viernes, 17 de diciembre de 2010

Peristal Signum: a lisérgicos mazazos contra la realidad imperante



"Hace un par de meses nos enteramos de que el dueño del bloque quería renovar el inmueble, y nos comunicó que nos teníamos que marchar a finales de marzo. ¿Tristeza? La verdad es que no. Lo que hemos construido aquí desaparecerá físicamente, pero todo queda en la memoria de la gente, en nuestras cabezas. Te digo más: creo que hasta mejor que esto desaparezca: ya estábamos atrayendo a demasiados turistas. Por ver estar si Karmanoia renacerá en otro hueco de Berlín”. Y renació.

Andrija me contó lo que abre este post apenas hace dos años, a finales de marzo del 2009, con los ojos rojos y apoyado en la barra del bar-camarote situado en las entrañas del edificio en la Maizerstrasse número 5, entre el teatro y el laberinto. Me refiero al Karmanoia. Os contaré: para aquéllos que no llegaran a conocerlo, el Karmanoia era, en mi opinión, un lugar referencial. Un lugar en el que se hacían y se deshacían proyectos de teatro, música y demás con desparpajo y originalidad envidiables, en donde se respiraba buen y libre ambiente. Su lema: “Wir machen!”.

Pero el proyecto levantado en el bloque postokupado de cuatro plantas de la Mainzerstrasse vio su fin. Sin dramas y quizá con cierto alivio para sus creadores se produjo el adiós a su piscodélica magia. Tim lo admite: “Al final degeneramos más bien en un club, o más bien se nos puso ese sello. Un sello que no encajaba en nuestro rollo”. Eso me lo escribe Tim sentado frente a una computadora en algún lugar de Ciudad de México, en conversación internáutica. Tim era uno de los tres tipos que se encargaba de hacer malabares para mantener el Karmanoia: “Éramos tres para hacer la compra, confeccionar el programa, escribir las piezas de teatro, limpiar, hacer bricolaje o lo que fuera, además de quedarte todas las noches hasta las seis de la mañana o más, porque esa manera en la que nos pegamos la fiesta y tratamos con la gente es la que marca el estilo y la fama de nuestras personas”.

Aquéllo se acabó para desesperación de algunas y descanso de otros. Pero como Andrija me vaticinó, el primer Peristal parido en las entrañas del Karmanoia bajo el nombre de “vom Arsch zur Seeele” iba más allá del espacio y del tiempo. Era una idea que sobreviría en las cabezas de aquéllos que lo pisaron alguna vez y, sobre todo, que seguiría incrustado en los cerebros genialmente enfermos de sus creadores. Y efectivamente, renació bajo el nombre de Peristal Signum en otro agujero de la ciudad: “Mejor imposible: un edificio medio vacío casi con la misma infraestructura, y en esta ocasión además no nos teníamos que ocupar de mantener el bar, ni de limpiar ni comprar ni del inmueble. Simplemente nos podíamos concentrar por fin y por completo en nuestra fuerza creadora”. Zur wilden Renate es el sitio al que Tim se refiere.

Peristal de peristalsis: “del ojete al alma”

Según sus creadores, el nombre de Peristal viene de peristalsis. Es decir, “el movimiento de contracción a lo largo de los intestinos para impulsar los materiales de la digestión”, según apunta la Realísima Academia de la Lengua Española. Pero en el laberinto del Peristal, el viaje es en la dirección contraria: del “ojete al alma”. O sea, “vom Arsch zur Seele”. Ya hay demasiada mierda en este mundo para defecar más, así que mejor desandar el camino hecho. Es una forma más de explicar la experiencia que supone recorrer el laberinto. Ni siquiera te hace falta entrar drogado, aunque tampoco tampoco lo desaconsejo. Al Peristal se accede introduciendo un doblón de metal gordo y redondo (vale 10 euros y se adquiere en la barra del garito) en la rendija de la puerta. A partir de ahí se trata de escalar, encaramarse, arrastrarse, deslizarse o simplemente caminar por lisérgicas ocurrencias y alucinógenas atmósferas.


Cuando estás dentro y comienzas el viaje, cuesta creer que alguien haya sido capaz de poner tanto esfuerzo y fe en un proyecto tan descabellado: nueve meses de trabajo para levantar el entramado de pasillos, habitaciones, huecos, escaleras, forjados de metal, puertas, ventanas que dan a pasillos, que dan túneles, que dan a agujeros con encordados, luces, altavoces e hilos musicales que te harán pasar de la armonía espiritual al desasosiego e incluso el miedo escénico en cuestión de segundos. Georg Losch, Tim Schneider, Bernhard Lütke, Andrija Belosevic, Atilio Menéndez, Heidi Jönnson y Heike Streitmatter, entre otros muchos, levantaron esta brillante majadería.

“Georg y yo nos salimos por completo del sistema para quitarnos de en medio costes como el seguro médico, el alquiler así como otros seguros. Nos convertimos en punks-artesanos para poder vivir nuestra definitiva y total fuerza creadora. 14 horas al día, a diario: vivir, vivir, vivir, trabajo, trabajo, trabajo. Y siempre ahí, ni hacia a la izquierda ni a la derecha, siempre hacia delante”, detalla Tim con estilo enfermizo. Y con la ayuda y el apoyo de mucha gente nació el Peristal Signum. Una exposición en el sentido más absolutamente interactivo y poliédrico de la palabra.

Tim no está en Ciudad de México porque sí. Allí ha encontrado a más gente dispuesta a crear el primer Peristal al aire libre y abrir así a mazazos psicodélicos boquetes en la superficie de la lógica reinante en este mundo. Tim planea crear un movimiento peristálico global. Una especie de golpe de estado mundial a base de ácida imaginación. Te puedes alistar aquí: mail@karmanoia.de. Mientras, que sepas que tras esa puerta de ahí, en uno de los muchos rincones oscuros que esconde Berlín, el Peristal te está esperando.



domingo, 12 de diciembre de 2010

Más 'Directa': y es el número 208...

Destapada corrupción en los altos mandos de la policía autonómica catalana, privatización de suculentos y rentables sectores públicos en la España de la omnipresente crisis, aumento de los sueldos de los ejecutivos de las grandes empresas pese al sangrante desempleo y los vergonzoso recortes de subsidios sociales, ya de por sí marginales en el Estado español del siglo XXI. Así está el patio y así lo retrata el número 208 del Setmanari Directa. En catalán y para todos los públicos.

Como ya anuncié, en este número aparece en la contra de la publicación editada en Barcelona la entrevista que le hice a Heleno Saña, el autoxiliado y crítico escritor y libertario residente en Alemania. Un grano de arena más para devolverle algo de dignidad a esta apaleada profesión. Con una peculiaridad: esta vez la entrevista va cofirmada por el colectivo Contrast, una iniciativa de la que formó parte y que esperemos que tenga un gran futuro por delante.

Von Selección de reportajes

martes, 7 de diciembre de 2010

El espectáculo debe continuar

Samuel Koch tiene 23 años, es guapo y estudiante de arte dramático. Todo un deportista. "Es el hijo que cualquier madre desearía tener", dice la presentadora, tomándolo por un brazo y mostrándolo a las cámaras. Samuel es, en efecto, el héroe perfecto, el producto idóneo para vender a un sábado por la noche a la millonaria audiencia de uno de los programas de televisión más vistos de Alemania: Wetten dass...?. No es la primera vez que aparece en este blog. Esta ocasión, sin embargo, es tristemente diferente.

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jueves, 2 de diciembre de 2010

Abre los ojos...

Yo he visto un hombre de más de sesenta años vestido con trapos, con unas gafas de buceo puestas y una máscara de cirujano sobre la boca recorrer en patinete un vagón de metro en hora punta mientras repasaba con ojos de desconfianza a todos sus pasajeros. Y que ni uno de ellos le diera la mayor importancia.

También he visto a un tipo negro con pintas de Jimmy Hendrix marcarse un solo de guitarra eléctrica a las tres de la mañana en la estación de metro de Rosenthaler Platz. Sin público, ni complejos ni tener ni puta idea de tocar la guitarra. Y como ni un solo de los pasajeros del vagón en el que yo viajaba le diera tampoco la mayor importancia.

Un día también vi a un grupo de cinco tios con pelos largos disfrazados de los Guns N'Roses caminar a lo largo de la Oranienstrasse un viernes por la noche como si fueran los Guns N'Roses. Me he cruzado con Quentin Tarantino, que caminaba por Tiergarten como si no fuera Tarantino y como si nada fuera con él.

He visto a un grupo de manifestantes kurdos ser placados por policías de dos metros de alto y uno de ancho. Y a un grupo de neonazis explicarle amable y abiertamente a un extranjero porque no lo querían en su Alemania mientras se tomaban tranquilamente una cerverza con él. Y al extranjero responder a los neonazis con las razonables razones de su indeseada presencia. Todo un ejemplo de tolerancia e integración.

He visto a conocidos músicos españoles crecidos dentro de las fronteras patrias pasear por las calles de Kreuzberg casi sorprendidos de que nadie les asaltase para pedirles un autografo. Baño de humildad contra la intoxicación de vanidad. He hablado con gente que un día se consideró normal hundida en la miseria, y conocido a tipos que salieron de la miseria y que ahora se consideran normales. He visto a yonkies en Kottie que se mantenían de pie como por arte de magia pese a estar hasta arriba de no sé qué.

He visto a grupos de turistas italianos y españoles entrar gritando en el metro para dejar claro que eran un grupo de turistas italianos y españoles. Y a respetables ciudadanos medios alemanes exigir respeto a los inmigrantes que tenían sentados enfrente, sin darse cuenta de que el respeto empieza por respetarse a uno mismo. He visto repugnantes baños de superioridad y verdaderas acciones de ayuda desinterasada. Por suerte, todavía quedan héroes cotidianos en esta (podrida) sociedad.

