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martes, 1 de marzo de 2011

Malas noticias

Vivir en Berlín es cada vez más caro, o mejor dicho, es cada vez menos barato. Porque si es evidente que alquilar un piso o una habitación en la capital alemana cuesta cada vez más dinero, no es menos cierto que sigue siendo más económico que en otras capitales alemanas, por no hablar de otras ciudades europeas como Londres, Barcelona o Copenhaguen, por poner sólo tres ejemplos.

Pese a esa diferencia de precios, el que lleve viviendo unos años en Berlín se habrá percatado de que la presión tanto sobre los precios de alquiler como sobre los de compra aumentan sin prisa pero sin pausa. Sólo hay que echar un vistazo a la evolución de ese termómetro de los precios inmobiliarios llamado Mietspiegel: el precio medio del metro cuadrado de la vivienda alquilada superó en 2010 los cinco euros. Suma y sigue. No parece que la tendencia se pueda frenar, aunque tal vez sí ralentizar.

Esa inflación, intuyo, tiene sus raíces en la creciente demanda de inmuebles, más que por los ciudanos berlineses de nacimiento o adopción, por empresas (extranjeras y alemanas) inmobiliarias cuyo objetivo es comprar ahora para hacer dinero más adelante. Es decir, la especulación como ecuación de negocio. Algo sabemos de ello los españoles. Malas noticias para los que no están metidos en el ramo (que somos mayoría) y sólo quieren vivir tranquilos. Malas noticias para Berlín.

La presión inmobiliaria especulativa, además de encarecer nuestros costes de vida, tiene efectos colaterales: por ejemplo, el desalojo de espacios autogestionados o de bloques postokupados. A principios de febrero, la policía desalojaba la Liebeg 14 con un despliegue de fuerza represora digno ser analizado. 2.500 policías se encargaban de sacar a los okupantes de la mítica casa, okupada desde 1990 y con muy buena prensa en el kiez donde se encontraba.

Otro de los lugares que pende de un hilo es el Tacheles, que ya ha sido puesto a subasta. Cierto que no es lugar santo de la devoción de mucha gente, sobre todo por las hordas de turistas que lo abarrotan día y noche, y porque hacía tiempo que se había convertido en un modelo de negocio que alimentó esa atracción del turisteo avido de consumir el mito berlinés. Con todo, hay que reconocer que había cosas dignas en el Tacheles, y que la calidad del arte urbano que desfiló por sus espacios ha sido remarcable. Es una pérdida, sin duda.

Para evitarla, un grupo de artistas ha decidido organizar un festival no sólo contra la venta del Tacheles, sino también contra la imposición del negocio inmobiliario especulador sobre la vivienda y los espacios accesibles a precio digno. Desde el próximo 4 de marzo hasta el próximo día 14 tendrá lugar en diferentes lugares de Berlín el festival de cultura y arte Lasst das Tacheles im Dorf. Para mi, esto sí es una buena noticia.

domingo, 3 de enero de 2010

Okupación tras la okupación tras la okupación...

Madrugada de fin de año, sobre las 02:00 horas. Al final del tramo de muro conservado y recientemente restaurado de la East Side Gallery se ven luces de camiones de policía. Muchas luces. Un dispositivo de varios cientos de agentes antidisturbios prohíben el paso a los viandantes, que están de fiesta porque acaban de entrar en un año nuevo. Los ciudadanos se preguntan si tan abultada presencia policial se deberá a un incendio, una pelea multitudinaria o incluso un atraco a mano armada. No. Tanta policía responde a la ocupación pacífica por alrededor de 30 personas de un antiguo edificio abandonado desde hace años en la Stralauer Platz 29-31. Un edificio vacío en el que pronto se construirán oficinas en el marco del conocido y polémico proyecto inmobiliario del Media Spree.

