viernes, 29 de enero de 2021

Tres recomendaciones editoriales para entender la ultraderecha

El proyecto multimedia y multidisciplinar Epidemia Ultra, inspirado en el libro con el mismo nombre que coedité y del que formo parte como periodista, me ha pedido tres recomendaciones editoriales publicadas en castellano, que haya leído y me hayan ayudado a entender mejor el actual signo de los tiempos, marcado por el auge de diferentes ultraderechas a nivel global. Estas son mis recomendaciones:



Mucho se ha teorizado sobre las razones del actual resurgimiento de las nuevas ultraderechas en Europa y en otros continentes: la llamada socialdemocratización de los partidos conservadores fundados en la postguerra, la crisis financiera de 2008 y sus posteriores consecuencias, el hundimiento de la socialdemocracia, la propagación de la llamada postverdad en la política y la sociedad con el trumpismo como principal ariete global, la crisis de valores occidentales y así un largo etcétera. Una dimensión, sin embargo, ha sido obviada a menudo por no pocos analistas: la crisis social que lleva desgastando las clases asalariadas del mundo industrializado occidental desde hace décadas. 

El joven politólogo y periodista Sebastian Friedrich es, en mi opinión, una de las voces más lúcidas en ese análisis. Desde la tradición marxista no dogmática y antiautoritaria, Friedrich ha analizado en diversos libros publicados en alemán algunas de las consecuencias de esa crisis de lo social – precariado como clase, miedo de la clase media a la pérdida de estatus social, renacimiento del chovinismo social –. 

En La sociedad del rendimiento. Cómo el neoliberalismo impregna nuestras vidas, su primer libro editado en castellano y con la colaboración de otros autores, Friedrich analiza como esa crisis social se ha convertido en una forma de vida en su generación y posteriores, que viven instaladas en la inseguridad laboral, la mercantilización de la esfera privada y las relaciones personales, y la autoexplotación disfrazada de emprendimiento. “Junto a la explotación directa del tiempo de trabajo, el tiempo libre no sólo sirve para la reproducción de la fuerza de trabajo, sino al mismo tiempo para su optimización”, reflexiona Friedrich en uno los pasajes.



Casi cincuenta años después de su muerte, la figura de Hannah Arendt sigue generando polémica en pleno siglo XXI en la izquierda, la derecha y también en el sionismo. La filósofa, intelectual e investigadora social judía de origen alemán escribió este libro durante el juicio al que el dirigente nazi Adolf Eichmann fue sometido en Israel durante la década de los 60 del siglo pasado. 

Eichmann había sido previamente capturado en Argentina – donde se encontraba refugiado – por el servicio secreto israelí. En este informe, que combina ensayo con periodismo y reflexión sobre los orígenes psicológicos, sociales e históricos del totalitarismo, la ya entonces ciudadana estadounidense – el régimen nacionalsocialista le retiró la ciudadanía alemana que ya nunca más quiso recuperar – describe los orígenes del holocausto de corte industrial organizado y ejecutado por los nazis alemanes en colaboración con otros movimientos fascistas y totalitarios europeos. 

Arendt llega a una conclusión que sigue manteniendo plena vigencia: Eichmann, como otros muchos participantes en la aniquilación sistemática de judíos y de otras minorías y disidencias, no hizo más que cumplir órdenes, respetar y aplicar el marco legal vigente en la Alemania nazi. El mal inflingido por el fascismo alemán, lejos de tener rostro diabólico, no fue ni más ni menos que un engrasado mecanismo burocrático en el que participaron banal y obedientemente millones de personas.


La quinta Alemania. Un modelo hacia el fracaso europeo - Rafael Poch de Feliu, Carmela Negrete y Ángel Ferrero 2013. Icaria Editorial. 

