jueves, 13 de mayo de 2010

'Sin nombre'



Un bofetada de ficción rodada en forma documental de poco más de hora y media. Un rápido y crudo vistazo a la realidad centroamericana, de la que la violencia y la miseria forman trágicamente parte. No es ninguna novedad cinematográfica, pero a Berlín la película Sin nombre nos llegó un poco más tarde. El filme me dejó seco, casi sin habla. Y también me hizo reflexionar.

Trabajar en una redacción que informa para Latinoamérica desde el corazón de Europa tiene muchas ventajas personales, pero otras tantas desventajas profesionales: te obligas a trabajar siendo un profundo desconocedor del público, la realidad y la intrahistoria para las que informas. Mientras aquí nos rasgamos las vestiduras porque el euro se hunde, porque los bancos ganan menos de lo que debieran ganar y porque el Bayern volvió a hacerse con la Bundesliga, miles de centroamericanos se juegan la vida para alcanzar la tierra prometida estadounidense. Y sus vidas no valen nada.

Y me pregunto: si el reflejo de la realidad mostrado por Sin Nombre es crudo, ¿cuán no lo será la auténtica realidad?

miércoles, 5 de mayo de 2010

Más Directa...


Tal y como están las cosas, a veces le cuesta a uno seguir escribiendo reportajes y haciendo entrevistas, pero acabas recayendo no sé por qué. O sí: porque me gusta, porque sé que es necesario y porque mientras haya proyectos como el Setmanari Directa parece seguir valiendo la pena dedicarse a esto del periodismo. Aunque a veces haya que aprender a apretar los dientes. Nos nos vencerán.

Los dos últimos número de la revista hecha en Barcelona, pero con vocación combativa que supera fronteras, recogen un reportaje sobre la prohibición de facto de sindicato anarquista alemán FAU-IAA (que los medios de comunicación alemanes han tocado tangencialmente y sin mojarse demasiado), y una entrevista al fotógrafo alemán Harald Schmitt, seis veces ganador del World Photo Award y conocido como el fotógrafo de la caída del socialismo real. Entrevista que hice hace meses pero que la crisis dejó en el cajón de sastre de los recuerdos. Podéis leer ambas piezas, en catalán, si pincháis en las respectivas imágenes. Disfrutadlas, o no.

sábado, 1 de mayo de 2010

1. Mai: que siga la farsa...



Tren regional entre Berlín y Frankfurt an der Oder. 8 de la mañana. Un viejo ossie ojea el Berliner Kurier, uno de los diarios sensacionalistas de la capital. Voz populista del proletariado alemán. Uno de los termómetros de la opinión pública germana. En su portada: "1 de mayo: más odio acumulado que nunca". El viejo resopla. Pura demagogia no libre de cierta verdad. Pero, ¿odio a qué? El 1 de mayo berlinés ya está aquí, camaradas. Toca huir de la revolución postmoderna perfecta: corta, vacía y poco dolorosa. Una mentira más en un mundo lleno de mentiras. Pero si se trata de tirar piedras por unas horas, ¿qué más da?

Berlín, Kreuzberg. En un bar que hace esquina, a las 8 y media de la mañana. "Imagínate que todos los que vienen a liarla son de fuera. Estúpidos. Todavía no he visto ni a un solo berlinés lanzar ese día piedras contra la policía", dice una vieja con un café en una mano y un cigarro humeante entre sus dedos amarillentos. La voz de la experiencia. La vieja sabe lo que se dice. Otro berlinés de adopción con más de 20 años en la capital alemana me confirma las sospechas: ya en los salvajes 80, la mayoría de los que montaba barricadas y oponía resistencia a los antidisturbios, con la segunda generación de la RAF dando su últimos coletazos y la tercera en ciernes, eran de fuera. En aquélla época al menos había cierto transfondo ideológico. De de eso no queda nada. Como mucho las piedras, debajo de las cuales tenía que estar la playa. También eso era mentira.