Entre los okupadores hay antiguos residentes del desalojado haus project Brunnen 183, así como algunos simpatizantes de la desaparecida casa postokupada. Por entre las ventanas del mastodóntico edificio de corte socialista se ven siluetas negras con linternas. Hay pancartas colgadas de los helados alfeizares. Son los activistas. La policía no deja acercarse a nadie, e incluso pronto comienza a expulsar de las inmediaciones a los curiosos y aquéllos que se solidarizan expresamente con la okupación. Ésta acaba a las 6 de la mañana, con 15 detenidos y sin violencia.

La acción tiene obviamente un objetivo de atracción mediática sobre esa silenciosa batalla que se está librando en Berlín por la apropiación de los suculentos espacios urbanos que atesoran ciertos distritos como Kreuzberg o Mitte. Vista la recopilación de artículos que recoge la nota de Indymedia Berlín sobre la acción okupadora, el objetivo se ha cumplido. Pero también visto que, a excepción del Taz, en las crónicas de todos los diarios las palabras que destacan son "terrorismo de izquierda" o "violencia de extrema izquierda", parece que está batalla la han perdido los promotores de la acción propagandística del pasado fin de año. O quizá la haya ganado la propaganda del poder. Sea como sea, la batalla continúa.

Este cronista servidor, antes de ser expulsado con amabilidad por un agente de 2 metros, le desea un feliz año a otro de los policías. "Un año cargado de trabajo", le deseo. "Amo mi trabajo", me responde con una sonrisa de oreja a oreja, como tratando de justificarse. Si se trata de desalojar a aquéllos que intentan recuperar espacios dejados de la mano de dios, le auguro al ufano agente que trabajo no le va a faltar.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Adiós a la Brunnen 183...



Ayer a las tres de la madrugada pasé en bicicleta por delante de la Brunnenstrasse 183, el lugar donde se encontraba uno de los últimos edificios okupados de Berlín. Varios camiones de la policía bloqueaban la entrada y se veía mucho movimiento policial por Rosenthaler Platz y cercanías. Pensé que se estaba preparando el desalojo de la casa, sin saber que el desalojo ya se había consumado.

Sobre las tres de la tarde de ayer nada más y nada menos que 600 policías procedieron a desalojar a los alrededor de 35 personas que mantenían con vida el centro social okupado y la Umsonstladen situada en sus bajos. Antes, la policía había cortado la Brunnenstrasse entre Rosenthaler Platz y la Invalidenstrasse, y no dejó circular a los ciudadanos berlineses por ese tramo de la calle por temor a "posibles desórdenes", según los diarios berlineses. Todo un detalle en pos de la seguridad ciudadana en estos tiempos de inseguridades (económicas y laborales) que nos atraviesan.

Mentiría si dijese que me sorprende el desalojo: un edificio de cuatro plantas situado en el corazón del distrito de Mitte es demasiado suculento para los poderes especulativos y gentrificadores que acechan sin prisa pero sin pausa al Berlín real, al que mancha y mantiene en vida a la ciudad y sus habitantes. Sin embargo, siempre pensé que resistiría más tiempo. Lamentablemente, me equivoqué.

La historia de la Brunnen 183 comienza en los salvajes 90 berlineses, poco después de la caída del muro. Okupada y mantenida hasta ahora con relativo éxito, contenía en su interior un bar, un teatro así como la ya mencionada Umsonstladen en sus bajos: una tienda en la que no hacía falta tener dinero para consumir: podías entrar, coger lo que necesitases y dejar lo que ya no usases por el módico precio de 0 euros. Un proyecto de confrontación directa y activa a la sociedad de extremo consumismo en la que vivimos. Ironías de la vida: incluso el alcalde de la ciudad, Klaus Wowereit, visitó en su día el proyecto y le dió su apoyo. Parece que sirvió de poco.

Al Berlín postokupado lo están cercando cada vez más. El turismo de masas en busca de aventuras urbanas me recuerda cada vez más al turismo de sangría-multikulti que sufre en sus carnes la Barcelona que nos robaron. Tengo las esperanzas puestas en el espacio libre que sigue atesorando esta urbanísticamente caótica capital. Nichos donde nacen y renacen espacios como el Karmanoia 2.0. ¿Creíais que estabámos muertos? Pues venid a rematarnos...