"En la historia de la Europa contemporánea ha habido cinco Alemanias. La primera es la fragmentada y preindustrial Alemania anterior al siglo XIX, un mosaico multinacional que sobrevivió hasta Napoleón reivindicando una legitimidad imperial romana sin llegar nunca a ser verdadero Estado. La segunda aparece con la unificación bismarckiana posterior a la guerra franco-prusiana y se extiende bajo batuta prusiana hasta más allá de la Primera Guerra Mundial, con su crítico apéndice republicano de Weimar. La tercera Alemania fue la de Hitler y Auschwitz, un régimen de doce años particularmente trágico y nefasto que concluye con el fin de la Segunda Guerra Mundial. La cuarta es la Alemania doble de posguerra, tutelada por las potencias de la guerra fría; una mezcla de capitalismo y democracia en el Oeste, la RFA, y una mezcla de socialismo y dictadura en el Este, la RDA.” 

Esta es la tesis de este libro escrito fundamentalmente por el periodista catalán Rafael Poch, el excorresponsal del diario La Vanguardia en Moscú, Berlín, Pekín y París. Él mismo se ha presentado en diversas ocasiones como “un periodista de izquierdas en un diario de derechas”, lo que provocó finalmente a que le mostraran la puerta de salida. 

Escrito en plena crisis de deuda europea, tras el estallido de los mercados financieros internacionales y de la burbuja inmobiliaria del sur de la Unión Europea, La quinta Alemania disecciona la cara B del tan alabado modelo económico alemán y pone una primera piedra de análisis en lo que vendría después de la última gran crisis económica global de hace una década: la epidemia ultra encarnada en Trump, Bolsonaro o los diferentes partidos ultraderechistas europeos como el alemán AfD o el español VOX, entre otros.

Texto publicado en EpidemiaUltra.org.

martes, 15 de diciembre de 2020

Alemania recuerda a la primera víctima del neonazismo tras la reunificación

Imagen de archivo cedida por la Fundación Amadeu Antonio.

Imagen de archivo cedida por la Fundación Amadeu Antonio.



Amadeu Antonio Kiowa murió de un fallo multiorgánico el 6 de diciembre de 1990. Tenía 28 años. Dos semanas antes, el 24 de noviembre, había sido rodeado en plena calle por una turba de varias decenas de neonazis. Lo golpearon con bates de béisbol y le patearon la cabeza hasta dejarlo inconsciente. 
 
Amadeu Antonio era un inmigrante congoleño residente en Eberswalde, una pequeña ciudad del estado de Brandeburgo, este de Alemania. Es considerado la primera víctima mortal de la violencia neonazi tras la reunificación alemana. Fue el primero de una larga lista de nombres: el gobierno federal contabiliza 109 asesinados a manos del terrorismo neonazi desde 1990. La Fundación Amadeu Antonio, creada en memoria del congoleño, eleva esa cifra a 213.
 

Estado de “guerra”

“En los 90 no había racismo, sino sencillamente una guerra. No podíamos salir solos a la calle. Teníamos que hacerlo en grupo, y eso valía también para mujeres y niños”, cuenta Augusto Jone Munjunga, también inmigrante congoleño y amigo personal de Amadeu. Ambos llegaron a la desaparecida República Democrática Alemana (RDA) en 1987. 

Tras trabajar varios años en una empresa estatal procesadora de carne, Augusto y Amadeu decidieron quedarse en Eberswalde pese al hundimiento del estado socialista que los había traído a Europa. “Queríamos para cambiar la situación. Ahora es mucho mejor. Aquí tenemos estudiantes de muchos lugares del mundo”, dice Jone Munjunga, quien fundó la asociación cultural Palanca y trabaja por la tolerancia y una sociedad abierta en la localidad situada a apenas 60 kilómetros de Berlín.

Quien vivió en primera persona aquellos días en Alemania oriental suele describir algunas zonas de la antigua RDA como un área de auténtico riesgo para extranjeros, militantes de izquierda o grupos antifascistas. Con unas fuerzas policiales inseguras e incapaces de – o incluso reacias – hacerse con el control de la situación, grupos neonazis y ultranacionalistas aprovecharon el vacío de poder para ejecutar ataques contra extranjeros o residencias en las que vivían “trabajadores invitados” por la desaparecida RDA. 