He visto a un borracho emborracharse a diario en la misma parada de autobús como si la vida que giraba alrededor de él ya no fuera con él. Probablemente ya estaba mentalmente muerto. Y vi como con la llegada de la nieve su desfigurada y etílica figura desaparecía para siempre de aquella parada.

En realidad sólo hace falta despegarse de la computadora y salir de casa con los ojitos bien abiertos para darse cuenta de la cantidad de cosas que pasan en Berlín. Saltar a la calle sin llevar los ojos pegados a la maldita pantalla de un reproductor digital de música o de un teléfono móvil. Algunas de ellas te podrán hacer reir. Otras, llorar. Y otras, hacer reir por no llorar. En realidad, sólo tienes que abrir los ojos.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Contenida mirada sobre lo ajeno



¿Quién no se ha preguntado alguna vez qué hay detrás detrás de los cristales velados de los típicos cafés turcos o árabes reservados exclusivamente a hombres que se pueden ver en distritos berlineses como Wedding, Neukölln o Kreuzberg? Quizá alguno de vosotros incluso haya tenido alguna vez la tentación de intentar cruzar la puerta de alguno de esos garitos a sabiendas (o sin ellas) de que la entrada está terminante prohibida a aquellos elementos externos a esos aislados ecosistemas sociales. Y escribo "intentar" porque dudo de que el atrevido invasor pudiese dar más de dos o tres pasos dentro del local antes de ser expulsado del mismo, intuyo que con malas maneras. Digamos que son las "geschlossenen Gesellschaften" de la clase baja e inmigrante alemana, la mejor expresión de esas sociedades paralelas que ejemplifican a la perfección el fallido proceso de integración de algunos sectores inmigrantes en la sociedad media germana. Digamos también que no son las únicas sociedades reservadas existentes en Alemania. Y si no echad un vistazo a la forma de vida de la alta clase social germana, blanca y pudiente existente, por ejemplo, en la periferia de la capital alemana.

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sábado, 20 de noviembre de 2010

Heleno Saña: "Necesitamos urgentemente 'una revolución de conciencias'"

Recientemente se celebró el centenario de la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo, la CNT, el sindicato que protagonizó el movimiento anarcosindicalista más importante de la historia. Puro movimiento obrero cargado de utopismo y, al mismo tiempo, de determinación y organización para hacer posible lo que no lo parecía. La guerra acabó con todo. Ahora queda documentación e intentos de comprender lo que supuso en realidad el movimiento libertario español. Recientemente tuve la oportunidad de entrevista al escritor e intelectual Heleno Saña, residente en Alemania desde hace 50 años y quien acaba de publicar en España su libro La revolución libertaria. La entrevista será publicada próximamente en catalán en el Setmanari Directa. La calidad de las respuestas de Heleno me obliga, no obstante, a ofreceros el texto en bruto de la entrevista en mi cielo bajo Berlín. Que lo disfrutéis.



Tu libro La revolución libertaria fue publicado en 2001 en Alemania y ahora ha sido traducido al castellano y publicado en España: ¿qué te llevó entonces a echar la mirada atrás a la revolución española de los años 30?

El motivo de que hace ahora una docena de años me decidiera a escribir el libro obedeció a una reacción espontánea, no a un proyecto premeditado. Ocurrió lo siguiente: invitado por la Universidad de Marburgo a dar una conferencia sobre nuestra incivil guerra, comprobé que el auditorio tenía una idea completamente desfigurada de lo que fue aquello, hasta el punto de que algunos asistentes al acto daban por supuesto que Andrés Nin, el líder del POUM asesinado por los estalinistas españoles o rusos, era un agente al servicio de Franco y el fascismo. Indignado y sin pensarlo un segundo, a la mañana siguiente llamé a la editorial Nautilus de Hamburgo para proponerles convertir mi ponencia en un libro. Año y medio después aparecía DIE LIBERTÄRE REVOLUTION- Die Anarchisten im spanischen Bürgerkrieg.

¿Cuánto de científico tiene la obra y cuánto de ensayo y/o opinión? ¿Cuáles son las principales fuentes que utilizaste para tu investigación?

En qué medida mi obra es "científica" o no, lo dejo al criterio de la crítica y de mis lectores. Dicho esto añadiré que el concepto de "científico" como sinónimo de objetividad y rigor profesional ha sido utilizado una y otra vez para deformar la realidad y servir a intereses ideológicos bastardos, como ha ocurrido también con una parte mayor o menor de la bibliografía sobre nuestra contienda fratricida. Mi obra es en primer lugar una obra de historia de corte clásico, pero a la vez narrada e interpretada desde mi perspectiva libertaria. Las 400 páginas del libro contienen un extenso aparato bibliográfico con alrededor de 700 citas en castellano, francés, inglés, alemán, catalán e italiano. Consulté también los archivos del Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam y otras fuentes escritas. Pero como insider y conocedor de primera mano y desde mi niñez de los entresijos del Movimiento Libertario y de mi trato personal o de mi amistad con los militantes más destacados de la CNT y la FAI, mi fuente de información más valiosa fue lo que aprendí de ellos, empezando por mi padre, compañero y amigo de Salvador Seguí, Juan Peiró o Ángel Pestaña.

Aunque no he leído el libro, sí que he leído y escuchado algunas entrevistas. En ellas afirmas que en contra de lo que apunta Hans Magnus Enzensberger, la revolución libertaria en España no fue un corto verano sino que empezó con la guerra y con la guerra acabó. ¿Cuándo crees que comienza a fraguarse el poderoso movimiento anarquista ibérico que alcanza su punto álgido en 1936-1937?

En su libro El corto verano de la anarquía Hans-Magnus Enzensberger traza un cuadro esencialmente positivo de la actuación del anarcosindicalismo español. Que eligiera este título más simbólico que real no me parece importante, aunque yo, en efecto, aluda a él en mi libro. Como movimiento orgánico, el anarquismo empieza a cobrar forma concreta tras la fundación en 1864 y en Londres, de la Asociación Internacional de Trabajadores, pero como movimiento de masas se consolida a partir de principios del siglo XX, como se desprende ya de la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo en 1910.

Me comentaste durante nuestra charla telefónica que el libro es una obra histórica que ofrecía una mirada muy crítica con el papel del PCE en (o contra) esa revolución libertaria: ¿cuál crees que fue el mayor pecado de los comunistas españoles? Hay algunas voces que incluso acusan a los comunistas de haber mandado asesinar a Durruti, una condición de Moscú para seguir apoyando militarmente a la República...

Los comunistas del PCE y del PSUC combatieron a sangre y fuego no sólo las colectividades libertarias, sino todo lo que se oponía a las siniestras consignas de Stalin, como hicieron con los militantes del POUM o con Largo Caballero, que a la inversa de Negrín, tuvo la gallardía de enfrentarse a ellos y arrojar de su despacho al embajador ruso. Nunca me he preguntado cuál ha sido el mayor pecado cometido por los comunistas españoles, ya que siempre los he considerado, en conjunto, como un cuerpo extraño y contraproducente dentro de la tradición obrera de nuestro país. En cuanto a la muerte de Durruti y sus motivos de fondo carezco de la suficiente información fidedigna para emitir juicios de valor o perderme en conjeturas sobre lo que sucedió.

5. Sin embargo, muchos opinan que el excesivo utopismo o libertarismo de la CNT provocó que la República perdiese la guerra contra Franco. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Acusar al Movimiento Libertario de la derrota militar de la República a causa de querer hacer al mismo tiempo la guerra y la revolución significa identificarse con la tesis difundida desde el primer momento por Stalin y sus esbirros y cómplices en España, un tema del que en mi libro me ocupo in extenso. El bando republicano perdió la guerra porque carecía de las armas suficientes y porque Stalin impuso una logística cuya finalidad no era la de posibilitar la victoria, sino la de prolongar la guerra y diferir así el inminente ataque de Hitler a la Unión Soviética, otro de los aspectos cruciales que analizo a fondo en mi libro. Largo Caballero fue derrocado precisamente porque quería elegir una estrategia bélica totalmente opuesta a la que imponía Moscú.

¿Cuál crees que fueron los mayores errores del anarquismo español? Hay voces que apuntan al anarquismo como el principal responsable en el uso indiscriminado de la violencia y de la represión en la zona republicana: ¿estás de acuerdo?

El primer gran error cometido por los dirigentes anarcosindicalistas tuvo lugar en Barcelona y consistió en haber confiado ingenuamente en la solidaridad y la lealtad de grupos y sectores políticos hostiles que en poco tiempo lograron contrarrestar la hegemonía libertaria e imponer sus propios intereses y objetivos. Y su segundo gran error fue el del burocratismo y el ordenancismo de los innumerables Comités surgidos a lo largo de la guerra y su alejamiento de las masas confederales. No menos fatal fue que un personaje de rompe y rasga como Marianet, debidamente apoyado por Federica Montseny, dirigiera durante la guerra el Comité Nacional de la CNT, para no hablar de otras miserias humanas. Por lo que respecta a la violencia y a los crímenes cometidos en el bando republicano, una de las estratagemas comunistas fue la de hacer responsables a la CNT-FAI de todas las tropelías, excesos punitivos y actos de venganza que se cometieron en el bando republicano. No faltaron sin duda elementos advenedizos y pseudo-anarquistas que valiéndose de su carnet confederal y contraviniendo las instrucciones expresas dadas por los órganos libertarios repetidas veces, practicaron el pillaje y la violencia, incendiaron iglesias y mataron a pobres monjas y sacerdotes. Lo que la propaganda anti-libertaria calla es que los verdaderos anarquistas no sólo no participaron en los hechos de sangre sino que salvaron la vida de personas amenazadas, como hicieron Juan Peiró y mi padre en Mataró y Barcelona o Josep Alomá en Tarragona, para no citar si no ejemplos que conozco de primera mano. Lo que ni la CNT ni la FAI hicieron durante la guerra civil fue organizar checas y cárceles secretas para torturar y asesinar a sus rivales políticos, como hizo el mismo partido comunista que acusaba a los anarquistas de fomentar el desorden y el caos.