P.D: mañana hay convocada una manifestación de protesta por el desalojo. Más info, aquí.

viernes, 26 de junio de 2009

Dudosa legitimidad democrática

Cuando un grupo de ciudadanos se activa para reivindicar sus derechos, el Estado democrático y sus correspondientes estructuras de poder se ponen nerviosos. Más aún si la iniciativa ciudadana, compuesta por individuos conscientes de sus derechos, sale a la calle a defender su posición de manera pacífica. Entonces el Estado democrático debe reprimir esos brotes de civismo de la manera más sútil posible para no ver dañados los principios democráticos que se le presuponen. Eso es lo que parece que pasó el pasado sábado en el ya célebre intento de okupación del ex aeropuerto de Tempelhof.

Tras haber hablado con varias personas que estuvieron presentes en la acción y haber repasado unos cuantos videos colgados en internet sobre los hechos, queda clara una cosa: la policía tenía órdenes de evitar que los ciudadanos llegasen a los terrenos vacíos del Tempelhof, pero se les pidió que lo hicieran con la mayor de las cautelas. Reprimiendo pero con suavidad. Sin embargo, los nervios que mostraron los agentes del orden revelan que ni ellos estaban seguros de su capacidad de reprimir con guante de seda a una masa ciudadana tan convencida de sus derechos y, sobre todo, tan evidentemente pacífica.

El resultado fue un encadenamiento de escenas surrealistas en las que la policía amenaza, zancadillea, empuja mirando para otro lado, acorrala de forma kafkiana y en última instancia detiene a ciudadanos armados con narices de payaso. Todo ello quizá porque incluso el propio poder democrático establecido duda de su legitimidad para reprimir esta iniciativa ciudadana okupadora.

P.D: la foto que abre el post fue tomada el pasado sábado al lado de la verja del ex aeropuerto de Tempelhof y muestra a un policía de paisano que, mientras detiene a un manifestante, apunta con su pistola a dos perplejos ciudadanos.

domingo, 21 de junio de 2009

Y pasó el intento de okupación...

Pasó el intento de okupación del ex aeropuerto de Tempelhof con los esperados enfrentamientos y momentos de tensión entre policía y participantes en la acción. Lamentablemente no pude estar presente el sábado. Como también era de prever, la historia saltó incluso a medios de comunicación españoles. Lo hizo, también lamentablemente, sin que nadie intentara echar una mirada un poco más profunda sobre las raíces de la acción.

A continuación os dejo con algunos momentos del intento de okupación colgados en youtube. Seguiremos informando:



miércoles, 17 de junio de 2009

¿Alguna vez has okupado un aeropuerto?



“Have you ever squatted an airport? Berlin / 20.06.2009?” Ése es el escueto e inquietante mensaje que, impreso sobre pequeños y cuadradados adhesivos pegados a lo largo y ancho de la capital alemana, ha venido llamando la atención del berlinés mínimamente observador durante los últimos meses. Tras unos primeros instantes de dudas, el observador un poco avispado empieza a sospechar que los movimientos de izquierda, y la red de casas okupas y proyectos de viviendas alternativos están detrás de las pegatinas. Y en efecto, así es.

El aeropuerto de Tempelhof cerró su puertas como tal en octubre del año pasado tras un larguísimo debate sobre su destino e incluso una consulta popular no vinculante sobre el asunto. Acababa así la historia de una institución con casi 100 años de historia, clave en los puentes aéreos para abastecer a la parte occidental durante los bloqueos soviéticos del 48 y el 58. No obstante, también daba así comienzo otro debate sobre qué hacer con el imperial conjunto de edificios construidos por el régimen nacionalsocialista y con las alrededor de 380 hectáreas liberadas del tráfico aéreo y situadas en el medio de la ciudad.