El de Eberswalde fue uno sólo uno de múltiples casos; los disturbios de Rostock-Lichtenhage en 1992 – en los que neonazis atacaron y prendieron fuego con cócteles motolov a bloques de edificios en los que vivían vietnamitas mientras una masa de vecinos miraba, celebraba y aplaudía – recordaron demasiado a los pogromos vividos en la Alemania de los años 30 del siglo XX.


 
 
 Bajas condenas
 
“El racismo policial en la década de los 90 era algo normal, casi obvio”, recuerda Anetta Kahane, presidenta de la Fundación Amadeu Antonio que lleva trabajando más de tres décadas contra el racismo y la xenofobia. En ese contexto de odio ultranacionalista, alimentado por el desempleo y un proceso de reunificación que quedó muy por debajo de las expectativas creadas entre la población germanooriental, fue asesinado Amadeu Antonio. 
 
El juicio acabó con cuatro condenas de prisión de entre dos y cuatro años, y una libertad condicional. 21 personas fueron absueltas. Con perspectiva histórica, las condenas, ya entonces criticadas por demasiado leves, se presentan hoy aún más escandalosas. Investigaciones periodísticas destaparon además posteriormente que policías de civil observaron la agresión sin intervenir. 
 
Las autoridades judiciales, policiales, fiscales y parte de la prensa de la República Federal llevan décadas enfrentándose a la acusación de estar “ciegas del ojo derecho”: mientras durante mucho tiempo alertaron del peligro del surgimiento de una Fracción de Ejército Rojo 4.0. – es decir, un nueva violencia de extrema izquierda como la de la RAF entre los 70 y los 90 del siglo pasado –, eran incapaces de ver cómo el terrorismo neonazi mataba de manera efectiva. 
 
El caso de la NSU – Clandestanidad Nacionalsocialista, la última célula terrorista neonazi conocida en Alemania, que operó entre los años 2000 y 2007 – apunta en esa dirección: las autoridades alemanas necesitaron más de una década para dar con los terroristas. 

Ines Karl, fiscal superior de Berlín, considera legítimas las críticas pero responde que se han hecho avances e insiste en la necesidad de la colaboración de la sociedad civil: “Es muy importante que aquellos que tengan pruebas, por ejemplo, de casos de ultraderechismo en las fuerzas de seguridad no sólo las ofrezcan a los medios de comunicación, sino también a la fiscalía”. 

Para Anetta Kahane, de la Fundación Amadeu Antonio, la crítica debe ir un poco más más lejos: “Tenemos el ‘caso NSU’ y otros muchos en los que queda la sensación de que las autoridades miran de manera diferente a diferentes fenómenos de violencia”. Y advierte del nuevo contexto creado por el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD): “Ha conseguido algo preocupante: integrar a las fuerzas nacional-revolucionarias – lo que tradicionalmente llamamos neonazis – del Este de Alemania con las fuerzas nacional-derechistas del Oeste del país”.

Reportaje publicado por El Periódico de Catalunya.


miércoles, 25 de noviembre de 2020

Conspiración y desinformación en Alemania: entre el coronavirus y el “ayer dorado”

Las escaleras del edificio histórico del Reichstag en Berlín fueron escenario de una imagen sin precedente en la historia de la República Federal de Alemania el pasado 29 de agosto: unos cientos de manifestantes, entre los que había “Reichsbürger” (Ciudadanos del Reich) – movimiento que niega el orden republicano y defiende que el imperio alemán sigue existiendo –, ultraderechistas, negacionistas de la pandemia y otros grupos hicieron el amago de ocupar la sede del Bundestag, el parlamento federal del país. 

