lunes, 28 de junio de 2010

La gran mentira


Son las 22 horas y 14 minutos de un día cualquiera en el aeropuertro de El Prat. Un día más pero diferente al tiempo. La mujer espera un vuelo que seguramente no partirá nunca. Al menos no aquel día. Por el modesto equipaje que la acompaña, suponemos que no vuela muy lejos, y si va lejos, no lo hará por mucho tiempo. Quizá una visita a un hijo que vive en el centro de Europa. Un exiliado económico más, pienso yo.

La nube de cenizas del volcán islandés de nombre impronunciable impedirá ese viaje tan deseado durante semanas por la madre. ¿Quién le iba a decir que cenizas voladoras tan caprichosas impedirían su viaje? Bien mirado, piensa la madre, lo tenemos merecido. Es como una bofetada que la naturaleza nos da a la humanidad, añado yo a los pensamientos de la madre imaginados por mi. Porque, ¿quién nos había dicho que el turismo de masas sin hora ni día y de precios democratizados por la fuerza del omnipotente y libre mercado iba a durar para siempre?

Ese turismo no fue más que una ficción más del ficticio bienestar basado en el crecimiento sin freno ni techo en el cual hemos vivido como anestesiados durante los últimos años, sigue hilando mentalmente la indignada madre, no ya por el retraso de su vuelo -eso ya es lo de menos- sino por la estupidez del hombre. Ese turismo de masas no es más que una mentira más de esta gran mentira. Todo es mentira.

Las 22 horas y 14 minutos. Y el tiempo no pasa. Se ha quedado como varado por la nube de cenizas, piensa la frustrada viajera. Pero es que, señora, esto es una foto, le respondo yo mentalmente. Y la fotografía mata el tiempo, congela la realidad, añado con ínfulas intelectuales. Perdona chiquito, usted ve la foto, pero yo la vivo. Y le digo que el tiempo se ha parado. Le doy la razón a la madre, por edad y porque ella vivió lo que yo sólo puedo imaginar que pasó a través de esa copia muerta que la fotografía me ofrece de la realidad. Sí, definitivamente, la naturaleza ha tomado, como siempre, la mejor de las decisiones posibles: parar la loca y gran mentira en la que se ha convertido este mundo.

P.D: texto publicado en catalán en la sección "Peu de foto" del suplemento Quaderns Illacrua del Setmanari Directa. Fotografía de E. Navalón.

sábado, 5 de junio de 2010

Víctimas y verdugos: ¿adónde vas, Israel?

Necesitaba tiempo para reflexionar sobre lo que pasó la madrugada del pasado domingo al lunes pasado. El asalto del ejército israelí a la flotilla con ayuda humanitaria que salió de Turquía en dirección a la bloqueada Franja de Gaza. Lo confieso: en un primer momento no pude creer que las IDF (Israeli Denfense Force) hubiesen usado fuego real contra los activistas, aunque fuesen islamistas radicales, pese a que como demuestran los testimonios a bordo de los barcos que formaban la flota había gente de todas las tendencias ideológicas y religiosas. Incluso viajaban judíos y ciudadanos árabe-israelíes. La acción del ejército de un Estado que se dice democrático no se puede permitir el lujo de atacar a civiles, al menos no impunemente. La acción debe tener consecuencias. La comunidad internacional debe castigar de alguna manera al Estado de Israel.

Durante mi visita a Israel y los territorios ocupados palestinos hace un año tuve la oportunidad, pese a la complejidad de la realidad del conflicto que azota a Oriente Próximo, de sacar una conclusión que me resulta irrebatible: el Estado de Israel y el movimiento neosionista han creado un sistema discriminatorio y racista similar al apartheid surafricano, tanto dentro de las fronteras israelíes como en en los territorios ocupados. Es exagerado y peligroso comparar ese sistema con los crímenes nacionasocialistas. Ese tipo de comparaciones demuestran una profunda ignorancia de la historia reciente, además de un populismo que puede dar alas al antijudaismo y antisemitismo mundiales.