Berlín es una capital atípica: con alrededor de tres millones y medio de habitantes, cuenta con una serie de espacios impensables en otras capitales europeas. Su amplitud arquitéctonica, sumada al hecho de que muchos edificios quedaron sin uso tras la caída del muro, permite que los berlineses cuenten con numerosos espacios libres de especulación y cemento. Sin embargo, la ciudad está sufriendo una transformación lenta pero sin pausa. Una tranformación con la que no todo el mundo está de acuerdo.

“Squat Tempelhof” es un colectivo berlinés que ha decidido convocar una espectacular acción para el próximo sábado: ocupar los terrenos del aropuerto con una masa ciudadana descontenta con el futuro que posiblemente le espera al espacio. El Senado de Berlín planea mantener la mayor parte central de las pistas, para convertirlas en un espacio verde, y alrededor construir un centro de “nuevas tecnologías”, un complejo “de cultura, medios y economía creativa”, y viviendas que ofrecerán la posibilidad “de vivir en medio de la ciudad y al mismo tiempo en un espacio verde”. El proyecto urbanístico ha sido bautizado con el desasosegador nombre de “Tempelhofer Freiheit” (algo así como “libertad tempelhoferiana”).

Para entender el discurso del colectivo “Squat Tempelhof” es fundamental comprender el concepto “gentrificación”. Julia, una de las activistas, lo explica de manera muy ilustrativa durante una jornada pública en la que los promotores de la acción entrenaron técnicas para el asalto del ex-aeropuerto: “El proceso es el siguiente: habitantes del centro de la ciudad son expulsados a los márgenes por no poder hacer frente a los costes de vida cada vez más altos. Suele ocurrir en barrios habitados por la clase trabajadora cuyas viviendas están deterioradas. En un momento dado llegan a esos barrios los llamados pioneros: estudiantes con poco poder adquisitivo, o artistas y diseñadores en busca de espacios baratos para trabajar. Cuando los barrios se ponen de moda, entran en escena los gentrificadores: gente con mucho dinero para invertir, renovar y poder hacer así más dinero”.

Hay barrios berlineses ya gentrificados donde “Squat Tempelhof” tiene poco que hacer: Prenzaluer Berg o Mitte son dos buenos ejemplos. Pero el aeropuerto está enclavado entre los distritos de Neuköln, Kreuzberg-Friedrichshain y Tempelhof-Schönefeld, donde sigue viviendo mucha gente que no encaja en el modelo urbanístico gentrificador. Gente que, como apunta Julia, comienza a estar cansada de que los precios de los alquileres sean cada vez más altos y que la ciudad le esté dando la espalda.

El colectivo no esconde que tiene sus raíces en los círculos de izquierda y alternativos, pero no pretende que la acción se convierta en un intervención antisistema marginal. Su objetivo es que los ciudadanos de los barrios tomen conciencia de su derecho a decidir sobre algo que les concierne directamente y actúen en consecuencia. La okupación del espacio, si triunfa, podría suponer una buen golpe de mano cívico que sirva para replantear el debate sobre el futuro del espacio, y quizá también para democratizarlo. Para ello, Benjamin, otro de los activistas, afirma (quizá algo optimista) que el colectivo cuenta con la participación de 10.000 personas el sábado. Y entre ellas no sólo habrá berlineses, sino también ciudadanos procedentes de otros países europeos, como Dinamarca o Francia.

Ante una acción evidentemente ilegal, ¿qué hay de los posibles enfrentamientos con la policía? “Obviamente también lo tenemos en cuenta, pero nuestro único fin es ocupar pacíficamente el espacio y no enfrentarnos a los agentes. Para evitar los enfrentamientos proponemos la misma fórmula que la policía berlinesa dice ofrecer durante la manifestación del 1 de mayo en Kreuzberg: la de la mano extendida”. Julia remata la frase entre carcajadas.