Autores como Noam Chomsky opinan que la revolución libertaria española fue única: probablemente la última auténtica revolución de fuertes bases morales y utópicas. En tu opinión. ¿qué elementos crees que hicieron posible esa revolución así como que el movimiento anarquista español alcanzase ese nivel de organización y vertebración social?

Noam Chomski tenía razón. A diferencia del carácter abiertamente totalitario y coactivo de la revolución bolchevique de 1917 y de la que implantó Mao Tse Tung en China, la revolución social llevada a cabo por los libertarios españoles se basó en el principio de autodeterminación y asociación voluntaria. Si esta hazaña fue posible se debio sobre todo a la importancia que los anarquistas españoles adjudicaron desde el primer momento a la educación moral y a la cultura, a su amor a la libertad, a su sentido innato de la igualdad y a su defensa de la dignidad humana. Es en este trasfondo ético donde hay que ir a buscar la clave de las colectividades libertarias y su alto nivel de organización. Pero estas apreciaciones quedarían muy incompletas si no señalásemos que la epopeya colectivista de los anarquistas españoles fue la encarnación moderna de los valores humanistas que nuestros grandes clásicos del Siglo de Oro expresaron en sus obras, a su cabeza Cervantes, como he subrayado en mi libro y mal que le pese a cierto tipo obtuso y resentido de comunista que cree que la ciencia universal fue inventada por Carlos Marx.

Se cumple ahora el centenario de la fundación de la CNT y muchas publicaciones repasan el movimiento anarquista. Sin embargo, da la sensación que lo hacen desde la simpatía hacia un movimiento o ideología que pertenecen al pasado, que ya no es válido como patrón social. Si observamos la poca importancia actual de la CNT como sindicato (casi residual), el movimiento libertario parece ser definitivamente cosa del pasado. En una época como la actual, en la que la crisis del sistema capitalista es más que evidente y en la que la catástrofe del actual sistema económico exige alternativas viables, ¿cuánto crees que ofrece de aprovechable el ideario libertario? ¿Crees que la autogestión es un valor con futuro?

Hay valores como el bien, la justicia, la amistad o la solidaridad que conservarán siempre su legitimidad intrínseca, también en períodos históricos o sociedades en las que a nivel cuantitativo desempeñen un papel marginal, como ocurre por desgracia en la actual sociedad tardocapitalista. Ésta es la gran lección moral que nos han transmitido los grandes maestros griegos, de los que en aspectos esenciales el anarquismo se nutre. Rechazar estos valores eternos implica caer en el relativismo, el historicismo, el formalismo, el oportunismo y el "todo está permitido" proclamado por Iván Karamazov. La mano de obra industrial y agraria de antaño ha sido sustituída en gran parte por el sector terciario de servicios y el trabajo de oficina, pero esta diversificación profesional y laboral no signfica en modo alguno que el principio de autogestión haya perdido su sentido original, como intenté demostrar hace años en mi libro "Sindicalismo y autogestión" y posteriormente en más de uno de mis libros en lengua alemana. Por lo demás, el anarcosindicalismo no es el único ideario o movimiento que haya perdido la fuerza que tuvo en España en la década del treinta. No menor o incluso más fulminante ha sido el descenso histórico del comunismo y el socialismo europeos, a menos, claro está, que consideremos como socialistas al PSOE de Zapatero, al laborismo inglés o a la socialdemocracia alemana, todos ellos fieles y devotos servidores de la burguesía y del imperialismo. Pero también el sindicalismo ha pasado a ser una pálida sombra del pasado, y ello empezando por sus bajos índices de afiliación, no sólo en Norteamérica sino también en nuestro país, en el que los llamados sindicatos mayoritarios CCOO y UGT son en realidad altamente minoritarios en relación a la totalidad de la población activa.

Tú llevas cincuenta años viviendo en Alemania, lo que algunos califican de exilio voluntario: ¿cómo ves a la España actual desde la distancia? ¿Crees que queda algo de ese hombre bueno y luchador que describe George Orwell en su libro "Homenaje a Cataluña" o, por el contrario, opinas que el dinero y el (falso) bienestar apoyado en el consumismo más vacío que ha sufrido la sociedad española desde la muerte de Franco ha acabado con esos valores?

España, a la que tanto he amado y por la que tanto he luchado en mis libros de habla alemana y en los foros públicos de mi país de acogida, me da pena. Y ello reza ya para la casta política que desde el fin de la dictadura gobierna el país, trátese de la derecha tipo Aznar o de las huestes de Felipe González y del actual inquilino de la Moncloa. En vez de solucionar los problemas endémicos del país –carencia de una economía sólida y de justicia distributiva- consagran sus mejores energías en insultarse mutuamente y en componer su imagen publicitaria. En el plano empresarial, España sigue siendo un país sin una burguesía digna de este nombre y consciente de sus deberes. Es más especuladora que creadora, lo que explica que a nivel tecnológico sigamos siendo una colonia de los grandes consorcios extranjeros. ¿Cabe mayor dislate que el de creer que el futuro de España depende del turismo y de la industria del ladrillo? Por todas partes incompetencia, corrupción, diletantismo, estériles peleas de gallo, promesas incumplidas. Existen sin duda minorías que no han perdido del todo el sentido de la vergüenza y luchan por una España mejor de la que tenemos ahora, pero el tipo de militante o de español que tanto impresionó a Orwell se ha convertido en un bello recuerdo del pasado. Lo que en general prevalece es la triste España de pandereta surgida en los infaustos siglos de decadencia.

El desempleo en España ha rebasado ya el 20 por ciento de la población activa y parece que la crisis económica que está sufriendo España es estructural y va hacer temblar las bases de un modelo económico que hace cinco años parecía incontestable, a pesar del enorme daño que estaba provocando en el medio ambiente y, sobre todo, en la capacidad de organización de la clase trabajadora. ¿Crees que esta crisis puede hacer reflexionar al trabajador y a hacer que recupere su conciencia de clase y su capacidad de autoorganización?

De momento, el elevado índice de paro, la creciente inseguridad laboral y los recortes salariales introducidos por el gobierno zapaterista han constituído un chock para los trabajadores y sectores sindicales que creían que el desarrollo del capitalismo salvaje no era incompatible con la continuidad del bienestar material de las clases asalariadas. La huelga de finales de septiembre ha sido el primer signo visible de que han empezado a abrir los ojos y a despedirse de sus ingenuas ilusiones. Pero de eso a recuperar la conciencia de clase en el sentido clásico de la palabra hay todavía mucha distancia. Para que llegue ese momento –si es que llega- será imprescindible un largo proceso de autoeducación ideológica y militante, lo que a su vez requerirá, como condición previa, liberarse del fetichismo consumista y hedonista que se ha incrustado también en el alma de muchos trabajadores y volver a las fuentes de la cultura genuinamente obrera.

Miramos al modelo soviético y al cubano, que fracasaron porque no supieron entender que la utopía no se puede imponer, que la sociedad nueva no se construye desde la imposición, la ortodoxia ni la dictadura, sino desde la participación voluntaria de las clases populares y desde la democracia bien entendida. Miramos al modelo chino, que hace del pragmatismo su seña de identidad y une a la perfección la dictadura política del partido comunista más férrea y la dictadura económica de mercado del carácter más duramente neoliberal. A estas alturas, ¿crees que hay una alternativa al capitalismo de mercado o del Estado? ¿Eres optismista y crees que el hombre todavía puede salvarse a sí mismo?

Los hombres viven hoy en su inmensa mayoría en estado de alienación y cosificación; de ahí que hayan perdido la conciencia de su identidad humana y se hayan convertido en peleles del poder establecido, sea en su forma autoritaria –como en Cuba o China- o formalmente democrática, como en el hemisferio capitalista. La autosalvación del hombre a la que tú aludes no es imposible, pero a corto y medio plazo escasamente probable, no sólo porque los detentadores del poder harán todo lo imaginable para impedirlo, sino también porque la gente está paralizada por el miedo, la resignación y el escepticismo, como demuestra la pasividad con que suele aceptar las múltiples canalladas, arbitrariedades y mentiras de los mandamases de turno. Pensar que las crecientes contradicciones y aporías de los respectivos sistemas de poder conducirán por sí solos a su hundimiento, significa sucumbir a la tentación siempre latente del mesianismo o determinismo histórico, en los que nunca he creído. Sin la lucha activa contra el irracionalismo reinante en todo el globo, seguiremos como hasta ahora o incluso peor. Pongo punto final a nuestro diálogo para señalar que el proceso de resistencia colectiva que estoy sugiriendo sólo se pondrá en marcha si se inicia en el interior de cada uno. O para decirlo con las palabras de Schiller: lo que más urgentemente necesitamos es una "revolución de las conciencias".

lunes, 8 de noviembre de 2010

De la calle a la galería...


Que la pasarela se apropia de la tendencias marginales hace tiempo que lo sabemos. El mercado, que lo aprovecha todo de todo, sabe rastrear el subsuelo de la cultura popular, localizar aquellas expresiones artísticas potencialmente mercantilizables y hacer dinero con lo que tiene vocación de contracultural y subversivo. El sistema cumple así sutilmente dos funciones vitales para su supervivencia: integrar lo antisistémico en el mainstreaming y echar más madera al fuego del mercado del arte para que el negocio no pare. Y es que, como canta aquel genial mc zaragozano, el dinero es la condena del hombre. Y eso también hace tiempo que lo sabíamos.