Ese inédito intento, por el cual el dispositivo policial se vio en un primer momento superado y después consiguió desalojar, tuvo lugar en la hasta ahora mayor jornada de protestas en Alemania contra las medidas restrictivas acordadas por las autoridades alemanas contra el avance de la pandemia del Covid-19. Las imágenes provocaron numerosos titulares de prensa fuera de las fronteras alemanas y supusieron un serio aviso del peligro que supone la confluencia entre los históricos movimientos ultraderechistas del país y el relativamente nuevo fenómeno de las llamadas teorías conspirativas.

"Banderas imperiales y un asalto ultraderechista ante el parlamento suponen un ataque inaceptable al corazón de nuestra democracia", escribió entonces el presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, en su muro de Facebook. "Quien quiera protestar por las medidas anticorona o dudar de su necesidad, puede hacerlo públicamente. Pero mi compresión acaba allá donde los manifestantes se dejan llevar por los enemigos de la democracia", añadió Steinmeier con un estilo muy directo, dejando claro la gravedad de los hechos. 


Marchas contra las restricciones 

El movimiento Querdenken 711 y otros colectivos críticos con las medidas restrictivas consiguieron sacar a alrededor de 40.000 personas a las calles de la capital alemana el último sábado del pasado agosto. No era la primera vez que miles de ciudadanos salían a protestar contra las restricciones. Si bien es cierto que no todos los que marcharon contra las medidas restrictivas son ultraderechistas, conspiracionistas o negacionistas del coronavirus, no lo es menos que las exitosas manifestaciones y las imágenes registradas en las escaleras del Bundestag difícilmente se habrían producido sin el poder de las nuevas teorías de las conspiración y las “noticias falsas” extendidas por los autodenominados “medios alternativos”, a través de servicios de mensajería como Telegram y de redes sociales. 

A los que llevan tiempo observando los movimientos ultraderechistas alemanes no se les pasó por alto un detalle en el fallido intento de toma del parlamento alemán: entre los asaltantes había personas con camisetas y banderas en las que aparecía la letra mayúscula Q. Esa “Q” responde al nombre de QAnon, una gran teoría conspirativa de origen estadounidense, nacida en foros de internet y que asegura que, según informaciones desclasificadas de los servicios de inteligencia de EE.UU., Donald Trump lidera una guerra contra el estado profundo, y contra la élite política y económica del país que pretende ocultar una gran red de pedofilia internacional. 

El neologismo QAnon responde a la combinación de Q Clearance (la denominación para informaciones de máxima seguridad desclasificadas por el Departamento de Energía de los Estados Unidos) y Anon, la abreviatura para Anonymus. La fuente que posteó en el 2017 por primera vez las presuntas desclasificaciones es anónima. Detrás de ella estaría, según la confabulación, un alto cargo burocrático de Estados Unidos con acceso a información privilegiada. La teoría ha conseguido construir comunidades con miles de seguidores en diferentes plataformas digitales como blogs o canales YouTube en Alemania, que se ha convertido así en uno de los países europeos con una mayor difusión de QAnon. 


¿Por qué Alemania? 

La Oficina Federal de la Protección de la Constitución – agencia de inteligencia encargada de observar los movimientos que amenazan o podrían amenazar el orden constitucional alemán – confirma el avance en el país de teorías conspirativas como QAnon, aunque todavía es incapaz de cuantificar el número de seguidores ni clasificar su dimensión. En todo caso, la pregunta se hace inevitable: ¿por qué Alemania, un país en el que la crisis económica y la pandemia han tenido consecuencias moderadas en comparación con otros países de su entorno, tiene un número tan relevante de ciudadanos que tienden a creer informaciones falsas? 