Muchos medios berlineses han alarmado a la población sobre posibles nuevos disturbios en el corazón de la ciudad. Frescas siguen las imágenes de violencia del último 1 de mayo o los peores disturbios de la última década ocurridos en Rostock hace un par de años con motivo de la reunión del G8 en Heiligendamm. Pase lo que pase el sábado, no parece que este tipo de colectivos estén dispuestos a cejar en su empeño de intentar evitar que Berlín se convierta en otra Barcelona u otro París. Para ello, seguirán usando sus mejores armas: marketing urbano-cebernético de guerrilla, descarado ingenio y también una buena pizca de humor.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Have you ever squatted an airport?



Parece que algo se mueve en los bajos celestiales de Berlín: desde los márgenes subterráneos de la capital alemana se anuncia a diestro y siniestro que se está planeando la okupación masiva del aeropuerto de Tempelhof, aeropuerto que fuera fundamental para el abastecimiento de la parte occidental de la ciudad durante los bloqueos soviéticos de finales los años 40 y 50. El aeropuerto, una brutal edificación herencia del régimen nazi, fue cerrado definitivamente al tráfico aéreo el pasado 31 de octubre tras una larguísima y aburrida discusión e incluso un referéndum.

Mientras el destino de las 400 hectáreas que ocupa el terreno sigue siendo incierto, y se especula con la construcción de viviendas de lujo, de espacios para la creatividad, etc... los promotores de la okupación masiva lo tienen claro: "¡No a la gentrificación! Seremos muchos y llenos de rabia porque nunca podemos decidir sobre lo que pasa en nuestro entorno más cercano. Exigimos al Senado de Berlín que abra la verja del aeropuerto...".

Pase lo que pase el próximo día 20 de junio, la acción seguro que provocará un buen manojo de titulares y, consiga o no su objetivo último, pondrá una nota de diversión en esta ciudad a la que están transformando sin prisa pero sin pausa.

jueves, 26 de marzo de 2009

El final de Karmanoia

Quizá el cielo que hay bajo Berlín esté muriendo poco a poco. Casas okupadas, proyectos de arte y cultura de orientación autónoma e ideas que desafían la lógica de intercambio capitalista ven como la ciudad-marca y la intención de embellecer la realidad urbana se van imponiendo poco a poco, y sin hacer mucho ruido. Tranquiliza, por otra parte, que la capital alemana sea tan extensa, tan grande y esté tan vacía, factores que permiten que cueste imaginarse un Berlín barcelonizado.

En la Mainzerstrasse nº5 morirá al final de esta semana un lugar, para mi gusto, referencial en el salvaje Neuköln. Un lugar donde se respira buen ambiente y libertad, donde se hacen y deshacen proyectos de teatro, música y demás con desparpajo y originalidad envidiables. No en vano, el lema de Karmanoia es: "Wir machen!"

Se trata de todo un bloque de viviendas de cuatro plantas que, pese a mostrar una apariencia de casa okupada, ya no lo es. Karmanoia es un típico ejemplo del proceso de postokupación que se ha desarrollado en esta ciudad desde antes de la caída del muro. Sus habitantes y visitantes pagan (poco) por vivir y por entrar allí. A cambio, uno accede a un espacio lleno de magia psicodélica, desbocada creatividad y sonrisas limpias, sanas y espontáneas.

"Hace un par de meses nos enteramos de que el dueño del bloque quería renovar el inmueble, y nos comunicó que nos teníamos que marchar a finales de marzo", me comenta apoyado en la barra del bar-camarote situado en las entrañas del edificio, entre el teatro y el laberinto, Andrija, uno de los habitantes del lugar. "¿Tristeza? La verdad es que no. Lo que hemos construido aquí desaparecerá físicamente, pero todo queda en la memoria de la gente, en nuestras cabezas. Te digo más: creo que hasta mejor que esto desaparezca: ya estábamos atrayendo a demasiados turistas. Por ver estar si Karmanoia renacerá en otro hueco de Berlín."

La casa ofrece esta semana un cargado programa que deparará más de una sorpresa. Si estás en Berlín, y te gusta ensuciarte, no dudes en pasarte por allí. El domingo se baja el telón.