"Londres tiene a Banksy, Berlín tiene a Alias". Esta pretenciosa frase abría el artículo de prensa que me llevó a interesarme por el artista urbano berlinés que parece estar a la altura del genial y mercantilizado Bansky. Alias es el nombre de este artista que ahora da el salto a su primera exposición en solitario en la galería West Berlin, inaugurada el pasado cuatro de noviembre y abierta hasta el próximo 4 de diciembre: de la fugacidad underground del arte urbano, expresado en la calle a través del graffiti y los sticks, a la institucionalización eternizante de la galería y al sistema de la compra-venta. Supongo que el artista tiene el derecho de ganarse la vida con su trabajo, pero también la obligación de no traicionarse a sí mismo si su arte tiene la vocación de lanzar una mirada crítica sobre lo que está pasando en el mundo. Y en esa pelea tienen que hacer ejercicios de malabares gentes como Alias.

Banksy, mientras, parece estar mucho más allá: sus obras se cotizan por cientos de miles de dólares en las subastas más exclusivas, mientras la calle sigue siendo el escenario de su obra más genuina. Su firma ha sido absorbida definitivamente por el mercado del arte más agresivo, y en la galería de cualquier gran coleccionista que se precie no puede faltar una obra del provocativo artista londinense. La pregunta que nos asalta irremediablemente: ¿cuánto de subversivo le queda a un artista que realimenta la valoración de su obra con los precios que ésta alcanza en el estúpido mercado? La recomendable película Exit through the gift exit lanza una ambigua mirada sobre el fenómeno: en ella Banksy se ríe de aquéllos que se pelean por comprar su expresión (que precisamente mete el dedo en la llaga de la enfermedad social cuyo mercado del arte es el mejor ejemplo) sin dejar de negar que vive (y muy bien) de ello. Si el punk de los sesenta se vende ahora en lujosas recopilaciones, ¿veremos algún día trozos de pared con obras de arte urbano expuestas en las blancas salas de los museos nacionales?


miércoles, 3 de noviembre de 2010

Dos citas

Vuelve el curso y se nos van las hojas de los árboles para no volver, por lo menos, hasta abril. Pero lo que nunca se fue de Berlín es la música. Sigue el bambo para que no nos aburramos y mantengamos bien lejos la melancolía y la siempre amenazante depresión invernal berlinesa. Ahora os ofrezco dos citas musicales que probablemente sólo tienen dos cosas en común: las dos tendrán lugar el próximo viernes y en las formaciones de ambas bandas hay elementos españoles, supervivientes de esta ciudad en la que vivir es como pasearse por una cuerda floja o como estar montado en una montaña rusa emocional. "Berlin ist ein Loch".




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sábado, 23 de octubre de 2010

¿Qué integración?


Dorada tarde de otoño en la terraza de cualquier 'kneipe' de la Maybachufer, Kreuzköln. El panorama, lleno a rebosar de berlineses de nacimiento y adopción haciendo la fotosíntesis. Tres chicas, aparentemente de fuera de Berlín, esperan a ser servidas. Se les nota nerviosas. Llevan "una hora esperando a que les pongan tres bebidas y dos platos de comida". Finalmente llega una mujer turca mayor que trabaja como camarera. "Oiga, cuándo llega nuestro pedido? Es que llevamos más de una hora...". "Es kommt noch....", dice la mujer con marcado acento turco, y una sonrisa. "Fíjate, seguro que lleva 20 años viviendo aquí y todavía no la entendemos cuándo habla alemán", la reacción de las tres niñas pijas.

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El debate se inició (artificialmente) por las descaradas declaraciones de un ya ex presidente del Bundesbank y ex miembro del partido socialdemócrata. Según Thilo Sarrazin, la mala situación socioeconómica de parte de la población de origen árabe y turco residente en Alemania demostraba que todos turcos y alemanes residentes en Alemania tienen un menor nivel intelectual que los alemanes y otros europeos de tradición no musulmana. Palabras racistas y cargadas de frustrado odio, sin duda. Por eso el pobre Sarrazin, quien dijo que no tenía por qué pedir perdón por ser alemán, fue eliminado del sistema por el status quo de la República Federal.

Parecía que el debate moría por falta de peso. Pero de pronto, más que probablemente con la vista puesta en las próximas elecciones, la ahora en horas bajas canciller Angela Merkel, tan moderada habitualmente, nos vino a decir que el "el proyecto multicultural había fracasado". Que estaba muerto. Y su colega Seehofer, jefe de los socialbárvaros, se mordía menos la lengua y dijo que Alemania no necesitaba inmigrantes de otras culturas como la turca o la árabe. Mentira.

Alemania tiene un problema demográfico grave: su población blanca se muere lentamente, mengua por una críticamente baja tasa de natalidad. El mercado laboral alemán necesitará en los próximos años alrededor de medio millón de trabajadores extranjeros para mantener la tan laureada recuperación económica basada en la exportación. Y en parte porque la población alemana originaria no está lo suficientemente formada para cubrir esa demanda. Por tanto, no nos queda más remedio que ver en las declaraciones de parte de la clase política germana un transfondo claramente racista.

Y sí: la sociedad alemana es, en parte, racista. Tal vez no más que otras como la española o la inglesa, pero racista. El problema no es ése, sino que los que están arriba no quieren reconocer ese racismo subyacente en la sociedad de la República. Lo tapan por lo que pasó en este país a partir de 1933 y hasta el fin de la guerra: "die deutsche Katastrophe". Y de ahí que se produzcan cortocircuitos en el sistema llamados Sarrazin o Seehofer. Conclusión: el racismo sociológico va más allá de los residuales partidos neonazis. Y, sí, está presente en el Bundestag.

Pero, amigos, antes de juzgar, antes de ver la paja en el ojo ajeno, conviene mirarse al espejo. Oficialmente, en España viven más de 113.000 alemanes. No sé cuántos de ellos son jubilados con pasta cansados de no poder hacer la fontosíntesis en su propio país que llegaron a la encementada costa mediterránea para morir bajo la luz de sol, pero sí que sé que son unos cuantos. Y esos cuantos no hacen mucho esfuerzo por integrarse: es decir, ni hablan español ni hacen el esfuerzo por hacerlo. Pero ellos no lo necesitan porque, oficialmente, no son inmigrantes, sino turistas residentes con dinero para gastar y sin necesidad de ganarse la vida. El lenguaje no es inocente. Está cargado de ideología y el uso de las palabras "inmigrante" y "turista" es un ejemplo de ello. Pura hipocresía, porque ¿de qué inmigración hablamos y de cuál no?

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Primera hora de la mañana de cualquier día de la semana en Ostbahnhof. Un joven mochilero mexicano con cara de indio busca desorientado un tren que le lleve a Frankfurt. Dos agentes de policía, con pintas estúpidamente diligentes, se le acercan....para pedirle el pasaporte. El mochilero se lo muestra con expresión de indignada incredulidad. Los policías se van con cara de inútil satisfacción. Una chica alemana se le acerca y le pregunta por qué le pidieron el pasaporte. "Mucha inmigración, me han dicho".

viernes, 15 de octubre de 2010

Internacional Hedonista: coge lo que quieras cuando quieras...

Si hacemos caso a su manifiesto, la Internacional Hedonista (IH) no es una organización, ni siquiera un movimiento, sino tan sólo una idea. Una idea "cuya interpretación depende de cada uno". "Cada persona es responsable de sus actos. Los hedonistas y las hedonistas se unen en diferentes alianzas para realizar acciones con o sin un objetivo específico", afirma su manifiesto. Aunque, en realidad, el objetivo último de toda esta hedonista espontaneidad es uno y sólo uno: mejorar el actual estado de las cosas, que dista mucho de ser óptimo (que se lo pregunten si no a los preparados españoles).

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martes, 12 de octubre de 2010

Australia: el fin es el camino


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"Pascal, en una de sus melancólicas reflexiones, sentenció que todas nuestras miserias tienen una sola causa: nuestra incapacidad de quedarnos tranquilos en una habitación".

"Nuestra naturaleza reside en el movimiento; la completa calma es la muerte".

La primera cita procede del recomendable libro del periodista, escritor y viajero inglés Bruce Chatwin The Songlines ("Los trazos de la canción"); la segunda, también extraída del libro de Chatwin, son palabras del mismo Pascal. Una y otra sirven para resumir el sabor de boca que se le queda a uno tras viajar como un poseso por el continente australiano: más 10.000 kilómetros en un mes; tres aviones, una furgoneta, dos coches, varios autobuses, un tren, una bicicleta y mis propios pies me sirvieron para intentar pisar lo máximo posible de un continente cuya naturaleza colma los sentidos. Y te hace sentir pequeño.

Mi estado durante los últimos 30 días ha sido el movimiento casi por necesidad psicológica, ante la enorme realidad que tenía delante. Hasta tal punto que al final pareciese que el camino y no el destino le daba sentido al viaje. Seguramente porque así fue. Bien lo apuntaba Chatwin en su libro, durante cuya preparación buscó descubrir el complejo sistema de comunicación usado por las culturas aborígenes australianas, destrozadas con la llegada del progreso blanco occidental: mientras el nómada respeta al medio en el que vive, y por ende a sí mismo, el sedentario siempre acaba por traicionar su condición humana y por desequilibrar el equilibrio natural, y por ende a sí mismo.

De Australia podría contar muchas cosas: que no es un país, sino un Estado poliédrico y con una gran fractura socioeconómica brutal entre lo que queda de la realidad aborigen y la dominante blanca, entre el outback (el desértico interior del país) y la costa bienestante; que tiene rincones tan mágicos y cargados de espiritualidad que parece mentira que formen parte de la realidad de nuestro planeta; que el desparpajo y la informalidad con los que sus habitanes asumen el primer contacto con un desconocido reconfortan al recién llegado y dejan por los suelos los (innecesarios) protocolos sociales de la vieja Europa.