El hecho de que Alemania haya sufrido menos muertos que otros países, como España o Italia, parece contribuir a que una parte de su ciudadanía perciba el virus como menos peligroso e incluso como inocuo. Pero también hay una explicación de más largo recorrido: “Hay una conexión histórica entre movimientos ultraderechistas alemanes y el esoterismo. Eso no quiere decir que todos alemanes que practican el esoterismo sean ultraderechistas. Pero el nacionalsocialismo ya estaba ligado al rechazo de la medicina tradicional, del racionalismo y la ciencia. A ello hay que sumarle el antisemitismo histórico que asegura que hay una oscura élite que amenaza nuestra vida y nuestra salud”. Es el resumen de Andrea Kockler – integrante de la organización Der Goldene Aluhut, que lleva años analizando el fenómeno conspiracionista – del lazo que une a la ultraderecha alemana con las nuevas teorías conspirativas. 

La crisis mundial generada por la pandemia ofrece, además, una oportunidad de oro para esa tradición ultraderechista ahora encabezada por movimientos como el Movimiento Identitario (IB, en sus siglas en alemán), publicaciones como la revista Compact o incluso partidos como Alternativa para Alemania (AfD, tercera fuerza del Bundestag que lidera la oposición parlamentaria): por una parte, sirve para alimentar el discurso de la necesidad del cierre de las fronteras para, en este caso, cerrar el paso al virus, una lógica perfectamente aplicable a la inmigración; por otra, da munición a aquellos que blanden el discurso de que el cierre de la vida social y económica no es otra cosa que el intento de las “élites globalistas” de acabar con los pueblos de Europa, en este caso con el alemán – y con su homogeneidad y continuidad etnocultural, uno de los puntales de la narrativa de la nueva ultraderecha germana –.


“Ayer dorado” 

En un mundo cambiante y amenazante como el actual, el discurso de las llamadas “nuevas derechas” de recuperar la “normalidad anterior” y el paraíso aparentemente perdido encuentra terreno abonado en capas nada despreciables de la población, tanto en Alemania como en otros países europeos. “Para ser atractivos, para el éxito de los populistas de derecha es decisivo presentar el pasado como un ayer dorado”, escriben Paul Jürgensen y Hedwig Richter en el libro Schleichend an die Macht (“Lentamente hacia el poder”). El momento de excepción generado por la pandemia, adornado con tintes apocalípticos por no pocos medios de comunicación, parece ideal para ese fin. 

Es pronto para saber cuál será a medio plazo el impacto social, político y económico de la pandemia en Alemania, y cuán profundo pueden llegar las raíces de teorías conspiracionistas como QAnon, de esencia antielitista, antisistema, antisemita y autoritaria. De momento, tanto la crisis epidémica como el conspiracionismo parecen estar canalizando un descontento ya existente antes de la llegada del virus, como demuestra el gran resultado de la ultraderecha de AfD (12,6% de los votos) en las elecciones federales de 2017. Los efectos de la pandemia suponen un peligro real que puede profundizar las razones de ese malestar. 

“En QAnon vemos ese anhelo de deslegitimar las estructuras democráticas”, dice Maik Fielitz, coautor del libro Digitaler Faschismus (“Fascismo digital”). “Su objetivo es fomentar la sensación de que ya no se puede confiar en nadie en la sociedad, de que es necesario retirarse a mundos paralelos y de que ya sólo se puede confiar en informaciones procedentes de determinados influencers y grupos que se autodefinen precisamente a través de su oposición a las corrientes mayoritarias. Dentro de él, las personas se van insertando poco a poco en un sistema de valores y reglas completamente diferente. Es un movimiento sin jerarquía, sin un líder claro y también imprevisible”. 


Análisis publicado en EpidemiaUltra.org

jueves, 19 de noviembre de 2020

Multitudinaria manifestación en Berlín contra una ley para frenar la pandemia

Berlín volvió a convertirse este miércoles en escenario de una multitudinaria protesta contra las restricciones antipandemia: miles de personas se concentraron frente a la Puerta de Brandeburgo, a pocos pasos del edificio histórico del Reichstag, para oponerse a la reforma de la ley de protección contra infecciones, que busca fundamentar legalmente las restricciones ya vigentes desde el pasado marzo para frenar la expansión del coronavirus. 