Aquí os dejo con una de las magníficas escenas paridas en los pasillos de Karmanoia. Sin palabras:

jueves, 9 de octubre de 2008

Postokupación en Berlín

Nuevo post: os dejo con un repaso del panorama de la okupación berlinesa sacado de las arcas de la memoria del museo de Kreuzberg. Ya apareció publicado hace un tiempo para los polleros, pero nunca en mi cielo bajo Berlín. Y próximamente, una crónica visual sobre el Popkomm...

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Es curioso que muchos españoles se refieran todavía a países como Inglaterra, Francia o Alemania utilizando la palabra “Europa”. Pero, ¿no quedamos en que somos europeos? Sin embargo, quizá por un sentimiento de inferioridad (o superioridad), o simplemente de lejanía, España (o el Estado español, para no herir sensibilidades nacionales o nacionalistas) sigue siendo para muchos algo ajeno, tan ajeno como ese concepto más o menos tangible correspondiente a la palabra “Europa”. Pues bien, hoy echamos un vistazo a Europa, más concretamente a Berlín, Alemania, para ver cómo está el panorana de la okupación. Para muchos, en Berlín la okupación ya ha muerto para pasar a una fase de postokupación. Veamos por qué.

Berlín es una ciudad que transmite una sensación de constante cambio, de transformaciones urbanas que dan paso a otras mutaciones arquitectónicas, sin que nunca parezca que la capital haya llegado a su estadio de desarrollo final, como pasa, por ejemplo, en Barcelona, donde la fisonomía urbana de la ciudad y las políticas urbanísticas y económicas ya no dejan espacio para la improvisación o lo paralelo a la línea oficial. En Berlín queda espacio, y mucho, y eso ofrece muchas posibilidades en un contexto que transmite a menudo la sensación de vacío, un vacío que se presta a ser llenado.


Antes, durante y después de la caída muro


Antes, durante y después de la caída del Muro, la sociedad berlinesa vivió en una revolución diaria, un especie de ambiente libertario que muchos que lo vivieron recuerdan entre suspiros y con tremenda nostalgia. Rebuscando entre los archivos del Museo de Kreuzberg, uno de los distritos con un mayor número de proyectos sociales y alternativos, así como con un mayor porcentaje de población inmigrante, me encuentro con una extensa y detallada descripción de ese proceso de okupación de vivienda vacías a ambos lados del desaparecido muro.


“A comienzos del 1992 había en Berlín alrededor de 1.000 casas okupadas”, comienza el texto del informe. Ese gran cantidad de acciones ilegales, pero para muchos legítimas, comenzó entre finales de los ’70 y principios de los ’80: “En la parte occidental de la ciudad había uno de los movimientos sociales más significativos de la República Federal Alemana, a caballo entre el movimiento estudiantil de los ‘60 y los movimientos alternativos de los ’80”. Este movimiento se vio alimentado por el malestar social y por el intento de influir en el rumbo de la parte occidental del país desde fuera del sistema de partidos (Ausserparlamentarische Oposition), para muchos herencia del nacionalsocialismo, que todavía presente en muchos altos estratos del aparato burocrático del RFA.


¿Y qué pasaba en la cínicamente autodenominada República Democrática Alemana, en el estado socialista del Este? “Ya durante los últimos y agonizantes años de la RDA, muchos bloques de viviendas fueron okupados. Este proceso se acentuó tras la caída del muro, el 9 de noviembre de 1989, sobre todo en los distritos de Prenzlauer Berg, Mitte y Friedrichshain. Las razones de ese proceso de okupación fueron diversas: formas alternativas de crear comunidades de vecinos, organización de comunidades políticas contestatarias con los statu quo tanto del Este como del Oeste, respuesta a la especulación y la existencia de viviendas vacías, o simplemente una forma de autoyuda de los sectores sociales más pobres."


En marzo de 1980 veinte casas okupas de Kreuzberg formaron un Consejo de la okupación (“Besetzerrat”), consejo que ganó cierto protagonismo público y representó en cierta manera a la numerosa y heterogénea comunidad okupa berlinesa. Este protagonismo se vió además acentuado por la salida a la luz de numerosos escándalos urbanísticos. La comunidad consiguió sacar a la calle hasta 30.000 personas para protestar contra el desalojo de algunos centros sociales y casas okupadas.