Pero como una imagen dice más que mil palabras, ahí van unas cuantas.



miércoles, 1 de septiembre de 2010

La culpa de todo la tiene Yoko Ono


Hay gente para todo, como dice la mítica frase nacida en el seno del idioma castellano, ya casi con galones de refrán. En Berlín esa verdad se multiplica casi exponecialmente, dada la curiosa amalgama de gentes de orígenes varios, diversos intereses, más o menos extravagantes, además de dudosas pretensiones. Pretensión, en todo caso, sobra en esta ciudad. Y también pose. Mucha pose.

El próximo 10 de septiembre llega a esta capital tan poco ortodoxa una “artista” que no necesita de presentación y a la que la pose le brota a borbotones por los poros. Yoko Ono presentará, no obstante, su nueva “instalación” “Das Gift” (El veneno), abierta a todos los públicos hasta el próximo 13 de noviembre en la galería Haunch of Venison. Y la nota de prensa del acto no tiene desperdicio.

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jueves, 5 de agosto de 2010

Instituciones totales y nuevas culturas urbanas

Llámase "institución cultural total" a aquélla que, generalmente financiada con fondos públicos y por tanto prácticamente inquebrantable, convierte en oro todo lo que toca. Aparecer en una actividad programada por una "institución cultural total", ya sea música, poesía o cualquier otra expresión artística, supone casi automáticamente cobrar importancia y relevancia, aunque sólo sea por días u simplemente horas. Los procesos protocolarios y ceremoniales que envuelven a las "instituciones totales" suelen inflar las expresiones culturales y artísticas nacidas de la plebe, que, por otra parte, suele sentirse bastante ajena a las ceremonias tan características de la totalidad cultural-institucional, aunque en ocasiones se aproveche de esa omnipresente totalidad. Sobre todo, a nivel monetario. En Berlín tenemos, por supuesto, un par de ejemplos de ese tipo de instituciones que no hace falta que nombre.

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martes, 27 de julio de 2010

Réquiem por la fiesta

"Baila o muere"....

En realidad, hacía mucho tiempo que estaba muerto. El espíritu de la Love Parade no desapareció el pasado sábado en Duisburgo con la muerte de 20 personas por aplastamiento. No. El espíritu de la "mayor fiesta de tecno", como fuera bautizado el evento que comenzó a celebrarse el mítico año 1989, hacía mucho tiempo que era desconocido para sus organizadores. Ni una gota de transgresión movía a aquéllos que lo único que querían era hacer dinero a costa del "amor" por la música, las drogas o el sexo. El amor por el dinero era su auténtica motivación. Ahora recogen el amargo fruto de su avaricia. Como escribió en su blog Dr Motte (dj y cofundador de la Love Parade) el mismo día de la tragedia: "La fiesta sigue. Es simplemente asqueroso". El aplastamiento se produjo a las cinco de la tarde; la fiesta continuó hasta las once de la noche; la (des)organización dijo que por motivos de seguridad. Pienso que simplemente fue por sus intrísencos deseos de amasar dinero.

Rainer Schaller era el jefe de la Love Parade desde 2006. Compró la fiesta porque vio en ella un gran oportunidad de negocio. Este empresario, para quien no lo sepa, es el fundador de McFit, esa cadena de gimnasios "low cost" cuyo nombre es toda una declaración de intenciones, que tanto éxito tiene en Alemania y que era el principal esponsor de la Love Parade 2010. Su lema es "ofrecer lo justo y necesario" para que la gente pueda tener un cuerpo diez para amar y ser amados. A decir verdad, todo encaja a la perfección: falso amor, vacía belleza, tecno enlatado, sonrisas como cinceladas por pastillas de éxtasis duras como el odio en las caras de los asistentes al macroevento. Y todo a precios insuperables. Todo "low cost". Ahora también la muerte sale casi gratis. "Baila o muere" era el premonitorio eslogan de esa farsa comercial llamada Love Parade. Lo peor de todo es que su definitiva desaparición tuviese que costarle la vida a 20 personas. Lamentable.

Los medios de comunicación buscan ahora a los culpables de la barbarie festera. Buscan que rueden cabezas, pero no auténticas respuestas. Como casi siempre se encontrará a un cabeza de turco que pague los platos rotos. Los responsables primeros de todo esto dudo que paguen por su imprudencia. Es lo normal en esta sociedad "low cost". La incompetencia y la desvergüenza tampoco len salen caras a los poderosos.

A todo esto, la Fuck Parade, esa mani-fiesta de espíritu punk y estética hardcore nacida en 2000 como oposición política-festiva a la farsa del amor, sigue convocada para el próximo agosto. Hasta nueva orden. Mientras tanto, bailad malditos. Bailad o morid.

viernes, 23 de julio de 2010

Berlín también es latino...

“Por eso quemamos las balas, vendimos el televisor, le dijimos chau a la vieja, me voy para un mundo mejor. Nosotros estamos acá, porque ustedes estuvieron allá... […] En un mundo paralelo, al sur de tu suciedad, caminamos siempre en silencio, no podemos protestar, somos los que siempre perdieron, estando acá estando allá. Nosotros estamos acá, porque ustedes estuvieron allá”.

Ésta es la mirada de las relaciones entre América Latina y Europa de los Sudaca Power. Una mirada particular y personal marcada por la propia experiencia, pero no por ello libre de verdad. Una mirada que no incluye necesariamente las relaciones iberoamericanas, aunque sin la historia de esas relaciones iberoamericanas la letra de la canción del tema Nosotros estamos acá de la banda de rock latino apadrinada por la noche berlinesa no tendría razón de ser.

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viernes, 9 de julio de 2010

Las banderas...

El fútbol es capaz despertar los instintos más primarios e irracionales del ser humano. Entre ellos, el nacionalismo. Ese fenómeno que una vez escuché comparar con los pedos: a uno no le suele molestar el propio, incluso le puede llegar a deleitar por mucho que apeste, pero los del resto no los puede ni oler. Y en el mundial de fútbol que ahora nos toca vivir y sufrir, el nacionalismo de corte patriotero-futbolero. Una joya.

En el caso de Alemania, ese patriotismo futbolero se ha apropiado irremediablemente del espacio público. Berlín, esta capital tan atípica de este curioso país, tampoco se escapa. Desde hace semanas el aire berlinés anda cargado por una sociedad en estado de coma intelectual. La cosa parece estar clara: todo empezó hace cuatro años, me comenta un joven ex militar alemán avergonzado por la actitud de sus compatriotas. Entonces, con ocasión del mundial de fútbol de Alemania, el Gobierno federal lanzó una campaña cuyo objetivo era alentar a los ciudadanos alemanes de nacimiento y adopción a que se reapropiasen del sano patriotismo germano. Así, y bajo el eslogan de "Du bist Deutschland" ("Tu eres Alemania"), los alemanes se quitaron la careta y mostraron que ellos también pueden ser buenos patriotas. Porque si tú eres Alemania, camarada, si todos somos Alemania, ya no hay nada que temer: tras décadas de autorrepresión provocada por los estragos que dejó tras de sí el nacionalismo étnico y racista que desató la Segunda Guerra Mundial era hora de volver a sacar a pasear la bandera. El fútbol ofreció la ocasión perfecta para ello. Un espectáculo de masas que lo permite casi todo.

Cuatro años han pasado, y la semilla patriótica plantada por el Gobierno alemán parece haber crecido sobre raíces bien sólidas: los alemanes de nacimiento y adopción vuelven a blandir sin sonrojo ni complejo alguno la bandera alemana. Ahí está: en los retrovisores de los coches, los escaparates de los späties, los balcones, los pendientes de las cajeras de los supermecados, los carritos de los niños e incluso en los colores con los que los postpunkies se lacan sus postcrestas. Y como a los chicos de Joachim Löw se les ocurra ganar el Mundial, esa bandera, ahora onmipresente hasta la enfermedad, amenaza con quedarse por mucho tiempo con consecuencias imprevisibles.

A todo esto, el patriotimo futbolero ha parido una historia digna de ser contada: Ibrahim Bassal, un berlinés de origen libanés que lleva en la capital más de 20 años, es el propietario de un bazar en la Sonnenalle, en el distrito de Neuköln. A Ibrahim se le ocurrió al inicio del Mundial colgar una bandera de Alemania de 100 metros cuadrados de la fachada del edificio en cuyos bajos esta situado su negocio. No sin consecuencias: un presunto grupo de extrema izquieda llamado Kommando Kevin-Prince-Boateng Berlin-Ost, cuyo objetivo es acabar con todas las banderas presentes en la capital como muestra de su antinacionalismo, parece ser el responsable de varios ataques sufridos por la enorme bandera. El nombre del comando, por cierto, hace referencia al fútbolista berlinés de origen africano que renegó de la selección de su país para jugar con la de Ghana. "Os pido por favor que dejéis la bandera tranquila", dice Ibrahim, "nos ha costado mucho dinero". Los alemanes ya no le dejan a uno ni querer ser alemán, debe de decirse para sus adentros el pobre Ibrahim.

lunes, 28 de junio de 2010

La gran mentira


Son las 22 horas y 14 minutos de un día cualquiera en el aeropuertro de El Prat. Un día más pero diferente al tiempo. La mujer espera un vuelo que seguramente no partirá nunca. Al menos no aquel día. Por el modesto equipaje que la acompaña, suponemos que no vuela muy lejos, y si va lejos, no lo hará por mucho tiempo. Quizá una visita a un hijo que vive en el centro de Europa. Un exiliado económico más, pienso yo.

La nube de cenizas del volcán islandés de nombre impronunciable impedirá ese viaje tan deseado durante semanas por la madre. ¿Quién le iba a decir que cenizas voladoras tan caprichosas impedirían su viaje? Bien mirado, piensa la madre, lo tenemos merecido. Es como una bofetada que la naturaleza nos da a la humanidad, añado yo a los pensamientos de la madre imaginados por mi. Porque, ¿quién nos había dicho que el turismo de masas sin hora ni día y de precios democratizados por la fuerza del omnipotente y libre mercado iba a durar para siempre?

