Deutsche Bank: su actual valor hace la operación factible, pero los gastos que tendría afrontar el nuevo dueño hace que la compra sea poco verosímil.

Sea como sea, no parece que nadie se atreva a predecir qué consecuencias tendría para el sistema financiero europeo y global una caída de Deutsche Bank, reconocen los expertos consultados. El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, aseguró recientemente en Bruselas que la situación del banco no le preocupa porque “Deutsche Bank es un banco fuerte”. Unas declaraciones que más que tranquilizar los ánimos, alimentaron las especulaciones en Berlín sobre un posible rescate por parte del Gobierno federal del que fuera el buque insignia del sector financiero alemán.

domingo, 21 de febrero de 2016

Entrevista a la periodista mexicana Ana Lilia Pérez

Ana Lilia Pérez, durant l'entrevista a Berlín. Andreu Jerez ©
“A Mèxic no passa res, i quan passa alguna cosa, tampoc passa res”. Aquesta és una popular frase entre lesperiodistes a Mèxic, un dels països més perillosos del món per treballar com a reportera. Desenes de professionals han estat assassinades o han desaparegut des de la transició al sistema multipartidista. Multipartidista perquè, tenint en compte la crisi de drets humans, la violència estructural i la brutal impunitat que pateix el país, és difícil qualificar Mèxic com sistema democràtic.

La periodista Ana Lilia Pérez ho sap prou bé: va haver de viure més de dos anys fora del seu país. La seva vida corria perill després de rebre amenaces de mort arran de les seves investigacions sobre la corrupció i la col·lusió entre alts representants de l'Estat mexicà i el crim organitzat. Alemanya va ser un dels països on es va exiliar Ana Lilia Pérez. Allà va continuar amb el seu treball periodístic. De la seva estada europea va néixer el seu últim llibre Mares de cocaína. Las rutas náuticas del narcotráfico

Aquesta entrevista va tindre lloc a una cafeteria d'un hotel a Berlín, on la periodista va recollir recentment un premi a la llibertat d'expressió atorgat per l'Associació alemanya d'Editors de premsa. Malgrat els perills, la periodista va decidir recentment tornar al seu país. 

Com has vist Mèxic a la teva tornada? 

 Vaig deixar Mèxic quan Felipe Calderón encara era president. Al tornar-hi he vist un Mèxic amb focus vermells, fonamentalment pel què fa a la seguretat. Mèxic enfronta un període molt greu en matèria de seguretat pública. Això és molt perceptible tant per la falta de seguretat que pateix la societat civil com pel deteriorament dels drets humans. Ara em trobo un Mèxic amb desaparicions forçades com la d’Ayotzinapa, la dels 43 normalistas. Estem parlant d'un cas paradigmàtic perquè les desaparicions són cada vegada més freqüents, conformen la quotidianitat de Mèxic. A això cal sumar les agressions contra periodistes. Un dels últims casos va ser el del fotògraf Rubén Espinosa, assassinat a la capital. Fins fa poc les agressions a periodistes se solien donar fora del Districte Federal. 

Què va suposar l'assassinat del fotoperiodista Rubén Espinosa? 

El cas de Rubén és molt greu. Ja havia rebut amenaces al seu Estat, a Veracruz, i va arribar al DF com a mesura de protecció, buscant refugi a la capital. I no obstant això, l'Estat no va ser capaç de garantir la seva seguretat. Darrere els crims i les amenaces contra periodistes hi ha tot un clima d'impunitat. Una impunitat que envia un clar missatge: a Mèxic pots agredir un periodista, pots assetjar un periodista o empresonar-lo, i no et passarà res. Tampoc si l'assassinés. Quines mesures de seguretat personal has de prendre al teu país? No puc parlar de les meves mesures de seguretat personal perquè formen part d’un mateix protocol secret. La meva vida va canviar el mateix moment en què vaig patir amenaces de mort i agressions directes, moment en què vaig haver de sortir de Mèxic. Des de llavors, la meva vida no és la mateixa. Cal acatar els protocols de protecció. En algun moment vaig arribar a tindre guardaespatlles. Els protocols són ara una mica més sofisticats, però tampoc això és garantia de res. 

En tot cas, l'Estat mexicà no és el que t'ofereix la seguretat... 

L'Estat mexicà va ser agressor en el meu cas. Quan jo vaig presentar la denúncia per assetjament, agressió i intervencions telefòniques durant el Govern de Felipe Calderón, vaig denunciar alts càrrecs del Govern" De cap manera. L'Estat mexicà va ser agressor en el meu cas. Quan jo vaig presentar la denúncia per assetjament, agressió i intervencions telefòniques durant el Govern de Felipe Calderón, vaig denunciar alts càrrecs del Govern. Prèviament, en diversos articles i llibres vaig documentar i revelar foscos negocis il·legals al sector energètic per part d'alts funcionaris. Una corrupció que vaig denunciar amb el llibre "Camisas blancas, manos negras". Va ser la primera investigació periodística sobre la corrupció que imperava al govern del PAN (Partido de Acción Nacional), un govern que a Mèxic es va presentar com el de l'alternança, l'eslògan del qual era "Un Govern de les mans netes". Vaig demostrar com els negocis que es feien a l'empresa Petroleos Mexicanos (PEMEX) beneficiaven tant a les famílies dels presidents Vicente Fox i Felipe Calderón, com a les dels seus ministres, com, per exemple, l'aleshores ministre de Governació, Juan Camilo Muriño. Vaig revelar tots els contractes que tenia Muriño al sector energètic amb tràfic d'influències i conflicte d'interessos. Quan vaig publicar aquesta investigació, es discutia la reforma energètica a Mèxic, una de les reformes més importants per a un país el sector petrolier significa no només la seva principal font de riqueses, sinó també un sector unit tradicionalment a la identitat dels mexicans. A partir d'aquest moment, alts funcionaris del Govern van desplegar un assetjament contra mi. Llavors vaig recórrer a Fiscalia Especial per a Delictes contra la Llibertat d'Expressió. Quan vaig a la fiscalia i denuncio els assetjaments estretament vinculats a la meva feina periodística, recordo molt bé el comentari de la gent del ministeri públic. "Doncs qui sap si escau aquesta denúncia, perquè aquesta gent és molt important", em van dir. Ja estaven deixant anar que la denúncia no procediria. No només va ser així, sinó que a més l'assetjament contra mi va empitjorar. És més, la mateixa fiscalia va ordenar que se m'hi arrestés. Em volien empresonar per una denúncia d'uns dels contractistes de PEMEX per presumpte dany moral per haver publicat una entrevista al que m'explicava el finançament il·legal que l'hi havia donat al president Felipe Calderón. Unes declaracions en una entrevista consensuada, gravada i que vaig fer pública. Aquest empresari intentar subornar, intents que jo vaig denunciar. Es tracta d'un empresari molt poderós del sector resistir, de l'empresa Z Gas, un holding de 80 companyies que operen a Mèxic, a Amèrica Central, Amèrica del Sud i que també té accions d'algunes empreses a Espanya. El que jo he viscut a Mèxic ha sigut totalment kafkià.