“Berliner Linie”


Ante una situación que se les escapaba de las manos, en 1981, el Senado de Berlín occidental, bajo la tutela del entonces alcalde Hans-Jochen Vogel, puso en marcha la llamada “Línea Berlinesa” (“Berliner Linie”): a partir de ese momento, todas las nuevas casas okupadas fueron desalojadas inmediatamente. Las casas anteriormente okupadas sólo fueron desalojadas antes de la previa petición del propetario, y siempre que éste se hiciese cargo de la rehabilitación del inmueble. El resto de casas tuvieron que acogerse a un proceso de legalización si no quería ser desalojadas.

Dentro de esta atmósfera de enfrentamientos, muchos movimientos alternativos, con partidos con representación como Los Verdes, pusieron en marcha acciones como “Manifestantes buscan especuladores”: grupos señalaban dónde y cómo actuaban grupos empresariales que se enriquecían con la especulación con viviendas. Muchos sindicalistas, escritores y profesores universitarios apoyaron públicamente este tipo de acciones y al movimiento.


Enfrentamientos


En esta atmósfera de medidas y contramedidas, los enfrentamientos entre los movimientos alternativos con la policía eran habituales: en una de estas manifestaciones y posteriores disturbios fue asesinado por la Policía el manifestante Jürgen Rattay. A este asesinato siguieron masivas marchas en contra del Senado berlinés y de su “línea”.


En ese momento saltó dentro del movimiento de la okupación el debate de “¿Legalización o no?; es decir, la pregunta de si las casas okupadas debían acogerse al proceso de legalización puesto en marcha por el Senado. Algunos de ellas optaron por esa legalización (muchas de los actuales bloques de vivienda de barrios como Prenzlauerberg son herederas de los proyectos sociales que nacieron en casas okupadas), pero la mayoría optó por dejar las viviendas para no traicionar la filosofía contestataria de la okupación.


Con la caída del Muro, la “Línea de Berlín” también fue aplicada por el Senado en el Berlín oriental, donde había aproximádamente 25.000 casas vacías, muchas de ellas abandonadas por sus propietarios tras el derrumbamiento de la RDA. Muchas han sido las nuevas okupaciones, los desalojos y los enfrentamientos entre okupas y Policía. Sin embargo, todo parece indicar que el panorama de la okupación se ha ido apagando poco a poco, hasta quedar en un fenómeno residual.


Actualmente en Berlín quedan muy pocas casas okupadas en su sentido más auténtico (es decir, ilegales). La mayor parte de ellas se han ido acogiendo a las diferentes fases de legalización, que permiten a sus habitantes seguir ocupando las viviendas en condiciones muy favorables (alquileres bajísimos, subvenciones del Senado de Berlín en caso de que las casas organicen actividades consideradas de interés colectivo, etc...).


Obviamente, sigue habiendo un puñado de okupas que mantienen la filosofía original: es decir, hacerse con espacios vacíos como forma de respuesta frontal a un sistema económico y social considerado por ellos como injusto. Sigue habiendo enfrentamientos esporádicos, pero desde luego, la vida de Berlín vive bastante ajena a los conflictos provocados por las casas okupas. Quizá porque la falta de espacio en la capital no sea un problema tan acuciante como en Madrid o Barcelona. Tal vez por todas esas razones se dice que en Berlín se vive en una situación de postokupación. ¿Llegará España (o el Estado español) algún día a ser Europa? ¿Llegará a ser el problema de la vivienda en España algún día algo anecdótico? Mientras tanto, la okupación seguirá teniendo en nuestro país toda la legitimidad política del mundo...

P.D: La primera foto fue tomada recientemente en una calle de Prenzlauerberg durante una manifestación en protesta contra un desalojo; la segunda, es un detalle de la Bethanien Kunsthaus.