Ese turismo no fue más que una ficción más del ficticio bienestar basado en el crecimiento sin freno ni techo en el cual hemos vivido como anestesiados durante los últimos años, sigue hilando mentalmente la indignada madre, no ya por el retraso de su vuelo -eso ya es lo de menos- sino por la estupidez del hombre. Ese turismo de masas no es más que una mentira más de esta gran mentira. Todo es mentira.

Las 22 horas y 14 minutos. Y el tiempo no pasa. Se ha quedado como varado por la nube de cenizas, piensa la frustrada viajera. Pero es que, señora, esto es una foto, le respondo yo mentalmente. Y la fotografía mata el tiempo, congela la realidad, añado con ínfulas intelectuales. Perdona chiquito, usted ve la foto, pero yo la vivo. Y le digo que el tiempo se ha parado. Le doy la razón a la madre, por edad y porque ella vivió lo que yo sólo puedo imaginar que pasó a través de esa copia muerta que la fotografía me ofrece de la realidad. Sí, definitivamente, la naturaleza ha tomado, como siempre, la mejor de las decisiones posibles: parar la loca y gran mentira en la que se ha convertido este mundo.

P.D: texto publicado en catalán en la sección "Peu de foto" del suplemento Quaderns Illacrua del Setmanari Directa. Fotografía de E. Navalón.

sábado, 5 de junio de 2010

Víctimas y verdugos: ¿adónde vas, Israel?

Necesitaba tiempo para reflexionar sobre lo que pasó la madrugada del pasado domingo al lunes pasado. El asalto del ejército israelí a la flotilla con ayuda humanitaria que salió de Turquía en dirección a la bloqueada Franja de Gaza. Lo confieso: en un primer momento no pude creer que las IDF (Israeli Denfense Force) hubiesen usado fuego real contra los activistas, aunque fuesen islamistas radicales, pese a que como demuestran los testimonios a bordo de los barcos que formaban la flota había gente de todas las tendencias ideológicas y religiosas. Incluso viajaban judíos y ciudadanos árabe-israelíes. La acción del ejército de un Estado que se dice democrático no se puede permitir el lujo de atacar a civiles, al menos no impunemente. La acción debe tener consecuencias. La comunidad internacional debe castigar de alguna manera al Estado de Israel.

Durante mi visita a Israel y los territorios ocupados palestinos hace un año tuve la oportunidad, pese a la complejidad de la realidad del conflicto que azota a Oriente Próximo, de sacar una conclusión que me resulta irrebatible: el Estado de Israel y el movimiento neosionista han creado un sistema discriminatorio y racista similar al apartheid surafricano, tanto dentro de las fronteras israelíes como en en los territorios ocupados. Es exagerado y peligroso comparar ese sistema con los crímenes nacionasocialistas. Ese tipo de comparaciones demuestran una profunda ignorancia de la historia reciente, además de un populismo que puede dar alas al antijudaismo y antisemitismo mundiales.

Sin embargo, la acción militar contra la bautizada "flotilla de la libertad" supone un salto cualitativo en la forma en la que Israel ha estado usando su enorme superioridad militar en la región. El asesinato a sangre fría, casi me atrevería a decir la ejecución, de al menos 9 civiles en el abordaje puede ser interpretado de dos maneras: o bien fue un grave error de estrategia militar, o el actual gobierno de Israel ha destapado que realmente le importa bien poco lo que la comunidad comunidad piense y, lo que es peor, que desprecia el más mínimo resquicio de alcanzar algo parecido a la paz. La construcción mantenida de colonias en Cisjordania y en Jerusalén Este, así como el bloqueo de la Franja de Gaza, pese a la oposición de la comunidad internacional con Estados Unidos al frente, apuntan en esa dirección.

Es simplemente ridículo que Israel intente justificar su sangriento asalto alegando que sus soldados fueron atacados con palos y botellas rotas en el momento del abordaje el cual, además, tuvo lugar en aguas internacionales y por tanto fue ilegal. Simplemente, es un insulto a la inteligencia. Pocos días antes del acto de terrorismo de Estado israelí, leí un artículo del gran Rafael Sánchez Ferlosio. Un compendio de esos dardos que él llama pecios. Uno de ellos me pareció tremendamente atrevido, pero no por ello menos audaz:


Lo que pasó hace una semana confirma mis sospechas desatadas por el pecio de Ferlosio: el Estado de Israel y el neosionismo radical y racista que lo tienen secuestrado democráticamente están convirtiendo a aquéllo que tenía que ser el edén para los judíos en una pesadilla. Israel, desde luego, no va en la dirección correcta, y su propia sociedad debe ser la que despierte de ese mal sueño antes de que sea demasiado tarde.

jueves, 13 de mayo de 2010

'Sin nombre'



Un bofetada de ficción rodada en forma documental de poco más de hora y media. Un rápido y crudo vistazo a la realidad centroamericana, de la que la violencia y la miseria forman trágicamente parte. No es ninguna novedad cinematográfica, pero a Berlín la película Sin nombre nos llegó un poco más tarde. El filme me dejó seco, casi sin habla. Y también me hizo reflexionar.

Trabajar en una redacción que informa para Latinoamérica desde el corazón de Europa tiene muchas ventajas personales, pero otras tantas desventajas profesionales: te obligas a trabajar siendo un profundo desconocedor del público, la realidad y la intrahistoria para las que informas. Mientras aquí nos rasgamos las vestiduras porque el euro se hunde, porque los bancos ganan menos de lo que debieran ganar y porque el Bayern volvió a hacerse con la Bundesliga, miles de centroamericanos se juegan la vida para alcanzar la tierra prometida estadounidense. Y sus vidas no valen nada.

Y me pregunto: si el reflejo de la realidad mostrado por Sin Nombre es crudo, ¿cuán no lo será la auténtica realidad?

miércoles, 5 de mayo de 2010

Más Directa...


Tal y como están las cosas, a veces le cuesta a uno seguir escribiendo reportajes y haciendo entrevistas, pero acabas recayendo no sé por qué. O sí: porque me gusta, porque sé que es necesario y porque mientras haya proyectos como el Setmanari Directa parece seguir valiendo la pena dedicarse a esto del periodismo. Aunque a veces haya que aprender a apretar los dientes. Nos nos vencerán.

Los dos últimos número de la revista hecha en Barcelona, pero con vocación combativa que supera fronteras, recogen un reportaje sobre la prohibición de facto de sindicato anarquista alemán FAU-IAA (que los medios de comunicación alemanes han tocado tangencialmente y sin mojarse demasiado), y una entrevista al fotógrafo alemán Harald Schmitt, seis veces ganador del World Photo Award y conocido como el fotógrafo de la caída del socialismo real. Entrevista que hice hace meses pero que la crisis dejó en el cajón de sastre de los recuerdos. Podéis leer ambas piezas, en catalán, si pincháis en las respectivas imágenes. Disfrutadlas, o no.

sábado, 1 de mayo de 2010

1. Mai: que siga la farsa...



Tren regional entre Berlín y Frankfurt an der Oder. 8 de la mañana. Un viejo ossie ojea el Berliner Kurier, uno de los diarios sensacionalistas de la capital. Voz populista del proletariado alemán. Uno de los termómetros de la opinión pública germana. En su portada: "1 de mayo: más odio acumulado que nunca". El viejo resopla. Pura demagogia no libre de cierta verdad. Pero, ¿odio a qué? El 1 de mayo berlinés ya está aquí, camaradas. Toca huir de la revolución postmoderna perfecta: corta, vacía y poco dolorosa. Una mentira más en un mundo lleno de mentiras. Pero si se trata de tirar piedras por unas horas, ¿qué más da?

Berlín, Kreuzberg. En un bar que hace esquina, a las 8 y media de la mañana. "Imagínate que todos los que vienen a liarla son de fuera. Estúpidos. Todavía no he visto ni a un solo berlinés lanzar ese día piedras contra la policía", dice una vieja con un café en una mano y un cigarro humeante entre sus dedos amarillentos. La voz de la experiencia. La vieja sabe lo que se dice. Otro berlinés de adopción con más de 20 años en la capital alemana me confirma las sospechas: ya en los salvajes 80, la mayoría de los que montaba barricadas y oponía resistencia a los antidisturbios, con la segunda generación de la RAF dando su últimos coletazos y la tercera en ciernes, eran de fuera. En aquélla época al menos había cierto transfondo ideológico. De de eso no queda nada. Como mucho las piedras, debajo de las cuales tenía que estar la playa. También eso era mentira.

El 1 de mayo de Berlín he visto de todo: jóvencísimos turcos-alemanes encapuchados con pañuelos palestinos tirando piedra con una mano y robando bocadillos de los tenderetes con la otra. Farsa de Intifada. Habría que enviarlos una semana a Cisjordania para que aprendieran lo que es bueno. También he visto presuntos militantes de la extrema izquierda alemana borrachos haciéndose fotos con su móvil ante filas interminables de antidisturbios. Niñatos oportunistas con ganas de mostrar que ellos también estuvieron allí donde había que estar. Turismo revolucionario de pastel. También vi auténticos militantes de la extrema izquierda abroncando a niñatos y a no tan niñatos por provocar choques evitables con la policía. Justo lo que esperan los antidisturbios: al final y al cabo, para eso están ellos allí. La revuelta postmoderna justifica su sueldo y su presencia. Y también el discurso alarmista de los políticos y su política del miedo.