El 1 de mayo de Berlín he visto de todo: jóvencísimos turcos-alemanes encapuchados con pañuelos palestinos tirando piedra con una mano y robando bocadillos de los tenderetes con la otra. Farsa de Intifada. Habría que enviarlos una semana a Cisjordania para que aprendieran lo que es bueno. También he visto presuntos militantes de la extrema izquierda alemana borrachos haciéndose fotos con su móvil ante filas interminables de antidisturbios. Niñatos oportunistas con ganas de mostrar que ellos también estuvieron allí donde había que estar. Turismo revolucionario de pastel. También vi auténticos militantes de la extrema izquierda abroncando a niñatos y a no tan niñatos por provocar choques evitables con la policía. Justo lo que esperan los antidisturbios: al final y al cabo, para eso están ellos allí. La revuelta postmoderna justifica su sueldo y su presencia. Y también el discurso alarmista de los políticos y su política del miedo.

Y este año, más de lo mismo. Una farsa sin punto y final. Las imágenes de todos los años. Violencia vacía, sin fondo ni objetivos. Pero al fin y al cabo, algún día habrá que tirar piedras, ¿no? Metidos hasta el cuello en una crisis económica sistémica y de valores, el 1 de mayo berlinés estará más desbravado que nunca. Justo cuando más inteligencia se necesita, más estupidez se acumula. Tenemos lo que nos merecemos. Créeme: si quieres hacer algo realmente transgresor y revolucionario por el primero de mayo berlinés, huye de la ciudad. Con esa gente no harás ninguna revolución, me dijo un día un viejo kreuzbergriano con la experiencia grabada en las arrugas de su cara.

miércoles, 21 de abril de 2010

De recuerdos y 'Egunkaria'...



Recuerdo que cuando la Audiencia Nacional decidió cerrar Egunkaria en 2003, todavía estudiaba en la universidad. Periodismo. Allí donde nos vendían que el derecho a la libre información, siempre que sea veraz, es uno de los pilares fundamentales e inquebrantables de los sistemas democráticos occidentales. Con España supuestamente dentro de ese grupo.

También recuerdo que por aquellos meses tomaba un curso de derecho, centrado en la interpretación del artículo 20 de la Constitución española: es decir, que todo ciudadano español tiene derecho "a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción". Y también recuerdo que el profesor nos explicó que el artículo 55 de esa Constitución, modélica para algunos, establece que "el estado de excepción o de sitio en los términos previstos en la Constitución" permite suspender todos los derechos recogidos en el artículo 20.

Recuerdo que para ese curso me atreví a escribir un trabajo sobre la base jurídica con la que el juez Del Olmo clausuró Egunkaria y detuvo bajo legislación antiterrorista a sus directivos por presunta colaboración con ETA. Mi conclusión fue que tal base jurídica no existía y que el cierre era un auténtica aberración y un verdadero ataque a los derechos fundamentales de expresión supuestamente garantizados por la Constitución española. Recuerdo que incluso me serví de un editorial del diario El Mundo, poco susceptible de ser abertzale, para construir la tesis de mi trabajo. También recuerdo que algunas personas cercanas me tildaron de ingenuo y me dijeron, con esa seguridad del que opina intoxicado por la propaganda, que estaba claro que Egunkaria pertenecía al "entorno de ETA".

Recuerdo que Martxelo Otamendi, director de Egunkaria (el único diario íntegramente editado en euskera en 2003), y otros cuatro de sus directivos denunciaron haber sido torturados durante los cinco días de incomunicación (recuerden, estos periodistas vascos fueron detenidos bajo legislación antiterrorista). Y ahora recuerdo que Amnistía Internacional y Human Rights Watch, asociaciones también poco susceptibles de ser pro abertzales, denuncian anualmente que en España la tortura "no es sistemática, pero tampoco esporádica" y que el Estado español hace demasiado poco por investigar los reiterados casos de denuncias por torturas en los comisarías españolas.

La noticia de que la Audiencia Nacional absolvió a los directivos de Egunkaria de cualquier relación con ETA y calificó las tesis que el juez Del Olmo utilizó para cerrar el diario de "meras especulaciones" me sacó el otro día de mis recuerdos y me trajo a la cabeza unas cuantas preguntas: ¿cuán independiente es la así llamada justicia española? ¿Quién no salva de la politización de los jueces? ¿Cuán democrática es la democracia española? Y, sobre todo, ¿no será que en España reina desde hace más de 25 años el Estado de excepción?