Mientras dentro del Bundestag, los parlamentarios debatían la controvertida reforma, fuera, la policía intentaba dispersar con cañones de agua la concentración tras varias advertencias lanzadas por su sistema de megafonía: la mayoría de manifestantes no llevaba mascarilla y la distancia de separación entre los asistentes era claramente inferior a la establecida por las restricciones. 

Con las imágenes todavía frescas del fallido intento de asalto del Reichstag el pasado agosto por parte de varios cientos de ultraderechistas, Reichsbürger -ciudadanos que niegan la existencia de la República Federal y reivindican la recuperación del Imperio alemán- y seguidores de la teoría conspirativa de QAnon, el barrio político de Berlín amaneció este miércoles controlado por un enorme dispositivo policial.

         
Marcha heterogénea 

"Nunca fui una opositora al sistema, pero la obligación de llevar mascarilla es la gota que colma el vaso. Quiero poder elegir llevarla o no, y no por ello convertirme en enemigo público del Estado", me dice a Eannatte, una manifestante llegada desde Brandeburgo, el estado federado que rodea Berlín. Es una de las miles de personas que mayoritariamente de manera pacífica querían expresar en la calle su oposición a la nueva ley de protección contra infecciones y al conjunto de la gestión de la pandemia por parte de las autoridades. 

Eannatte teme que la República Federal se convierta en un estado autoritario como en el que ella fue socializada: la desaparecida República Democrática de Alemania (RDA). Entre los opositores a las restricciones cunde la opinión de que Alemania se encuentra en un momento similar al de marzo de 1933, cuando el entonces Reichstag aprobó la "Ermächtigungsgesetz", una ley con la que el parlamento se autoanuló y allanó el camino a la dictadura nazi encabezada por Adolf Hitler. 

La manifestación de este miércoles en la capital alemana confirma la dinámica vista en el movimiento anticorona alemán a lo largo de los últimos meses: es un fenómeno que aúna las más diversas tendencias. En este cajón de sastre caben desde cristianos hasta budistas, pasando por esotéricos, defensores de Donald Trump, padres que se niegan a que sus hijos tengan que llevar mascarilla en la escuela o pequeños empresarios que ven peligrar seriamente sus empresas por las restricciones efectivas de la actividad económica. 

En la concentración se han escuchado desde canciones cristianas hasta gritos de guerra ya clásicos de la ultraderecha alemana como "Merkel muss weg" ("Merkel tiene que irse") o "Wir sind das Volk" ("Nosotros somos el pueblo"), y también eran visibles carteles de apoyo al todavía presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y diversas banderas regionales alemanas. 

La presencia neonazi y ultraderechista ha sido, además, innegable. Algunos grupos de neonazis y Reichsbürger se han mezclado entre las familias y los grupos de estética alternativa. En la manifestación ha participado incluso Andreas Kalbitz, exlíder del partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) en Brandeburgo, que fue expulsado por AfD por su cercanía a grupos neonazis. 

Debilitamiento parlamentario 

Pese a las protestas, y como era de prever, tanto el Bundestag (cámara baja) como el Bundesrat (cámara territorial) aprobaron finalmente la reforma legislativa que da la base legal a los decretos excepcionales para restringir las libertades individuales recogidas en la Carta Magna alemana. En el Bundestag, 415 diputados votaron a favor frente a 236 en contra. El presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, firmó el mismo día la ley en un proceso exprés. 

La reforma establece un catálogo de medidas que pueden ser aplicadas - temporalmente - por decreto por el gobierno federal o por cada uno de los 16 ejecutivos de los estados federados. La ley ha recibido duras críticas de una parte de la oposición parlamentaria, que considera que concentra demasiado poder en las manos del ejecutivo frente a un parlamento que sale debilitado. Las medidas extraordinarias antipandemia no tendrán que ser aprobadas en sede parlamentaria.

Crónica publicada por El Periódico de Catalunya.