Y este año, más de lo mismo. Una farsa sin punto y final. Las imágenes de todos los años. Violencia vacía, sin fondo ni objetivos. Pero al fin y al cabo, algún día habrá que tirar piedras, ¿no? Metidos hasta el cuello en una crisis económica sistémica y de valores, el 1 de mayo berlinés estará más desbravado que nunca. Justo cuando más inteligencia se necesita, más estupidez se acumula. Tenemos lo que nos merecemos. Créeme: si quieres hacer algo realmente transgresor y revolucionario por el primero de mayo berlinés, huye de la ciudad. Con esa gente no harás ninguna revolución, me dijo un día un viejo kreuzbergriano con la experiencia grabada en las arrugas de su cara.

miércoles, 21 de abril de 2010

De recuerdos y 'Egunkaria'...



Recuerdo que cuando la Audiencia Nacional decidió cerrar Egunkaria en 2003, todavía estudiaba en la universidad. Periodismo. Allí donde nos vendían que el derecho a la libre información, siempre que sea veraz, es uno de los pilares fundamentales e inquebrantables de los sistemas democráticos occidentales. Con España supuestamente dentro de ese grupo.

También recuerdo que por aquellos meses tomaba un curso de derecho, centrado en la interpretación del artículo 20 de la Constitución española: es decir, que todo ciudadano español tiene derecho "a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción". Y también recuerdo que el profesor nos explicó que el artículo 55 de esa Constitución, modélica para algunos, establece que "el estado de excepción o de sitio en los términos previstos en la Constitución" permite suspender todos los derechos recogidos en el artículo 20.

Recuerdo que para ese curso me atreví a escribir un trabajo sobre la base jurídica con la que el juez Del Olmo clausuró Egunkaria y detuvo bajo legislación antiterrorista a sus directivos por presunta colaboración con ETA. Mi conclusión fue que tal base jurídica no existía y que el cierre era un auténtica aberración y un verdadero ataque a los derechos fundamentales de expresión supuestamente garantizados por la Constitución española. Recuerdo que incluso me serví de un editorial del diario El Mundo, poco susceptible de ser abertzale, para construir la tesis de mi trabajo. También recuerdo que algunas personas cercanas me tildaron de ingenuo y me dijeron, con esa seguridad del que opina intoxicado por la propaganda, que estaba claro que Egunkaria pertenecía al "entorno de ETA".

Recuerdo que Martxelo Otamendi, director de Egunkaria (el único diario íntegramente editado en euskera en 2003), y otros cuatro de sus directivos denunciaron haber sido torturados durante los cinco días de incomunicación (recuerden, estos periodistas vascos fueron detenidos bajo legislación antiterrorista). Y ahora recuerdo que Amnistía Internacional y Human Rights Watch, asociaciones también poco susceptibles de ser pro abertzales, denuncian anualmente que en España la tortura "no es sistemática, pero tampoco esporádica" y que el Estado español hace demasiado poco por investigar los reiterados casos de denuncias por torturas en los comisarías españolas.

La noticia de que la Audiencia Nacional absolvió a los directivos de Egunkaria de cualquier relación con ETA y calificó las tesis que el juez Del Olmo utilizó para cerrar el diario de "meras especulaciones" me sacó el otro día de mis recuerdos y me trajo a la cabeza unas cuantas preguntas: ¿cuán independiente es la así llamada justicia española? ¿Quién no salva de la politización de los jueces? ¿Cuán democrática es la democracia española? Y, sobre todo, ¿no será que en España reina desde hace más de 25 años el Estado de excepción?

viernes, 19 de marzo de 2010

Una mirada a la periferia



“Ésta es la historia de un hombre que cae desde un edificio de cincuenta pisos. Para tranquilizarse mientras cae al vacío, no para de decirse: ‘Hasta ahora todo va bien. Hasta ahora todo va bien. Hasta ahora todo va bien'. Pero lo importante no es la caída. Es el aterrizaje”

Es la cita con la que película El odio (La haine, en francés), del director parisino Mathieu Kassovitz, da comienzo. Una trepidante introducción con imágenes en blanco y negro de jóvenes encapuchados enfrentándose a la policía en uno de tantos barrios periféricos de París con música de Bob Marley como telón de fondo. La cinta de Kassovitz es, en cierto modo, un producto cultural alternativo que ha dado a conocer la vida en la banlieue, la periferia de París y de otras grandes ciudades francesas. Una periferia que ardió en 2005 y cuyas llamas prendieron la mecha de la discusión política en Francia. Una periferia cuya realidad sólo suele llegar a las televisiones internacionales cuando estalla la violencia. Ya se sabe cómo funciona la ficción construida por los medios de comunicación de masas: los problemas sólo se convierten en noticia cuando estallan, no mientras se gestan.

El odio se estrenó en 1995, diez años antes del desencadenamiento de la última gran ola de violencia que se extendió como un polvorín por toda la periferia francesa, e incluso por los extrarradios de grandes ciudades de otros países europeos. No en vano, tanto el filme como la cita que lo introduce pueden ser interpretados como una señal de alarma, como un oscuro vaticinio que intentó azuzar la conciencia del poder político y económico galos. Al parecer, sin mucho éxito. Una década después, el odio de la periferia se desataba sin remedio. Y atraía de nuevo a los medios de comunicación que más que buscar respuestas intentaban confirmar a través de sus reportajes exprés las tesis oficiales preconcebidas por el poder. Pero la realidad es más complicada que todo eso.

"Banlieue" significa suburbio, lo que está fuera del centro. De hecho, la palabra "banlieue" hace referencia a cualquier barrio situado en las afueras de la ciudad. No tiene por qué ser una zona deprimida ni peligrosa. También puede ser un barrio residencial de clase media o alta. No obstante, los violentos acontecimientos le otorgaron a la palabra las siguientes connotaciones: barrio marginal y desestructurado, arquitectónicamente aislado, habitado por gente pobre y principalmente de origen inmigrante, con problemas de delincuencia y esporádicos estallidos de violencia.

Simplificar la verdad tranquiliza al bienpensante ciudadano medio, aunque esa simplificación sea una gran mentira. La banlieue es, sin duda, algo mucho más complejo, una realidad habitada por personas de carne y hueso, con problemas pero también con soluciones. Ésta es una mirada humilde, un intento de hacer comprender a través de tres personajes el pasado, el presente y el futuro de la banlieue parisina. Una mirada al corazón de la periferia cuando los valores del centro del poder sistémico se derrumban sin aparente remedio.



Nabil Boub, trabajador social de Sant Denis

Sant Denis sea tal vez la banlieue parisina más célebre. Situada al norte de la capital, es una ciudad viva y agradable, aunque no falta de problemas. Queda lejos del centro de París, y no geográfica, sino socialmente. El urbanismo de la capital francesa filtra a sus ciudadanos y los distribuye efizcamente por zonas: si te desplazas hasta Sant Denis en medios de transporte públicos, podrás percatarte de cómo la piel de los viajeros va mudando paulatinamente hacia los colores típicos de las ex colonias francesas. Sant Denis tiene zonas que recuerdan irremediablemente a fragmentos de El odio: gigantes bloques de edificios que aparecen como aislados de la totalidad urbana parisina. Pero aquí no hay ni barricadas, ni coches ardiendo ni jóvenes traficando con droga. Aquí sólo hay gente trabajadora y jóvenes de apariencia ociosa.

Sussaie Floréal Courtille es uno los trece centros sociales para jóvenes existentes en la ciudad. Chicos y madres charlan a sus puertas. Nuestra llegada despierta en sus ojos una mezcla de curiosidad y desconfianza. Saben que no somos de aquí. El centro social está situado en los bajos de uno de esos enormes bloques de viviendas. Además de ofrecer actividades culturales a los jóvenes y estructurar la vida social del barrio, uno de sus objetivos fundamentales es involucrar en la vida política a jóvenes de entre 18 y 25 años, incentivar que depositen su voto en las urnas. El centro fue creado en 1998 y, por tanto, su nacimiento no tuvo nada que ver con los disturbios de 2005, los que, por otra parte, no ocurrieron en Sant Denis, sino más bien en el este y el sur de la periferia parisina.

Nabil Boub es uno de los trabajadores sociales del centro. Acepta a hablar con nosotros pero no quiere ser fotografiado. Aquí el porqué: “En realidad, fueron los mismos medios de comunicación los que provocaron la extensión de la violencia en la periferia. Su visión sesgada y manipuladora provocó una competición violenta entre los jóvenes”, afirma Nabil. A Nabil le gustaría que los periodistas viniesen a ver las actividades que desarrollan en el barrio y no sólo a cubrir la violencia. Nabil permite finalmente ser fotografiado. Sólo quiere evitar que le manipulen o le utilicen. Una cosa queda confirmada: a las gentes de Sant Denis no les gusta que les preguntes sobre los disturbios ni quieren que les relacionen con ellos. No se sienten representadas por ellos y, al parecer, se consideran maltratadas por los periodistas.

Benalí Khedim, obrero, padre de familia y habitante de una vivienda social

Benalí tienen 33 años y es de origen argelino. Habita con sus mujer y sus tres hijos una vivienda de unos 25 metros cuadrados en Sant Denis, muy cerca del imperial estadio nacional construido para el mundial de fútbol de 1998. Hace ocho años que Benalí vive en Francia, donde se gana bien la vida en el sector de la construcción. Antes de instalarse en París, vivió como inmigrante ilegal en España, Dinamarca y Finlandia. Benalí confiesa que no lo pasó nada bien antes de llegar a a la capital francesa. Sólo se sintió bienvenido en Europa tras poder instalarse definitivamente en Francia. “Por una cuestión cultural y por la lengua”, dice.

Con todo, Benalí sigue sin sentirse un ciudadano francés de primera categoría, de plenos derechos, porque hace ocho años que se ve obligado a vivir en centros sociales y no ha podido acceder a una vivienda propia para poder escapar de las estrecheces de la vivienda social. ¿Y por qué, si se gana bien la vida?: “Porque tienes que poder demostrar un salario al menos tres veces superior que el alquiler de la vivienda a la que quieres acceder, además de una garantía, un aval económico”. Y Benalí, claro, no tiene ese dinero.

