viernes, 30 de agosto de 2013

¿Por qué Alemania es la locomotora económica europea?

Hace años que Alemania recibe el calificativo de «locomotora económica europea». Con la crisis de deuda y la recesión que está sufriendo el Viejo Continente (y sobre todo su llamada periferia), ese rol se ha visto reforzado. No en vano, son muchos los que miran hacia Berlín en busca de respuestas (y también de soluciones). Con las elecciones federales alemanes a la vuelta de la esquina (se celebran el próximo 22 de septiembre), algunas voces en España incluso aseguran que los comicios germanos son tan o incluso más importantes que las elecciones generales españolas. 

Pero, ¿por qué es tan decisiva la economía alemana para el resto de países europeos? En primer lugar, Alemania es el país más poblado de la Unión Europea: con 80 millones de habitantes, el peso de su mercado interior así como su potencia exportadora convierten al país en la economía más fuerte del continente. Además, la economía germana descansa fuertemente en sus exportaciones: casi la mitad de la PIB alemán suele depender de su comercio exterior y, por tanto, de los países (en buena parte europeos) que compran sus productos. La industria alemana está fuertemente especializada, y su tecnología y maquinarias son apreciadas en países europeos y del resto de mundo. Sólo un dato que demuestra esto último: las exportaciones de Alemania aumentaron drásticamente con la introducción del euro como moneda común europea, lo que permitió abaratar los costes del comercio entre los países de la Eurozona. 

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lunes, 26 de agosto de 2013

¿Volverán al poder Los Verdes alemanes?

Katrin Göring-Eckardt y Jürgen Tritin tienen la misión de devolver a Los Verdes alemanes al poder tras dos legislaturas en la oposición. El hecho de que los militantes del partido ecologista eligieran una dupla en lugar de un solo candidato a canciller dice bastante sobre el partido: nacidos en 1980 de las cenizas del movimiento protesta juvenil de los sesenta y setenta, Los Verdes saben que no aspiran a colocar a uno de sus miembros en la cancillería. Con un porcentaje de intención de voto que ronda del 13 por ciento, su opción más factible para volver al Gobierno federal (aunque no la única) es coaligarse con los socialdemócratas. Ésa es la apuesta oficial de la dupla verde.

La lucha de poder entre las dos grandes tendencias existentes dentro del partido es otra de las realidades reveladas por ese liderazgo electoral compartido: Los Verdes viven desde años hace una batalla interna entre su ala más pragmática y centrista (los llamados «Realos» en la jerga política germana), y su ala más ortodoxa e izquierdista. Algunas voces dentro de la formación ecologista apuntan incluso a esa lucha intestina como la causa principal de que Los Verdes alemanes no acaben de despegar electoralmente a nivel federal para poder disputarle el poder a los cristianodemócratas de la CDU y los socialdemócratas del SPD.

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miércoles, 31 de julio de 2013

'La quinta Alemania': ¿un modelo hacia el fracaso?

"En la historia de la Europa contemporánea ha habido cinco Alemanias. La primera es la fragmentada y preindustrial Alemania anterior al siglo XIX, un mosaico multinacional que sobrevivió hasta Napoleón reivindicando una legitimidad imperial romana sin llegar nunca a ser verdadero Estado. La segunda aparece con la unificación bismarckiana posterior a la guerra franco-prusiana y se extiende bajo batuta prusiana hasta más allá de la Primera Guerra Mundial, con su crítico apéndice republicano de Weimar. La tercera Alemania fue la de Hitler y Auschwitz, un régimen de doce años particularmente trágico y nefasto que concluye con el fin de la Segunda Guerra Mundial. La cuarta es la Alemania doble de posguerra, tutelada por las potencias de la guerra fría; una mezcla de capitalismo y democracia en el Oeste, la RFA, y una mezcla de socialismo y dictadura en el Este, la RDA."


¿Y qué hay de la quinta Alemania? Ésa es la pregunta a la que intentan dar respuesta los periodistas Rafel Poch, Àngel Ferrero y Carmela Negrete en su recientemente publicado La quinta Alemania. Un modelo hacia el fracaso europeo. Un libro que aparece en un momento de profunda crisis económica, política e institucional en Europa en el que muchos miran hacia el país más rico, industrializado y poblado del continente en busca de respuestas (y soluciones) una vez asumido que las decisiones que la burocracia comunitaria de Bruselas toma han de recibir la aprobación previa de Berlín.

Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Alemania y autor del recomendable blog Diario de Berlín, da un repaso a la historia moderna alemana, y lo hace desde esa perspectiva tan profundamente crítica que permite la distancia-cercanía del corresponsal de prensa en el extranjero. Poch no es revisionista respecto a la República Democrática Alemana: califica sin tapujos a la RDA (Alemania oriental) de "dictadura socialista". Sin embargo, tampoco duda en tumbar sin miramientos los tópicos sobre la presunta bondad intrínseca a la "democracia capitalista" (un claro oxímoron, visto lo visto) de la occidental República Federal Alemana.
 
La quinta Alemania es, según Rafael Poch, la entrada de lleno del país más grande, industrializado y rico de Europa en la era de la "Gran Desigualdad"; o lo que es lo mismo, el abrazo incondicional de las elites económica y política germanas de la dogmática ortodoxia neoliberal que está haciendo a los más ricos cada vez más ricos, y a las clases medias y trabajadoras (es decir, a la mayoría social) cada vez más pobres.