Sin embargo, la acción militar contra la bautizada "flotilla de la libertad" supone un salto cualitativo en la forma en la que Israel ha estado usando su enorme superioridad militar en la región. El asesinato a sangre fría, casi me atrevería a decir la ejecución, de al menos 9 civiles en el abordaje puede ser interpretado de dos maneras: o bien fue un grave error de estrategia militar, o el actual gobierno de Israel ha destapado que realmente le importa bien poco lo que la comunidad comunidad piense y, lo que es peor, que desprecia el más mínimo resquicio de alcanzar algo parecido a la paz. La construcción mantenida de colonias en Cisjordania y en Jerusalén Este, así como el bloqueo de la Franja de Gaza, pese a la oposición de la comunidad internacional con Estados Unidos al frente, apuntan en esa dirección.

Es simplemente ridículo que Israel intente justificar su sangriento asalto alegando que sus soldados fueron atacados con palos y botellas rotas en el momento del abordaje el cual, además, tuvo lugar en aguas internacionales y por tanto fue ilegal. Simplemente, es un insulto a la inteligencia. Pocos días antes del acto de terrorismo de Estado israelí, leí un artículo del gran Rafael Sánchez Ferlosio. Un compendio de esos dardos que él llama pecios. Uno de ellos me pareció tremendamente atrevido, pero no por ello menos audaz:


Lo que pasó hace una semana confirma mis sospechas desatadas por el pecio de Ferlosio: el Estado de Israel y el neosionismo radical y racista que lo tienen secuestrado democráticamente están convirtiendo a aquéllo que tenía que ser el edén para los judíos en una pesadilla. Israel, desde luego, no va en la dirección correcta, y su propia sociedad debe ser la que despierte de ese mal sueño antes de que sea demasiado tarde.

jueves, 13 de mayo de 2010

'Sin nombre'



Un bofetada de ficción rodada en forma documental de poco más de hora y media. Un rápido y crudo vistazo a la realidad centroamericana, de la que la violencia y la miseria forman trágicamente parte. No es ninguna novedad cinematográfica, pero a Berlín la película Sin nombre nos llegó un poco más tarde. El filme me dejó seco, casi sin habla. Y también me hizo reflexionar.

Trabajar en una redacción que informa para Latinoamérica desde el corazón de Europa tiene muchas ventajas personales, pero otras tantas desventajas profesionales: te obligas a trabajar siendo un profundo desconocedor del público, la realidad y la intrahistoria para las que informas. Mientras aquí nos rasgamos las vestiduras porque el euro se hunde, porque los bancos ganan menos de lo que debieran ganar y porque el Bayern volvió a hacerse con la Bundesliga, miles de centroamericanos se juegan la vida para alcanzar la tierra prometida estadounidense. Y sus vidas no valen nada.

Y me pregunto: si el reflejo de la realidad mostrado por Sin Nombre es crudo, ¿cuán no lo será la auténtica realidad?

miércoles, 5 de mayo de 2010

Más Directa...


Tal y como están las cosas, a veces le cuesta a uno seguir escribiendo reportajes y haciendo entrevistas, pero acabas recayendo no sé por qué. O sí: porque me gusta, porque sé que es necesario y porque mientras haya proyectos como el Setmanari Directa parece seguir valiendo la pena dedicarse a esto del periodismo. Aunque a veces haya que aprender a apretar los dientes. Nos nos vencerán.

Los dos últimos número de la revista hecha en Barcelona, pero con vocación combativa que supera fronteras, recogen un reportaje sobre la prohibición de facto de sindicato anarquista alemán FAU-IAA (que los medios de comunicación alemanes han tocado tangencialmente y sin mojarse demasiado), y una entrevista al fotógrafo alemán Harald Schmitt, seis veces ganador del World Photo Award y conocido como el fotógrafo de la caída del socialismo real. Entrevista que hice hace meses pero que la crisis dejó en el cajón de sastre de los recuerdos. Podéis leer ambas piezas, en catalán, si pincháis en las respectivas imágenes. Disfrutadlas, o no.