Benalí vivió también en el centro de París, pero acabó siendo expulsado a la periferia. De hecho, sigue teniendo su vivienda oficial allí, donde también sigue trabajando y donde sus hijos van a la escuela. “En cierta manera me siento como una pelota de tenis que está siendo golpeada de un campo a otro. Me expulsaron del centro, pero es allí donde sigo trabajando. La administración francesa me prometió una vivienda en París, promesas no cumplidas. Mientras, el ayuntamiento de Sant Denis no me reconoce como ciudadano de esta ciudad”. Bengalí me dice esto blandiendo una carta del alcalde del distrito donde vivía antes: con ella le prometieron el acceso a una vivienda digna. Todavía lo está esperando. “Me siento francés, pero no en mis derechos”, dice con amargura. En Francia, en efecto, parece regir una doble moral: los trabajadores de origen inmigrante y los sin papeles tiene la obligación de pagar impuestos, pero no disfrutan de los mismos derechos que los ciudadanos franceses reconocidos como tales por el Estado.

Almany Kaonuté, líder del movimiento cívico-político Emergence

Si nos moviésemos por los tópicos, podríamos pensar que es jugador de fútbol, un sinpapeles, un traficante de drogas o incluso un cantante de hip-hop. Pero no, Almany Kaonuté, de 30 años, es, además del cabeza de lista para las próximas elecciones regionales del movimiento cívico-político Emergence, una persona de ideas claras y discurso directo. Almany es especialista en ingeniería aeronáutica. Hace un tiempo tuvo la oportunidad de irse a trabajar a Canadá, pero decidió quedarse en su ciudad, Fresnes, en el departamento de Val de Marnes. Una zona considerada como “sensible”. “Aquí hay mucho por hacer”, dice.

Almany nos recibe en un local de la acomodada banlieue de St. Mam-des-Fassés, donde el grupo de voluntariosos jóvenes que conforman Emergence preparan un video para la campaña de las pasadas elecciones regionales del 14 de marzo, en las que se presentaron en los ocho departamentos de la periferia parisina y obtuvieron más de 12.000 votos. “Este movimiento fue creado en 2008 después de las elecciones municipales. Nos dimos cuenta de que no estábamos representados por los políticos locales. Y decidimos a organizarnos utilizando como base toda la vida asociativa de diferentes 'banlieues' parisinas”, cuenta Alemany en un tono sosegado, con la clarividencia que otorga el desengaño. “En 2005, tras el estallido de violencia, nos dimos cuenta de los problemas que había en nuestras ciudades. La manipulación política nos obliga a contribuir a mejorar esta situación”.

Alemany trabaja como educador social y es voluntario en diferentes proyectos sociales. Él mismo es hijo de una familia procedente de Malí y sabe de lo que habla: “En esta sociedad reina una gran hipocresía. Yo soy francés, porque nací aquí, pero mis padres son de Malí. Nunca leí, por ejemplo, en los libros que me dieron en la escuela la historia de las ex colonias francesas. Tampoco se me habló de diversa realidad de la actual sociedad francesa. Nuna me sentí representado con la imagen que me enseñaron de Francia”. Para Alemany, los problemas de las banlieues nacen de un cúmulo de razones: un modelo urbanístico fallido, desempleo, estigmatización y segregración social por el color de la piel, ...

...y Emergence no sólo aporta críticas, sino también propuestas: “Estamos cansados de las promesas de los políticos profesionales de izquierda y derecha. No necesitamos formar parte de la elite para saber cuáles son los problemas de los barrios en los que vivimos. La brecha entre clase política y la sociedad es cada vez más grande, y si no hacemos algo, los problemas serán cada vez mayores. Por eso animamos a los jóvenes a utilizar las urnas para depositar su voto en lugar de quemarlas”.

Almany sabe que lo importante no es la caída. Lo importante es el aterrizaje.

P.D: agradecimientos a Cafebabel por su apoyo logístico-económico y a Simon Chang por ceder sus fotos para este post.

domingo, 7 de marzo de 2010

Mi vecino Eddie...

La última vez que supe de Eddi no lo vi, lo olí: mi vecino Eddi había dejado ante la puerta de mi apartamento el rastro de su característico aroma, una mezcla de orines, tabaco y sudor, en su camino hacia el retrete: un pequeño cubículo situado en la escalera de mi edificio. Eddi no tiene cuarto de baño dentro de su casa; vive en un segundo piso de una escalera más del distrito de Kreuzberg. Eddie huele extremadamente mal, además de porque parece tener serios problemas mentales, porque no tiene agua en su casa: la administración de la finca hace meses que le cortó el suministro porque ya no podía pagar las facturas. O quizá porque lo quiere expulsar de su suculento piso. Tal vez por eso Eddie tiene cara de vivir acorralado. Sí, definitivamente, creo que la vida lo tiene acorralado.

A primer golpe de vista, Eddie parece un tipo relativamente normal. Bueno, mejor dicho, parece un berlinés relativamente normal. Es decir, no es más extravagante que las miles de extravagantes personas que habitan extravagantemente esta extravagante ciudad. Pero Eddie apesta. Nadie sabe realmente en qué invierte sus días. Los vecinos sólo sabemos que Eddie hurga en los contenedores de basura del patio interior en busca de botellas de plástico y vidrio para retornarlas en el supermercado y sacarse así unos euros extra que complementen los 300 y pico euros mensuales de su Hartz IV. Ah, se me olvidaba: Eddi es un Hartz IV, un parado de larga duración. Uno de esos que muchos consideran irrecuperables para la vida laboral porque, simplemente, llevan demasiado tiempo fuera del mercado de trabajo. Uno de los alrededor de seis millones de ciudadanos alemanes que los liberales consideran un cáncer para lo que queda del Estado del bienestar y para el sistema de economía de libre mercado. Son tantos que la Agencia Federal de Empleo se resiste a incluirlos en las cifras de desempleados: de hacerlo, el porcentaje oficial de paro en Alemania no estaría en el todavía aceptable 8 por ciento.

En invierno es soportable, pero con el seco calor del verano berlinés, las meadas de Eddie ante la misma puerta de entrada del edificio obligan a los vecinos a entrar en él aguantando la respiración. Creo que Eddie se mea en la misma puerta en forma de venganza: de venganza contra una sociedad que no le deja entrar más en lo que es considerado como la normalidad por el consenso social: un trabajo, un sueldo fijo y digno, un coche, unas vacaciones de tanto en tanto, quizá hijos y sí, también una pareja que destierre para siempre esa amarga soledad que tiene acorralado a Eddi. Por eso Eddie se mea ahí, en la esquina de la puerta, en una reacción de rabiosa desesperación.

Hace 20 años Eddie era feliz. Ya entonces vivía en este edificio en el que yo vivo ahora, en el que había una vida comunitaria activa, con conciertos y actividades en el patio interior del mismo. Eran los salvajes ochenta berlineses, días en los que parecía que el mundo sólo podía ir a mejor. Después Eddie paso a tener una de esas tantas vidas normales y aburridas: trabajó como cámara en varios canales de televisión alemanes. Un día me lo contó en mi casa. Eddie vino a mi puerta como buscando huir de su solitario acorralamiento. Pero en un momento dado, me siguió contando Eddie con ojos tristes mientras se liaba un cigarro ya en mi habitación, las cosas se comenzaron a torcer. Primero llegó el paro, después vino el alcohol, la soledad nunca se quiso ir, y la familia, bien, la familia hace tiempo que desapareció en Alemania. Su papel lo juega el Estado. Ese Estado que ahora parece querer recortar tanto subsidio social. Un sistema que representa una especie de "tardía decadencia romana", en palabras de Guido Westerwelle, ministro de Exteriores y líder de los liberales alemanes, ahora tan gubernamentales y seguros sí mismos y de tener la verdad y la solución a todos los problemas que acucian a la economía germana.

Esas declaraciones de Westerwelle venían precedidas de una reciente sentencia del Tribunal Constitucional: según el tribunal, las ayudas que reciben los alrededor de 6,5 millones de personas que viven exclusivamente del subsidio conocido como Hartz IV (adultos desempleados y los menores a su cargo) son insuficientes para asegurar una vida digna. Vaya novedad. Los liberales, no obstante, dicen que no puede ser que una persona que trabaja gane menos que una que no trabaje. No dicen nada, sin embargo, de los sueldos de miseria que se cobran en no pocos sectores (en algunos, 3 euros la hora) o de la inexistencia en Alemania de un sueldo mínimo. Tampoco de las multimillonarias ayudas que recibieron los bancos tras el estallido de la crisis financiera, provocada en parte por esos mismos bancos. Eso no les parece "tardía decadencia romana" a los liberales alemanes. Aunque sean ayudas que representen a la perfección la aparentemente irreversible decadencia de nuestro sistema económico.

Eddie es ajeno a todo el revuelo político levantado por la sentencia del Constitucional. Mi vecino Eddie sigue hurgando a diario en los contenedores de basura, dejando el rastro de su insoportable hedor corporal y tomándose su particular revancha personal en forma de orín ante la puerta del edificio y la inmutable vecindad. Eddie parece haber aceptado definitivamente que nunca más volverá a encontrar la llave para abrir la puerta de la habitación de la normalidad social. Eddie sabe que hasta el final de sus días su principal actividad será intentar esquivar a la insoportable soledad que le tiene acorralado. Y echarse una meada de tanto en tanto para disfrutar al ver desde la ventana de su mugriento apartamento como sus vecinos tienen que aguantar la respiración para entrar en el edificio mientras políticos como Westerwelle siguen rebuznando desde su tribunas la solución a sus problemas.