¿Datos que respalden esa afirmación? Precisamente de eso no falta en el libro: el sector de salarios bajos suponía en Alemania un 15 por ciento del total en 1995; hoy, asciende al 25 por ciento (ocho millones de personas trabajan en minijobs o en condiciones laborales precarias); la masa trabajadora alemana gana menos y, por consiguiente, gasta menos (entre 1995 y 2010, la cuota de mercado de los productos de baja calidad -Ramschökonomie- aumentó del 29,2 por ciento al 43,6 por ciento); los salarios de gran parte de la masa trabajadora alemana llevan además dos décadas técnicamente congelados, en lo que no pocos economistas críticos con el modelo han calificado de dumping salarial, mientras que los defensores del neoliberalismo hablan de competitividad.


Haciendo un ingenioso giro lingüístico referente a la Revolución Francesa, Rafel Poch, quien abre el libro, habla de los tres valores de esa "Gran Desigualdad" inaugurada en Alemania tras la reunificación del país: "autoridad, desigualdad, austeridad". Y traza un paralelismo entre el desguace de la industria germanooriental llevado a cabo por el gran empresariado germanooccidental (en connivencia con el poder político) y la actual dinámica aplicada sobre la llamada periferia europea (Grecia, Portugal, España, etcétera):

"Recapitulando los acontecimientos de dos décadas, desde la reunificación alemana hasta la actual eurocrisis, se puede establecer la siguiente serie: el canciller Helmut Kohl estrenó en Alemania del Este el campo de pruebas para liberalizar el mercado de trabajo, pasó el arado sobre el sistema socio-laboral, eliminando garantías e introduciendo jornadas más largas y salarios más bajos. (...) La involución de Schröder fue, a su vez, un experimento alemán, que la canciller Merkel exporta ahora, diez años después, al conjunto de Europa con el pacto fiscal y el tope de deuda. Alemania que llegó con retraso se ha convertido en el líder y principal promotor europeo de la Gran Desigualdad. Y para comprenderlo hay que examinar la política europea."

Àngel Ferrero abre su parte del libro, la central, con un análisis sobre el peso de la industria armamentística en ese modelo económico: no en vano, Alemania es la tercera potencia exportadora de armas del planeta, sector económico acompañado de una política exterior y militar cada vez menos acomplejada y más agresiva, como demuestra, por ejemplo, la presencia de tropas alemanas en Afganistán. Pero Alemania no está sola en ese complejo armamentístico-neoliberal para el que la crisis no pasa factura:

"El Premio Nobel de la Paz concedido a la Unión Europea en 2012 es ciertamente una broma de muy mal gusto. Según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (...), siete de los veinte países que lideran la clasificación de exportación mundial de armas en el periodo de 2007-2011 pertenecen a la Unión Europea; por orden descendiente: Alemania, Francia, Reino Unido, España, Holanda, Italia, Suecia y Bélgica."

Para quien intente justificar esa política armamentística expansiva con el rearme de potencias emergentes como Rusia o China, aquí tiene un dato demoledor: en 2010, al UE invirtió en defensa más que todos los estados BRIC juntos. Se hace difícil defender recortes de gasto público en sectores como la sanidad o la educación cuando los Estados miembros de la UE siguen aumentando o manteniendo su ya de por sí ingente gasto en armas.

Y para muestra de todo lo expuesto anteriormente, un botón: Carmela Negrete pone sobre el papel las vivencias de una periodista española residente en Alemania que pasa por los más diversos y precarios trabajos de un mercado laboral como el alemán, con una cara B desagradable y tal vez demasiado poco conocida en el resto de países europeos. Es la parte empírica de un recomendable libro que nos permite entender mejor un país e incluso una ciudad como Berlín, donde la izquierda de bandera se hizo fuerte en los setenta y ochenta, pero dejó tras de sí el vacío más absoluto y vía libre al neoliberalismo como aparente único modelo socio-económico viable en la actualidad:

"Muchos de aquellos personajes vivían en Kreuzberg, el barrio de la 'escena de cuero', unos tipos de aspecto y actitud hostil que resultaban ser de izquierdas, eran mantenidos por las subvenciones sociales de la república burguesa de Bonn, y vivían sin mezclarse en guetos con sus bares, sus comercios, sus agencias de viajes y su mundillo estrictamente separado de los otros mundos, el del inmigrante turco o el de la clase media alemana local."

miércoles, 17 de julio de 2013

El alto precio de la inacción de la Troika

El carácter sistémico de entidades como Bankia es el argumento con el que las autoridades nacionales y europeas suelen justificar el uso del dinero de los contribuyentes para tapar los agujeros dejados por la mala gestión de la banca. Los Verdes alemanes y la fracción verde en el Parlamento Europeo lo cuestionan. Si los gobiernos nacionales, el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea no hubiesen tardado tanto en reaccionar y hubieran obligado a los grandes acreedores de las entidades en problemas a participar en su reestructuración, la Eurozona se habría ahorrado 35.000 millones de euros en ayudas a ocho bancos europeos, concluye un informe encargado por ese partido político.

El documento, titulado «La participación de los acreedores en la crisis bancaria de la Eurozona», elaborado por la consultora Finpolconsult y al que ha tenido acceso ABC junto a Financial Times y Süddeutsche Zeitung, analiza el proceso de recapitalización de tres bancos griegos (Piraeus Bank, Alpha Bank y EFG Eurobank), dos chipriotas (Laiki Bank y Bank of Cyprus) y tres españoles (Bankia, Banco de Valencia y Banco Popular). Si la conclusión del análisis se aplica al resto de bancos no analizados, el hipotético ahorro de dinero público es mucho mayor. Así, el documento califica de «desastrosa» la gestión de la crisis bancaria europea.

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